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jueves, 16 de febrero de 2017

Acá entre nós: 12 tuits sobre la salida del aire de CNN en Venezuela

@planetaencrisis

Rechazo y lamento el retiro de CNN en español de la parrilla de canales de mi proveedora de TV.

Me parece una medida equivocada y considero que no hay nada que la justifique.

Es cierto que los medios de comunicación son brazos políticos de grandes intereses económicos y políticos. Y que son muy influyentes.

Es cierto que las grandes empresas trasnacionales de la información, como actores que son, se posicionan contra los intereses contrarios.

Es cierto que todos los medios tienen una "línea editorial" que es política, y que muchos de ellos tergiversan los hechos mediante el discurso.

Pero aun todas estas certezas no le dan el derecho a nadie a impedir que los medios de comunicación transmitan sus mensajes.

Estar informados es un derecho de las personas, más hoy en día. Yo diría que es una necesidad básica, como alimentación y salud.

No es prohibiendo la transmisión de un canal que se evitarán los ataques políticos de los medios. Ellos forman parte del juego político.

El Poder Ejecutivo debe velar por estándares legales de contenido, no arrogarse juicios morales e ideológicos que no respetan la diversidad.

Si hubo un tratamiento indebido de la información en un caso puntual, debe ser tratado por los canales legales correctos.

El amarillismo no es un motivo de silenciamiento. La falta de objetividad, aunque ofenda, no autoriza a acallar un medio.

Decidir sin debido proceso va contra la democracia y el contrato social. Es ilegal, es arbitrario. No puede justificarse.

viernes, 3 de junio de 2016

Acá entre nos: Otra ventana de oportunidad para los periodistas en Venezuela

@planetaencrisis

Los presuntos saqueos o protestas espontáneas en Venezuela son un tema delicado que no debe ser tratado por los medios a la ligera.

Nuevamente estamos en la situación en que todo lo que uno lea sobre el país tendrá una lectura depende del cristal con que se mire.

Esto quiere decir que la información transita sobre hechos cuyas causas son motivo de polémica y que es preciso investigar mucho todavía.

No existe un solo punto de vista interpretativo y obviar esto significa ser actor político y no cronista objetivo. Lo que decimos tiene peso.

Los periodistas deberán (¡!) ser cuidadosos, contextualizar muy bien sus noticias y no dejarse llevar por la emoción.

Es preciso hacerse, metodológicamente, las preguntas correctas respecto a quién o quiénes se benefician con los sucesos.

En mi opinión, la situación, nuevamente, es una ventana de oportunidad para los admirables y valientes periodistas venezolanos.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Glifosato

Hermann Bellinghausen

Hoy que es común hablar de pachamamismo existe un debate entre quienes lo refieren al cuidado de la Madre Tierra, según lo entienden ancestralmente los pueblos campesinos originarios del continente americano, y aquellos que, desde posturas supuestamente racionalistas, mientan peyorativa o irónicamente a la Pachamama como sinónimo de pachequez new age o demagogia populista de ciertos gobiernos sudamericanos, empujados por una parte importante de la población hacia discursos digamos ambientalistas (como Rafael Correa y su Ley de Derechos de la Madre Tierra) o publicitarios (ciertos festejos indianistas que se monta Evo Morales para deleite de esos jipis que se cuelan en todo folclor).

No obstante, en el fondo y en esencia, discutir la idea de la Madre Tierra como parte de la humanidad, hilo de generaciones, única verdad demostrable en la existencia cotidiana, no suena irrazonable ni indigno. ¿Es una utopía? ¿Trasnochada? Millones de personas, sociedades y civilizaciones enteras han practicado esta relación con el mundo circundante y sobrevivieron a siglos de colonización, segregación y las diferentes etapas del capitalismo, y son prueba viviente de la viabilidad del Sumaj Kawasai kichwa, el Buen Vivir aymara y quechua, o el concepto mesoamericano de que la Tierra no es nuestra, nosotros le pertenecemos y la guardamos para nuestros hijos y nietos. El capitalismo postula justo lo contrario: la Tierra es mercancía.

La cuestión de la Pachamama en las condiciones actuales del planeta parece sensata y pertinente de cara a otras corrientes de pensamiento (por así llamarlas) en principio regionales, que se fortalecen y expanden en Estados Unidos con efecto directo en el resto del continente, como se verá enseguida. En diversas entidades estadunidenses operan sociedades, colegios y tanques de pensamiento políticamente correctos que buscan erradicar las plantas exóticas (aliens) que crecen en sus territorios, amparados en la quimera de recuperar la vegetación nativa, la que había cuando llegaron los conquistadores y los primeros colonos. Suena simple, pero plantea desafíos formidables toda vez que la contaminación por árboles, arbustos, granos, ornatos, parásitos y hierbajos llegados de ultramar transformó radicalmente el paisaje y la ecología norteamericana, tanto como la urbanización y la industrialización del medio milenio reciente.

Pero con esa devoción laboriosa de las sociedades calvinistas, durante 30 años se han formado grandes grupos sociales de agricultores, intelectuales, científicos y titulares de la Casa Blanca, que impulsan dicha depuración vegetal y buscan redistribuir las especies con base en criterios arqueo-botánicos. El plan, erradicar a todos los aliens del suelo, se antoja paralelo al de erradicar a los migrantes, esos prietitos en el arroz que no hablan americano, como dijo la inefable Sarah Palin en apoyo a su correligionario Donald Trump.

Si a esas nos fuéramos, las Sociedades de Plantas Nativas de California, Virginia, o Nueva Jersey deberían hacer sus maletas, pues sus miembros son tan alien como el odiado eucalipto australiano, el tamarisco, el ciprés, pastizales diversos y muchas otras especies vegetales y animales. No digamos el trigo o el caballo. Mas nunca hablan de restituir a su hábitat original a los humanos nativos que florecían ahí antes de la contaminación europea, africana y asiática. Estas sociedades botánicas no están para contradicciones. Inopinadamente, o no, fueron la primera y más cándida feligresía de un extendido culto moderno: la Santa Iglesia Monsanto y su producto estrella, el glifosato. Lo prestigiaron antes que nadie.

Andrew Cockburn, editor de Harper’s en Washington, documenta a qué grado centros académicos, y los gobiernos nacionales de Clinton y Bush, respaldaron la idea nativista con millones de dólares y programas ambientalistas, contando entre sus creyentes al vicepresidente, y después premiado amigo de la Tierra y el Agua, Al Gore.

¿Qué se necesita para cumplir el ardiente sueño erradicador de la flora ajena, considerada nociva de manera poco demostrable? Usted acertó: glifosato, el herbicida teledirigido y total que, admitido como santo Grial de la pureza nativa de las plantas en Norteamérica, fue por décadas la base del imperio Monsanto. Cockburn expone los argumentos de los nativistas y los de sus críticos, y destaca el papel de Monsanto en este proceso científico, el azote de los hierbajos (Weed Whackers. Monsanto, glyphosate and the war on invasive species, Harper’s, septiembre de 2015). Allí cita al naturalista californiano David Theodoropoulos, curtido crítico de la seudociencia de la biología de la invasión: Hace 30 años las mayores amenazas para la naturaleza eran sierras, buldózers y venenos. Ahora la amenaza son las plantas silvestres y los animales. ¿Y con qué los combatimos? Sierras, buldózers y venenos.

