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domingo, 10 de marzo de 2019

Venezuela es víctima de una atroz guerra

Planeta en crisis

Denuncio ante el mundo que en Venezuela el sufrimiento del pueblo está siendo magnificado por motivos políticos, en una guerra por el poder donde golpear al país se ha vuelto estrategia convencional.

El hombre fuerte no renuncia, pero tampoco tiene capacidad para resolver el sabotaje (que encontró el punto neurálgico de la ineficiencia) que ha dejado a todo el país 4 días continuos sin luz, agua ni transporte. No funcionan los servicios bancarios y todo está paralizado.

La destrozada economía, con una inflación de más un millón por ciento anual, ha recibido otro duro golpe, pues se ha detenido toda actividad y se han perdido miles de kilos de alimentos, cuando las personas literalmente no tienen dinero para comer.

Mientras tanto, la gente muere en los hospitales, muere en las calles por la delincuencia y todos sufrimos penurias inenarrables.

Juan Guaidó, quien se autoproclamó presidente en la calle, que ha dicho que “todas las opciones están sobre la mesa” para sacar a Maduro del poder y que pasea como mascota de los líderes de otros países NO ME REPRESENTA COMO VENEZOLANA.

No quiero al gobierno corrupto, ineficiente y autoritario de Maduro, pero no reconozco a ese sector de la oposición que no quiere a su país y que pide una intervención militar extranjera.

¡Legalidad, democracia y justicia! Basta de jugar con el dolor de los venezolanos. Basta de medidas que sólo hacen sufrir más a la población. ELECCIONES LIBRES YA.

martes, 14 de agosto de 2018

Acá entre nós: El odio, la mentira y la verdad

@planetaencrisis

Unos dicen que el video del diputado Juan Requesens, donde se le ve humillado, aparentemente drogado y cubierto de heces fecales, luego de presuntamente ser torturado, es mentira, que fue filmado antes de su detención en una casa particular y no en los baños del Sebin, que todo es un montaje.

Aseguran que todo lo planeó la CIA para generar descontento social y, principalmente, para apuntalar la versión de que existe una dictadura en Venezuela que no respeta los derechos humanos, lo que justificaría una intervención militar humanitaria.

Que este plan imperialista, junto con el atentado a Maduro, se ejecutó en combinación con Colombia y con empresarios internacionales que, a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, se han encargado de difundir la mentira.

Otros, por el contrario, han culpado al gobierno autoritario de ser el creador de la mentira, que sería en este caso no la tortura física y psicológica demostrada en el video, sino la de hacer crer a todo un país que cualquiera que se oponga al poder supremo del gobierno será perseguido y castigado del mismo modo.

Otros se rehúsan a creer que Requesens haya estado implicado de cualquier modo en el atentado frustrado contra el Presidente de la República y cuestionan la veracidad de su confesión, dicen que fue forzada por el uso de drogas. Ni siquiera creen que hubo tal atentado, le ponen comillas al sustantivo.

Y otros más apenas se sienten chocados por la crudeza del video, están muy indignados y repudian lo que consideran la violación salvaje de los derechos y de la dignidad de una persona.

Entretanto, todos, sin excepción, están aferrados a su opinión, no aceptan las demás versiones ni las “medias tintas” de quienes no hagan encendida defensa de sus puntos de vista.

Como suele pasar, ni siquiera la prensa se ha salvado de la ola de indignación que desató el video del diputado.

Anecdótico es que, más allá de los habituales trolls, robots y de los activistas pagados que abundan en las redes sociales, respetables agencias de noticias como AFP y Reuters fueron bombardeadas con cientos de reclamos e insultos de personas furiosas por leer en sus titulares que Requesens “confesó” haberse relacionado con un sujeto acusado de estar implicado en el atentado.

Incluso periodistas les reclamaron a las agencias su falta de posicionamiento ante estos hechos políticos.

Algunos internautas se extendieron en cuestionamientos morales, miles de veces reproducidos y republicados a través de los mecanismos de las redes sociales. Y otros tantos replicaron moralmente que quien prefiere promover uma intervención militar “humanitaria” en Venezuela no merece consideración, ni siquiera el derecho a existir.

Porque moral es el razonamiento que torna legítimo odiar y creerse con derecho a destruir aquello que consideramos nefasto, lo que va en sentido contrario a cualquier solución política. Como dijera en un artículo por estos días Fernando Mires, “discutir sobre la legitimidad de un hecho es un tema moral y no político”.

Claro que no existe una verdad a priori para noticias como ésta y a los periodistas nos cabe intentar retratar con exactitud los hechos e investigar sus diversas aristas, no omitir o emitir sentencias.

Y como tampoco existe información oficial suficiente, porque ella será sistematicamente sesgada, esa tarea se vuelve todavia más difícil.

Todo el mundo tiene derecho a pensar lo que quiera. Y más aun cuando todo el mundo sufre mucho, cuando todo el mundo tiene mucha rabia.

Tal vez, cuando el planeta en que vivimos esté envejecido, quemado y yermo, la verdad esquiva seguirá rebotando entre muros fake forjados por los humanos que todavía existan.

Pero en este mundo de hoy, inundado de fea política, ¿no es verdad que los gobiernos cuando están en decadencia, cuando las alianzas se fracturan y los liderazgos están desprestigiados, cuando todo se derrumba y deben mantenerse a todo costo, es cuando más autoritarios y abiertamente criminales se vuelven?

Esa pareciera una verdad que salta a la vista.

También salta a la vista que las condiciones están dadas para lo que tanto quisieron y esperaron quienes se negaron a buscar soluciones políticas: una solución explosiva.

martes, 22 de mayo de 2018

Un resultado multifuncional: Venezuela y el debate postelectoral ​


Ociel Alí Lopez

El resultado de las elecciones en Venezuela es multifuncional. Sirve a todos los contendientes. Se trata de resultados esperados pero sorprendieron porque abren diversos escenarios de interpretación.

A partir del mismo resultado se lee que Maduro fue reelecto con 68% de los votos, que la abstención superó el 50% –cuando las últimas cinco presidenciales apenas pasaba el 20%–, y que el candidato opositor –con apenas 21%– no reconocerá los resultados y seguirá liderando la oposición electoral. Es, pues, un resultado que parece gustar a todos.

La primera lectura, la que muestra amplia ventaja de Maduro –más de 45 puntos sobre su contendiente–, es perfecta para él, para volver a ganar, para mantener el poder y tener un nuevo argumento de legitimación: «Hubo elecciones y las gané con 68%» . La abstención no tiene basamentos legales. Es tan solo una categoría analítica. Los desconocimientos de actores externos e internos son parte de la cotidianidad del gobierno, nada excepcional que lo amilane con facilidad.

La segunda lectura –que refiere al 52% de abstención– favorece a la oposición radical. Ese porcentaje tan elevado en unas presidenciales será capitalizado especialmente por sus aliados internacionales. Aunque no sea algo influenciado únicamente por ella, implicará más presión para la ejecución de un plan de intervención, embargo o bloqueo a Venezuela.

La tercera lectura exhibe el 21% de apoyo a Henri Falcón. El candidato opositor desconoce los resultados pero podrá sobrevivir como líder de oposición electoral, aunque haya tenido un porcentaje tan magro.

Como se ve, se trata de un resultado hecho a la medida de los tres actores más importantes de la contienda, lo que deja bien parado al Consejo Nacional Electoral.

El trabajo de la maquinaria oficial es el esperado. En líneas generales, puede calificarse como muy limitado pero, al mismo tiempo, como suficiente. De hecho, logró el número de votos básicos para ganar en escenarios disímiles al resto de campañas presidenciales. Para estas sacaron 5 millones 800 mil, cuando la oposición sacó en las legislativas de 2015, 7 millones 700 mil votos. De repetir el esquema electoral de ese año y mantenerse unida como lo había logrado durante todas las presidenciales anteriores, la oposición no hubiera podido perder. Para Henri Falcón esto es una tragedia, pero para la oposición radical no lo es dado que decidió no participar en la institucionalidad actual y buscar otros escenarios.

El abstencionismo como política

Explicar el resultado de este 20 de mayo implica necesariamente conocer las jugadas que llevaron a la oposición a situarse fuera del escenario electoral y apostar por una política abstencionista.

Durante la mañana y la tarde de ayer, los centros electorales de las urbanizaciones, parroquias y municipios históricamente de oposición estuvieron vacíos. Sucedió que el voto opositor duro no salió a votar. Y eso era exactamente lo que se esperaba. Mientras tanto, los sectores populares demostraron una mayor participación, dado que allí actuó la maquinaria electoral del oficialismo.

Para entender por qué la oposición no participó, habría que analizar lo que ocurrió desde que arrasó en las legislativas de 2015 y decidió un camino que terminó sobrevalorando tal resultado.

A comienzos de 2016, la oposición –en medio de un ambiente de victoria inédita frente al chavismo– comenzó a presionar por salidas rápidas. El presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, declaró que su idea era «sacar a Maduro en menos de 6 meses» . Esto encendió las alarmas en el gobierno y empezó a bloquear las iniciativas legislativas.

La oposición prefirió pisar el acelerador. El 9 de enero de 2017, la nueva directiva de la Asamblea Nacional –presidida entonces por Julio Borges– declaró la falta absoluta del presidente de la República y su abandono del cargo.

EL Tribunal Superior de Justicia (TSJ) había declarado en «desacato» a la Asamblea Nacional, y a partir de allí comenzó una pugna institucional que explotó durante el segundo trimestre de 2017 con violencia de calle –llamada «guarimba» – como protagonista, y con el liderazgo político opositor haciendo llamados a manifestaciones. Henrique Capriles –principal líder opositor– fue inhabilitado por la Contraloría General para cargos de elección. Esto lo condujo a mantenerse al margen de una estrategia política-electoral y lo confinó a incorporarse a los actores que promovían manifestaciones de calle.

Hasta allí llegó la victoriosa estrategia de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en 2015.

Maduro reloaded

Después de las mencionadas legislativas de 2015, la crisis económica se agudizó rápidamente y hubo desajustes institucionales que hicieron ver al gobierno muy debilitado. El mundo percibió al gobierno de Venezuela en franco deterioro económico y político. Parecía que estaba a punto de caer.

