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viernes, 10 de marzo de 2023

Remordimiento por cualquier muerte

Jorge Luis Borges

Libre de la memoria y de la esperanza,
ilimitado, abstracto, casi futuro,
el muerto no es un muerto: es la muerte.
Como el Dios de los místicos,
de Quien deben negarse todos los predicados,
el muerto ubicuamente ajeno
no es sino la perdición y ausencia del mundo.
Todo se lo robamos,
no le dejamos ni un color ni una sílaba:
aquí está el patio que ya no comparten sus ojos,
allí la acera donde acechó su esperanza.
Hasta lo que pensamos podría estarlo pensando él también;
nos hemos repartido como ladrones
el caudal de las noches y de los días.
 
En Fervor de Buenos aires, 1923.

viernes, 27 de febrero de 2015

Elogio de la sombra

Jorge Luis Borges

La vejez (tal es el nombre que otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y el alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que aún no son la tiniebla.
Buenos Aires
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida
fueron demasiadas las cosas:
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele,
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de textos que hay en la tierra
sólo habré leído algunos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas, llego a mi centro,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

……………………….
El poemario Elogio de la sombra fue publicado en 1969. He decidido adoptar el hashtag #viernesdepoesía, al igual que lo hice con #martesdecuentos.

jueves, 28 de agosto de 2014

viernes, 18 de julio de 2014

Algunos poemas de Alfonsina Storni

EL ENGAÑO

Soy tuya, Dios lo sabe por qué, ya que comprendo
que habrás de abandonarme, fríamente, mañana,
y que bajo el encanto de mis ojos, te gana
otro encanto el deseo, pero no me defiendo.

Espero que esto un día cualquiera se concluya,
pues intuyo, al instante, lo que piensas o quieres.
Con voz indiferente te hablo de otras mujeres
y hasta ensayo el elogio de alguna que fue tuya.

Pero tú sabes menos que yo, y algo orgulloso
de que te pertenezca, en tu juego engañoso
persistes, con un aire de actor del papel dueño.

Yo te miro callada con mi dulce sonrisa,
y cuando te entusiasmas, pienso: no te des prisa.
No eres tú el que me engaña; quien me engaña es mi sueño.

De Ocre, 1925.

…….

HOMBRE PEQUEÑITO

Hombre pequeñito, hombre pequeñito,
Suelta a tu canario que quiere volar.
Yo soy tu canario, hombre pequeñito,
Déjame saltar.

Estuve en tu jaula, hombre pequeñito,
Hombre pequeñito que jaula me das.
Digo pequeñito porque no me entiendes
Ni me entenderás.

Tampoco te entiendo, pero mientras tanto
Ábreme la jaula, que quiero escapar;
Hombre pequeñito, te amé media hora,
No me pidas más.

De Irremediablemente, 1919.

………

PESO ANCESTRAL

Tú me dijiste: no lloró mi padre;                                       
Tú me dijiste: no lloró mi abuelo;        
no han llorado los hombres de mi raza,        
eran de acero.       
Así diciendo te brotó una lágrima        
y me cayó en la boca; mas veneno     
yo no he bebido nunca en otro vaso así pequeño.    
débil mujer, pobre mujer que entiende,        
dolor de siglos conocí al beberlo.        
Oh, el alma mía soportar no puede     
todo su peso.

De Irremediablemente, 1919.

viernes, 13 de septiembre de 2013

Como la cigarra

Letra: María Elena Walsh
Interpretación: Mercedes Sosa

Tantas veces me mataron,
tantas veces me morí,
sin embargo estoy aquí 
resucitando.

Gracias doy a la desgracia
y a la mano con puñal,
porque me mató tan mal
que seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra,
después de un año bajo la tierra,
igual que el sobreviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces me borraron,
tantas desaparecí,
a mi propio entierro fui
solo y llorando.

Hice un nudo en el pañuelo
pero me olvidé después
que no era la única vez
y seguí cantando.

Cantando al sol como la cigarra,
después de un año bajo la tierra,
igual que el sobreviviente
que vuelve de la guerra.

Tantas veces te mataron,
tantas resucitarás
cuántas noches pasarás
desesperando.

Y a la hora del naufragio
y a la de la oscuridad
alguien te rescatará,
para ir cantando.

Cantando al sol como la cigarra,
después de un año bajo la tierra,
igual que el sobreviviente
que vuelve de la guerra.



...........................
Del disco Serenata para la tierra de uno, 1979.

lunes, 10 de junio de 2013

No se puede vivir del amor

Andrés Calamaro

No se puede vivir del amor,
no se puede vivir del amor
le dijo un soldado romano a Dios.