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Publicado por La Jornada el 14/9/2015.

http://www.jornada.unam.mx/2015/09/14/opinion/a10a1cul

sábado, 16 de junio de 2012

Apocalipse zumbi: profecia autorrealizável?

Antônio Luiz M.C. Costa

Três crimes muito estranhos impressionaram o mundo na última semana de maio. No primeiro deles, dia 26, sábado, um negro nu, Rudy Eugene, de 31 anos, foi flagrado comendo o rosto de um mendigo branco, Ronald Poppo, de 65 anos em uma passarela de pedestres onde drogados e sem-teto se abrigam sobre a MacArthur Causeway, uma avenida movimentada de Miami.

O ataque, filmado por uma câmera de segurança no prédio vizinho do jornal The Miami Herald, durou 18 minutos. Eugene espancou Poppo até deixá-lo inconsciente, o despiu, arrancou-lhe um olho e começou a devorá-lo. Eugene, um lavador de carros com condenações por pequenos crimes, tinha abandonado seu carro na avenida a cinco quilômetros dali e caminhado por duas horas, jogando fora a carteira de motorista, a roupa e os sapatos pelo caminho. Viera da casa da namorada em Fort Lauderdale (a cerca de50 quilômetros dali) para assistir a um show de hip-hop em Miami Beach.

Alertado por um ciclista, um policial interveio e ordenou-lhe que se afastasse. “O homem que atacava se levantou com pedaços de carne na boca. Ele rosnava”, contou o policial. O agressor o ignorou e continuou a arrancar pedaços de carne da vítima com a boca O policial atirou, mas ele continuou mastigando. O policial atirou mais quatro vezes até matá-lo. Além do olho arrancado, a vítima teve três quartos do rosto devorados e está internadaem estado grave. Apolícia acredita que o agressor estava sob o efeito de alguma das drogas sintéticas conhecidas genericamente como “salt baths” (sais de banho), mas até agora nenhum exame toxicológico foi publicado.

Em 31 de maio, Alexander Kinyua, imigrante queniano de 21 anos que vivia nos EUA desde criança, estudante de engenharia elétrica na Universidade de Morgan, Maryland, confessou à polícia que comeu o coração e parte do cérebro de seu colega de quarto Kujoe Bonsafo Agyei-Kodie, imigrante ganês em situação irregular, de 37 anos e aluno de outra faculdade, desaparecido desde o dia 25. O irmão de Kinyua encontrara as mãos e parte da cabeça da vítima no porão de casa e avisara a polícia, que foi imediatamente à procura do jovem, brevemente detido uma semana antes por agredir um colega com um taco de beisebol e deixá-lo cego, sem motivo aparente.

No dia do assassinato, Kinyua postara frases estranhas no Facebook: “Ouçam-me, estudantes de faculdades negras, vocês são fortes o bastante para suportar sacrifícios humanos rituais em massa em todo o país e funcionarem como seres humanos? Tem sido trágico demais com o duplo tiroteio na Virginia Tech [caso de 2007, quando um estudante, imigrante sul-coreano, matou a tiros 32 outras pessoas e a si mesmo nessa faculdade] e outros assassinatos universitários. Agora, uma reviravolta: limpeza étnica é a política, estratégia e tática que afetará vocês, direta ou indiretamente, nos próximos meses. Esta é a base brutal, um método maligno e terrificante destes cultos mortais”.

Um terceiro caso, mais complicado, mas que envolve elementos semelhantes, foi o do canadense branco Luka Magnotta, de 29 anos, que postou na internet um filme dele mesmo matando, decapitando, esquartejando e violando o corpo de Jun Lin, estudante chinês homossexual de 33 anos, no que provavelmente seria um encontro sexual de ocasião. Foi em Montreal, no dia 24 ou 25 de maio. Comeu alguns pedaços da vítima e enviou outros às sedes de partidos canadenses. Fugiu para a Europa no dia 26, mas foi reconhecido e preso em Berlim, em 4 de junho, ao consultar longamente em um cibercafé as notícias sobre ele mesmo. Magnotta, que vivia de bicos, fez pequenos papéis heterossexuais e homossexuais em filmes pornôs (obscuros, apesar de ele se apresentar como “astro” do gênero), foi modelo e prostituto e uma vez foi preso ao se travestir como mulher (coisa fácil, dada sua aparência andrógina) para fazer compras com um cartão de crédito roubado e dizia ser apenas “gay por dinheiro”. Parece responder também por vídeos de tortura e morte de gatinhos divulgados na internet e por mensagens e um manifesto com seu nome em um foro neonazista, que expressavam ódio ao multiculturalismo em geral e a chineses e judeus em particular. Uma jornalista transexual que foi sua amante o descreve como obcecado por fama e inclinado a golpear a si mesmo: sugere um homem incapaz de suportar a si mesmo como homossexual e “fracassado”.

Os três casos envolvem provavelmente psicoses, associadas ou não ao uso de drogas, mas isso não esgota a questão. Há sentimentos de humilhação e frustração associados à condição de negro, de imigrante, de desempregado, de homossexual e uma reação na forma de violência grotesca e mesmo exibicionista, mesmo que seja contra pessoas em situação semelhante ou pior.

Além disso, ao menos nos dois primeiros casos é aparente a imitação, consciente ou inconsciente, do modelo ficcional do “zumbi”, cada vez mais popular no cinema, em games de computador e na literatura de terror.

Não se trata, entenda-se bem, do nzumbi da tradição quimbunda, um fantasma ou espírito imortal que vagueia a noite, sentido no qual foi apelidado o herói Zumbi de Palmares. Também não é o zumbi das crenças haitianas, cadáver reanimado por magia para servir de escravo a um feiticeiro vudu. A lenda foi popularizada pelo romance The Magic Island (A Ilha Mágica, de 1929) de William Seabrook e pelo filme White Zombie (Zumbi Branco, de 1932, com Bela Lugosi) de Victor Halperin.

O modelo do “zumbi” de que estamos falando aqui surgiu com Night of the Living Dead (A Noite dos Mortos-Vivos, de 1968) de George Romero. O filme não usava a expressão “zumbi”, que lhe foi associada pelo público a partir de alguma semelhança na aparência com os “escravos mortos-vivos”, mas nenhuma no conceito: nesse filme, uma epidemia causada por “contaminação radioativa” trazida de Vênus por uma sonda interplanetária transforma pessoas normais em cadáveres animados canibais e assassinos, que tentam devorar amigos e parentes. A predileção por cérebros foi introduzida pela sequência trash de 1985, Return of the Living Dead (A Volta dos Mortos Vivos).