No obstante, Maduro emprendió una estrategia en alianza con los militares. El modo de institucionalidad levantada durante el gobierno de Chávez y el suyo propio, se fortaleció. El gobierno y los militares se cerraron con fortaleza ante las declaraciones de la oposición y sus aliados internacionales, quienes subían el volumen de su tono.

La respuesta a este levantamiento de calle de 2017 fue diseñado por Maduro a través de la creación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Con esta estrategia logró descolocar a la MUD, a tal punto que no supo responder ante el llamado de elecciones de gobernaciones en septiembre de 2017. Tampoco supo hacerlo para el caso de las alcaldías en diciembre de 2017 y, por supuesto, tampoco para las actuales elecciones presidenciales.

En 2017, la ANC declaró improcedente el triunfo del opositor Juan Carlos Guanipa, por no haberse juramentado en su seno, mientras los otros cuatro gobernadores de oposición sí lo hicieron. Las diferentes tendencias de la oposición tuvieron respuestas disímiles y prefiguraron diversas vías de acción. Estos caminos disímiles disolvieron el escenario electoral que podría haberles dado un triunfo decisivo.

Aunque pueda parecer debilitado por la alta abstención, el resultado parece suficiente para los planes de Maduro. Hace tres días, la BBC tituló un artículo: «Maduro ha mostrado ser un político más astuto de lo que muchos pensaban». Ciertamente, muchos actores en el mundo van a entender tarde que la situación en Venezuela es más compleja que las informaciones que giran contra Maduro y sobre la situación en Venezuela. O, al menos, comprenderán que hay factores de poder que habría que tomar en cuenta, como a la oposición y sus procesos internos, lo mismo que a la hegemonía chavista dentro de las Fuerzas Armadas.

Con el resultado de la alta abstención, la oposición radical tiene más razones para esperar un «día D», parecido al de Panamá en 1989. Mientras tanto, el gobierno ha logrado un nivel de atornillamiento que después de este evento está más cerca de procesos de «perpetuación atemporal», como en Cuba y México. En ambos casos, los partidos de gobierno han tenido la hegemonía total. En el caso de Cuba desde el año 1959, y en el del Partido Revolucionario Institucional de México desde 1929, con un breve intersticio de 4 años.

La situación venezolana es compleja. Las posiciones en pugna son muchas. Y ayer se han hecho evidentes.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Acá entre nos: Ceguera histórica

@planetaencrisis

Una de las cosas más tristes de la crisis política que estamos viviendo en Venezuela, aparte, obviamente, de las muertes y de los graves hechos de violencia que aumentan a medida que avanza el año 2017, es ver a personas que uno considera dignas de todo respeto justificar y defender las violaciones de la Constitución en que ha incurrido el Gobierno desde que empezó esta última escalada. 

Me pasa con algún vecino con el que converso en el ascensor, con buenos amigos en Facebook, con políticos con cuyas posiciones simpaticé en algún momento, con colegas y compañeros de trabajo, hasta con periodistas que no conozco pero cuyo trabajo me llenó de entusiasmo alguna vez. También me pasa con personas muy cercanas y de mi propia familia. 

Constato con tristeza la ceguera y la incapacidad que tienen para analizar objetivamente los graves hechos ocurridos en las últimas semanas, las declaraciones oficiales y sus consecuencias sobre la situación del país. 

Son personas que, habiendo apoyado el proyecto de Hugo Chávez y el liderazgo heredado por Nicolás Maduro, consideran que no apoyar las decisiones de la cúpula del Gobierno equivale a traicionar ese legado, a permitir que la oposición “se adueñe otra vez del país”, a que se detenga la construcción del socialismo y que se pierda lo alcanzado; y a que “El Imperio” y el capitalismo internacional vuelvan a decidir los destinos nacionales.

Por eso repiten, con esa convicción vehemente de los fanáticos religiosos, que la Asamblea Nacional “tiene los días contados”, que los presos políticos son “asesinos” y “traidores”, que los demás líderes “escuálidos van a terminar igual”, que la violencia viene únicamente de la oposición, que todo lo que dicen sus representantes son "mentiras", que el referéndum revocatorio no se hizo porque los partidos políticos no cumplieron y que todo el que cuestione la línea oficial está siendo pagado, es "vende patria" y "salta talanquera".

Como las conozco y las respeto, tengo la certeza de que estas personas creen ciegamente en las razones que esgrimen y de que son incapaces de confrontar consigo mismos sus argumentos, pues lo único que importa es justificar lo que hace el Gobierno, aunque tuerza las leyes, y mostrar que sí tiene respaldo para lograr vencer la guerra económica y política de cuarta generación.

Piensan que la base del liderazgo de Chávez fue justamente el golpe de Estado fallido de 1992, el hecho de que modificó la Constitución en 1999 (aunque entonces no lo hizo él, sino todo el país), el haber enfrentado a los grandes poderes internacionales y al más rancio stablishment global de modo contestatario y con un efecto mediático y de choque; por lo que romper las normas y confrontar agresivamente siempre será sinónimo de ese espíritu chavista y revolucionario. 

Desconfían de las noticias pues saben que la verdad oficial es hecha a la medida del poder y que las informaciones de los medios de comunicación siempre son tamizadas por intereses políticos o económicos.

No tienen dudas de que, al llegar la oposición al poder, muchas de las políticas sociales, el volumen del gasto público, la propiedad de las empresas estratégicas, entre otros muchos aspectos de la vida nacional, cambiarán de rumbo, desaparecerán o darán paso a decisiones impopulares que contrastarán grandemente con las políticas implementadas por la izquierda, como está pasando ahora en Brasil o en Argentina.

Temen que, si ocurre lo mismo en Venezuela, se habrá perdido el sueño de Chávez y que la oportunidad será irrecuperable.

Pero, a pesar de entender este punto de vista, no puedo dejar de rechazar la incapacidad que demuestran para cuestionar el discurso cínico, el doble rasero y la retórica mentirosa que tanto le atribuyeron a los numerosos adversarios, hoy en boca de los altos funcionarios del Gobierno. 

No puedo dejar de considerar patética la defensa incondicional de cualquier argucia, de cualquier argumento, para impedir que los venezolanos ejerzan sus derechos bajo el falso supuesto moral de que se está luchando en una guerra no convencional.

No porque exista una guerra no convencional o porque pensemos que el adversario utiliza estrategias fuera de la Ley tenemos derecho a hacer cualquier cosa para confrontarlo. No porque yo crea que el otro es inmoral tengo derecho yo, si es que tengo valores e ideología, a serlo también.

Fue lamentable ver a Hermann Escarrá, ilustre promotor de la Constitución de 1999 y a quien todo el país se acostumbró a considerar una voz incuestionable en la materia, decir en reciente entrevista con Vladimir Villegas que no hace falta consultarle al pueblo si quiere o no una nueva Constitución, que eso se hizo en 1999 porque entonces no había la normativa que ahora hay. 

Lo dice justamente él, que sabe muy bien que uno de los grandes logros políticos de Chávez y lo que lo llevó originalmente al poder fue lograr un consenso nacional y una amplia participación de todos los sectores para reformar la Carta Magna.

Fue oprobioso ver a la señora Tibisay Lucena anunciar que la Constituyente se hará en julio, apenas unas horas después de que Maduro hiciera la convocatoria y sin cuestionar en absoluto las bases comiciales, que representan un golpe para la democracia en nuestro país.

Fue indignante escuchar al defensor del pueblo decir que la Constituyente "servirá para traer la paz", cuando desde que se hizo el anuncio de ese disparate, de ese último y fatal autogol, los niveles de protesta violenta se incrementaron exponencialmente.

Resulta insoportable escuchar, todos los días, al Presidente de la República acusar a la oposición de hacer exactamente todo lo que él mismo hace, entre hablar golpeado y descalificaciones. 

Y causa profunda vergüenza ver esta crisis reflejada en la prensa internacional, porque no hay nada que uno pueda decir que justifique lo que está pasando, ni siquiera la guerra económica y política, que ya se perdió hace muchos meses.

Atrás quedó aquella Venezuela cuya democracia era ejemplo para todo el mundo, aquel CNE que tenía “la teconología más moderna” y aquella propuesta de un modelo de desarrollo nuevo, con justicia y equidad. 

Hoy tenemos un país en ruinas y una crisis económica sin precedentes, con un goteo diario de muertes, violaciones recurrentes de los derechos humanos y una honda fractura social que amenaza con profudizarse más y más, con los venezolanos odiándose los unos a los otros.

Me asusta la cara dura de miembros del Gobierno y de los demás poderes públicos “simpatizantes” al decir las cosas que dicen ante un micrófono, pese a ver a los miles de personas todos los días en las calles y las cifras rojas de la violencia crecer y crecer, mientras el discurso presidencial parece salido de una pieza de teatro del absurdo.

¿Cómo no ven que detener esta guerra entre venezolanos requiere recuperar la confianza en las personas y en las instituciones? ¿Cómo no han entendido aún que si existe algo vital, fundamental, que debe ser modificado en el legado de Chávez es el discurso divisionista, descalificatorio y excluyente?

¿No se dan cuenta de que el futuro del chavismo está atado a su capacidad de regenerarse, de reorganizarse y de generar nuevos liderazgos dentro del juego democrático? ¿No ven venir la debacle que se cierne sobre el propio proyecto político si no lo hacen?

Pero la ceguera de quienes justifican atrocidades para permanecer en el poder no los libera de responsabilidades. Tampoco exonera a quienes prefieren mirar hacia otro lado, minimizando la gravedad de los errores cometidos y repitiendo como robots un guion vacío de ideología. 

Tristemente, a todos ellos, incluso a los que queremos y respetamos, la Historia y el país les pasarán factura.

jueves, 16 de febrero de 2017

Acá entre nós: 12 tuits sobre la salida del aire de CNN en Venezuela

@planetaencrisis

Rechazo y lamento el retiro de CNN en español de la parrilla de canales de mi proveedora de TV.

Me parece una medida equivocada y considero que no hay nada que la justifique.

