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jueves, 2 de agosto de 2012

El Mercosur, superpotencia

El bloque abarca ahora casi 13 millones de km2, 
posee una población de 270 millones de personas 
y controla las mayores reservas minerales, naturales 
y de recursos hídricos y petrolíferos del planeta.
El Mercosur oficializó en Brasilia el ingreso de Venezuela como socio pleno, en un momento crucial para el bloque regional, que a sus 21 años de existencia vive su primera gran revolución.

La Cumbre Extraordinaria celebrada el 31 de julio con la presencia de los mandatarios de Argentina, Cristina Fernández; de Brasil, Dilma Rousseff, de Uruguay, José Mujica; y de Venezuela, Hugo Chávez, marca un punto de inflexión en la historia del bloque, a raíz de dos aspectos determinantes: es la primera cumbre que se celebra con la ausencia de un socio sancionado -Paraguay-, y es la primera vez que se incorpora a un país como socio pleno, Venezuela.

Ambos aspectos determinan que el Mercosur, que nació en marzo de 1991 con un carácter meramente económico, haya devenido en un bloque que trasciende esa configuración y comienza a consolidarse también como un foro político.

El Tratado de Asunción, cuna del Mercosur, buscaba una alianza aduanera con el fin de incrementar el comercio, por lo que era, en esencia, una alianza económica, reseñó DPA.

El Mercosur, que resolvió en la Cumbre presidencial de junio pasado en Mendoza suspender a Paraguay y aprovechar su ausencia para admitir a Venezuela -ya que el país guaraní era el único que se oponía-, lo hizo en el marco de un "consenso político" -en palabras del asesor especial internacional de Brasil, Marco Aurelio García-, el cual "supera largamente lo jurídico", según expresión del presidente uruguayo, José Mujica.

Lo político

Es que lo "político" es precisamente el aspecto que diferencia profundamente a los tres presidentes que hoy sellaron el ingreso de Venezuela de los cuatro que dieron origen al Mercosur.

Fernández de Kirchner, una peronista, así como Rousseff y Mujica, dos ex guerrilleros y ex presos políticos, poco tienen que ver con los neoliberales de extracción elitista que seguían las directrices del Fondo Monetario Internacional (FMI), promovían las privatizaciones y miraban a Estados Unidos como el socio ideal para acuerdos comerciales: el argentino Carlos Menem, el brasileño Fernando Collor de Mello, el paraguayo Andrés Rodriguez, y el uruguayo Luis Alberto Lacalle.

Además de "política", es una "revolución" paradójica. Si Venezuela pudo entrar al Mercosur es porque Paraguay no tuvo derecho a voto. El Congreso del país guaraní, donde nació el Mercosur, fue el único que trabó durante más de seis años la incorporación de Venezuela, que obtuvo el aval de los cuatro presidentes pero la ratificación de sólo tres Parlamentos.

Durante todo ese tiempo, el Congreso paraguayo justificó su negativa alegando que el gobierno de Chávez no ofrecía las garantías democráticas que rigen al Mercosur.

Y ese fue, precisamente, el mismo argumento que esgrimieron sus socios en su contra para suspenderlo del foro. Para Argentina, Brasil y Uruguay, el juicio político contra Lugo llevado adelante por ese mismo Parlamento no respetó los preceptos democráticos del bloque.

Pero el hecho de que el Mercosur haya mutado hacia un foro que excede lo económico no significa que este aspecto haya quedado de lado. Por el contrario, si la decisión de su ingreso fue política, las razones del mismo tienen mucho que ver con las ventajas económicas que ofrece la adhesión del país sudamericano que posee las mayores reservas de petróleo.

Poderoso

Con Venezuela como quinto socio, el Mercosur se convierte en una superpotencia sudamericana que abarca ahora un territorio de casi 13 millones de kilómetros cuadrados -con llegada a las regiones andina, amazónica y caribeña-, posee una población total de unos 270 millones de habitantes y su producto interno bruto (PIB) es de 3,3 trillones de dólares.

Además, controla las mayores reservas energéticas, minerales, naturales y de recursos hídricos del planeta y pasó a ser la región con mayores reservas mundiales de petróleo.

Como toda revolución, la del Mercosur no estuvo excenta de conflictos. Las decisiones en torno a Venezuela y Paraguay generaron roces internos en algunos países del bloque, como Uruguay, cuyo canciller Luis Amagro cuestionó la validez jurídica del ingreso de Venezuela.

También hubo duras reacciones en Paraguay, cuyo presidente actual, Federico Franco, dijo que el Mercosur incorporó a Venezuela para favorecer a Chávez en su intento por lograr una segunda reelección. Además, Franco llegó a interponer un recurso ante el Tribunal Permanente de Revisión del Mercosur (TPR) para impugnar la suspensión de la que fue objeto su país, pero el mismo fue rechazado.

El joven Mercosur emprende así una nueva era con la integración de un nuevo y energéticamente poderoso socio, consolida su vocación democrática tras no haber titubeado en separar al socio más conservador del ahora quinteto, y anuncia millonarios negocios intrabloque que le garantizan una independencia cada vez mayor de las grandes potencias, sumidas en la crisis.

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Reportaje publicado por El Universal (Caracas) el 1-08-2012. Video publicado por el Blog do Planalto el 31-7-2012.

jueves, 14 de junio de 2012

“Hay que acostumbrarse a la web que tenemos”

Mariano Blejman, París.

Se huele el poder. En el medio de la transición digital sin retorno, cuatrocientos editores de los medios más poderosos del mundo intentan comprender el cisma que ha provocado Internet en la circulación de información a nivel mundial. Durante tres días, en el Hôtel de Ville en París, se siente de una manera particular la mezcla de elefantiásicos diarios centenarios que reescriben sus métodos de producción y se apropian de una cultura que históricamente no les pertenece, la cultura digital, que aguarda en los pasillos del futuro y se prepara para trabajar de una manera inédita: el periodismo abierto, la influencia definitiva de la cultura del software libre en la cotidianidad de los medios transnacionales, y un “hashtag” que hace unos años habría sido impensable para el establishment editorial: #hackthenewsroom dicen en Twitter, hay que “hackear” las redacciones. Se huele algo de incertidumbre, también. Porque el periodismo avanza por las cuatro pantallas: la web, los teléfonos, las tabletas y los televisores y una impresión en papel que baja de manera acelerada en coincidencia con la digitalización de las sociedades.

El programa desarrollado por la Global Editors Network es una muestra clara de la importancia de los viejos y nuevos actores: Jim Roberts, de The New York Times; Peter Bale, de CNN Internacional, y Juan Luis Cebrian, director ejecutivo de El País, compartían sanguchitos y canapés con Alastair Dant, del equipo interactivo de The Guardian, los “pibes” de CartoDB, un increíble software para generar mapas interactivos, o escuchaban a Douglas Arellanes, de SourceFabric, un administrador de contenidos de licencia libre desarrollado por unos checos muy simpáticos. En la otra esquina del cuadrilátero, Dan

Green, director de acuerdos estratégicos de la Fundación Bill y Melinda Gates (sí, ¡el de Windows!), que junto a Warren Buffet crearon el fondo de inversión más grande del mundo, cerca de 50 mil millones de dólares, para realizar donaciones filantrópicas alrededor del mundo junto a Madhav Chinnappa, jefe de acuerdos estratégicos de Google, hacía de “guardián” a Krishna Bahrat, ni más ni menos que el fundador de Google News. Finalmente, corrían de abajo y peleaban por las tarjetas de los señores de corbata los nuevos emprendedores dispuestos a repensarlo todo: nuevos soportes, nuevos formatos, nuevos conceptos, nuevas plataformas para “enterarse” de cómo viene la mano.

Y en el medio de la vorágine, mientras el consultor inglés Jim Chisholm defendía la prensa escrita como modelo de negocio, aseguraba que Twitter y Facebook eran los grandes “chupadores de marcas”, decía que los medios impresos también descienden en venta porque sus editores han abandonado el papel a su suerte y mandaba a los contadores a “juntarlos en un mismo cuarto y matarlos a todos”, la poderosa platea se preparaba para presenciar el primer premio de periodismo de datos (datajournalism, en la jerga, ver recuadro) en cuya presidencia reside el prestigioso Paul Steiger, actualmente al mando del genial sitio ProPublica, antes gerente editorial de The Wall Street Journal. El periodismo de datos es un tema caliente de todas las grandes y no tan grandes redacciones vanguardistas: visualizaciones, cruces de datos, análisis de fuentes, mapas y líneas de tiempo que cuentan historias de maneras impensadas, que acaban de explotar con la salida del primer manual Data Journalism Handbook, auspiciado por la Open Knowledge Foundation y coordinado por Liliana Bounegru, del European Journalism Centre.