Romero citava como inspiração os quadrinhos do gibi de terror Tales from the Crypt, publicados de 1950 a 1955, mas as figuras que nele apareciam eram zumbis tradicionais mesclados com os ghouls ou carniçais do folclore árabe (gênios malignos canibais que assumem a forma de sua última vítima) para se tornarem semidecompostos cadáveres ambulantes que ameaçavam moças e aventureiros ingênuos, nunca uma epidemia. O precursor mais próximo é o filme de 1936 Things to Come (Daqui a Cem Anos), dirigido por William Cameron Menzies e com roteiro do escritor de ficção científica H. G. Wells. Nesse filme, os mortos-vivos são produto de uma guerra biológica imaginada 30 anos no futuro (ou seja, em 1966). A tentativa de curá-los é inútil e a única maneira de combater a epidemia é atirar nos contaminados.

Também se pode citar I Am Legend (no Brasil, Última Esperança sobre a Terra ou, nas edições recentes, Eu Sou a Lenda), romance de Richard Matheson de 1954, adaptado para o cinema três vezes, no qual a epidemia toma o mundo e o protagonista é o último sobrevivente. Mas nesse caso, os contaminados são “vampiros” (com medo de alho) racionais e inteligentes que reconstroem a sociedade e condenam o herói à morte como uma ameaça à nova ordem.

Em muitos filmes e textos desse subgênero, a epidemia torna-se mundial e o tema é a luta desesperada dos remanescentes da humanidade para sobreviver e não serem contaminados: é o “apocalipse zumbi”, que nada mais a ver com os zumbis africanos e haitianos. É um mito moderno, inventado pela ficção científica do século XX nas vésperas da II Guerra Mundial e que tomou sua forma atual durante a Guerra do Vietnã.

Os críticos geralmente interpretam o filme de Romero e suas sequências e imitações como uma alegoria da decadência da sociedade e seus valores, que descreve sobreviventes sitiados a desconfiarem um dos outros e brigarem constantemente entre si sobre como se defenderem, enquanto “zumbis” destroem casas bonitas, shoppings e outros símbolos de prosperidade.

A obsessão com esses “zumbis” se tornou ainda maior em fins dos anos 1990, com a popularização de jogos de computador como Resident Evil, Silent Hill, Dead Rising e similares e a retomada do tema na ficção literária de horror, notadamente The Zombie Survival Guide (O Guia de Sobrevivência a Zumbis, de 2003) de Max Brooks e Cell (Celular, de 2006) de Stephen King. E explodiu em 2009 – logo após a crise financeira de Wall Street – com a epidemia dos chamados mashups, obras clássicas deformadas pelo acréscimo de zumbis à trama, moda inaugurada pelo infame Pride and Prejudice and Zombies (Orgulho e Preconceito e Zumbis) de Seth Grahame-Smith e seguida por atentados similares a obras como A Guerra dos Mundos, Huckleberry Finn, O Mágico de Oz, Drácula e Alice no País das Maravilhas.

Ainda mais estranho, em 2011 o CDC (Centers for Disease Control and Prevention – Centro de Controle e Prevenção de Doenças), do governo federal dos EUA, publicou um blog chamado Preparedness 101: Zombie Apocalypse (http://blogs.cdc.gov/publichealthmatters/2011/05/preparedness-101-zombie-apocalypse/), que dá orientações fictícias à população sobre como se defender de um “apocalipse zumbi”, preparando kits de emergência e rotas de fuga. E em maio de 2012, poucos dias antes dos crimes acima mencionados, o governo da província canadense da Colúmbia Britânica divulgou um “manual de sobrevivência para o apocalipse zumbi”, acompanhado de vídeos ilustrativos (http://www.emergencyinfobc.gov.bc.ca/zombie-preparedness-week-are-you-ready.html). Um dos trechos avisa: “cuidado, tudo pode começar com um surto de gripe particularmente agressivo, então é bom ficar atento às notícias da TV”.

Os governos dos EUA e da província canadense apresentaram essas estranhas instruções uma forma de chamar a atenção da população e interessá-la em prevenção de desastres em geral, visto que as precauções sugeridas supostamente seriam úteis ao se lidar com desastres naturais como furacões, epidemias, terremotos e enchentes. Apesar da insistência dos internautas, não deram orientações sobre armas para combater os zumbis.

Agora parecem, porém, reconhecer que foram um pouco longe demais. Em 31 de maio, depois dos casos de canibalismo e ante a multiplicação de manifestações de internautas preocupados com a possibilidade de que o apocalipse estivesse se tornando realidade, o governo dos EUA teve de negar formalmente que isso fosse possível: “o CDC não conhece nenhum vírus ou condição capaz de reanimar os mortos (ou causar sintomas semelhantes a zumbis)”, escreveu o porta-voz da agência David Daigle em um e-mail para o site de blogs e notícias The Huffington Post.

Mas por que essa ameaça tão improvável fascina e motiva pessoas hoje? Nos anos 1950, provavelmente uma ideia como essa seria denunciada como uma brincadeira de mau gosto e de um ridículo atroz. Mesmo se o preparo para um apocalipse nuclear – hipótese hoje menos preocupante, mas que com certeza ainda é mais plausível do que uma epidemia de zumbis – era levado muito a sério, com treinamento nas escolas e empresas.

O que é isso, se não um sintoma de ansiedade para com o que parece ser a crescente fragilidade da ordem e da civilização ocidental, ameaçada por guerras, degradação ambiental, desemprego e concentração de renda? Não são esses zumbis expressão do medo da revolta das massas marginalizadas, minorias, estrangeiros e imigrantes ou simplesmente fracassados na busca ilusória da felicidade pelo consumo e da ascensão social?

Enfim, desse “precariado” visto como miserável, anárquico e irracional em contraste com fantasmas mais antigos e articulados, como o da revolta do proletariado, simbolizado pela “criatura” que se volta contra o “criador” (o monstro anônimo de Frankenstein, a robô Maria de Metropolis, os replicantes de Blade Runner…) e o da infiltração e doutrinação comunistas, representadas por incontáveis histórias de invasores alienígenas que tomam a forma de humanos ou assumem o controle de suas mentes, como em Invasion of the Body Snatchers (Vampiros de Almas, 1956).

Quando até governos e instituições oficiais cedem à tentação de misturar realidade e fantasia dessa maneira, será de se admirar que pobres psicopatas façam o mesmo, com a diferença de se colocarem no papel de “zumbis” que é implicitamente o seu? Ao mesmo tempo, uma sitiada classe média tradicional cultiva uma cultura de medo e se fascina por armas e sobrevivencialismo como se fosse possível enfrentar pela força bruta as muitas ameaças a seu modo de vida que não quer compreender, como o terrorismo e as crises financeiras.

Não se trata de afirmar, é claro, que a ficção determina comportamentos. Mas pode confirmar e alimentar obsessões dentro de um clima político que se nutre do medo e pode mais ainda impressionar mentes fragilizadas e dar uma forma mais definida a uma explosão de loucura. Sabe-se como certas manifestações de perturbações mentais são associadas a determinadas épocas e civilizações a ponto de serem consideradas “síndromes culturais’: o amok dos malaios (loucura que toma a forma de um ataque aleatório a facadas a pessoas na rua), o koro do sudeste asiático (ideia obsessiva de que o pênis está encolhendo e vai desaparecer), a “possessão” ou “obsessão” por espíritos ou demônios, comum entre brasileiros e outros latinos, os serial killers e spree killers característicos de certos países desenvolvidos do Ocidente.