Es cierto que los medios de comunicación son brazos políticos de grandes intereses económicos y políticos. Y que son muy influyentes.

Es cierto que las grandes empresas trasnacionales de la información, como actores que son, se posicionan contra los intereses contrarios.

Es cierto que todos los medios tienen una "línea editorial" que es política, y que muchos de ellos tergiversan los hechos mediante el discurso.

Pero aun todas estas certezas no le dan el derecho a nadie a impedir que los medios de comunicación transmitan sus mensajes.

Estar informados es un derecho de las personas, más hoy en día. Yo diría que es una necesidad básica, como alimentación y salud.

No es prohibiendo la transmisión de un canal que se evitarán los ataques políticos de los medios. Ellos forman parte del juego político.

El Poder Ejecutivo debe velar por estándares legales de contenido, no arrogarse juicios morales e ideológicos que no respetan la diversidad.

Si hubo un tratamiento indebido de la información en un caso puntual, debe ser tratado por los canales legales correctos.

El amarillismo no es un motivo de silenciamiento. La falta de objetividad, aunque ofenda, no autoriza a acallar un medio.

Decidir sin debido proceso va contra la democracia y el contrato social. Es ilegal, es arbitrario. No puede justificarse.

viernes, 3 de junio de 2016

Acá entre nos: Otra ventana de oportunidad para los periodistas en Venezuela

@planetaencrisis

Los presuntos saqueos o protestas espontáneas en Venezuela son un tema delicado que no debe ser tratado por los medios a la ligera.

Nuevamente estamos en la situación en que todo lo que uno lea sobre el país tendrá una lectura depende del cristal con que se mire.

Esto quiere decir que la información transita sobre hechos cuyas causas son motivo de polémica y que es preciso investigar mucho todavía.

No existe un solo punto de vista interpretativo y obviar esto significa ser actor político y no cronista objetivo. Lo que decimos tiene peso.

Los periodistas deberán (¡!) ser cuidadosos, contextualizar muy bien sus noticias y no dejarse llevar por la emoción.

Es preciso hacerse, metodológicamente, las preguntas correctas respecto a quién o quiénes se benefician con los sucesos.

En mi opinión, la situación, nuevamente, es una ventana de oportunidad para los admirables y valientes periodistas venezolanos.

domingo, 24 de mayo de 2015

La vida sin pausa

Jonathan Crary 

La vida sin pausa propia del capitalismo del siglo XXI provoca conflictos que son inseparables de las configuraciones del sueño y la vigilia, la iluminación y la oscuridad, la justicia y el terror. Genera indefensión y vulnerabilidad. La fórmula 24/7 [24 horas al día, siete días a la semana] sirve para evocar una constelación de poderosos procesos de nuestro mundo contemporáneo caracterizados por la actividad, la acumulación, la producción, las compras, la comunicación, el juego, o cualquier otra cosa, incesantes. Ya sea en el trabajo o en el tiempo libre, existe una imposibilidad cada vez mayor de hacer una pausa, de estar desconectado. 24/7 significa la imposición generalizada a la vida humana de una duración sin interrupciones, de un tiempo homogéneo que ya no transcurre.Trasciende al tiempo del reloj y se define por un principio de funcionamiento y operación continuos.

24/7 significa que no hay intervalos de calma, silencio, o descanso y retiro. Igualmente importante es que se trata de una condición de exposición y visibilidad permanentes, un mundo iluminado ininterrumpidamente en el cual nada de lo íntimo puede permanecer oculto o en el ámbito privado. Es sinónimo de la implacable traducción a valor monetario de cualquier intervalo de tiempo posible o de cualquier relación social concebible, de hacer todos los elementos de nuestras vidas convertibles a los valores del mercado. 

La mayoría de los motores básicos de la vida humana —el hambre, la sed, el deseo sexual, y, desde hace poco, la necesidad de amistad— han sido transformados artificialmente en formas mercantilizadas o financializadas. Sin embargo, la gran excepción es el sueño. El sueño, en cambio, representa esa parte de las necesidades humanas y de los intervalos de tiempo que no pueden ser colonizados o conectados a una enorme máquina de obtener rentabilidad. Lo extraordinario del sueño en esta era es que de él no se puede extraer absolutamente ningún valor monetario.

En su profunda inutilidad, su absoluta pasividad y su inmensa pérdida de tiempo de producción y consumo, el sueño entrará siempre en colisión con las exigencias de un universo 24/7. La gran parte de nuestras vidas que pasamos dormidos, liberados de tener que satisfacer mecánicamente la proliferación de falsas necesidades, es uno de los grandes desafíos humanos a la voracidad del capitalismo contemporáneo. El sueño es una interrupción intransigente del robo de nuestro tiempo por parte del capitalismo. 

Nuestro actual sistema económico mundial de mercados 24/7 y de producción y consumo incesantes es fundamentalmente incompatible con la pausa de inactividad del sueño humano. Para mí, es una fuente de optimismo que haya un intervalo en el tiempo humano que sea imposible de conquistar en la práctica por la lógica del mercado y de otras fuerzas de control. El sueño puede sufrir perjuicios o mermas a causa de esa vida sin pausa inducida por las nuevas tecnologías y la globalización, pero nunca podrá ser totalmente colonizado o racionalizado. Ahora nuestra meta debería consistir en concentrarnos en otros espacios y actividades que necesiten ser defendidos de su traducción en valor financiero, ya sea en el lugar de trabajo, en el medio ambiente, en la educación, en la agricultura o en muchas otras áreas en crisis.

El sistema 24/7 ha suplantado la mayor parte de las notas distintivas rítmicas y periódicas de la vida humana que florecieron durante miles de años. Connota un esquema arbitrario y rígido de la semana, privado de la variopinta indeterminación de la experiencia vital. Como señalaba al principio, muchas instituciones del mundo desarrollado llevan décadas funcionando 24 horas al día siete días a la semana, sobre todo desde la implantación de las comunicaciones por satélite. Pero no ha sido hasta hace poco, en los últimos 10 o 15 años, cuando la elaboración de la propia identidad personal y social está siendo reorganizada para adaptarla al funcionamiento ininterrumpido de los mercados, las redes de información y otros sistemas.

El tiempo para el descanso es demasiado caro para ser posible en la actual economía global

Un entorno 24/7 tiene la apariencia de un mundo social, pero en realidad es un modelo no social de conducta maquinal y una suspensión del acto de vivir que encubre el coste humano exigido para sostener su efectividad. Se debe distinguir de lo que Georg Lukács y otros definieron a principios del siglo XX como el tiempo vacío y homogéneo de la modernidad, el tiempo métrico o de calendario de los países, de las finanzas o de la industria, del cual estaban excluidas las esperanzas o los proyectos de los individuos o de la clase trabajadora. La novedad es el abandono generalizado de todo fingimiento de que el tiempo va unido a cualquier proyecto a largo plazo, incluso a fantasías de “progreso” o desarrollo. Un mundo sin sombras, iluminado 24 horas al día siete días a la semana, es el sueño capitalista final de la poshistoria, en la que la alteridad que constituye el motor del cambio histórico ha sido suprimida.

24/7 es un tiempo de indiferencia, frente a la cual quedan al desnudo la fragilidad y la precariedad de la vida humana, y en el que el sueño no es necesario ni inevitable. Con respecto al trabajo, hace verosímil, incluso normal, la idea de trabajar sin pausa, sin límite. 24/7 está alineado con lo inanimado, lo inerte o lo exento de envejecer. Como una exhortación publicitaria, proclama la disponibilidad absoluta, y por lo tanto, las necesidades ininterrumpidas y la incitación a ellas, pero también su insatisfacción perpetua. La ausencia de restricciones al consumo no es simplemente temporal. Hace tiempo que dejamos atrás la época en la que se acumulaban principalmente cosas. En la actualidad nuestros cuerpos y nuestras identidades asimilan una sobrecarga en continua expansión de servicios, imágenes, procedimientos o substancias químicas hasta un límite maligno o, a menudo, fatal. La supervivencia a largo plazo del individuo es cada vez más prescindible a tenor del abandono del Estado de bienestar, así como de cualquier forma de capitalismo mitigada o controlada. Se rechaza la necesidad de cualquier intermedio de pausa o quietud. El tiempo para el descanso, la salud o el bienestar es sencillamente demasiado caro para ser posible dentro de la actual economía global.

De forma similar, el sistema 24/7 es inseparable de la catástrofe medioambiental por su declaración de gasto permanente, de derroche infinito con la consiguiente alteración terminal de los ciclos de día y noche y de las estaciones de los cuales depende la integridad ecológica. Un rasgo destacado del mundo actual es la irrelevancia de cualquier noción de preservación o conservación. Tomemos el ejemplo de la incalculablemente valiosa selva del Yasuní, en Ecuador, hogar de poblaciones indígenas, pero también con un subsuelo rico en petróleo. Cuando el Gobierno planteó que no se llevarían a cabo perforaciones si se lograba reunir un fondo mundial de tan solo 3.000 millones de dólares (2.644 millones de euros) para compensar el sacrificio de los ingresos del petróleo, las instituciones más ricas del planeta apenas fueron capaces de prometer unos pocos millones.

La lección es que si en algún sitio hay recursos de cualquier clase de los que apropiarse o que explotar, tarde o temprano serán apropiados o explotados. Actualmente, en todo el planeta está teniendo lugar una frenética orgía ininterrumpida de saqueo y acumulación, ya sea la fracturación hidráulica, la minería del carbón, la perforación submarina, la agroindustria, el refinado tóxico de minerales o la contaminación de los océanos y los ríos. La lógica de esta expropiación de recursos exige que prosiga sin cesar, de la mañana a la noche, 24 horas al día siete días a la semana, sin dar tiempo a la regeneración de los sistemas vivientes y de los entornos. Tendemos a pensar que hemos entrado en una nueva era de mundos desmaterializados y virtuales de redes digitales, robótica y nanotecnología, pero la fuerza motriz que hay detrás del capitalismo del siglo XXI sigue siendo el expolio de las materias primas de la Tierra. E, inevitablemente, los inmensos proyectos de extracción de recursos que saquean el suelo y el agua son posibles con la intervención de la violencia militar y las formas represivas de poder político. Como ya sabemos, aunque prefiramos no pensar en ello, los dispositivos digitales que nos requieren 24 horas al día siete días a la semana y que definen quiénes somos, no podrían existir sin la expropiación destructiva y letal de la riqueza mineral del Sur global.