Una carrera por generar nuevos estándares, por producir nuevas plataformas, provocó la sensación de que se trata del momento cero del “nuevo” nuevo periodismo, que se está reinventando a una velocidad todavía no percibida por la mayoría de los editores, sobre todo en América latina. Y aquí, una vez más, otra intersección entre dos mundos que antes no se tocaban: si algo ha sido centrado, cerrado y vertical es la producción periodística que choca contra la filosofía del software libre, estimulado por organizaciones sin fines de lucro como la Fundación Mozilla, creadores del navegador Firefox. Mozilla tiene una larga tradición en la generación de estándares abiertos y ha influido fuertemente en medios tradicionales para generar herramientas de software libre, metodología que choca contra los compartimentos estancos. De allí su interés en que los grandes medios se abran hacia metodologías abiertas.

Sólo basta con mirar los números de aquellos que se dedican a producirlos en serio para saber hacia dónde va la industria: en 2015, la cantidad de usuarios de redes sociales rondará los 1700 millones de personas (contra los 1300 millones actuales) y pasará del 65 al 70 por ciento de los usuarios totales de Internet. Los datos pertenecen a una investigación dirigida por Martha Stone, gerente general de la consultora Worlds Newsmedia Network.

Pero la tendencia en tamaño del mercado móvil es mucho más auspicioso: Idate espera que pase de tres mil millones de dólares en 2012 a casi siete mil millones en 2015, mientras que en Asia pasará de 7 mil a 17 mil millones de dólares. Razón más que evidente para estudiar los comportamientos de la generación de “los inclinados”, jóvenes con el cuello encogido hacia abajo, mirando siempre hacia los dispositivos móviles: según un estudio de comScore de agosto de 2011 en Estados Unidos, los lectores usan los teléfonos móviles, las tabletas y las computadoras personales para leer las noticias de manera combinada: un pico parecido entre los tres formatos en horas de la mañana, un descenso del celular y la tableta en horario laboral (donde la gente lee las noticias en computadoras o notebooks) y un aumento ostensible al cierre del día para las tabletas. “Hay que acostumbrarse a la web que tenemos y no esperar la web que queremos”, les dijo Eric Hazan, de McKinsey & Company, a cuatrocientos poderosos editores de medios planetarios, más acostumbrados a crear la realidad que a contarla.

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Publicado por Página 12 el 10-06-2012.

sábado, 12 de mayo de 2012

El medio es el mensaje

Mariano Blejman


Cuatro mil millones de personas mandan mensajitos cada día. 
Facundo García recibe un mensaje por celular el 24 de diciembre del 2010 cerca de las 12 de la noche, con el siguiente texto: “Facundo te pido por favor venite que mamá está muerta...”. García intenta llamar, pero el servicio está saturado: corre desesperado llorando hasta su casa, sube por el ascensor y cuando abre la puerta está su familia festejando: “¿Y mamá?”, pregunta desconsolado. De pronto suena el sonido del mensaje de texto con la parte que faltaba: “... de sueño”. La anécdota corresponde al colega Facundo García, cronista de este diario, y sirve para comprender la penetración del SMS en sus veinte años de vida y para analizar su funcionamiento.

El SMS (servicio de mensajes cortos, por sus siglas en inglés) es dos veces más usado que Internet. Cuatro mil millones de personas usan el SMS en todo el planeta. El SMS fue creado en mayo de 1992 como parte del estándar de la tecnología móvil GSM (groupe spécial mobile, en francés), pero el primer mensaje se envió el 3 de diciembre de ese mismo año: “Feliz Navidad”, decía el envío que salió de la computadora de Neil Papworth al teléfono móvil de Richard Jarvis. La idea de encontrar un tamaño standard (el más pequeño posible) de envío de textos para codificar había sido de Matti Makkonen, pero el creador nunca la patentó. Y nunca cobró un centavo por su genialidad. Pero la posibilidad de enviar 160 caracteres entre computadoras surgió del tamaño promedio de las oraciones, según alguien alguna vez averiguó: se trataba del alemán Friedhelm Hillebrand, que descubrió que ése era la cantidad “perfectamente suficiente” como para codificar en tiempos de comunicaciones analógicas sin demasiada investigación rigurosa, según él mismo confió.

El “servicio de mensaje corto” es dos veces más usado que Internet: cuatro mil millones de personas mandan mensajitos cada día.

Veinte años más tarde, se envían 192 mil mensajes de texto cada segundo alrededor del mundo en esta red sobre la cual se inspiró Twitter para sentenciar las frases en 140 caracteres (más 20 disponibles para el usuario). El mensaje de texto se sigue usando por fuera de Internet y muchas veces en conexión, como si fuera el único punto de conexión de las comunicaciones virtuales con “el mundo real”. Cabe recalcar que el SMS no es un invento del Silicon Valley, sino una creación europea. El primer servicio comercial fue presentado por Nokia en 1993, pero en el año 1995 apenas el 0,4 por ciento de los estadounidenses enviaba mensajes de texto.

El primer invento revolucionario asociado a los teléfonos celulares que enviaban mensajes fue el sistema de texto en 9 teclas, una tecnología predictiva. En 1997 el Nokia 9000i Communicator presentó el primer teclado “full” para enviar mensajes. Y recién en 1999 los mensajes pudieron enviarse entre distintos operadores telefónicos. Podría decirse que recién a comienzos de los 2000 el servicio de SMS explotó como modelo de negocio para las telefónicas y en 2003 los primeros programas de American Idol inauguraron una era de relación interactiva con la televisión. El año 2007 fue el primero en el que las personas enviaron más mensajes de texto que llamadas telefónicas. En 2011 el acrónimo LOL (Laugh Out Loud) que se usa para reflejar un estado de alegría en inglés fue incorporado al diccionario de Oxford. El uso de los mensajes de texto ha seguido aumentando, en curiosa consonancia con el crecimiento de Internet.

Durante mediados de los ’90, la cultura de los mensajes de texto se convirtió en una nueva forma de lenguaje: palabras entrecortadas, códigos y acrónimos de todo tipo dieron lugar a un nuevo tipo de literatura. Nuevos records Guinness, competencias de velocidad, las academias de literatura entraron en pánico: es el fin del lenguaje, dijeron. En Argentina, la adopción masiva del uso de los mensajes de texto llegó recién a fines de los años ‘90, cuando empezaron a dejarse de lado aquellos históricos ladrillos de color beige que vendía Movicom. El crecimiento vino de la mano de la llegada de la tecnología SIM con tarjetas más baratas e intercambiables. Los números son sorprendentes: entre 2007 y 2010 se triplicó la cantidad, llegando a más de seis mil millones de millones de mensajes. Todavía hay dos tercios del planeta que usa mensaje de texto, y lejos de ser una tecnología perimida, su uso ha aumentado exponencialmente en los últimos años.

Gran parte del éxito de los mensajes de texto como sistema de comunicación global es que fue una tecnología adoptada rápidamente por generaciones jóvenes. El motivo por el cual el SMS sigue creciendo en paralelo con Internet pareciera ser bastante simple: una tecnología barata, al alcance de la mano, con el tamaño justo para decir lo que uno tiene que decir, con redes analógicas (y también digitales) transportando los mensajes de un lado al otro del planeta, y muchas veces como único medio de comunicación cuando las redes andan de manera intermitente y el sonido es malo.

Con el transcurso del tiempo y el crecimiento de Internet como standard de comunicación, muchas empresas intentaron conectar sus servicios en línea con las plataformas “terrestres”. Twitter y Facebook ofrecen desde épocas tempranas la posibilidad de comunicarse desde mensajes a la red social, y Google, por ejemplo, chequea la identidad de sus usuarios a través de mensajes de texto. En estos años, los mensajes de texto generaron 585 mil millones de dólares para los operadores a nivel global y se esperan mil millones de millones de ingresos en los próximos siete años. Una buena noticia en menos de 160 caracteres.