Não seriam os casos patológicos citados no início deste texto um caso extremo em que esta civilização manifesta de forma demasiado literal os terrores que expressa em sua ficção? E não seria aconselhável, para combater sua multiplicação, ampliar o debate consciente sobre os problemas sociais e evitar alimentar a confusão do real com o imaginário?

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Publicado por Carta Capital el 5-6-2012.

jueves, 15 de marzo de 2012

Por qué es preferible una sociedad laica

Klaus Ziegler

Cada religión tiene su dios particular, con sus atributos propios y preferencias nepóticas.

Los budistas enseñan que Buda fue concebido en forma milagrosa para ser el salvador del mundo. Los hinduistas creen en la transmigración de las almas, y justifican las terribles injusticias contra las “castas inferiores” como castigo por la mala conducta en vidas pasadas. Para los cristianos, Jesús es hijo de Dios, mientras que para los musulmanes es una aberración que Dios tenga hijos.

En los libros sagrados, lo prohibido, lo sancionable, lo deseable y lo justo, cambia según los caprichos de la cultura y la época. Por ello, que se haya establecido una clara diferencia entre delito y pecado es, sin duda, uno de los alcances más grandes de la Ilustración y la corriente racionalista. La separación de la Iglesia y el Estado es una tendencia en el mundo desde la edad moderna, y hace parte de la mayoría de las constituciones nacionales. No obstante, está lejos de ser un universal: en la Unión Soviética el ateísmo fue durante décadas la doctrina estatal, mientras que en los países islámicos la legislación emana directamente del Corán, y las enseñanzas del profeta Mahoma son la fuente del derecho y la política.

En occidente, la tenue línea que separa el estado laico del religioso se ve cada vez más amenazada ante la creciente influencia de poderosos grupos de cristianos fanáticos, especialmente en Estados Unidos. No olvidemos que hace un par de años uno de estos grupos demandó a la BBC por la transmisión de la opera profana Jerry Springer. Y en Colombia, en 2005, el director de la revista SoHo, Daniel Samper, tuvo que responder ante un fiscal por publicar en su revista fotos de “La pasión de Alejandra Azcárate”, consideradas por algunos creyentes indecorosas y blasfemas.

Una sociedad en que se pueda castigar lo que algunos juzguen sacrílego, profano u ofensivo, sería el mayor anhelo de esa caterva de republicanos intransigentes a los que pertenece el predicador Pat Robertson y la exgobernadora de Alaska, Sarah Palin; y muy del agrado —podría uno imaginar— de católicos recalcitrantes como el Procurador Alejandro Ordoñez o el candidato José Galat.

A quienes creen deseable un estado teocrático fundamentado en la Biblia, y teniendo en cuenta que las leyes de Dios son inmutables y eternas, sería preciso preguntarles cómo encajar en la actual legislación algunos de sus mandamientos, como aquel que hace lícito poseer esclavos, siempre que se adquieran en naciones vecinas (Levítico 25:44). O cómo juzgar a los adúlteros y homosexuales: ¿acaso habría que quemarlos vivos como se ordena en el Levítico 20:14? Y en cuanto a la fiesta brava y otras tradiciones bárbaras que tanto le preocupa preservar al Procurador, cabría preguntarle si ¿tal vez no sería preferible que algunos toros fueran incinerados en el altar del Señor, como se ordena en el Levítico 1:9?

¿Son estas enseñanzas morales, compasivas, justas o razonables? ¿Acaso no se ordena en la Biblia la destrucción de pueblos enteros y se instiga a la masacre de niños, ancianos, enfermos y desvalidos? ¿Cómo podemos aceptar como guía moral un libro que incita a la venganza y aconseja el salvaje “ojo por ojo, diente por diente, y miembro por miembro”? Y ni hablar de la tolerancia o el respeto a las creencias de los demás cuando todo el que disiente es lapidado, y donde se ordena al esposo a denunciar a la esposa incrédula para darle muerte.

Y en cuanto a la sabiduría allí encerrada (que por ser palabra de Dios no puede tener errores), el sueño de más de uno de estos fanáticos religiosos ha sido suplantar el currículo escolar que enseña la teoría científica de la evolución, por el relato bíblico del Génesis y la historia de la creación del hombre en el huerto del Edén, y por otras formas soterradas de religión disfrazada de ciencia, como el creacionismo o la teoría del diseño Inteligente. En el país que sueñan estos ignorantes, los museos de historia natural (donde es posible apreciar el impresionante registro fósil que revela la riqueza y antigüedad de la vida sobre la Tierra, una evidencia en flagrante contradicción con las enseñanzas bíblicas) serían reemplazados por los falaces museos creacionistas con sus recreaciones del Edén hechas de papel-cartón y sus ridículos dinosaurios de plástico subiendo en fila al Arca para escapar del diluvio.

Recordemos que en 2005, el Consejo de la Educación de Kansas votó a favor de la enseñanza de la creación divina, que afirma que el hombre es un diseño “inteligente” que no desciende de seres menos evolucionados. No obstante, la Corte Suprema se vio obligada a dictaminar –como lo ha tenido que hacer en muchas otras ocasiones–, que dichas enseñanzas son contrarias a la Constitución y representan una intromisión de las creencias religiosas en la educación pública.

Uno de los argumentos para desechar la idea de una sociedad laica sostiene que la religión es necesaria, porque sin la creencia en Dios la vida perdería su sentido, y no tendríamos un báculo donde apoyarnos en los momentos de angustia y dolor. Pero es un hecho que hay millones de agnósticos en el mundo que llevan una vida plena, productiva y feliz sin necesidad de albergar ninguna creencia; y que hay místicos y ateos, felices y desgraciados por igual. Se ha sostenido que sin la promesa de una vida después de la muerte, la existencia humana sería insufrible. Pero si esta convicción fuera sincera, la muerte de un ser querido y creyente sería motivo de regocijo para el cristiano, y no una pena.

También se afirma que la religión hace buenos a los hombres, pero la historia muestra que nunca las prohibiciones religiosas han impedido las violaciones, ni el adulterio, ni la pederastia, ni siquiera por parte de aquellas personas que por su compromiso social deberían dar buen ejemplo. La historia de las grandes religiones, en particular la del cristianismo, es una narración interminable de guerras, torturas y crueldades inenarrables, como lo ha documentado el historiador y crítico alemán Karlheinz Deschner, en su monumental obra La Historia criminal del cristianismo.

Es un hecho constatable que la religión no ha contribuido en absoluto a crear un mundo mejor. Por el contrario, ha sido “la fuente de todas las locuras y perturbaciones imaginables; la madre del fanatismo y de la discordia civil”, como escribió alguna vez Voltaire. Y como decía un reconocido escritor y agnóstico colombiano, “con Dios o sin Él, el hombre seguirá siendo hombre, y este mundo seguirá siendo el infierno, ¡porque el demonio es el hombre mismo!”

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Publicado por El espectador el 30-3-2010

domingo, 11 de marzo de 2012

Tatuajes

William Ospina

La tierra se mueve, sacudiendo estos termiteros humanos que llamamos ciudades, y el temblor superficial de los mares se exalta ante nuestros diminutos ojos de ácaros en tsunamis incontenibles que arrastran ciudades y hacen colapsar centrales nucleares.