Pero también insisto en que las temporalidades sin pausa son corrosivas para el tejido de la vida social y la sociedad civil. Al fomentar una cultura vacía de autopromoción y autoabsorción, las tecnologías 24/7 perpetúan la ilusión de un tiempo sin espera, de una instantaneidad a demanda, de adquirir y tener manteniéndose aislado de la presencia física de otros y de cualquier sentido de la responsabilidad que esta pueda conllevar. El sistema 24/7 también mina la paciencia y la deferencia individuales que son cruciales para cualquier forma de democracia directa: la paciencia de escuchar a los otros y de esperar a que llegue el turno para hablar. El problema de esperar, de intervenir por turnos, está ligado a una incompatibilidad más amplia del capitalismo del 24/7 con cualquier práctica social en la que intervengan el compartir, la reciprocidad o la cooperación. Para los partidos y los grupos de izquierdas, el concepto de “política por Internet” es un oxímoron desastroso. Puede que las plataformas de las redes sociales tengan el potencial algorítmico de movilizar a gran cantidad de personas en torno a un solo tema o a un acontecimiento único, pero son intrínsecamente incapaces de alimentar una comprensión vivida de la interdependencia humana o de las prácticas fortalecedoras de apoyo mutuo basadas en la comunidad.

Como nos dicen muchos famosos teóricos de la política, cualquier clase de resistencia eficaz supone inventar al mismo tiempo nuevas maneras de vivir. Y aquí viene la parte difícil: antes de que cualquier nueva forma de vida social pueda surgir siquiera de forma provisional, tiene que haber un replanteamiento radical de cuáles son nuestras necesidades, un redescubrimiento de cuáles son nuestros deseos. Esto significa dejar por completo de comprar lo que se nos dice que necesitamos, y repudiar del todo el papel de consumidores. Significa rechazar activamente la letalidad de la cultura del dinero y todas las imágenes y fantasías tóxicas de riqueza material que nos rodean. Para aquellos de nosotros que tengamos hijos, significa abandonar las expectativas imposibles y desesperadas de éxito profesional y económico que les imponemos, y proporcionarles en cambio visiones de un futuro habitable compartido colectivamente. Pero estas son tan solo las primeras de las tareas preliminares, una preparación rudimentaria para las luchas políticas reales que están teniendo lugar actualmente y para aquellas que no tardarán en extenderse por doquier, en medio de la intensificación de la catástrofe ecológica, la polarización económica y la guerra imperial.

* Jonathan Crary es profesor de Historia de Arte Moderno en la Universidad de Columbia de Nueva York. 24/7, su último libro está editado por Ariel.
Traducción de News Clips.
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Publicado por El país (España) el 24-5-2015

http://cultura.elpais.com/cultura/2015/05/20/actualidad/1432123650_805121.html

miércoles, 4 de marzo de 2015

Acá entre nos: El nudo ciego del periodismo o la tragedia del "ni ni"

@planetaencrisis

Este momento que vivimos, de fuerte polarización política al interior de nuestras sociedades en el mundo, ha cambiado el periodismo y su oficio en un tiempo increíblemente corto, al menos para muchos de nosotros los periodistas.

Un caso emblemático es el de mi país, Venezuela, donde la “batalla de las ideas” que vino a la par de un proceso político dio paso, primero, a un escenario donde la prensa tuvo preponderancia como actor de oposición e incluso apoyó un golpe militar en su momento, y en la actualidad, a una situación imposible de imaginar hace diez o doce años: de tener una prensa que era toda de oposición pasamos a no tener ninguna prensa de oposición.

En cuanto al discurso periodístico, no parece arriesgado decir que estamos ante un periodismo notoriamente distinto del que conocí cuando empecé a trabajar y durante los años que siguieron después, antes de lo que he llamado una (real) "politización" del periodismo a escala global.

En los años 90 los periodistas podían sentirse relativamente cómodos en una posición política y raramente serían execrados o etiquetados como indeseables por ello. En Latinoamérica vivíamos una primavera democrática y no se había producido esa ruptura entre las posiciones políticas radicales de los distintos actores sociales.

Mis compañeros y yo veíamos con respeto a cualquiera que decidiera acomodarse en esa mullida dignidad de pertenecer a un grupo o de exhibir una tendencia, mejor si era de izquierdas, en mi caso, pues le daba el don de ser crítico de las injusticias y conocedor de la naturaleza de los hechos gracias a esa cercanía de lo humano cotidiano que tiene el trabajo de periodista.

Las figuras sociales que nos servían como referentes eran, a su vez, académicos o intelectuales o artistas o famosos u otras personas respetadas, quienes jamás serían públicamente denigrados o ridiculizados por aquellos cuyo pensamiento tuviese distinta orientación política.

De hecho, el lenguaje que manejaban públicamente los políticos era, hasta cierto punto, mesurado.

En aquella época era impensable (ojo, hablo solamente desde el punto de vista del discurso periodístico) —aunque los medios de comunicación libraran su rol habitual en ese juego de necesidades e intereses que determina el flujo de la información— que un medio, al querer mostrar una imagen intencionalmente negativa, usara un discurso ideológico.

Parecía imposible imaginar entonces que los medios llegarían a tener un lenguaje abiertamente parcializado, donde mostrarían una izquierda y una derecha políticas en permanente conflicto, y que tal debate ideológico se elevaría al papel protagónico en la escena de todos los días.

Tomando partido

Esa realidad que quedó en el pasado es probablemente rechazada hoy por muchos de los periodistas que ejercen la profesión en Venezuela y es defendida por otros tantos, porque el compromiso ideológico se ha vuelto parte visible de su trabajo.

Por ejemplo, periodistas afines al actual gobierno venezolano podrían refutar recordando que aquella era una época de alienación, donde todos los actores sociales trabajaban mancomunadamente para mantener el estatus quo y la hegemonía del poder económico y del capitalismo como sistema de dominación en el mundo, y que entonces nadie se cuestionaba si el discurso que recibíamos de los medios estaba o no cargado de ideología, por lo que la imposición de una visión de sumisión a los intereses económicos de la oligarquía y hegemónicos del imperialismo extranjero pasaba desapercibida a los ojos de la mayoría.

Por su parte, periodistas de oposición dirían que el discurso de lucha de clases se ha impuesto por la profusión de medios oficialistas y por el silenciamiento de los demás;  que es propangandístico, mentiroso y violador de los derechos del libre flujo de la información y que busca legitimar a un gobierno al que ellos califican como autoritario, para usar el menor de los adjetivos.

¿Cómo es posible esta diatriba sin conciliación? ¿Qué hace de los periodistas unos militantes en su trabajo? Pues no se trata solamente de ser muy pragmático y de garantizarse el puesto, se trata de que el periodismo es un oficio que obliga a los periodistas a tomar partido.

Libertades y virtudes

El periodismo se maneja sobre supuestos ideológicos muy claros: Tengo algo que decir y debo poder decirlo a través de estos canales sociales a la mano. Es mi supremo privilegio como periodista y también mi mayor virtud, por cuanto de este modo también ejerzo mi derecho ciudadano a expresarme libremente y garantizo la libertad de los demás. Es algo así como la visión de un súper profesional con virtudes heroicas.

Pero entre las lecciones de ética que recibimos en las escuelas también nos explican ese eufemismo llamado “línea editorial”, sobre el cual tenemos que caminar cuidadosamente pues no somos dueños del canal de comunicación donde estamos trabajando.

De modo que, para trabajar en una empresa de medios de comunicación es prácticamente indispensable que el periodista, si no sea afín ideológicamente, al menos esté públicamente comprometido con su posición, lo cual, claro, se reflejará abiertamente en su trabajo.

Esto, entiéndase, más que una condición sine qua non para trabajar es un comportamiento lógico y dictado por el sentido común.

El comunicador se aferrará con pasión a los principios que le enseñaron en la Academia y hará de ellos una herramienta, lo cual le llevará a la constatación de que está, en la práctica, ideológicamente comprometido hasta la última coma con lo que expresa. O entonces se irá con sus preguntas y sus palabras a otra parte.

Convivir como “ni ni”

Hasta este punto del racionamiento todos estamos de acuerdo en lo esencial: en algún momento de la historia reciente hubo una ruptura del discurso periodístico y, en Venezuela, tal cambio es sintomático del cambio político y social que hemos experimentado y cuya evolución nos ha llevado adonde estamos ahora.

Como resultado de nuestro proceso particular, los medios oficialistas venezolanos se volvieron punteros de la lucha contra los enemigos mediáticos e ideológicos de aquí y de allende las fronteras, pero también espejos de la propaganda oficial, mientras que los medios privados  —otrora más o menos radicales— se replegaron en una sola y tímida etiqueta: “ni ni”, donde ya no hacen oposición y, en cambio, muchos se alinean favorablemente.

Pero buscar objetividad desde las posiciones comprometidas es muy difícil. 

Muchos periodistas sienten que han llegado a una encrucijada donde tendrán que perder una parcela de dignidad para seguir adelante. 

Otros se sienten en la obligación moral de dar la batalla ideológica cueste lo que cueste, pues dar una visión crítica de la cuestión social implica el desmontaje del discurso dominante que impone valores y moldea mentalidades.

Para los periodistas de oposición, no denunciar al gobierno significa renunciar a sus ideales, callar ante los atropellos y crímenes, amordazar la verdad.

Para los periodistas favorables al gobierno, la "prensa golpista" venezolana, que en el nombre de una falsa libertad se erigió a sí misma en poder de facto y que presenta a los políticos golpistas como víctimas de represión, está pagando el precio. El gobierno la enfrenta como actor político desestabilizador y la combate como tal. 

Todos, no obstante, se arropan en el protagonismo del periodista y del medio y ven la noticia como arma ideológica.

En mi opinión personalísima, con la cual no quiero sino señalar los cambios ocurridos en los últimos años en materia del discurso periodístico, en Venezuela hemos llegado al punto ciego de la contradicción. 

