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miércoles, 13 de enero de 2016

La era del hombre

El Antropoceno comenzó a mediados del siglo XX. (Foto EFE)
EFE

Las pruebas de que la Tierra ha entrado en una nueva era geológica debido al impacto de la actividad humana son ya "abrumadoras", según un nuevo estudio elaborado por un equipo internacional de científicos liderados por la Universidad de Leicester (Inglaterra).

La entrada en esta nueva era geológica, bautizada Antropoceno, se pudo haber producido a mediados del siglo pasado y se vio marcada por el consumo masivo de materiales como el aluminio, el hormigón, los plásticos y las consecuencias de las pruebas nucleares en todo el planeta, según la investigación publicada en la revista Science.

A ello hay que sumar el incremento de las emisiones de gases que han provocado el llamado efecto invernadero, así como una invasión sin precedentes de especies en ecosistemas distintos al suyo.

Los científicos se plantean en su estudio hasta qué punto las acciones humanas registradas son medibles en los estratos geológicos y hasta qué punto esta nueva era geológica se diferencia de la anterior, el Holoceno, que comenzó hace 11.700 años, cuando se produjo el retroceso de los glaciares tras la última glaciación.

En el Holoceno las sociedades humanas aumentaron la producción de alimentos con el desarrollo de la agricultura, construyeron asentamientos urbanos y aprovecharon los recursos hídricos, minerales y energéticos del planeta.

En cambio, el Antropoceno es una época de rápidos cambios ambientales provocados por el impacto de un aumento de la población y el consumo, sobre todo tras la llamada "gran aceleración" de mediados del Siglo XX, según los investigadores.

"Los humanos llevan tiempo afectando el medio ambiente, pero recientemente se ha producido una rápida propagación mundial de nuevos materiales como el aluminio, el concreto y los plásticos, que están dejando su huella en los sedimentos", dijo en el estudio el profesor Colin Waters, del Instituto Geológico Británico.

Por su lado, Ene Zalasiewicz, científico de la Universidad de Leicester que es uno de los líderes del grupo de trabajo, aseguró que la combustión de combustibles fósiles ha diseminado por el aire partículas de cenizas por todo el mundo, a lo que hay que sumar los radionucleidos dispersados por los ensayos de armas nucleares.

"Todo esto demuestra que hay una realidad subyacente en el concepto Antropoceno", aportó por su lado Jan Zalasiewicz, también de la Universidad de Leicester y director del llamado Grupo de Trabajo Antropoceno, integrado por 24 científicos.

Según el estudio, los humanos han cambiado en tal medida el sistema de la Tierra que han dejado una serie de señales en los sedimentos y en el hielo de los polos lo suficientemente distintivas como para justificar el reconocimiento del paso a una época geológica nueva.

El Grupo de Trabajo Antropoceno se plantea este año reunir más pruebas de este cambio para ver si se puede formalizar esta nueva época y establecer recomendaciones.

Ver publicación original.

lunes, 27 de julio de 2015

Solos

Isabella Portilla

Los solitarios habitan la Tierra. Están aquí y allá. En grandes ciudades que presumen contorneados rascacielos o en pueblos olvidados de países pobres con niños malnutridos.

Están contemplando los árboles de Xiamen. Flotando en los barcos que atracan en Puerto Navarino. Esperando a ver al papa en la plaza de San Pedro. Dándoles de comer a los elefantes de Kruger. Perdidos entre la pobreza de nuestro Paimadó. Hospedados en el Caesars Palace de Las Vegas. Enterrados en Coober Pedy. O visitando por primera vez París.

Cualquier viajero puede verlos. Puede contemplar sus caras que se apoyan nostálgicas junto a la ventana cuando el avión está a punto de alzar el vuelo. Puede repararlos en los monumentos: dándole la espalda al coliseo romano, en la Opera House de Australia, en la Sagrada Familia catalana o en el Taj Mahal. Allí estarán parados solos, intentando múltiples selfies desenfocadas. O pidiéndole a un transeúnte una foto que no les gustará. Más tarde irán a alguno de los cuarenta y nueve mil McDonald’s que hay en el mundo, publicarán posts y tuits en sus redes sociales y se atragantarán retraídamente con una Big Mac.

Los solos se multiplican tras el paso de las horas. Proliferan en las iglesias cristianas, en busca de un dios benigno que les haga compañía. En los divanes de los psicoanalistas. En las cantinas, emulando la figura de un amante despechado. En las bibliotecas de las universidades extranjeras. O en las consabidas oficinas, donde sobrellevan su soledad con un horario penoso, que incluye un desabrido almuerzo laboral.

En las noches inhóspitas, bajo el tenue reflejo de las estrellas lejanas, se oyen sus gritos de placer. Son ellos, que, extasiados, se consuelan con videos eróticos o con el vibrador de pila recargable. Con sus manos. Con otro cuerpo solitario. O con la castidad que les demanda su religión: la misma que les promete como premio el cielo.

El mundo no los detiene. Al contrario, parece obstinado en alentarlos. La tecnología les sustituye el contacto carnal por epidemias cibernéticas repletas de nicknames. Los arquitectos les fabrican cada vez más y más espacios unipersonales. El éxito empresarial les estimula su condición. El consumo les ofrece damas de compañía: barbitúricos, alcohol, juegos de azar o sexo al por menor. Así, los solitarios siguen transitando sus caminos condenados a la mayor impiedad divina: pese a nacer solos y a morir solos, jamás podrán vivir en soledad.
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Publicado por El Espectador el 26-7-2015.
http://www.elespectador.com/noticias/cultura/solos-articulo-575220