“La piel desnuda del planeta”, como llamaba al mar Pablo Neruda, es sensitiva y está comunicada. Las olas del tsunami del Japón horas después estaban agrietando los glaciares de la Antártida. El globo tiene sus alarmas: árboles y yerbas son sus antenas; las criaturas de la tierra, el mar y el cielo son sus sensores; antes del terremoto los animales se asustan, ladran los perros, escapan las ranas, las bandadas levantan el vuelo.

Sólo la más inteligente de las especies nunca sabe qué hacer ante esas catástrofes y ni siquiera las presiente. Y en nuestras tierras no sólo no advierte por instinto que algo anda mal, sino que ni siquiera escucha advertencias expresas, se ríe del peligro, espera en la orilla a que pase el río llevándose sus pueblos y sus gentes.

Somos una especie extraña, y nuestros líderes son síntesis perfecta y magnificación de nuestros defectos. Por eso va tan bien la economía mundial, por eso los Estados Unidos ya deben más de lo que producen. Y por eso no quieren, ellos, que viven descalificando a todo el mundo, que su manejo de la deuda sea calificado. Fieles a la tradición publicitaria de que es el propio fabricante el único que se anima a alabar las excelencias del producto, esos líderes siguen repitiendo ante el arco absorbente de las ruedas de prensa que somos los mejores y que todo va bien.

Si la humanidad tiene la terca costumbre de apagar los incendios con gasolina, los líderes no son inferiores a ese ejemplo y utilizan cuchillos para cerrar heridas, combaten pequeños conflictos con grandes guerras, ignoran que la violencia sólo se puede combatir con inteligencia.

Pero en estos días parece que en la especie humana los sensores están funcionando: los pueblos advierten que este complejo de crisis ha sido alentado y usufructuado por sus líderes, y empiezan a moverse. La marea de rebeliones en los países árabes avanzó como un tsunami por Túnez, por Egipto, por Libia, y está sacudiendo a Siria y a Marruecos. La ola de los ciudadanos indignados de España, de Israel, de Grecia y Chipre, es otra de las caras de esta reacción en cadena.

Pero si en todas partes los movimientos han sido pacíficos, salvo en Libia, ante cuya tragedia las sensitivas potencias de Occidente se conmovieron más de la cuenta y cayeron como buitres a alimentar el incendio, ya la inconformidad parece cambiar de tono. Londres ha visto extenderse las explosiones de violencia que antes quedaban confinadas en los distritos más conflictivos. A lo mejor pronto veremos hasta en Estados Unidos la marea de los indignados.

Tatuadas con violencia en la piel de este mundo, las ciudades curiosamente han sido sordas y ciegas, aunque el planeta hace rato da señales de alarma: en las favelas de Río, en las barriadas de Medellín, en las hambrunas de Somalia, en los incendios del Amazonas, en los desplazamientos de Sudán, en los ríos de plástico que derivan por los océanos, en los truenos del glaciar, en las inundaciones de Colombia, en las incontenibles lanchas y avionetas de los narcotraficantes que sacian de alcaloides la angustia existencial de los países ricos. Pero la industria no controla el calentamiento global que provoca, nadie frena el saqueo de la selva, nadie brinda oportunidades de vida y de dignidad a esos desterrados que huyen, a esos niños despojados que se matan por monedas. Y los dirigentes de la humanidad muestran su sabiduría habitual: “más represión”, anuncia Cameron en Inglaterra; “siempre seremos los mejores”, declara Obama en Washington; la fuerza pública quiere cerrar el paso a los muchachos de Sol y de la Plaza Catalunya.

Aunque no todo son malas noticias. Un equipo médico de la Universidad de Illinois, ese campus solemne perdido tras los campos continentales de maíz, ha anunciado la invención de un adhesivo electrónico temporal que en la piel de los humanos será capaz de medir la actividad eléctrica del corazón, del cerebro y de los músculos. Es el comienzo del desarrollo de una suerte de epidermis casi invisible que hará surgir ante nosotros toda la actividad desconocida de ese otro mundo, tan infinito como el mundo, que es el cuerpo humano.

Pasaremos de las artesanales rutinas del médico que tomaba nuestro pulso y auscultaba nuestro pecho, de los tensómetros y los termómetros, y de las incómodas hidras de sensores que hacían nuestros electrocardiogramas, a finos tatuajes sensibles que no por ser útiles dejarán de ser decorativos y rituales, como los que cubren hoy las pieles de los adolescentes en todas partes.

Y esos tatuajes electrónicos cumplirán para nuestra salud el papel que han debido cumplir, y no han cumplido, las extensas ciudades del planeta: advertir con elocuencia en la superficie el mensaje de las profundidades.

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Publicado por El Espectador el 14-11-2011.

domingo, 4 de marzo de 2012

El filósofo y el poeta

William Ospina

¿Es posible el diálogo? Cuando se formula esta pregunta, los colombianos tendemos a pensar sólo en el diálogo entre facciones políticas enfrentadas, y sobre todo en el muchas veces intentado y muchas veces fracasado diálogo con las guerrillas para poner fin al desangre que padece Colombia hace cuarenta años.

Pero la pregunta va más allá, no habla exclusivamente del diálogo entre enemigos encarnizados y listos a asesinarse, sino del sencillo diálogo entre personas comunes en una época que padece todo un sistema de monólogos: el monólogo del poder, el de la academia, el de la neurosis, el de los medios de comunicación.

Hace un mes, en la instalación del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires, el filósofo Gianni Vattimo afirmó su escepticismo frente al llamado al diálogo que suele hacerse en nuestra época, y sostuvo que ese diálogo forma parte más de la retórica política que de las posibilidades reales de la sociedad moderna. Dijo que el diálogo, como lo ha propuesto la filosofía, ya era dudoso desde los tiempos de Platón, y hasta insinuó que incluso los diálogos platónicos suponen cierta manipulación de un interlocutor que supuestamente no sabe, por parte de un filósofo que supuestamente sabe, y se empeña en llevar al otro en una determinada dirección.

Vattimo concluyó que el diálogo es muy difícil mientras persistan las condiciones de desigualdad que caracterizan a los interlocutores en la sociedad contemporánea, ya que un diálogo verdadero tiene como supuesto la igualdad; es decir, no puede haber diálogo mientras quienes hablan no tengan igual dignidad, igual respetabilidad, igual derecho a opinar. En su discurso, provocador e irónico, Vattimo se propone menos negar el diálogo que subrayar la extrema dificultad en que se encuentra en nuestra época ese instrumento de la cultura, enfrentar la leyenda rosa de un diálogo sin conflictos y sin dificultades, y convertir en tema del diálogo al diálogo mismo.

La verdad es que hay dos grandes vacíos en nuestro sistema educativo: como me decía en estos días el escritor Julio César Londoño, nos enseñan a leer pero no nos enseñan a entender lo que se lee, quieren enseñarnos a dialogar pero no nos enseñan a escuchar. Todo el modelo educativo daría un inmenso salto adelante si lograra mejorar nuestra capacidad de comprender lo que se lee y nuestra capacidad de escuchar con lealtad a los interlocutores, así sea para poder estar verdaderamente en desacuerdo con ellos.