Es algo así como el punto de la tragedia, ese punto en el que el pulso entre libertades y necesidades tiene un desenlace que no por anodino resulta menos dramático.

Si convenimos en que la política tiene el mismo fin u objeto que la ética, que es el devenir, la contingencia, la posibilidad de que algo suceda o no suceda en la existencia y en la convivencia humanas, debemos convenir también en que la política que niega la convivencia (e incluso la existencia ) con el contrario o que quiere su exterminio absoluto no es, ni mucho menos, ética.

Por extensión, el periodismo que niega al contrario político es un despropósito.

Y el periodismo que adoctrina, en teoría, es una aberración.

Nudo ciego. Allí estamos.

lunes, 13 de febrero de 2012

Para ser observador en unas presidenciales

RIA NovostiLo que se necesita para ser observador Lo que se necesita para ser observador

12:31 13/02/2012 Un observador se dedica a controlar el proceso de la votación, el recuento electoral y la verificación del escrutinio.>>


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Publicado por RIA Novosti el 13-02-2012.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Acá entre nos: Léeme, que yo digo la verdad

@planetaencrisis

Cuando yo estudiaba Comunicación Social tuve la fortuna de cursar una asignatura llamada Historia del periodismo, dictada por una profesora cuyo nombre no recuerdo pero a quien nunca olvidaré, porque fue la primera vez en mi vida que me reprobaron una materia en la nota final.

La profesora, una señora muy respetada en la facultad, me “raspó” merecidamente, porque yo pasé el semestre más pendiente de flertear con algunos guapos colegas que de la materia en cuestión, en la cual se exaltaban las virtudes del quehacer periodístico de ese modo tan romántico e idealista en que el tema sigue siendo tratando hoy en las escuelas de Comunicación Social de todo el mundo.

En la referida materia, el periodista era presentado como una suerte de súper héroe capaz de arriesgar su vida para entregarnos la noticia y así proteger nuestro sagrado derecho a la información –derecho que, dicho sea de paso, hoy en día es infinitamente más defendido que el derecho de una persona a ingerir el mínimo de calorías necesario para evitar su extinción, según palabras de otro profesor que no me dio clases, pero a quien le tengo enorme respeto.

Recuerdo a mi profesora de Historia del periodismo contando, con lágrimas en los ojos ,cómo los sucesos de 1968 –al parecer ella vivió en París en su adolescencia– le sirvieron de inspiración para estudiar la carrera, porque, según nos explicó, los movimientos de protesta que corrieron como pólvora por el planeta en esa época representaban la quintaesencia de esa necesidad humana de estar informado y de protestar contra cualquier atisbo de censura.

Realmente “prohibido prohibir” es un lema que podría ser, hoy (por 15 minutos), el hashtag más popular de Twitter, si no fuera ya un lugar común desgastado.

Lo cierto es que el recuerdo de la materia y de las lágrimas de mi profesora me vino a la mente ayer, cuando observé un mapa publicado por CNN México en su página de Internet (http://mexico.cnn.com/infografias/2011/12/23/los-indignados-alrededor-del-mundo), y que fue muy “retuiteado” en la mencionada red social.

El mapa, que pretende ser una radiografía de los movimientos de protesta en el mundo, sorprendentemente no señala directamente el sonado Occupy Wall Street, sino que sitúa el ícono indicativo de la presencia de protestas en el sur de Estados Unidos, lejos de las ciudades de este país donde el movimiento contra las políticas que privilegian a los grandes capitales en detrimento de la mayoría de la población ha tenido mayor acogida: Washington, Nueva York y Los Angeles.

Igualmente, llama la atención la presencia en el mapa de los países de Centro y Suramérica (donde, si acaso ha habido protestas, éstas han sido insignificantes con relación a las de Estados Unidos y las de Europa) con igual categoría que España y otros países europeos, donde las protestas han sido de decenas de miles de personas en las calles.

El caso de este mapa, que es anecdótico, me llamó la atención pues, mientras la revista estadounidense Time le ha dado el premio de “personaje del año 2011” a “El manifestante”, recientemente también he leído noticias como la de David Seaman, periodista de la revista de finanzas Business Insider a quien Twitter le suspendió su cuenta por hablar demasiadas veces del Occupy Wall Street y del NDAA (National Defense Authorization Act), bajo los hashtag #NDAA y #OWS.

Entonces, ¿cuál es la verdad sobre el Occupy Wall Street? ¿Ha sido minimizado y "vetado" por la media, como denuncian algunos? Un reciente sondeo de opinión divulgado por los medios estadounidenses arrojó que la mayoría de la población (más del 50 por ciento) cree que estos “indignados” son personas potencialmente agresivas, que están dispuestas a acciones violentas por resentimiento o por haber perdido bienes materiales durante la crisis.

Ahora bien, ¿cómo hace el simple lector para tener una idea más o menos objetiva de temas como éste, que son profundamente ideológicos?

Personalmente creo que nunca voy a dejar de estremecerme al constatar, todos los días y cada vez que leo las noticias en los diarios y medios de comunicación del mundo, que siempre se manipulan de algún modo las informaciones para presentar los temas del modo que más le convenga al editor del medio, sea de la tendencia que sea. No hay noticias inocentes. No hay noticias realmente objetivas.

Desde luego, es perfectamente legítimo el hecho de que los medios de comunicación asuman una posición ante el hecho político. Al fin y al cabo esa ha sido su función primigenia. Muchos diarios nacieron para darle voz a las ideas liberales y progresistas en los albores de nuestras repúblicas, y muchos medios históricamente lograron la hazaña de poner al descubierto colosales casos de corrupción, conspiraciones o injusticias.

Además, en mi opinión, es totalmente cierto que un poder político sin crítica que lo confronte se vuelve totalitario y aplastante. Y es nuestro derecho que exijamos una información veraz, más en un momento en que la información vuela como el viento a través de las redes sociales y que todo puede ser replicado sin que importe su origen.

Pero no dejo de sorprenderme con el hecho de que, en un mundo tan politizado, sigamos creyendo que los medios son “contrapoderes” y “la máxima expresión de la democracia”, como dice otro famoso profesor que me dio clases una vez.

Habrá quien quiera mi cabeza por decir esto, pero después de años y años de trabajar en medios de comunicación estoy realmente convencida de que no hay democracia al interior de ellos: uno escribe lo que el editor pide y del modo en que lo pide, con el lenguaje que él quiere y con el enfoque que él desea. Y si no lo quiere uno no lo escribe.

Además, cualquier estudiante de Comunicación Social sabe que la escogencia de señales visuales, la forma cómo éstas son presentadas y el lenguaje usado son decisivos a la hora de dar el mensaje periodístico, el cual será “leído” de la forma que más le convenga al emisor. Es decir, el receptor no tiene muchas opciones al recibir el mensaje, porque éste viene siempre preñado de intenciones.

Y cualquier periodista tiene muy claro que no es un súper héroe, sino un empleado que debe seguir los lineamientos de su empleador. Y esto no tiene nada que ver con la persecución que pueda sufrir el periodista que investiga al narco o que realiza la encomiable labor de denunciar un crimen.

En otras palabras: no se puede comparar la tarea de un corresponsal de guerra, o la de un periodista que vive en un país donde hay una guerra contra el narcotráfico, como México, o del que vive en un país donde hay un conflicto armado, como Colombia, con las cosas que enfrenta un periodista de un país donde hay una suerte de "guerra" entre los poderes económicos y los poderes políticos, como ocurre en Venezuela, Ecuador, Argentina o Brasil. Son contextos muy diferentes e igualarlos es una simplificación burda y patética.

Y el medio de comunicación no es un contrapoder a priori. Es, más bien, la voz del poder en sí mismo, sea económico, sea político. Mientras refleja los hechos, mientras divulga las "verdades", hace las veces de aparato de propaganda ideológica de los poderes dominantes. Esto sí que es una gran verdad.

Una vez que aceptamos sin prejuicios (sé que esto es realmente difícil) la parcialidad de los medios es que podemos dilucidar cuándo, en qué ocasiones, esos medios sí pueden llegar a fungir como contrapoder de otro poder. Y esto no es un juego de palabras. Sólo podemos hacer una lectura objetiva cuando tomamos conciencia de la falta de objetividad en las informaciones.

En Venezuela, por ejemplo, éste es un ejercicio bastante dificultoso, porque la prensa está casi completamente plegada a sus posiciones. Mientras que la prensa oficialista hace propaganda permanente de las iniciativas del gobierno, no las cuestiona y no da voz a ninguna posición contraria, gran parte de la prensa privada minimiza cualquier iniciativa oficial, tampoco da voz al contrario, hace propaganda a favor de la oposición y no tiene otra misión más importante que la de atacar al gobierno, todo ello envuelto en nubes de animosidad.

Esta visión sesgada y polarizada se traslada a la prensa del exterior cuando se refiere a las cuestiones políticas en Venezuela. Como muestra, un botón: Hace unos días se realizó en Caracas una cumbre de presidentes para crear la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe), un incipiente ensayo para construir un organismo regional donde los países se alinearían con nuevas potencias emergentes, como Brasil, en momentos en que el gran líder regional, Estados Unidos, amenaza con seguir arrastrando a sus vecinos a las honduras de su crisis.

La mayor parte de los medios venezolanos y regionales prácticamente no dio cobertura al evento. Lo ignoraron olímpicamente. Algunos medios de otros países de la región se esforzaron por presentar la idea de que la OEA en nada se vería afectada por la creación de la Celac, como si ésta fuera la única lectura que se pudiera hacer.

Extracontinentalmente, para poner un ejemplo pequeñito de la forma cómo se presentó mediáticamente en el exterior de Venezuela el hecho político, durante el primer día de la cumbre de dos días y la mitad del segundo, un importante diario de España mantuvo en su página de Internet una única noticia sobre el tema: Chávez fracasa en el intento de que Latinoamérica prescinda de la OEA
(http://internacional.elpais.com/internacional/2011/12/02/actualidad/1322851591_167301.html). Sólo en la tarde del segundo día, horas antes del cierre de la cumbre, fueron colgadas notas con mayor contexto y profundidad en la página del diario.