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Publicado por Página/12 en mayo de 2012.

jueves, 14 de julio de 2011

Qué es Al Qaeda y cómo opera en Libia

(Segunda parte de “Enemigos en Irak y Afganistán, aliados en Libia")

Webster G. Tarpley

Al Qaeda no es una organización estructurada sino, más bien, una agrupación de fanáticos, sicóticos, agentes dobles, provocadores, mercenarios, etc.

Como ya explicamos anteriormente, Al Qaeda fue creada a instancias de Estados Unidos y los británicos durante la guerra contra los soviéticos en Afganistán. Es bastante probable que la mayoría de sus líderes, como el famoso vicecomandante Ayman al Zawahiri o la actual estrella en ascenso Anwar Awlaki sean agentes dobles del MI6 y/o de la CIA.

La premisa fundamental sobre la cual se mueve Al Qaeda es que todos los gobiernos árabes o musulmanes actuales son ilegítimos y deben ser derrocados, ya que no representan al califato que el grupo dice ver en el Corán. Eso significa que la ideología de Al Qaeda constituye, para las agencias de inteligencia, una herramienta fácil y lista para usar cuando se trata de atacar y desestabilizar a los gobiernos árabes y musulmanes establecidos, en el marco de la constante necesidad colonial de someter y saquear a las naciones en vías de desarrollo. Esto es precisamente lo que está sucediendo actualmente en Libia.

Al Qaeda surgió del medio político-cultural de los Hermanos Musulmanes, o Ikuan, creado también por los servicios de inteligencia británicos en el Egipto de los años 1920. Estados Unidos y Gran Bretaña utilizaron entonces a los Hermanos Musulmanes egipcios como movimiento de oposición contra las brillantes políticas antiimperialistas del presidente egipcio Gamal Abdel Nasser, quien estaba logrando enormes victorias para su país con la nacionalización del canal de Suez y la construcción de la represa de Asuán, sin las cuales sería inconcebible el Egipto moderno. Los Hermanos Musulmanes actuaron contra Nasser como una especie de «quinta columna», compuesta de agentes extranjeros, exactamente del mismo modo en que el grupo Al Qaeda en el Magreb Islámico (la AQMI) proclama a toda voz su respaldo a la rebelión contra el coronel Muamar Gadafi.

En mi reciente libro “El terror fabricado: Made in USA” refiero detalladamente la naturaleza de Al Qaeda, por lo que no voy a repetir aquí ese análisis. Me limitaré a recordar que no tenemos que creer en el fantasioso mito que el gobierno de Estados Unidos ha construido en torno a este grupo para reconocer el ya demostrado hecho de que los militantes o los desequilibrados que se unen a sus filas son, en efecto,  sinceros en su odio y su ardiente deseo de «matar estadounidenses y europeos».

La política de la administración Bush utilizó la supuesta presencia de Al Qaeda como pretexto para desencadenar un ataque militar contra Afganistán e Irak. La administración Obama está modificando esa política al intervenir junto a una rebelión en la que Al Qaeda y sus aliados están fuertemente representados, porque atacan el régimen autoritario de Gadafi, que se ha mantenido en el poder desde hace décadas.

Ambas políticas conducen al fracaso y es necesario abandonarlas.

Al Qaeda en el Consejo de los rebeldes libios

El resultado de la presente investigación es que la rama libia de Al Qaeda es una prolongación del Grupo Islámico Combatiente en Libia (GILC) que opera en Derna y Bengasi.

La base étnica del GICL es, aparentemente, la tribu Harabi, profundamente antigadafista y de la que procede la gran mayoría de los miembros del Consejo de los rebeldes, incluyendo a sus dos principales líderes: Abdul Fatah Yunis y Mustafa Abdul Jalil.

Como me decía hace algunos años el canciller de Guyana y entonces presidente de la Asamblea General de la ONU, Fred Willis –quien fue un verdadero combatiente contra el imperialismo y el neocolonialismo–, detrás las formaciones políticas en los países en vías de desarrollo (y no sólo en esos países) se esconden a menudo rivalidades étnicas o religiosas. Eso es lo que sucede en Libia.

La rebelión contra Gadafi es una mezcla envenenada de odio fanático contra el coronel, de islamismo, de tribalismo y de rivalidades locales. Desde este punto de vista, la decisión de Obama de tomar partido en una guerra tribal es una idiotez.

Cuando Hillary Clinton viajó a París para que el presidente francés, Nicolas Sarkozy, le presentara a los rebeldes libios, la secretaria de Estado se reunió con el líder de la oposición libia, Mahmud Jibril, un personaje que recibió una educación estadounidense y cuyo nombre ya era conocido por los lectores de Wikileaks como uno de los interlocutores preferidos de Estados Unidos.

Jibril puede ser considerado un personaje presentable en París, pero los verdaderos cabecillas de la insurrección libia son, en realidad, Jalil y Yunis, dos ex ministros de Gadafi. De estos dos personajes, el verdadero jefe parece ser Jalil, al menos por el momento.

Según los documentos citados en esta investigación, Mustafa Abdul Jalil o Abdul-Jalil (en árabe: مصطفى عبد الجليل, que también puede escribirse Abdul-Jelil, Abd-al-Jalil, Abdel-Jalil o Abdeljalil, y también a veces, erróneamente, Abud Al Jeleil), es un político libio nacido en 1952. Fue ministro de Justicia (y, de forma no oficial, secretario del Comité General del Pueblo) del coronel Muamar Gadafi.

Abdul Jalil ha sido identificado como el presidente del Consejo Nacional de Transición basado en Bengasi, aunque algunos rebeldes cuestionan su nominación a ese puesto debido a sus relaciones pasadas con el régimen de Gadafi.

Por su parte, Abdul Fatah Yunis (en árabe: عبد الفتاح يونس) es un alto oficial del ejército libio que estuvo estrechamente vinculado a Gadafi desde que éste tomó el poder, en 1968-1969. Tenía rango de general y ocupó el puesto de ministro del Interior antes de dimitir, el 22 de febrero de 2011.

Relaciones peligrosas

Lo que más debería inquietarnos es que, tanto Jalil como Yunis, son miembros de la tribu Haribi, mayoritaria en el noreste de Libia, que es precisamente la tribu que se relaciona con Al Qaeda.

Según la agencia Stratfor, «…la tribu Harabi es históricamente un poderoso conjunto de clanes del este libio que ha visto declinar su influencia bajo Gadafi. El líder libio confiscó, en efecto, tierras cultivables a los miembros de esa tribu para entregarlas a otros clanes más débiles, pero más leales… La mayoría de los líderes del este de Libia, hoy emergentes, provienen de la tribu Harabi, incluyendo a los jefes del gobierno provisional instalado en Bengasi, Abdel Mustafá Jalil y Abdel Fatah Yunis, que tuvieron un papel fundamental en la deserción de ciertos militares al principio de la insurrección».

Es un poco como una carrera por la presidencia estadounidense, en la que ambos candidatos provienen de la misma región, pero con la diferencia de que las feroces rivalidades tribales agravan considerablemente la disputa.

¿Por qué el secreto sobre el Consejo de los rebeldes?

Un análisis de la composición global del Consejo de los rebeldes no logra mejorar la imagen de su base regional, sectaria y estrecha, sino que la empeora. Según una descripción reciente de las investigaciones de Stratfor, el Consejo de Transición está «presidido por un ex ministro libio de Justicia, con buena reputación, Mustafá Abdul Jalil, y se compone de 31 miembros que derían representar a todo el país, pero cuyos nombres no pueden divulgarse por “razones de seguridad”». (…) «Los principales miembros del Consejo, al menos los que conocemos, pertenecen todos a la confederación de tribus Harabi del noreste de Libia. Esas tribus tienen fuertes conexiones con Bengasi que se remontan incluso a la época anterior a la revolución de 1969, que llevó a Gadafi al poder.»

Con todo lo que ya sabemos sobre la extraordinaria densidad de combatientes del GICL y de fanáticos de Al Qaeda en el noreste de Libia, nos preguntamos si la identidad de los miembros del Consejo se mantiene en secreto para protegerlos de Gadafi o si no es más bien para evitar que sus nombres sean reconocidos en Occidente como nombres de terroristas o de simpatizantes de Al Qaeda. Esta última hipótesis parece estar más cerca de la situación actual.

¿Cuántos miembros, veteranos o simpatizantes de Al Qaeda componen el Consejo de los sublevados?