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre todos quisiéramos acordarnos, se dio hace cuatro siglos uno de los experimentos más audaces y generosos de la humanidad. España era entonces un reino rencoroso en el que imperaba el más abrumador fanatismo, lo que hoy se llamaría “el pensamiento único”. Bajo el imperio intimidante de una iglesia criminal, y bajo la férula de una monarquía excluyente, nadie tenía derechos si no era lo que se llamaba entonces “cristiano viejo”; los abominables reyes católicos habían impuesto la práctica fascista de la “pureza de sangre”, y la sola sospecha de que alguien fuera distinto, es decir, sobre todo moro o judío, no sólo invalidaba sus opiniones sino que le negaba el derecho a formar parte de la comunidad.

Y fue entonces cuando Cervantes, uno de los hombres más sutiles y civilizados de su tiempo, escribió aquel libro sobre un caballero que enloquece de tanto leer, que llega a creerse, ya en su vejez, un paladín fantástico, y sale a los campos a cabalgar en busca de aventuras. Don Quijote advirtió casi enseguida que algo le faltaba, y volvió a su aldea, como dice Fernando Vallejo, “no a buscar un escudero, sino un interlocutor”. La única aventura que iba a vivir aquel caballero lunático y conmovedor era la aventura de dialogar con alguien, y escogió a la persona más distinta que podía haber en el vecindario: un mozo iletrado y crédulo que fuera su compañero y su criado.

A partir de ese momento la novela de Cervantes se propone como un diálogo en todos los sentidos imaginables, pero sobre todo, y aquí está cifrado el generoso pensamiento de Cervantes, un diálogo entre seres distintos y desiguales. Entre el amo y el criado, entre el joven y el viejo, entre el maestro y el discípulo, entre un lector de libros y un repetidor de refranes, entre la memoria oral y la memoria escrita, entre el espíritu práctico y el espíritu soñador, entre la locura y la cordura, entre la fantasía y la realidad. Sería impreciso decir que “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha” es simplemente una novela: es el más formidable alegato de la historia a favor de la posibilidad de un diálogo aun en las condiciones de mayor desigualdad, de mayor asimetría en términos de información y de rango.

Cervantes, a diferencia de Vattimo, parece decirnos que el diálogo sobre todo es posible entre distintos y entre desiguales; que si nos sentamos a esperar la igualdad absoluta entre los interlocutores, el diálogo no ocurrirá jamás; que nos va a tocar dialogar desde el barro improvisado de nuestra cotidianidad, y que es ese diálogo imperfecto, trunco, inarmónico, improbable y episódico el único manantial del que puede salir finalmente la fraternidad humana y el entendimiento recíproco, aun en las condiciones más adversas.

Debe ser por eso que, para ser más desafiante, dados los hábitos de su época, Cervantes fingió no ser el autor de su novela, y atribuyéndole toda esa nobleza, toda esa generosidad, al más odiado paria que España tenía por entonces, declaró desde el comienzo que el libro había sido escrito por un moro.

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Publicado por El Espectador el 13-12-2008.

domingo, 19 de febrero de 2012

La vida ligera

Jordi Soler

Ese personaje que en medio de la calle, o en una carretera, nos pregunta que cómo puede llegar a tal sitio, está en vías de extinción. El GPS, con su pantalla a colores, sus instrucciones verbales y su precisión milimétrica, empieza a convertir a este personaje en una pieza histórica, del calibre de aquel otro que hace más de un siglo encendía con una pértiga, una por una, las farolas de la calle.

Ese personaje será tan raro como la cabina telefónica, que ha sido arrasada por el móvil, y como los CD, esos objetos dispendiosos, que ocupan demasiado sitio y exigen que su dueño busque en una estantería, saque el disco del estuche, lo coloque en la bandeja del reproductor, y luego le dé sucesivas veces a un botón hasta llegar a la canción que quiere oír. Un engorro que hoy se resuelve moviendo un sensor con el dedo pulgar.

La vida va a una velocidad de vértigo, si oyes una canción que te gusta puedes comprarla inmediatamente por el ordenador, y lo mismo pasa con los libros. Bastan unos minutos para tener casi cualquier película y en un minuto podemos estar contemplando, en la pantalla de nuestro ordenador, que está en Barcelona, un papiro que se encuentra físicamente en el British Museum, en Londres, o, si se prefiere, en ese mismo minuto podemos comprar en la red un martillo hidráulico, un pastor alemán o un piano.

Lo mismo pasa con la información, que va a toda velocidad por la Red; el diario de papel que se vende en la mañana ya tiene poco que ver, dos horas más tarde, con su versión en Internet, y al final del día ya es radicalmente distinto.

En todos estos ejemplos lo que impera es la velocidad, pero también la ligereza: ya no hace falta tener una pared llena de estanterías con discos, o con libros, o con DVD, para poseer una gran colección de música, una enorme biblioteca o una cinemateca deslumbrante; todo cabe en un ligero cacharro electrónico que puede usted echarse en el bolsillo. Y esas toneladas de información que corren por la Red bajan, con una ligereza asombrosa, a la pantalla de su teléfono móvil, otro cacharro sumamente ligero.

Este cambio de rumbo hacia la ligereza, que han ido implementando las nuevas tecnologías, empieza a tener consecuencias palpables que han afectado a los diarios, a la industria cinematográfica, musical y editorial; la crisis que atraviesan estas industrias no es un fenómeno pasajero, es el final de una época, o el principio de la que viene, y más allá de esta crisis empieza a operar un cambio, mucho más profundo, que ya ha comenzado a poner el mundo patas arriba. Que los nuevos millonarios sean muchachos de 20 años que inventan cosas en la Red es un signo que nos indica lo mucho que han cambiado las cosas. Recurramos al cliché, que es una simpleza que ilustra: el orondo millonario vestido de traje caro, que va en un coche con chófer adusto, empieza a ser sustituido por el muchacho de sudadera y Adidas que llega a su oficina en bicicleta; la ligereza del segundo va más acorde con el nuevo milenio que la pesada parafernalia que arrastra el primero.

La crisis económica mundial, que se ha encariñado especialmente con España, y la velocidad, y la ligereza, que han introducido las nuevas tecnologías en nuestra vida, son elementos del mismo relato. La crisis, desde luego, fue provocada por los cuatro gordos que, entre Cohiba y Cohiba, disponen de la economía del planeta; pero sus efectos en la vida del ciudadano normal son los cimientos del porvenir, la primera piedra del futuro inmediato, parte imprescindible de ese desmesurado golpe de timón que ha dado esa nave repleta de locos que se llama La Humanidad.

Encuadremos el asunto desde la perspectiva inmobiliaria. Hasta hace muy poco, lo que se esperaba de un adulto productivo eran los logros añejos que habían conseguido, o cuando menos intentado conseguir, sus padres y sus abuelos: tener una casa propia y unos ahorros en el banco; además de ser una persona respetable y de casarse con una mujer de buena familia para criar hijos hermosos etcétera, etcétera. En España, vivir en una casa de alquiler equivalía, socialmente, a tirar el dinero, parecía una locura porque cualquier banco te hacía un préstamo para comprártela.