Ahora bien, si uno se pone a pensar en la relevancia del hecho surgen, como mínimo, algunas preguntas: ¿Es que los 31 presidentes y dignatarios que vinieron a Caracas lo hicieron solo para darle el gusto a Chávez, bailar al ritmo de su batuta e intentar lograr “que Latinoamérica prescinda de la OEA”?

¿Es que a nadie le interesa saber qué distintas lecturas hay en el fondo del hecho político?

Y, por otra parte, ¿es que, en verdad, eventualmente y si el proyecto se llegara a consolidar, la creación de la Celac no afectaría en nada, nada a la OEA? ¿Qué cosas están en juego, más allá de si los gobiernos son de izquierda o de derecha, más allá de la propaganda política? ¿Qué es realmente importante entender?

Para evitar caer en la lamentable diatriba repetitiva en la que solemos caer los venezolanos, pondré otros ejemplos un tanto más extremos: muchos de mis queridos amigos judíos están sinceramente convencidos de que existe una conspiración mediática global contra el pueblo de Israel y de que las noticias críticas sobre la segregación de los palestinos no son sino señales –alguna vez profetizadas– de ese ensañamiento. Prácticamente ninguno defiende a sus vecinos árabes y hablar sobre la situación de los palestinos les desagrada bastante, porque sienten que la historia reflejada por la gran prensa internacional, simplemente, no es verdad.

Y en Cuba hay quienes defienden que el injusto y criminal bloqueo contra la isla y la defensa del socialismo justifican la censura, la falta de libertades y otras cuestiones que allí ocurren.

Simplificando mucho la cuestión me atrevo a decir que, en mi opinión, los medios de Israel han hecho un magnífico trabajo con la opinión pública (¿qué rayos significa este concepto?) interna israelí. No es necesario vivir en Israel para darse cuenta de esto, basta leer los diarios online durante un par de días. Y probablemente lo mismo haya pasado en Cuba, en Estados Unidos, en todas partes. Los medios forman nuestra opinión, insisto yo, para usar una enorme simplificación.

El interrogante que surge entonces es si podemos ponernos a buscar una verdad esquiva y dónde la vamos a encontrar, porque parecemos entender el mundo solo a través de las noticias. ¿Y no está el mundo hecho de ellas, o esto es otra simplificación?

jueves, 10 de noviembre de 2011

La nube en pantalones (fragmento)

Vladimir Mayakovski

Yo,
el crisóstomo
cuya palabra
regenera el espíritu,
festiviza el cuerpo,
les digo:
la menor partícula de lo viviente
es superior a lo que hice o haré.

¡Escuchen!
Predica
convulsionado y gimiente
el Zaratustra hablador de hoy.

Nosotros,
con cara de sábana arrugada,
con labios colgantes como lámparas,
nosotros,
prisioneros
de la ciudad-leprosería,
donde el oro y la inmundicia llegaron a lepra,
somos más pulcros que el añil veneciano,
bañado de sol y mar.

Me importa un bledo
que Homero y Ovidio
no tienen a hombres como nosotros
ennegrecidos de hollín.
Me consta,
el sol se eclipsaría si viera
los filones de oro de nuestras almas.

Mejor que plegarias son venas y músculos.
No mendiguemos del tiempo el perdón.
Nosotros,
cada uno, sujeta la mano,
las correas de transmisión de los mundos.

Aquello subió a los gólgotas, a los públicos
de Petrogrado, Moscú, Odesa, Kiev,
y no hubo uno
que no gritara:
“¡Crucifíquenlo,
crucifíquenlo!”.

Mas para mí, la gente,
aun los que me ofendieron,
son los más queridos y entrañables.

¿Han visto
cómo el perro lame la mano agresora?

Yo, ridiculizado por la estirpe de hoy,
como un chiste dilatado,
obsceno, veo cómo remonta las cimas del tiempo
alguien que nadie ve.

Donde el ojo humano se detiene, tímido,
al frente de hordas famélicas,
coronado de espinas de revoluciones
llegará el año dieciséis.

Yo soy aquí su precursor,
estoy con los que padecen,
crucificado en cada lágrima vertida.

Ya es imposible perdonar nada.
Calciné el alma donde crecía la ternura.
Eso es más difícil que tomar
miles y miles de Bastillas.

Y cuando
con la insurrección
anuncien su llegada
y salgan ustedes a recibir al salvador,
yo
me arrancaré el alma,
la aplastaré
para ensancharla
y, sangrante, se las daré por bandera.


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De Poemas 1913-1916.

jueves, 14 de julio de 2011

Qué es Al Qaeda y cómo opera en Libia

(Segunda parte de “Enemigos en Irak y Afganistán, aliados en Libia")

Webster G. Tarpley

Al Qaeda no es una organización estructurada sino, más bien, una agrupación de fanáticos, sicóticos, agentes dobles, provocadores, mercenarios, etc.

Como ya explicamos anteriormente, Al Qaeda fue creada a instancias de Estados Unidos y los británicos durante la guerra contra los soviéticos en Afganistán. Es bastante probable que la mayoría de sus líderes, como el famoso vicecomandante Ayman al Zawahiri o la actual estrella en ascenso Anwar Awlaki sean agentes dobles del MI6 y/o de la CIA.

La premisa fundamental sobre la cual se mueve Al Qaeda es que todos los gobiernos árabes o musulmanes actuales son ilegítimos y deben ser derrocados, ya que no representan al califato que el grupo dice ver en el Corán. Eso significa que la ideología de Al Qaeda constituye, para las agencias de inteligencia, una herramienta fácil y lista para usar cuando se trata de atacar y desestabilizar a los gobiernos árabes y musulmanes establecidos, en el marco de la constante necesidad colonial de someter y saquear a las naciones en vías de desarrollo. Esto es precisamente lo que está sucediendo actualmente en Libia.

Al Qaeda surgió del medio político-cultural de los Hermanos Musulmanes, o Ikuan, creado también por los servicios de inteligencia británicos en el Egipto de los años 1920. Estados Unidos y Gran Bretaña utilizaron entonces a los Hermanos Musulmanes egipcios como movimiento de oposición contra las brillantes políticas antiimperialistas del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, quien estaba logrando enormes victorias para su país con la nacionalización del canal de Suez y la construcción de la represa de Asuán, sin las cuales sería inconcebible el Egipto moderno. Los Hermanos Musulmanes actuaron contra Nasser como una especie de «quinta columna», compuesta de agentes extranjeros, exactamente del mismo modo en que el grupo Al Qaeda en el Magreb Islámico (la AQMI) proclama a toda voz su respaldo a la rebelión contra el coronel Muamar Gadafi.

En mi reciente libro “El terror fabricado: Made in USA” refiero detalladamente la naturaleza de Al Qaeda, por lo que no voy a repetir aquí ese análisis. Me limitaré a recordar que no tenemos que creer en el fantasioso mito que el gobierno de Estados Unidos ha construido en torno a este grupo para reconocer el ya demostrado hecho de que los militantes o los desequilibrados que se unen a sus filas son, en efecto,  sinceros en su odio y su ardiente deseo de «matar estadounidenses y europeos».

La política de la administración Bush utilizó la supuesta presencia de Al Qaeda como pretexto para desencadenar un ataque militar contra Afganistán e Irak. La administración Obama está modificando esa política al intervenir junto a una rebelión en la que Al Qaeda y sus aliados están fuertemente representados, porque atacan el régimen autoritario de Gadafi, que se ha mantenido en el poder desde hace décadas.

Ambas políticas conducen al fracaso y es necesario abandonarlas.

Al Qaeda en el Consejo de los rebeldes libios

El resultado de la presente investigación es que la rama libia de Al Qaeda es una prolongación del Grupo Islámico Combatiente en Libia (GILC) que opera en Derna y Bengasi.

La base étnica del GICL es, aparentemente, la tribu Harabi, profundamente antigadafista y de la que procede la gran mayoría de los miembros del Consejo de los rebeldes, incluyendo a sus dos principales líderes: Abdul Fatah Yunis y Mustafa Abdul Jalil.

Como me decía hace algunos años el canciller de Guyana y entonces presidente de la Asamblea General de la ONU, Fred Willis –quien fue un verdadero combatiente contra el imperialismo y el neocolonialismo–, detrás las formaciones políticas en los países en vías de desarrollo (y no sólo en esos países) se esconden a menudo rivalidades étnicas o religiosas. Eso es lo que sucede en Libia.

La rebelión contra Gadafi es una mezcla envenenada de odio fanático contra el coronel, de islamismo, de tribalismo y de rivalidades locales. Desde este punto de vista, la decisión de Obama de tomar partido en una guerra tribal es una idiotez.

Cuando Hillary Clinton viajó a París para que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, le presentara a los rebeldes libios, la secretaria de Estado se reunió con el líder de la oposición libia, Mahmud Jibril, un personaje que recibió una educación estadounidense y cuyo nombre ya era conocido por los lectores de Wikileaks como uno de los interlocutores preferidos de Estados Unidos.

Jibril puede ser considerado un personaje presentable en París, pero los verdaderos cabecillas de la insurrección libia son, en realidad, Jalil y Yunis, dos ex ministros de Gadafi. De estos dos personajes, el verdadero jefe parece ser Jalil, al menos por el momento.

Según los documentos citados en esta investigación, Mustafa Abdul Jalil o Abdul-Jalil (en árabe: مصطفى عبد الجليل, que también puede escribirse Abdul-Jelil, Abd-al-Jalil, Abdel-Jalil o Abdeljalil, y también a veces, erróneamente, Abud Al Jeleil), es un político libio nacido en 1952. Fue ministro de Justicia (y, de forma no oficial, secretario del Comité General del Pueblo) del coronel Muamar Gadafi.

Abdul Jalil ha sido identificado como el presidente del Consejo Nacional de Transición basado en Bengasi, aunque algunos rebeldes cuestionan su nominación a ese puesto debido a sus relaciones pasadas con el régimen de Gadafi.