No se puede vivir del amor.
no se puede comer al amor,
las deudas no se pueden pagar con amor,
una casa no se puede comprar con amor,
nunca es tarde para pedir perdón.

No se puede, no se puede vivir del amor,
no se puede vivir del amor,
lo dijo la chica que te dijo que no,
no se puede vivir del amor.

No se puede vivir del amor,
una guerra no se puede ganar con amor
le dijo Romeo a Julieta en el balcón,
no se puede vivir del amor.

¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?
¿Por qué cantamos canciones de amor?
Si suena mal y nunca tienen razón,
no se puede vivir del amor.

No se puede, no se puede vivir del amor,
no se puede vivir del amor.
No todos los problemas son 
sexo, drugs & rock and roll,
no se puede vivir del amor.

No se puede vivir del amor,
no se puede vivir del amor
le dijo un soldado romano a Dios.

No se puede vivir del amor,
qué difícil que es vivir sin amor,
pero sin fortuna es mucho peor
lo dijo Pepe por el televisor.

No se puede, no se puede vivir del amor,
no se puede vivir del amor
ni de las drogas, las mujeres y el doctor
no se puede vivir del amor.

Es tan fácil perder la razón,
no se puede vivir del amor,
no se puede vivir del amor,
no se puede cantar por amor.

Me metí por vena una botella de alcanfort
y me olvidé la letra de esta canción.
No se puede vivir del amor,
no se puede vivir del amor.


................................
Canción de 1992 lanzada en el disco Una década perdida, incluido en la serie Inéditos + rarezas + canciones (1998). 

sábado, 2 de marzo de 2013

A un gato

Jorge Luis Borges

No son más silenciosos los espejos
ni más furtiva el alba aventurera;
eres, bajo la luna, esa pantera
que nos es dado divisar de lejos.
Por obra indescifrable de un decreto
divino, te buscamos vanamente;
más remoto que el Ganges y el poniente, 
tuya es la soledad, tuyo el secreto.
Tu lomo condesciende a la morosa
caricia de mi mano. Has admitido,
desde esa eternidad que ya es olvido,
el amor de la mano recelosa.
En otro tiempo estás. Eres el dueño
de un ámbito cerrado como un sueño.

................................
De El oro de los tigres, 1972.

jueves, 7 de febrero de 2013

Buenas y malas ondas

Pablo Capanna

Convencidos de que estaba científicamente demostrado que escuchar música de Mozart hacía a los niños más inteligentes, los gobernadores de varios estados norteamericanos (Georgia, Dakota del Sur, Texas, Tenne-ssee y Florida) dispusieron que Salud Pública le obsequiara un casete mozartiano a todas las madres primerizas, para que acostumbraran a sus niños a escucharlo. Por su parte, la Academia Nacional de Artes y Ciencias donó millones de grabaciones a hospitales, maternidades y sanatorios. Se esperaba que ese aporte contribuyera a formar una generación más brillante y sana que todas las anteriores.

Es muy difícil negar que la música de Mozart, Bach, Telemann o Vivaldi puede hacerles bien a muchos, y es casi seguro que no le hará daño a nadie. Es muy probable que ayude a reducir la ansiedad, y a lo sumo les dará sueño a quienes tengan otros gustos. Pero es difícil imaginar que alguien pueda ponerse violento al oírla, a menos que sea un psicópata como el protagonista de La naranja mecánica, que se excitaba con Beethoven, o aquel coronel de Apocalypse Now, que se enardecía con Wagner.

De hecho, lo único que a esta altura parece estar razonablemente probado es que las composiciones de Mozart tienen efectos positivos sobre pacientes epilépticos o con Alzheimer, aunque ésa no sea la única música que lo consigue. En cambio, sería útil investigar qué hace la música tecno de muchos decibeles combinada con alcohol y drogas, o los efectos de la cumbia combinada con el celular sobre los conductores de autos, pero eso es un tema de salud pública.

El efecto Mozart

La moda del Mozart terapéutico nació en 1993 con una experiencia acerca de la cual informó la prestigiosa revista Nature. La investigación la habían llevado a cabo dos científicos estadounidenses, el neurobiólogo Gordon Shaw y la psicóloga cognitiva Frances Rauscher.

Shaw venía de realizar estudios sobre las áreas del hemisferio derecho cerebral, donde se localizan la sensibilidad musical y el razonamiento espacial. Entre otras cosas, había observado que la secuencia con que se disparan las neuronas tenía una estructura similar a las composiciones del Barroco europeo y la música clásica de la India. Shaw pensó que la música podía tener algún efecto sobre las habilidades cognitivas espaciales.