En aquel nada lejano periodo de ilusoria Jauja, donde prácticamente cualquiera podía ser propietario de su casa, la mujer que nos ayudaba a meter en orden el caos que invadía nuestro piso de alquiler, era una señora ecuatoriana encantadora que se estaba pagando, por medio de una hipoteca, su propio piso. Pongo a esta señora como ejemplo porque me parece que su maniobra económica ilustra perfectamente la situación: vivía en un piso de alquiler mucho más grande, y pagando menos dinero al mes, que el piso al que se mudó, que era más pequeño y tenía una hipoteca que tendría que arrastrar 40 años, si todo salía bien. El motivo de este despropósito era que el piso era suyo; era más pequeño, más caro, más feo y estaba peor situado que el piso que alquilaba, pero era suyo. Si algo será tuyo dentro de 40 años, ¿es tuyo?

La histeria nacional por tener una vivienda propia, sumada a la facilidad con que los bancos concedían hipotecas, además de complicarnos aquí la crisis mundial, empieza a verse ahora como el final de una era, de una era basada en la posesión y en el acopio, la posesión de propiedades, máquinas, objetos y el acopio de dinero, el ahorro que prometía un futuro sin sobresaltos económicos.

Ahora que la crisis económica nos ha enseñado lo indefensos que estamos y que las nuevas tecnologías empiezan a señalarnos el camino hacia el nuevo mundo, es el momento de empezar a deshacernos del lastre mental que nos heredaron los propietarios del Medioevo, y de abrazar la vida ligera, la levedad a la que tendremos que montarnos de ahora en adelante. Las instituciones, digamos, clásicas, comienzan a hacer agua; ante el universitario lleno de posgrados, que carga el pesado bagaje que ha adquirido con años de educación tradicional, se planta el muchacho listo que con un ordenador y mucho ingenio, dos herramientas verdaderamente ligeras, consigue un éxito planetario en alguna de las parcelas del ciberespacio. La crisis ha puesto en entredicho el valor del ahorro, y el de la casa con hipoteca, dos esfuerzos en los que inviertes toda tu vida y que, como ha quedado plenamente demostrado, pueden evaporarse con la siguiente maniobra de los cuatro gordos del Cohiba. Y también ha puesto en entredicho a instituciones como la banca, que como se sabe te presta un paraguas cuando hace sol y te pide que lo devuelvas cuando empieza a llover; o el Estado, una institución incapaz de contener la crisis que no responde por sus ciudadanos que han sido víctimas de esa incapacidad; o instituciones como la Iglesia, cuyos valores son la antítesis de la vida ligera: las nuevas generaciones no creerán en Dios, porque no podrán encontrarlo en Google.

La gran enseñanza de esta crisis es que nos ha hecho conscientes de nuestra fragilidad, nos ha enseñado que las posesiones materiales y el acopio son elementos de otra época y que la idea de la casa propia en realidad es lo contrario de la vida, que es propiamente de alquiler. Ahora lo que se impone es imaginar un mundo distinto, todo ha cambiado ya y no queda más remedio: seguir el rumbo que marcan las nuevas tecnologías, vivir de alquiler para poder irse a otra ciudad o a otro país cuando sea preciso, disfrutar el dinero en lugar de guardarlo y vivir la vida en tiempo presente, vivirla hoy, porque el vivir para mañana ya es cosa del ayer.

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Publicado por El país (Madrid) el 17-4-2011.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Acá entre nos: Los amigos invisibles

Morena Blue

Desde 1953 y hasta finales de la década de 1980, Arturo Uslar Pietri, destacado escritor, abogado e historiador venezolano, empezó y despidió cada edición de su programa semanal de televisión Valores humanos con un saludo a los “amigos invisibles” detrás de la pantalla.

Ya sea porque el programa –una charla deliciosa sobre historia, arte, literatura y temas variadísimos– era un éxito de audiencia o porque la expresión se volvió un modismo cult, todo el mundo en Venezuela pasó a nombrar a los “amigos invisibles” para a referirse a ese público anónimo con el cual los famosos “conversan” sin mayor retroalimentación que las cartas (entonces escritas a mano) que nunca eran respondidas.

Hoy, en la era de Internet, los chats y las redes sociales, la expresión –ya desgastada– ha adquirido un nuevo y profundo significado, puesto que las personas comunes y silvestres hemos introducido a estos seres incorpóreos de tal modo en nuestras vidas que ya no podemos existir sin ellos.

Ya no se trata solo de los famosos y su público anónimo. Ahora, cada vez más gente con acceso a Internet hace de los “amigos invisibles” una opción de desahogo y compañía, mientras que las relaciones de amistad con personas de carne y hueso van siendo relegadas por el peso de las realidades cotididanas.

Así, el ama de casa, el empleado, el adolescente, el empresario, el comerciante, el profesional, el estudiante, el profesor, dedican al menos una pequeña parte de su día a comunicarse con personas la mayoría desconocidas, y ese intercambio viene a ser, no pocas veces, la más rica permuta social empática que tienen estos usuarios a lo largo del día, aparte de su entorno más allegado, pero a un costo bajísimo.

Sin desplazarse físicamente y a la vez que se conoce la actualidad local y global a la velocidad del rayo, navegando en redes sociales se puede expresar alegría, ira o tristeza sin tener que explicar las causas que impulsan estos sentimientos; se puede opinar, coquetear o agredir sin tener que responsabilizarse luego por las consecuencias de estas acciones; o se puede compartir catárticamente casi cualquier cosa, sin que importe qué sea o quién lo vea.

Los invisibles, por otra parte, carecen de los defectos de los interlocutores corpóreos: no requieren demasiados formalismos de lenguaje ni interacciones más allá de la mínima reciprocidad (a veces ni eso); no nos exigen complicadas formas de presentación –podemos estar desnudos, en pijama o acostados en nuestras camas mientras nos comunicamos– y no nos juzgan por nuestra apariencia física (a menos que así lo queramos).

Para relacionarnos con estos amigos no necesitamos ni siquiera expresarnos con nuestras propias palabras. Podemos copiar, repasar, dar “RT”, “RB”, “RP” y mil variantes parecidas, o decir “me gusta” a cosas cuyo origen se pierde en una espiral de transferencia tan insondable cuanto los números naturales o el espacio sideral.

Con estas amistades se puede llegar a experimentar auténtica afinidad, a pesar de que no se haya tenido la más mínima intimidad y aunque la permuta sea tan fugaz como el acto de pasar junto a una persona en la calle.

Si bien se está dentro de un flujo unívoco de informaciones (la red), el mensaje es, la mayor parte del tiempo, unilateral, semejante al monólogo, lo que permite al emisor sentirse con libertad suficiente para articular y manifestar las propias ideas sin censura o comedimientos.

Un plus de tal esquema comunicacional es la ilusoria impresión de que las personas se vuelven “populares” o “más interesantes” por exhibir un grueso número de amigos o seguidores virtuales, sin necesidad de que posean una imagen pública mediatizada (los verdaderamente famosos suelen tener listas inmensas).