Por su parte, Abdul Fatah Yunis (en árabe: عبد الفتاح يونس) es un alto oficial del ejército libio que estuvo estrechamente vinculado a Gadafi desde que éste tomó el poder, en 1968-1969. Tenía rango de general y ocupó el puesto de ministro del Interior antes de dimitir, el 22 de febrero de 2011.

Relaciones peligrosas

Lo que más debería inquietarnos es que, tanto Jalil como Yunis, son miembros de la tribu Haribi, mayoritaria en el noreste de Libia, que es precisamente la tribu que se relaciona con Al Qaeda.

Según la agencia Stratfor, «…la tribu Harabi es históricamente un poderoso conjunto de clanes del este libio que ha visto declinar su influencia bajo Gadafi. El líder libio confiscó, en efecto, tierras cultivables a los miembros de esa tribu para entregarlas a otros clanes más débiles, pero más leales… La mayoría de los líderes del este de Libia, hoy emergentes, provienen de la tribu Harabi, incluyendo a los jefes del gobierno provisional instalado en Bengasi, Abdel Mustafá Jalil y Abdel Fatah Yunis, que tuvieron un papel fundamental en la deserción de ciertos militares al principio de la insurrección».

Es un poco como una carrera por la presidencia estadounidense, en la que ambos candidatos provienen de la misma región, pero con la diferencia de que las feroces rivalidades tribales agravan considerablemente la disputa.

¿Por qué el secreto sobre el Consejo de los rebeldes?

Un análisis de la composición global del Consejo de los rebeldes no logra mejorar la imagen de su base regional, sectaria y estrecha, sino que la empeora. Según una descripción reciente de las investigaciones de Stratfor, el Consejo de Transición está «presidido por un ex ministro libio de Justicia, con buena reputación, Mustafá Abdul Jalil, y se compone de 31 miembros que derían representar a todo el país, pero cuyos nombres no pueden divulgarse por “razones de seguridad”». (…) «Los principales miembros del Consejo, al menos los que conocemos, pertenecen todos a la confederación de tribus Harabi del noreste de Libia. Esas tribus tienen fuertes conexiones con Bengasi que se remontan incluso a la época anterior a la revolución de 1969, que llevó a Gadafi al poder.»

Con todo lo que ya sabemos sobre la extraordinaria densidad de combatientes del GICL y de fanáticos de Al Qaeda en el noreste de Libia, nos preguntamos si la identidad de los miembros del Consejo se mantiene en secreto para protegerlos de Gadafi o si no es más bien para evitar que sus nombres sean reconocidos en Occidente como nombres de terroristas o de simpatizantes de Al Qaeda. Esta última hipótesis parece estar más cerca de la situación actual.

¿Cuántos miembros, veteranos o simpatizantes de Al Qaeda componen el Consejo de los sublevados?

Todo lo que se sabe a través de la bruma de la guerra es que se han divulgado oficialmente los nombres de menos de una docena de miembros del Consejo, o sea, ni siquiera la mitad de sus 31 miembros.

Los nombres divulgados hasta ahora son: Mustafa Abduljaleel; Ashur Hamed Burashed, representante de la ciudad de Derna; Othman Suleiman El-Megyrahi, por la región de Batnan; Al Butnan, por la zona fronteriza con Egipto y Tobruk; Ahmed Abduraba Al-Abaar, por la ciudad de Benghazi; Fathi Mohamed Baja, por Benghazi; Abdelhafed Abdelkader Ghoga, por Benghazi; Omar El-Hariri en Asuntos Militares, y el Dr. Mahmud Jibril, Ibrahim El-Werfali y el Dr. Ali Aziz Al-Eisawi en Relaciones Exteriores.

El Departamento de Estado debería interrogar a esas personas, empezando quizás por Ashur Hamed Burashed, el delegado de la ciudad de Derna, bastión de los terroristas y de los candidatos a la realización de atentados kamikazes.

Los medios de prensa estadounidenses y europeos, por su parte, tampoco han tratado de identificar los nombres que ahora conocemos para ilustrar a la opinión pública, sino que han hecho todo lo posible por no llamar la atención sobre esa oscura mayoría de miembros del Consejo de sublevados que sigue actuando en el mayor secreto.

Tenemos que exigir, por consiguiente, que se den a conocer los nombres de los miembros, veteranos o simpatizantes del GICL que forman parte de dicho Consejo.

Estamos siendo testigos de un intento de la tribu Harabi por tomar el poder sobre las otras 140 tribus libias. Los Harabi ya tienen prácticamente el poder hegemónico en la región cirenaica. En el núcleo de la confederación Harabi se encuentra el clan El Obeidat, dividido a su vez en 15 subclanes. Todas esas consideraciones pudieran no presentar más interés que el puramente académico, si no existiese esta evidente conexión entre las tribus Harabi, por un lado, y, por el otro, el GICL y Al Qaeda.

Movimiento Sanusi, ¿monárquico o democrático?

La tradición político-religiosa del noreste de Libia hace de esta región un terreno propicio para las sectas musulmanas más extremistas, y también la predispone a favor de la monarquía más que a las formas modernas de gobierno, de las que es partidario Gadafi. La tradición musulmana predominante es la de la orden Sanusi (o Senussi), una secta musulmana que se opone a Occidente.

En Libia, Sanusi está estrechamente vinculada a la monarquía desde la época del rey Idris –puesto en el poder por los británicos en 1951 y derrocado por Gadafi en 1969– quien era el jefe de la orden. En los años 1930, los Sanusi organizaron la rebelión contra los colonos italianos respaldados por el general Graziano y su ejército. Hoy en día, los rebeldes usan la bandera de la monarquía y pudieran promocionar el regreso al trono de uno de los dos pretendientes provenientes del linaje de Idris. En otras palabras, los sublevados libios están más cerca de la monarquía que de la democracia republicana.

Veamos cómo describe la agencia Stratfor a Idris y a los Sanusi: «El rey Idris pertenece a un linaje de dirigentes provenientes de la orden Sanusi, orden religiosa sufí fundada en 1842 en Al Bayda que practica una forma austera y conservadora de Islam. La Sanusia representaba, antes de la creación del moderno Estado de Libia, una fuerza política en la región cirenaica y conserva aún cierta influencia hoy en día. No por casualidad esa región es el centro del yihadismo libio, con grupos como el Grupo Islámico Combatiente en Libia (GICL). De hecho, el clan Gadafi ha calificado la actual revuelta de complot islámico elaborado…».

Bajo la monarquía, Libia era, según varios estimados, el país más pobre del mundo. Hoy en día, Libia ocupa la posición número 53 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Por delante de Rusia, Brasil, Ucrania y Venezuela, Libia es además el país más desarrollado de África. A pesar de su carácter autoritario, el reinado de Gadafi tiene unos cuantos méritos objetivos realmente difíciles de ignorar.

Racismo y “limpieza” étnica

El Black Agenda Report, de Glen Ford, ilustró con toda razón el carácter racista y reaccionario de la insurrección libia.

Las tribus del sur de Libia, conocidas con el nombre de Fezzan, son de piel oscura. La base tribal que sirve de apoyo al régimen de Gadafi consiste en una alianza de las tribus del oeste, del centro y del sur (los Fezzan), que se oponen a los Harabi y a los El Obeidat. Estos últimos se identifican a su vez con la antigua clase dirigente de la época de la monarquía.

Es notorio que los Harabi y los El Obeidat abrigan fuertes sentimientos racistas en contra de los Fezzan. Eso se puede comprobar a través de la lectura de varios artículos divulgados en medios de la prensa occidental desde el comienzo de la insurrección, inspirados –claro está– por responsables de los Harabi, que afirman que las personas de raza negra presentes en Libia deben ser tratadas como mercenarios pagados por Gadafi y que, por supuesto, hay que exterminarlas.

Ciertos charlatanes, como Anne-Marie Slaughte, de la escuela Woodrow Wilson en la universidad de Princeton [ex directora de Planificación en el Departamento de Estado], siguen repitiendo ese discurso racista. Y, en efecto, una impresionante cantidad de negros africanos provenientes de Chad y de otros países que trabajaban en Libia han sido sistemáticamente linchados y masacrados por las fuerzas anti Gadafi.

La Casa Blanca de Obama, que proclama su voluntad de no permitir que se repitan en Libia las atrocidades de Ruanda, ha ignorado cuidadosamente esta espantosa historia de genocidio perpetrado por sus nuevos amigos de la región cirenaica.

Ante el oscurantismo de los Sanusi, Gadafi ha apostado por el equivalente musulmán del sacerdocio de todos los creyentes, explicando que no era necesario el califato para descubrir el verdadero sentido del Corán. Y completó lo anterior con una perspectiva panafricana.

Gerald A. Perreira, del Black Agenda Report, escribe lo siguiente sobre la divergencia teológica entre Gadafi y los neosanusi del norte de Libia o de otros clanes oscurantistas: «Al Qaeda está presente en el Sahara y en sus fronteras, y la Unión Internacional de Eruditos Musulmanes exige que Gadafi sea llevado a los tribunales… [Por su parte] Gadafi ha cuestionado el Islam de los Hermanos Musulmanes y de Al Qaeda desde un punto de vista coránico y teológico; es uno de los pocos líderes políticos capaces de hacerlo. Bengasi ha sido siempre el centro de la contrarrevolución en Libia, acogiendo a los movimientos islámicos reaccionarios, como los wahhabitas y los salafistas. Son esos individuos quienes formaron el Grupo Islámico Combatiente en Libia basado en Bengasi, que se unió a Al Qaeda y se convirtió al cabo de los años en responsable del asesinato de varios miembros del Comité de la Revolución libia.»

Sería interesante saber, por ejemplo, ¿cómo quedaría la condición de la mujer bajo el régimen neosanusi del Consejo de sublevados de Bengasi?

Al Qaeda: de demonio a aliado de EEUU

Para quienes intenten seguir los cambios en la manera como la CIA maneja las diferentes organizaciones títeres en el seno del terrorismo islámico será útil pasar revista a la transformación del GICL-AQMI, que pasó de ser un de enemigo mortal a un cercano aliado.

Ese fenómeno está estrechamente vinculado a una inversión de los frentes ideológicos del imperialismo estadounidense, lo que marcó el paso de la administración Bush-Cheney, neoconservadores, al actual régimen Obama-Brzezinski-International Crisis Group.