Todo lo que se sabe a través de la bruma de la guerra es que se han divulgado oficialmente los nombres de menos de una docena de miembros del Consejo, o sea, ni siquiera la mitad de sus 31 miembros.

Los nombres divulgados hasta ahora son: Mustafa Abduljaleel; Ashur Hamed Burashed, representante de la ciudad de Derna; Othman Suleiman El-Megyrahi, por la región de Batnan; Al Butnan, por la zona fronteriza con Egipto y Tobruk; Ahmed Abduraba Al-Abaar, por la ciudad de Benghazi; Fathi Mohamed Baja, por Benghazi; Abdelhafed Abdelkader Ghoga, por Benghazi; Omar El-Hariri en Asuntos Militares, y el Dr. Mahmud Jibril, Ibrahim El-Werfali y el Dr. Ali Aziz Al-Eisawi en Relaciones Exteriores.

El Departamento de Estado debería interrogar a esas personas, empezando quizás por Ashur Hamed Burashed, el delegado de la ciudad de Derna, bastión de los terroristas y de los candidatos a la realización de atentados kamikazes.

Los medios de prensa estadounidenses y europeos, por su parte, tampoco han tratado de identificar los nombres que ahora conocemos para ilustrar a la opinión pública, sino que han hecho todo lo posible por no llamar la atención sobre esa oscura mayoría de miembros del Consejo de sublevados que sigue actuando en el mayor secreto.

Tenemos que exigir, por consiguiente, que se den a conocer los nombres de los miembros, veteranos o simpatizantes del GICL que forman parte de dicho Consejo.

Estamos siendo testigos de un intento de la tribu Harabi por tomar el poder sobre las otras 140 tribus libias. Los Harabi ya tienen prácticamente el poder hegemónico en la región cirenaica. En el núcleo de la confederación Harabi se encuentra el clan El Obeidat, dividido a su vez en 15 subclanes. Todas esas consideraciones pudieran no presentar más interés que el puramente académico, si no existiese esta evidente conexión entre las tribus Harabi, por un lado, y, por el otro, el GICL y Al Qaeda.

Movimiento Sanusi, ¿monárquico o democrático?

La tradición político-religiosa del noreste de Libia hace de esta región un terreno propicio para las sectas musulmanas más extremistas, y también la predispone a favor de la monarquía más que a las formas modernas de gobierno, de las que es partidario Gadafi. La tradición musulmana predominante es la de la orden Sanusi (o Senussi), una secta musulmana que se opone a Occidente.

En Libia, Sanusi está estrechamente vinculada a la monarquía desde la época del rey Idris –puesto en el poder por los británicos en 1951 y derrocado por Gadafi en 1969– quien era el jefe de la orden. En los años 1930, los Sanusi organizaron la rebelión contra los colonos italianos respaldados por el general Graziano y su ejército. Hoy en día, los rebeldes usan la bandera de la monarquía y pudieran promocionar el regreso al trono de uno de los dos pretendientes provenientes del linaje de Idris. En otras palabras, los sublevados libios están más cerca de la monarquía que de la democracia republicana.

Veamos cómo describe la agencia Stratfor a Idris y a los Sanusi: «El rey Idris pertenece a un linaje de dirigentes provenientes de la orden Sanusi, orden religiosa sufí fundada en 1842 en Al Bayda que practica una forma austera y conservadora de Islam. La Sanusia representaba, antes de la creación del moderno Estado de Libia, una fuerza política en la región cirenaica y conserva aún cierta influencia hoy en día. No por casualidad esa región es el centro del yihadismo libio, con grupos como el Grupo Islámico Combatiente en Libia (GICL). De hecho, el clan Gadafi ha calificado la actual revuelta de complot islámico elaborado…».

Bajo la monarquía, Libia era, según varios estimados, el país más pobre del mundo. Hoy en día, Libia ocupa la posición número 53 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU. Por delante de Rusia, Brasil, Ucrania y Venezuela, Libia es además el país más desarrollado de África. A pesar de su carácter autoritario, el reinado de Gadafi tiene unos cuantos méritos objetivos realmente difíciles de ignorar.

Racismo y “limpieza” étnica

El Black Agenda Report, de Glen Ford, ilustró con toda razón el carácter racista y reaccionario de la insurrección libia.

Las tribus del sur de Libia, conocidas con el nombre de Fezzan, son de piel oscura. La base tribal que sirve de apoyo al régimen de Gadafi consiste en una alianza de las tribus del oeste, del centro y del sur (los Fezzan), que se oponen a los Harabi y a los El Obeidat. Estos últimos se identifican a su vez con la antigua clase dirigente de la época de la monarquía.

Es notorio que los Harabi y los El Obeidat abrigan fuertes sentimientos racistas en contra de los Fezzan. Eso se puede comprobar a través de la lectura de varios artículos divulgados en medios de la prensa occidental desde el comienzo de la insurrección, inspirados –claro está– por responsables de los Harabi, que afirman que las personas de raza negra presentes en Libia deben ser tratadas como mercenarios pagados por Gadafi y que, por supuesto, hay que exterminarlas.

Ciertos charlatanes, como Anne-Marie Slaughte, de la escuela Woodrow Wilson en la universidad de Princeton [ex directora de Planificación en el Departamento de Estado], siguen repitiendo ese discurso racista. Y, en efecto, una impresionante cantidad de negros africanos provenientes de Chad y de otros países que trabajaban en Libia han sido sistemáticamente linchados y masacrados por las fuerzas anti Gadafi.

La Casa Blanca de Obama, que proclama su voluntad de no permitir que se repitan en Libia las atrocidades de Ruanda, ha ignorado cuidadosamente esta espantosa historia de genocidio perpetrado por sus nuevos amigos de la región cirenaica.

Ante el oscurantismo de los Sanusi, Gadafi ha apostado por el equivalente musulmán del sacerdocio de todos los creyentes, explicando que no era necesario el califato para descubrir el verdadero sentido del Corán. Y completó lo anterior con una perspectiva panafricana.

Gerald A. Perreira, del Black Agenda Report, escribe lo siguiente sobre la divergencia teológica entre Gadafi y los neosanusi del norte de Libia o de otros clanes oscurantistas: «Al Qaeda está presente en el Sahara y en sus fronteras, y la Unión Internacional de Eruditos Musulmanes exige que Gadafi sea llevado a los tribunales… [Por su parte] Gadafi ha cuestionado el Islam de los Hermanos Musulmanes y de Al Qaeda desde un punto de vista coránico y teológico; es uno de los pocos líderes políticos capaces de hacerlo. Bengasi ha sido siempre el centro de la contrarrevolución en Libia, acogiendo a los movimientos islámicos reaccionarios, como los wahhabitas y los salafistas. Son esos individuos quienes formaron el Grupo Islámico Combatiente en Libia basado en Bengasi, que se unió a Al Qaeda y se convirtió al cabo de los años en responsable del asesinato de varios miembros del Comité de la Revolución libia.»

Sería interesante saber, por ejemplo, ¿cómo quedaría la condición de la mujer bajo el régimen neosanusi del Consejo de sublevados de Bengasi?

Al Qaeda: de demonio a aliado de EEUU

Para quienes intenten seguir los cambios en la manera como la CIA maneja las diferentes organizaciones títeres en el seno del terrorismo islámico será útil pasar revista a la transformación del GICL-AQMI, que pasó de ser un de enemigo mortal a un cercano aliado.

Ese fenómeno está estrechamente vinculado a una inversión de los frentes ideológicos del imperialismo estadounidense, lo que marcó el paso de la administración Bush-Cheney, neoconservadores, al actual régimen Obama-Brzezinski-International Crisis Group.

El enfoque de Bush consistía en utilizar la supuesta presencia de Al Qaeda para justificar un ataque militar directo.

El método Obama consiste, por el contrario, en utilizar a Al Qaeda como instrumento para derrocar los gobiernos independientes y después separar las poblaciones y fragmentar esos mismos países, o bien utilizarlos como peones kamikazes contra enemigos mucho más poderosos, como Rusia, China o Irán.

Este enfoque necesita una fraternización más o menos abierta con los grupos terroristas, que ya comenzó a aparecer en el famoso discurso que Obama pronunció en El Cairo, en 2009. Pero los vínculos entre la campaña de Obama y las organizaciones terroristas que la CIA desplegó contra Rusia eran ya de público conocimiento hace tres años.