Exentos de conveniencias y de estructuras jerárquicas aplastantes, tenemos el derecho absoluto de clasificar y rotular a nuestros “amigos” por las cosas que publican, por la forma cómo lo hacen o por los intercambios minimalistas que tengamos con ellos.

Si una cierta expresión, un material publicado, un comentario inapropiado (o la falta de ellos, todos los motivos son válidos), nos desagrada por cualquier peregrina razón, podemos deshacernos del invisible con la misma rapidez con que lo hicimos parte de nuestra red.

Bloqueo, unfollow y restricciones de todo tipo son herramientas eficaces a la hora de alejar una amistad virtual, aunque hayamos compartido meses o años de leernos mutuamente, aunque hayamos intercambiado mensajes con fruición o, inclusive, aunque hayamos tenido el ánimo suficiente para conocernos cara a cara a través de una videocámara.

Incluso los conocidos de la vida real, si figuran entre nuestros amigos virtuales, pueden pasar por la picota con la facilidad de un estornudo. “Es mi página”, argumentamos.

Tan invisibles pueden llegar a ser los amigos virtuales que, al terminar con ellos, a veces no nos queda ni el recuerdo de sus nombres, pues éstos suelen cambiar constantemente al igual que las imágenes con las que los identificamos (avatares).

Poco se parecen estos amigos invisibles a aquellos que nombraba Uslar Pietri. Los de hoy son más bien los “amigos grano de arena”, “amigos peces” en un mar vertiginoso que nunca acaba, colegas de un autobús cotidiano hacia el conocimiento de todo lo inmediato. ¡Vaya que son imprescindibles!

Nuestros amigos incorpóreos nos introducen en aquel “sentimiento oceánico” de que hablaba Freud, pero ahorrándonos la bofetada de la convivencia, evitándonos preámbulos y moralejas, permitiéndonos expresar nuestro humano egoísmo en modo fast y con la mayor libertad posible. Y por si fuera poco, no nos fallan nunca: están allí siempre, siempre, siempre.

lunes, 27 de junio de 2011

Juventude transviada

Luiz Melodia

Lava roupa todo dia, que agonia
na quebrada da soleira, que chovia
até sonhar de madrugada
uma moça sem mancada
uma mulher não deve vacilar

Eu entendo a juventude transviada
e o auxílio luxuoso de um pandeiro
até sonhar de madrugada
uma moça sem mancada
uma mulher não deve vacilar

Cada cara representa uma mentira
nascimento, vida e morte, quem diria
até sonhar de madrugada
uma moça sem mancada
uma mulher não deve vacilar

Hoje pode transformar 
e o que diria a juventude
um dia você vai chorar
vejo claras fantasias



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Del LP Maravilhas contemporâneas, 1976.

jueves, 28 de abril de 2011

Baudeleriana

Gonzalo Rojas

Astucias que le son y astucias que no le son
dijera Ovidio: los tacones
le son, ojalá altos, lo bestial
visible, los pezones, no importa
lo exiguo del formato, el beso
bien pintado, parisino
el aroma, azulosos
sin exceso los párpados, sigiloso
el zarpazo drogo y longilíneo
de su altivez, visionario
el fulgor, especialmente eso, visionario el fulgor.

Y claro, áureos los centímetros
ciento setenta del encanto
del tobillo a las hebras
torrenciales del pelo. -"Piénsese
irrumpe entonces a esa altura Borges con asfixia, ¿quién
sino el Aleph pudiera entera esquiza y
bestia así olfatear, besarla en el hocico,
durarla, perdurarla en su enigma, airearla,
mancharla por lo hondo hasta serla, al galope
tendido del tedio? ¿Quién,
especialmente eso, la hartara?"

Especialmente nada, muchachos, ¡videntes
de otra edad! ¡Borges,
Publio Ovidio!, nada: lo cierto
es que no hay nada, salvo
cada 28, sangre
de parir y ese es el juego. De ahí vinimos viniendo los
poetas malheridos aullando
mujer, gimiendo
hermosura, Eternidad
que no se ve: especialmente eso, muchachos,
que no se ve.

París, Noviembre 2003

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Del poemario Esencial, 104 poemas y otros textos, 2005.

sábado, 23 de abril de 2011

La humedad de las niñas

José Agustín Goytisolo

Es una cosa triste la gente no lo sabe.
Es un lametón ciego una mano sudada
un agujero blanco tal un traje de muerta
que aparece de pronto saltando por las casas
por las calles por todo. Es una cosa enorme.

Las niñas palidecen al llegar el otoño.
Palidecen y tiemblan y atrás queda el verano
las risas las canciones
y alguna cinta roja partida y olvidada.

Las niñas están quietas solas y quietas. Frías.
Y se ponen mojadas.
Se van poniendo flacas y mojadas por dentro
mientras que todo el mundo comenta y reacciona.

El invierno está cerca se dice de continuo
se preparan abrigos se proyectan estufas
y las bellas parejas contra el amor del fuego
dicen… ¡ay dios quién sabe se dicen tantas cosas!

Porque el mundo camina gira canta rodea
las estaciones tiemblan delante de los trenes
surgen y cesan vientos se extienden las noticias
los ministros prosiguen su inodora tarea
y hay en ciertos lugares murmullos y oraciones.

Pero a pesar de todo
a pesar de las voces que anuncian buenas nuevas
a pesar de la risa que tienen los mayores
a pesar del abrazo de la gloria de un beso
y del fuego cumplido que deshace la escarcha
las niñas tienen frío palidecen las pobres
y están tristes pues saben que por todo el invierno
se irán poniendo feas frias y mojadas.

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Del poemario Salmos al viento, 1980.

sábado, 5 de febrero de 2011

Viñeta: Mujeres egipcias




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Cada vez que veo en la televisión imágenes de la revuelta popular en Egipto me siento culpable por lo poco que sé de ese país del norte de África, que se me antoja tan lejano. Y eso que en Egipto están las ruinas de una antigua civilización que ha sido estereotipada, comercializada y explotada iconográficamente por nuestra sociedad de consumo. Al ver los reportes de agencias de noticias, justamente en las ciudades que albergan las ruinas, pude constatar que las mujeres egipcias participan activamente en las protestas contra Mubarak. Vestidas con sus velos y burkas, gritan duro y con vehemencia. Quisiera que alguien me comentara en qué se parecen a sus antepasadas de aquellas antiguas historias.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Elogio de diciembre

José Ramón Medina

Oh mes liviano y transparente,
tiempo de luz y soledad.
Por tu aromado nombre mi palabra
viste de gracia tu cantar.

La novia sueña en almenas
el viaje de amor, la brevedad
del tiempo, del aroma,
el alto cielo delgado del rosal.

Y la madre levanta su añoranza
a los pies de tu nombre matinal,
y en tu tiempo sin mancha ella se mira
como en limpio cristal.

Tu estás aquí, raudo diciembre,
antiguo corazón de claridad.
Labrándome el perfume de los sueños
con tu fresco trigal.

Yo soy un niño que suspira
por lo que ha de llegar,
por lo que vino y fue mi vida,
dulzura y levedad.

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De Rumor sobre diciembre, 1947. A pesar de las fiestas, el último mes del año es para muchos una buena ocasión para la introspección y el diálogo interior. Para mí es tan querido como mis recuerdos.