El enfoque de Bush consistía en utilizar la supuesta presencia de Al Qaeda para justificar un ataque militar directo.

El método Obama consiste, por el contrario, en utilizar a Al Qaeda como instrumento para derrocar los gobiernos independientes y después separar las poblaciones y fragmentar esos mismos países, o bien utilizarlos como peones kamikazes contra enemigos mucho más poderosos, como Rusia, China o Irán.

Este enfoque necesita una fraternización más o menos abierta con los grupos terroristas, que ya comenzó a aparecer en el famoso discurso que Obama pronunció en El Cairo, en 2009. Pero los vínculos entre la campaña de Obama y las organizaciones terroristas que la CIA desplegó contra Rusia eran ya de público conocimiento hace tres años.


Pero esa inversión de los términos no se improvisa en una noche, sino que necesita varios años de preparación. El 10 de julio de 2009, el Daily Telegraph de Londres reportaba que el Grupo Islámico Combatiente en Libia se separaba de Al Qaeda. Aquello ocurrió en momentos en que Estados Unidos había decidido implicarse menos en la guerra de Irak y prepararse para utilizar a los Hermanos Musulmanes y a otros sunitas de Al Qaeda para desestabilizar a los principales países árabes, con vistas a lanzarlos contra el régimen chiíta iraní.

Yihadistas libios en Afganistán

Una de las contradicciones letales de la actual política del Departamento de Estado y de la CIA es que está dirigida a instaurar una alianza cordial con los asesinos de Al Qaeda provenientes del noreste de Libia, supuestamente en aras de proteger a la población civil, mientras que Estados Unidos y la OTAN bombardean sin piedad a los civiles del noroeste de Pakistán en nombre de la guerra total contra Al Qaeda, y mientras que soldados estadounidenses y de la OTAN mueren a manos de los hombres de Al Qaeda en ese mismo teatro de operaciones afgano-pakistaní.

La fuerza de esta flagrante contradicción amenaza toda la estructura de la propaganda estadounidense de guerra. Hace mucho tiempo que Estados Unidos renunció a la moral para concentrarse en el uso de la fuerza militar.

En realidad, es muy probable que los terroristas provenientes del noreste de Libia estén matando soldados de Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán, mientras que Estados Unidos y la OTAN protegen sus casas de los asaltos del gobierno del coronel Gadafi.

Según el relato de Thomas Joscelyn y Bill Roggio (The Long War Journal), del 9 de octubre de 2010, un alto dirigente de Al Qaeda en el noroeste de Pakistán resultó muerto en una operación militar estadounidense en esa fecha: «Un importante dirigente que fungió como embajador de Al Qaeda en Irán, buscado por EEUU, parece haber resultado muerto hace dos días en un ataque aéreo realizado desde un avión sin piloto Predator en la zona pakistaní controlada por tribus cercanas a los talibanes en el norte de Waziristán (…) Se trataba de Atiyah Abd al Rahman, ciudadano libio radicado en Irán y que había sido embajador de Osama Bin Laden ante los mulás. Informes de prensa no confirmados indican que Rahman murió en un ataque aéreo…».

El Departamento de Estado, en su página web, anunció la recompensa por la captura de Atiyah Abd al Rahman, precisando que el terrorista había sido «nombrado por Osama Bin Laden como emisario de Al Qaeda en Irán», que Atiyah «reclutaba y ayudaba en las negociaciones con los demás grupos islamistas para que operaran para Al Qaeda» y que también era «miembro del Grupo Islámico Combatiente en Libia y de Jamaat Ansar al Sunna». Dentro de la jerarquía de Al Qaeda, Rahman se hallaba a un nivel tan elevado que podía permitirse, en 2005, darle órdenes a Abu Mussab Al Zarkawi, el jefe de Al Qaeda en Irak .

Entre los muertos en Pakistán se encuentra también un individuo, aparentemente originario del noreste de Libia, conocido con el nombre de guerra de Jalid al Harabi, nombre pudiera indicar un origen vinculado al medio yihadista de las tribus Harabi en Cirenaica. Según una fuente, «Jalid al Harabi es conocido también con el nombre de Jalid Habi, el ex jefe militar de Al Qaeda muerto en un ataque de un Predator estadounidense en octubre de 2008» [Thomas Joscelyn y Bill Roggio, op. cit.].

El escenario revelado en el caso de David Shayler, en 1995, se repite hoy David Shayler, oficial del MI5, el servicio británico de contraespionaje, se enteró de que su colega del MI6, el espionaje británico, había pagado 100.000 libras esterlinas a un miembro de Al Qaeda que debía organizar un intento de asesinato contra Gadafi. El atentado tuvo lugar, y provocó la muerte de numerosas personas inocentes, pero no logró eliminar al dirigente libio. Lo que Shayler pudo comprender sobre el escenario previsto es que incluía la eliminación de Gadafi y la posterior caída de Libia en el caos y las guerras tribales, con la posibilidad de una toma del poder directa por parte de Al Qaeda.

La situación podía entonces servir de pretexto a los británicos, probablemente actuando –aunque no necesariamente– en coordinación con Estados Unidos o con otros países, para invadir Libia y apoderarse del control de los campos petrolíferos, y establecer seguramente un protectorado permanente sobre las regiones ricas en petróleo o que sirven de punto de paso a los oleoductos y sobre la región costera (ver Annie Machon, 2005). El objetivo sigue siendo el mismo en este momento.

Paralelamente al intento de asesinato contra Kadhafi, el MI6 y otros servicios secretos occidentales fomentaron una importante insurrección en el noreste de Libia, prácticamente en la misma zona donde surgió la actual sublevación. Pero las fuerzas de Gadafi aplastaron aquella revuelta antes de terminar el año 1996. Los acontecimientos de 2011 son simplemente la repetición, 15 años más tarde, de aquel ataque contra Libia, con la intervención extranjera como complemento.

La guerra contra el Estado-nación

El actual ataque contra Libia se produce en el contexto más global de un ataque contra la institución de un Estado-nación soberano cuya existencia se remonta al tratado de Westfalia de 1648. Estados Unidos y Gran Bretaña están extremadamente inquietos ante la cantidad de naciones que tratan de escapar a la hegemonía anglo-estadounidense a través de una cooperación a gran escala con Rusia en materia de seguridad, con China en el plano económico y con Irán en materia de consideraciones de orden geopolítico.

La respuesta del tándem CIA-MI6 ha consistido en una orgía de acciones desestabilizadoras, de golpes de Estado, revoluciones de colores y revoluciones palaciegas, revelada por la operación de difusión limitada de documentos organizada por la CIA y conocida bajo el nombre de Wikileaks, que apunta a algunos nombres de la «lista de blancos» de la CIA, como Ben Ali y Gadafi.

A la estrategia de Obama le convendría más una iniciativa espontánea y autónoma y la ilusión de que la primavera árabe fue realmente un asunto de jóvenes idealistas visionarios que se reunieron en una plaza para pedir democracia, y que se respeten las leyes y los derechos humanos. Pero eso nunca sucedió. Las decisiones actuales fueron tomadas por una camarilla brutal de generales y de altos responsables -comprados o chantajeados por la CIA- que actúan entre bambalinas para derrocar a personajes como Ben Ali o Mubarak.

Independientemente de lo que haya hecho Gadafi, es indudable que obligó a la CIA y a la OTAN a despojarse de las bonitas máscaras del idealismo juvenil y de los derechos humanos y a revelar el espantoso rostro que se esconde tras ellas, el de los aviones teledirigidos Predator, los bombardeos aterradores, la carnicería generalizada y la arrogancia colonialista. Gadafi logró también hacer caer la máscara del «Yes we can» de Obama, revelando así un rostro guerrerista que sigue aplicando las políticas de «Vivo o muerto» que empleaba Bush, sólo que a través de medios diferentes.

La epopeya Farsalia del poeta Lucano

Los imperialistas modernos presurosos por invadir Libia deberían remitirse a La Farsalia, la epopeya del poeta Lucano sobre la guerra en el desierto libio durante la lucha entre Julio Cesar y Pompeyo Magno, hacia el final de la República romana. Un pasaje fundamental de ese clásico es el discurso de Catón de Útica, partidario de Pompeyo, que exhortó a sus hombres a emprender una misión suicida en Libia con las siguientes palabras: «Serpientes, sed, calor y arena. Únicamente Libia puede ofrecer esa multitud de desgracias, capaz de poner en fuga a cualquier hombre». Catón persiste y encuentra «una pequeña tumba donde encerrar su bendito nombre. Libia había puesto fin a los días de Catón…».

No cometamos la misma locura.

Las pistas que ofrece el estudio de West Point citado antes hacen un llamado a los investigadores

Como ya señalamos anteriormente, el informe de West Point se basa en cerca de 700 fichas de miembros de Al-Qaeda encontradas en Irak por las fuerzas de la coalición. Los autores de dicho estudio se comprometieron a poner a disposición del público la base documental que utilizaron en su investigación, tanto en lengua árabe –utilizada en los expedientes de Al Qaeda– como su traducción al inglés.

Partiendo del principio de que esos documentos se mantengan accesibles, pudieran permitir a investigadores y periodistas, sobre todo a los que conocen la lengua árabe (lo que no es el caso del autor de este trabajo), investigar sobre los combatientes libios que viajaron a Irak y determinar si algunos de ellos son parientes, vecinos o incluso socios políticos de los miembros conocidos del Consejo de sublevados de Bengasi o de las fuerzas contrarias a Gadafi.

Ese trabajo permitiría ayudar a los públicos de Europa y Estados Unidos y a los de otros países del mundo a entender mejor la naturaleza de la aventura militar que se está desarrollando en Libia, a través de un mejor conocimiento de quiénes son realmente los rebeldes libios, en vez de remitirnos a la imagen idealista y elogiosa que nos ofrecen los medios de prensa de Occidente.

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Publicado por Red Voltaire.net el 29-5-2011. Por lo extenso del texto lo partí en dos partes, además de que suprimí fragmentos y las 32 referencias bibliográficas abajo, entre otras intervenciones estilísticas.