Pero esa inversión de los términos no se improvisa en una noche, sino que necesita varios años de preparación. El 10 de julio de 2009, el Daily Telegraph de Londres reportaba que el Grupo Islámico Combatiente en Libia se separaba de Al Qaeda. Aquello ocurrió en momentos en que Estados Unidos había decidido implicarse menos en la guerra de Irak y prepararse para utilizar a los Hermanos Musulmanes y a otros sunitas de Al Qaeda para desestabilizar a los principales países árabes, con vistas a lanzarlos contra el régimen chiíta iraní.

Yihadistas libios en Afganistán

Una de las contradicciones letales de la actual política del Departamento de Estado y de la CIA es que está dirigida a instaurar una alianza cordial con los asesinos de Al Qaeda provenientes del noreste de Libia, supuestamente en aras de proteger a la población civil, mientras que Estados Unidos y la OTAN bombardean sin piedad a los civiles del noroeste de Pakistán en nombre de la guerra total contra Al Qaeda, y mientras que soldados estadounidenses y de la OTAN mueren a manos de los hombres de Al Qaeda en ese mismo teatro de operaciones afgano-pakistaní.

La fuerza de esta flagrante contradicción amenaza toda la estructura de la propaganda estadounidense de guerra. Hace mucho tiempo que Estados Unidos renunció a la moral para concentrarse en el uso de la fuerza militar.

En realidad, es muy probable que los terroristas provenientes del noreste de Libia estén matando soldados de Estados Unidos y de la OTAN en Afganistán, mientras que Estados Unidos y la OTAN protegen sus casas de los asaltos del gobierno del coronel Gadafi.

Según el relato de Thomas Joscelyn y Bill Roggio (The Long War Journal), del 9 de octubre de 2010, un alto dirigente de Al Qaeda en el noroeste de Pakistán resultó muerto en una operación militar estadounidense en esa fecha: «Un importante dirigente que fungió como embajador de Al Qaeda en Irán, buscado por EEUU, parece haber resultado muerto hace dos días en un ataque aéreo realizado desde un avión sin piloto Predator en la zona pakistaní controlada por tribus cercanas a los talibanes en el norte de Waziristán (…) Se trataba de Atiyah Abd al Rahman, ciudadano libio radicado en Irán y que había sido embajador de Osama Bin Laden ante los mulás. Informes de prensa no confirmados indican que Rahman murió en un ataque aéreo…».

El Departamento de Estado, en su página web, anunció la recompensa por la captura de Atiyah Abd al Rahman, precisando que el terrorista había sido «nombrado por Osama Bin Laden como emisario de Al Qaeda en Irán», que Atiyah «reclutaba y ayudaba en las negociaciones con los demás grupos islamistas para que operaran para Al Qaeda» y que también era «miembro del Grupo Islámico Combatiente en Libia y de Jamaat Ansar al Sunna». Dentro de la jerarquía de Al Qaeda, Rahman se hallaba a un nivel tan elevado que podía permitirse, en 2005, darle órdenes a Abu Mussab Al Zarkawi, el jefe de Al Qaeda en Irak .

Entre los muertos en Pakistán se encuentra también un individuo, aparentemente originario del noreste de Libia, conocido con el nombre de guerra de Jalid al Harabi, nombre pudiera indicar un origen vinculado al medio yihadista de las tribus Harabi en Cirenaica. Según una fuente, «Jalid al Harabi es conocido también con el nombre de Jalid Habi, el ex jefe militar de Al Qaeda muerto en un ataque de un Predator estadounidense en octubre de 2008» [Thomas Joscelyn y Bill Roggio, op. cit.].

El escenario revelado en el caso de David Shayler, en 1995, se repite hoy David Shayler, oficial del MI5, el servicio británico de contraespionaje, se enteró de que su colega del MI6, el espionaje británico, había pagado 100.000 libras esterlinas a un miembro de Al Qaeda que debía organizar un intento de asesinato contra Gadafi. El atentado tuvo lugar, y provocó la muerte de numerosas personas inocentes, pero no logró eliminar al dirigente libio. Lo que Shayler pudo comprender sobre el escenario previsto es que incluía la eliminación de Gadafi y la posterior caída de Libia en el caos y las guerras tribales, con la posibilidad de una toma del poder directa por parte de Al Qaeda.

La situación podía entonces servir de pretexto a los británicos, probablemente actuando –aunque no necesariamente– en coordinación con Estados Unidos o con otros países, para invadir Libia y apoderarse del control de los campos petrolíferos, y establecer seguramente un protectorado permanente sobre las regiones ricas en petróleo o que sirven de punto de paso a los oleoductos y sobre la región costera (ver Annie Machon, 2005). El objetivo sigue siendo el mismo en este momento.

Paralelamente al intento de asesinato contra Kadhafi, el MI6 y otros servicios secretos occidentales fomentaron una importante insurrección en el noreste de Libia, prácticamente en la misma zona donde surgió la actual sublevación. Pero las fuerzas de Gadafi aplastaron aquella revuelta antes de terminar el año 1996. Los acontecimientos de 2011 son simplemente la repetición, 15 años más tarde, de aquel ataque contra Libia, con la intervención extranjera como complemento.

La guerra contra el Estado-nación

El actual ataque contra Libia se produce en el contexto más global de un ataque contra la institución de un Estado-nación soberano cuya existencia se remonta al tratado de Westfalia de 1648. Estados Unidos y Gran Bretaña están extremadamente inquietos ante la cantidad de naciones que tratan de escapar a la hegemonía anglo-estadounidense a través de una cooperación a gran escala con Rusia en materia de seguridad, con China en el plano económico y con Irán en materia de consideraciones de orden geopolítico.

La respuesta del tándem CIA-MI6 ha consistido en una orgía de acciones desestabilizadoras, de golpes de Estado, revoluciones de colores y revoluciones palaciegas, revelada por la operación de difusión limitada de documentos organizada por la CIA y conocida bajo el nombre de Wikileaks, que apunta a algunos nombres de la «lista de blancos» de la CIA, como Ben Ali y Gadafi.

A la estrategia de Obama le convendría más una iniciativa espontánea y autónoma y la ilusión de que la primavera árabe fue realmente un asunto de jóvenes idealistas visionarios que se reunieron en una plaza para pedir democracia, y que se respeten las leyes y los derechos humanos. Pero eso nunca sucedió. Las decisiones actuales fueron tomadas por una camarilla brutal de generales y de altos responsables -comprados o chantajeados por la CIA- que actúan entre bambalinas para derrocar a personajes como Ben Ali o Mubarak.

Independientemente de lo que haya hecho Gadafi, es indudable que obligó a la CIA y a la OTAN a despojarse de las bonitas máscaras del idealismo juvenil y de los derechos humanos y a revelar el espantoso rostro que se esconde tras ellas, el de los aviones teledirigidos Predator, los bombardeos aterradores, la carnicería generalizada y la arrogancia colonialista. Gadafi logró también hacer caer la máscara del «Yes we can» de Obama, revelando así un rostro guerrerista que sigue aplicando las políticas de «Vivo o muerto» que empleaba Bush, sólo que a través de medios diferentes.

La epopeya Farsalia del poeta Lucano

Los imperialistas modernos presurosos por invadir Libia deberían remitirse a La Farsalia, la epopeya del poeta Lucano sobre la guerra en el desierto libio durante la lucha entre Julio Cesar y Pompeyo Magno, hacia el final de la República romana. Un pasaje fundamental de ese clásico es el discurso de Catón de Útica, partidario de Pompeyo, que exhortó a sus hombres a emprender una misión suicida en Libia con las siguientes palabras: «Serpientes, sed, calor y arena. Únicamente Libia puede ofrecer esa multitud de desgracias, capaz de poner en fuga a cualquier hombre». Catón persiste y encuentra «una pequeña tumba donde encerrar su bendito nombre. Libia había puesto fin a los días de Catón…».

No cometamos la misma locura.

Las pistas que ofrece el estudio de West Point citado antes hacen un llamado a los investigadores

Como ya señalamos anteriormente, el informe de West Point se basa en cerca de 700 fichas de miembros de Al-Qaeda encontradas en Irak por las fuerzas de la coalición. Los autores de dicho estudio se comprometieron a poner a disposición del público la base documental que utilizaron en su investigación, tanto en lengua árabe –utilizada en los expedientes de Al Qaeda– como su traducción al inglés.

Partiendo del principio de que esos documentos se mantengan accesibles, pudieran permitir a investigadores y periodistas, sobre todo a los que conocen la lengua árabe (lo que no es el caso del autor de este trabajo), investigar sobre los combatientes libios que viajaron a Irak y determinar si algunos de ellos son parientes, vecinos o incluso socios políticos de los miembros conocidos del Consejo de sublevados de Bengasi o de las fuerzas contrarias a Gadafi.

Ese trabajo permitiría ayudar a los públicos de Europa y Estados Unidos y a los de otros países del mundo a entender mejor la naturaleza de la aventura militar que se está desarrollando en Libia, a través de un mejor conocimiento de quiénes son realmente los rebeldes libios, en vez de remitirnos a la imagen idealista y elogiosa que nos ofrecen los medios de prensa de Occidente.

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Publicado por Red Voltaire.net el 29-5-2011. Por lo extenso del texto lo partí en dos partes, además de que suprimí fragmentos y las 32 referencias bibliográficas abajo, entre otras intervenciones estilísticas.

domingo, 10 de julio de 2011

Los archirricos

Carlos Weitz

“Dos linajes solos hay en el mundo, como decía una agüela mía, que son el tener y el no tener.” Sancho Panza a Don Quijote

Miguel de Cervantes 

Menos del 0,002 por ciento de la población mundial acumula más de la tercera parte de la riqueza existente en el conjunto de naciones. Durante el 2010 ,sólo 103.000 personas concentraban el 36,1 por ciento de los activos del planeta, habitado por más de 7000 millones de seres humanos. La información proviene de la revista World Wealth Report, que destaca que Estados Unidos se encuentra en la cabecera de este afortunado pelotón de súper elite, con cerca de 40.000 inversores que acaparan activos por más de 30 millones de dólares cada uno.

Un informe publicado por Boston Consulting Group remarca el fuerte enriquecimiento que han experimentado los potentados provenientes de Asia, señalando que en China ya son 393 las familias que superan los 100 millones de dólares acumulando una tasa de crecimiento del 30 por ciento anual. 

Bajando un escalón en el tamaño de riqueza atesorada, una investigación realizada por el banco de inversión Merrill Lynch señala que la cantidad de inversores de altos ingresos (high net worth people) alcanzó el año pasado en Asia la cifra de 3,3 millones de personas, superando por primera vez a los 3,1 millones de europeos que se encuentran en esta categoría. En el mismo rubro, China se ubica en cuarto lugar en el mundo detrás de Estados Unidos, Japón y Alemania. 

El periodista norteamericano Paul Sullivan publicó la semana pasada un artículo en New York Times recopilando información de distintas fuentes que le permitieron extraer interesantes conclusiones sobre dónde se localizan y en qué invierten las familias más acaudaladas del planeta.

En los últimos años, este reducido segmento de la población ha aumentado sus inversiones en acciones, pasando del 29 por ciento en 2009 al 33 por ciento en 2010. 

Los millonarios norteamericanos son los que más invierten en instrumentos bursátiles, alcanzando un porcentaje del 44 por ciento en el 2010 contra un 41 por ciento en 2009. Otro patrón de comportamiento típico de estos inversores es el elevado grado de diversificación que evidencian sus activos, buscando minimizar riesgos políticos, económicos y financieros. Al menos un tercio de las inversiones de los súper ricos se encuentra colocada fuera de sus naciones de origen. 

Mientras que los estadounidenses son los que mas invierten en activos locales, los latinoamericanos son los campeones mundiales en el arte de sacar sus posesiones tan lejos como sea posible de sus queridos países natales.

Como dato de color, el informe del World Wealth Report del año pasado destaca que una parte importante de las fondos provenientes de los denominados mercados emergentes se canalizaron hacia las llamadas “inversiones de pasión”, entre las que se destacan la adquisición de autos de lujo, obras de arte y clubes de fútbol. 

Un informe del Crédit Suisse Global Wealth Databook del 2010 detalla cómo se distribuye geográficamente toda la riqueza mundial. Estados Unidos encabeza el ranking, con un 32 por ciento; seguido de cerca por Europa, con un 30 por ciento, y por Asia (sin China) con el 22. Los últimos lugares son ocupados por China, con el 8 por ciento; Latinoamérica, con el 5; India, con el 2; quedando relegado el continente africano al último lugar, sólo con el 1 por ciento.

Para desconcierto de más del 99 por ciento de la población mundial, y luego de analizar la información disponible sobre el tema, la evolución reciente de las grandes fortunas, así como las tendencias que se pueden proyectar, el periodista norteamericano concluye en su artículo que sólo los ricos son cada vez más ricos, mientras que el porvenir económico del resto de la humanidad no está del todo claro.

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Publicado por Página 12 el 3-7-2011.

sábado, 21 de mayo de 2011

Residuos nucleares

Definición, origen, gestión, transporte y tratamiento

Eduard Rodríguez Farré
Salvador López Arnal

La Ley 54/1997 del Sector Eléctrico (de España) define residuo radiactivo como ‘cualquier material o producto de desecho para el que no está previsto ningún uso, que contiene o está contaminado con radionucleidos en concentraciones o niveles de actividad superiores a los establecidos por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, previo informe del Consejo de Seguridad Nuclear’.

La generación de residuos radiactivos tiene orígenes muy diversos: la producción de energía eléctrica de origen nuclear, el desmantelamiento de las instalaciones nucleares, la utilización de radioisótopos en múltiples actividades de la industria, la medicina o la investigación.

Los residuos más peligrosos generados en la fisión nuclear se producen en las barras de combustible, donde se generan isótopos transuránicos como el curio, el neptunio o el americio, que pueden permanecer radiactivos a lo largo de miles de años. Además, también se generan residuos de elevada actividad que tienen vidas medias cortas.

La gestión de los residuos radioactivos es el conjunto de actividades administrativas y técnicas necesarias para la manipulación, tratamiento, acondicionamiento, transporte y almacenamiento de estos residuos, teniendo en cuenta los mejores factores económicos y de seguridad disponibles.

Una central nuclear, funcionando con normalidad, genera gran cantidad de residuos, algunos de ellos sumamente peligrosas. Un reactor de 1.000 Mw produce anualmente unas 33 toneladas de residuos que emiten radiactividad durante períodos muy diversos, desde unos pocos segundos hasta miles de años. Las centrales nucleares de Cataluña generaron más de 25.374.800.000 kWh en 2003 (3’6 mgr de residuos radioactivos por cada kWh), es decir, del orden de 15 gramos de residuos radiactivos per cápita. Los residuos, tras ser convenientemente tratados, permiten obtener combustible residual y plutonio (aproximadamente se producen 28,5 microgramos de plutonio por cada kWh generado por las centrales), manteniendo el resto fuera del contacto con la biosfera durante miles de años.

Todo el proceso de tratamiento se efectúa en las fábricas de reprocesamiento, un importantísimo foco de contaminación radiactiva cuyo dominio permite controlar el ciclo del plutonio, un elemento básico para el armamento atómico, el combustible de los supergeneradores y el lanzamiento de una vía energética mucho más polémica y peligrosa aún que la del uranio. Las dos únicas centrales de plutonio a gran escala del mundo -Sellafield en el Reino Unido y La Hague en Francia- generan más del 80% de la dosis de radioactividad colectiva que reciben los europeos. 

Tipos de residuos

Cuando se da por finalizada la vida útil de una instalación nuclear y radiactiva, se procede a su cierre con carácter permanente comenzando la operación de clausura. Una central difícilmente puede funcionar más de 25 años, en el caso de las más antiguas, o de 60, la vida útil de los nuevos reactores tipo EPR. Pasado ese tiempo se convertirá en una gran superficie radioactiva imposible de desmantelar hasta después de muchísimas décadas dado su nivel de contaminación. Si después de la vida útil de una central, se opta por su desmantelamiento total -retirada de todos los materiales, equipos y partes de la instalación que contengan radiactividad por encima de los niveles aceptables, dejando el emplazamiento en condiciones seguras para un futuro uso-, se originan entonces los siguientes residuos:

Vasijas del reactor y componentes existentes en el interior del blindaje biológico: Residuos de gran tamaño, altamente activos y contaminados que requieren, para facilitar su manejo y transporte, una reducción de su tamaño en instalaciones blindadas de alta integridad con un muy riguroso control ambiental;

Componentes externos al blindaje biológico: cambiadores de calor, bombas de circulación, tuberías, etc. Aunque están menos contaminados que los anteriores, su gestión es semejante;

Hormigón activado y contaminado: Su demolición da lugar a la formación de aerosoles radiactivos que deben ser retenidos mediante filtros. La mayor parte de la radiactividad se encuentra en las capas de hormigón más próximas a las zonas radiactivas por lo que, cuando es posible, se separan del resto de las zonas sustancialmente inactivas, que son estructuras de tipo convencional (Una gran parte de una central nuclear, alrededor del 80%, no es radiactiva y que, tras exhaustivos controles de seguridad y medidas radiológicas establecidos por organismos nacionales e internacionales, se puede proceder a su derribo, reutilización o evacuación sin restricción alguna);

Sistemas auxiliares y estructuras de edificios: Son materiales ligeramente contaminados, susceptibles de descontaminación. Además, en todas las operaciones de desmantelamiento se generan residuos secundarios, como líquidos de descontaminación, filtros de gases, que requieren un tratamiento similar a los residuos del funcionamiento del reactor.

En el desmantelamiento realizado con posterioridad a las instalaciones del reactor se obtienen residuos contaminados con productos de fisión y trazas de transuránicos. Las celdas calientes donde se efectúa el proceso de reelaboración del combustible así como las piscinas de almacenamiento presentan un alto nivel de radiactividad.

La estrategia para tratar los residuos de alta actividad depende de si se ha optado por el ciclo cerrado y, por tanto, por un reprocesamiento del combustible gastado, o bien por el ciclo abierto, es decir, sin reprocesamiento. Países como Suecia, Canadá, Estados Unidos o España han optado, hasta la fecha, por la opción de ciclo abierto, mientras que países como Francia, Alemania o Japón optan por la opción de ciclo cerrado. En España, los planes de la Empresa Nacional de Residuos Radiactivos (ENRESA) incluyen la construcción de un cementerio nuclear denominado Almacén Temporal Centralizado (ATC) para ubicar los residuos de alta actividad de todas las centrales nucleares, proyecto que cuenta con la marcada oposición de los grupos ecologistas.

Cuando se reprocesa el combustible, es necesario gestionar como residuos de alta actividad los vitrificados derivados de dicho tratamiento, los cuales son introducidos en contenedores de acero inoxidable en cámaras de hormigón refrigeradas por aire en las propias instalaciones de reproceso, a la espera de su evacuación final. Existen plantas industriales de reprocesamiento funcionando desde hace varios años como la de Sellafield en el Reino Unido o la de La Hague en Francia. En ambos casos, es necesario disponer de un almacenamiento temporal durante un tiempo más o menos prolongado. Tras la separación del uranio 235 del plutonio, el resto de residuos deben ser almacenados en recipientes herméticos, bidones y contenedores de seguridad que, a su vez, se disponen en almacenes vigilados. Los residuos deben estar acondicionados en estado sólido, e inmovilizados en un material aglomerante, como el cemento, o el asfalto.

Almacenamiento

En términos generales, existen dos formas de almacenar los residuos: de forma temporal o de forma definitiva. En ambos casos, el objetivo es garantizar el aislamiento entre el residuo radiactivo y el medio ambiente a medio o largo plazo. En los EE.UU, existe desde el año 1998 una instalación definitiva para almacenar residuos radiactivos de alta actividad en el estado de Nuevo Méjico (Waste Isolation Pilot Plant). Esta instalación albergará cerca de 175.000m3 de residuos transuránicos provenientes de los programas nucleares de defensa del Departamento de Energía de ese país. En España, dado que el programa nuclear se inició más tarde que en otros países, el problema de la gestión de los residuos de alta actividad no es aún tan acuciante como en Estados Unidos, Reino Unido o Francia.

Parámetros de gestión

En el ámbito internacional, fundamentalmente en el marco de los organismos multilaterales, se están desarrollando y armonizando diversas metodologías, conceptos, principios y criterios reglamentarios en las distintas áreas de gestión de los residuos radiactivos. Hay que tener en cuenta que estos dan lugar a problemas muy diversos donde se incluye el transporte para evacuar los residuos de alta y baja actividad a depósitos de almacenamiento provisional, a los cementerios atómicos o a los puntos de descarga al medio. La gestión de desechos es un grave problema de la industria nuclear que está lejos de estar resuelto. Así, el incremento de reprocesamiento conlleva la devolución de los desechos a los países de origen. Igualmente, desde 1967, se han llevado a cabo periódicamente operaciones internacionales de evacuación “definitiva” de residuos radioactivos en el Atlántico, en el golfo de Gascuña en el noroeste de Galicia.

Por otro lado, los materiales radiactivos circulan internacionalmente a través de medios de transporte como aviones o trenes especiales vigilados. Tal y como se ha comentado con anterioridad, un aspecto clave en el transporte de estos materiales lo constituye el tipo de embalaje, que debe impedir cualquier fuga de material al medio así como proteger las radiaciones al personal manipulador y a la población en general. Dada su alto nivel de radiactividad, los combustibles irradiados requieren contenedores especiales, plombados y estancos, que protejan del calor, la radiación y las autorreacciones. Deben ser además resistentes a los choques, al incendio y a la inmersión. Existen diversos tipos de 50 a 100 Tm, según la forma de transporte: 2-4 Tm de combustible irradiado necesitan, generalmente, un castillo plombado de 50 Tm. En Europa, el tráfico internacional dirigido a las plantas de reprocesamiento se efectúa por todos los medios de transporte de superficie.

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Publicado en Rebelión.org

miércoles, 4 de mayo de 2011

Matar a Bin Laden, resucitar a Al Qaeda

Santiago Alba Rico

Una de las grandes sorpresas que habían deparado los levantamientos populares en el mundo árabe es que habían dejado momentáneamente fuera de juego a todas las fuerzas islamistas y muy especialmente, claro, a la más sospechosa y extremista, Al Qaeda, marca comercial de oscuro contenido largamente instrumentalizada para sostener dictadores, reprimir toda clase de disidencia y desviar la atención lejos de los verdaderos campos de batalla. Con indicaciones de amplio espectro, como la aspirina, Bin Laden reaparecía cada vez que hacía falta atizar la guerra contra el terrorismo; se le mantenía con vida para agitar su espantajo en encrucijadas electorales o para justificar leyes de excepción. Esta vez la situación era demasiado grave como para no usarlo por última vez, en una orgía mediática que eclipsa incluso la boda del príncipe Guillermo e introduce efectos muy inquietantes en el mundo.

Cuando parecía relegada al olvido, definitivamente arrinconada por los propios pueblos que debían apoyarla, reaparece Al Qaeda. Un desconocido grupo, en nombre de esa patente, asesina a Arrigoni en Palestina; días después, en plena efervescencia de las protestas antimonárquicas en Marruecos, una bomba estalla en la plaza Yamaa Fna de Marrakesh; ahora reaparece Bin Laden, no vivo y amenazador, sino en toda la gloria de un martirio aplazado, estudiado, cuidadosamente escenificado, un poco inverosímil. Se ha hecho justicia, dice Obama, pero la justicia reclama tribunales y jueces, procedimientos sumariales, una sentencia independiente.

Más sincero ha sido George Bush: Es la venganza de Estados Unidos, ha dicho. Es la venganza de la democracia, ha añadido, y miles de demócratas estadounidenses zapatean de alegría delante de la Casa Blanca, saltando con bárbara euforia sobre tibias y calaveras. Pero democracia y venganza son tan incompatibles como la pedagogía y el infanticidio, como el alfabeto y el solipsismo, como el ajedrez y el juego. A Estados Unidos le gustan los linchamientos, sobre todo desde el aire, porque sabe que son más poderosos que los principios. El mundo siente alivio, afirma Obama, pero al mismo tiempo alerta de ataques violentos en todo el mundo tras la muerte de Bin Laden. ¿Alerta? ¿Avisa? ¿Promete? ¿Qué alivio puede producir un asesinato que –se dice al mismo tiempo– pone en peligro a aquellos a los que presumiblemente se quiere salvar?

Este era el momento. Al Qaeda vuelve a dominar la escena; Al Qaeda vuelve a saturar el imaginario occidental. Mientras el presunto cadáver de Bin Laden es arrojado al mar, Bin Laden se apodera fantasmalmente de todas las luchas y todas los deseos de justicia. Se cumplirá el vaticinio de Obama: habrá ataques violentos por todas partes y el mundo árabe-musulmán volverá a ser un bullicio de fanatismos y decapitaciones, quieran o no quieran sus poblaciones. Entre democracia y barbarie, es evidente, Estados Unidos no tiene duda: la barbarie se ajusta mucho más al sueño americano.

No sabemos si se ha matado realmente a Bin Laden; lo que está claro es que el esfuerzo por resucitar a toda costa a Al Qaeda pretende matar los procesos de cambio comenzados hace cuatro meses en el mundo árabe.

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Publicado en rebelion.org y en La Jornada el 4-5-2011.

sábado, 19 de marzo de 2011

La Libia unida puede dejar de existir

Elena Supónina

Las razones que llevaron al estallido de la guerra civil en Libia amenazan ahora la integridad de este país.

Muamar Gadafi desestimó la demanda de la oposición, el Consejo Nacional, de abandonar Libia en 72 horas. Mientras tanto, en el Consejo de Seguridad de la ONU, por iniciativa de EEUU y Gran Bretaña, se están celebrando consultas para la creación de una zona de exclusión aérea en el país norteafricano. En estos debates participan también los diplomáticos rusos.

Todo esto significa que, aunque el coronel resulte vencedor en esta lucha (su arresto y/o muerte tampoco se excluyen), el país jamás volverá a estar bajo su control. Se lo impedirán las tribus sublevadas, los militares que se pasaron al bando de la oposición, los islamistas que siempre le odiaban y, por supuesto, Estados Unidos.

El molesto coronel

La situación en Libia no es la misma que en Túnez y en Egipto, donde las protestas se debían principalmente al descontento social de la población. En Libia son otros los factores principales. Probablemente, el primero y principal es que Estados Unidos ha retomado la vieja idea de apartar a Gadafi del poder. Lo intentaron ya en los años 1980 pero, tras una serie de fracasos, renunciaron a sus planes. “Desde el punto de vista de los intereses estadounidenses, es preferible tener en Libia cualquier tipo de gobierno menos uno encabezado por Gadafi”, esta fue la conclusión a la que llegaron hace treinta años los servicios de inteligencia de EE.UU.

El periodista Bob Woodward, que tiene acceso a la comunidad de inteligencia estadounidense, describía aquella estrategia respecto al líder libio como una “combinación de acciones prácticas y de desinformación”. Comprendía, entre otras cosas, la propagación de rumores sobre la consolidación de las fuerzas opositorias en Libia y la traición en el entorno del coronel, junto con un programa de intimidación a Gadafi con mensajes sobre una eventual acción militar estadounidense.

A la hora de elaborar esta estrategia EEUU apostaba por el receloso carácter del exaltado coronel y su “debilidad psicológica”. Y es de apoyarse en esto, ya que resulta difícil conservar la confianza en las personas habiendo sobrevivido a una decena de atentados, algunos de ellos organizados, además, por amigos muy cercanos.

Muamar Gadafi ya tropezó con esta circunstancia justo después de la revolución antimonárquica de 1969. También en 1975, su íntimo colaborador, compañero del colegio y de armas, Omar Moheishi, urdió un complot contra él. Tras ser descubierto, Moheishi consiguió escapar, primero a Túnez y, más tarde, a Egipto.

Hoy, parece que EEUU ha decidido no inventar nada nuevo, simplemente ha desempolvado sus antiguos planes respecto a Libia en cuanto la situación empezó a caldearse por contagio de los países vecinos. Por ejemplo, la discusión sobre una posible intervención de la OTAN lleva ya dos semanas servida y se parece mucho a esa famosa estrategia de “combinación de acciones prácticas y desinformación” que tiene por objeto desestabilizar emocionalmente al coronel Gadafi y a su entorno.

¿Un país o tres provincias?

No está nada claro si los sucesores de Gadafi serán capaces de mantener las actuales fronteras que el país obtuvo junto con la independencia conseguida en 1951 gracias al rey Idris. Anteriormente, las tres provincias libias: Tripolitania, Cirenaica y Fezzan, llevaban una existencia prácticamente independiente. Fue el Rey Idris quién, en un primer paso las unió dentro de un reino con un gobierno federal para, posteriormente, hacer la transición a un Estado unitario. La unificación del país pasó por consentir la ubicación de las bases militares occidentales en su territorio y el traspaso de la explotación de los hidrocarburos a las compañías estadounidenses y británicas. En resumidas cuentas, Libia perdió una gran parte de la tan ansiada independencia.

Sólo Muamar Gadafi llevó a Libia a una autonomía real, con un sistema todavía más centralizado, gracias al nuevo régimen del “Poder del Pueblo” o Yamahiriya. Sin embargo, el “Pueblo” no obtuvo la deseada libertad e independencia.

Ahora, dados el descontento con el gobierno de Gadafi y la guerra civil, en el país ganan peso las tendencias centrífugas. No es sólo cuestión de una manifiesta división geográfica y la desigualdad económica de las tres provincias, de las cuales la más pobre es Fezzan, que no tiene salida al mar, y la más rica es la oriental Cirenaica, con grandes reservas petroleras. Hay que tener en cuenta, además, la compleja estructura social en Libia, donde la mayor parte de los siete millones de habitantes se rigen según las normas tradicionales del derecho tribal. El etnógrafo libio Faraj Abdulaziz Najam apunta que “en Libia viven más de 140 tribus, las familias de las cuales, al menos treinta de ellas, tienen bastante influencia en la región”. Según el experto, unas diez tribus son transfronterizas, es decir, su hábitat se extiende al territorio de otros países como Egipto, Túnez, Marruecos e incluso Chad. Hay algunas tribus nómadas que llegaron desde Arabia Saudí.

El gobierno de Muamar Gadafi siempre dependía mucho de esta estructura social. Y, para su mala suerte, se apoyaba en las tribus más cercanas y familiares como los “gadafi” o los “migrahi”. En cambio, los “warfalla”, aunque no privados del todo de la benevolencia de las autoridades, igualmente consideraban menoscabados sus intereses y se veían frecuentemente apartados de la distribución de los altos cargos administrativos y militares.

Puede que sea esta la razón por la cual varios de los jeques de esta tribu fueron los primeros en apoyar a las fuerzas opositoras. Con frecuencia se dan casos de enemistad secular entre tribus, y es una gran incógnita lo que ocurrirá en un futuro próximo: el retorno a la autonomía de la Cirenaica y la Tripolitania o el mantenimiento de una Libia unida.

La unión a través del Ejército o del Islam

Es muy poco probable que el Ejército libio sea capaz de proteger la unidad del país. Ya está dividido por la guerra civil. Parte de los militares están con la oposición, aunque muchos siguen defendiendo al coronel Gadafi. Y no se trata únicamente de los mercenarios que, por cierto, ya estaban al servicio del Ejército libio y no fueron contratados ex profeso por el conflicto. No obstante, aunque Muamar Gadafi se preocupó por equipar debidamente sus fuerzas armadas, el nivel de instrucción y fidelidad de los oficiales deja mucho que desear.

“El líder veía en el Ejército una amenaza para su gobierno, probada por los frecuentes intentos de golpes de Estado, tramados por oficiales y hasta por ministros de Defensa”, recuerda el orientalista ruso Anatoli Yegorin. Según el experto, “las protestas de los altos cargos del Ejército contra del régimen suscitaron la inquietud de Gadafi que ya a finales de los años 80 minimizó el papel de los militares”.

¿Qué unirá entonces a Libia? En teoría, es posible volver al guión de mediados del siglo XX, cuando las grandes potencias mundiales acordaron no permitir la desintegración de este país. Pero en este caso tendrán que intervenir en los asuntos internos de Libia y de esta manera decepcionar a la oposición local que, en lugar de un caudillo autoritario, recibirá un gobierno marioneta impuesto desde el exterior.

Hay otra opción que insinúa el arriba mencionado etnógrafo libio Faraj Abdulaziz Najam. El experto opina que todas las tribus y provincias de Libia “están unidas fuertemente por el Islam, religión que profesa hoy casi la totalidad de los libios”. De ahí se deduce que la clave para conservar la integridad de Libia es un poderoso partido islamista o una unión de varios partidos de este corte. Otra cuestión es si esta solución les gustará a los países de Occidente.

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Publicado en RIA Novosti en español el 17-03-2011.