Rauscher y Shaw llevaron a cabo su experiencia con 36 estudiantes divididos en tres grupos. Al primero le hicieron escuchar durante diez minutos la Sonata dos para pianos en re mayor K.448 de Mozart, que es una pieza con mucho brío, mientras que al segundo le pasaron una cinta con sonidos para la relajación y al tercero lo mantuvieron en silencio.

Al finalizar la prueba se sometió a los tres grupos a un test de razonamiento espacial, que consistía en imaginar cómo quedaría un papel tras someterlo a varios pliegues y cortes. Como resultado, se registró un aumento del cociente intelectual en el grupo que había estado escuchando el concierto. El efecto, sin embargo, apenas duró unos minutos y no volvió a presentarse en las pruebas siguientes.

En 1995, Rauscher y Shaw repitieron la experiencia con 79 estudiantes. Esta vez también les hicieron escuchar Mozart, aunque reemplazaron el disco de relajación por música de Philip Glass. Esta vez lograron corroborar los resultados anteriores, pero eso no pudo lograrse en otros laboratorios. Pruebas similares realizadas con ratas tampoco arrojaron resultados significativos. Para colmo, las que se hicieron con simios dieron un resultado opuesto, ya que los monos que habían escuchado a Mozart terminaron siendo los más torpes.

Otros investigadores que quisieron repetir la experiencia, usando una metodología distinta para medir la inteligencia (la escala Raven en lugar de Stanford-Binet) no registraron ningún incremento.

Desde entonces quedó abierto un debate que no acabó de cerrarse. El “efecto Mozart” no pudo ser reproducido, a pesar de que su popularización indujo a muchos a intentarlo, pero tampoco pudo ser refutado definitivamente.

Rauscher, que además de psicóloga es concertista de cello, se apresuró a sacar como conclusión que estudiar música podía ser más eficaz que tomar cursos de computación para ejercitar la inteligencia. En realidad, de lo que se trataba no era de componer o ejecutar música, algo que sin duda está relacionado con la inteligencia, sino apenas de escucharla.

Con todo, Rauscher nunca dejó de lamentar públicamente el abuso que hizo de sus trabajos Don Campbell, un crítico musical que registró la marca “efecto Mozart”. Campbell montó en torno de ella toda una seudociencia, muy explotada por la industria discográfica y por algunos colegios que trataban de atraer clientes con promesas de excelencia. Sin contar con ningún otro fundamento, Campbell sentenció que la música de Mozart ayudaba al crecimiento y aceleraba el desarrollo físico, intelectual y emocional. Por eso recomendaba que las madres se acostumbraran a escucharla durante el embarazo.

Entre las preguntas obvias que se le ocurren a cualquier lego, sin ser experto en música ni en neurología, las hay como éstas: si la música de Mozart es tan sana, ¿por qué su autor anduvo tantas veces enfermo? ¿Habrá quien piense que mirar fútbol por TV ayuda a desarrollar las habilidades de Messi? ¿O más bien reforzará las de Homero Simpson?

Algunas investigaciones de esta línea indican que la música de Mozart sólo es única por su genialidad. En cuanto a estructura, la música new age de Yanni y las composiciones de Philip Glass se le parecen mucho, pero no producen los mismos efectos.

Un estudio emprendido por un organismo alemán de salud pública llegó a la conclusión de que el efecto Mozart, si existe, está lejos de haber sido corroborado; que escuchar buena música no hace más inteligente a nadie (y ni siquiera es una prueba de inteligencia, por más que lo crean los melómanos) y que siempre es mejor aprender a tocar un instrumento que limitarse a escucharlo.

El “efecto” tampoco fue muy bien tratado en Viena, donde Mozart es parte del panteón nacional. Una experiencia realizada con miles de sujetos también llegó a conclusiones negativas. El informe, irónicamente titulado “Réquiem de Mozart”, consideró que escuchar cualquier música con el mínimo de armonía y hasta leer un cuento pueden influir en el rendimiento intelectual, en cuanto ayudan a concentrarse. Después de todo, Einstein tocaba el violín. Con un criterio similar, varios países han incluido el ajedrez en el curriculum escolar, como una suerte de educación lógica y estratégica.

Lo que está claro es que, aunque no levante el cociente intelectual, la música no hace daño. Siempre que no nos obliguen a escucharla y en cuanto se mantenga dentro de los volúmenes aceptables para el oído normal. Pero no siempre es así.

Música satánica

En una era que le ha puesto fondo musical a todos los aspectos de la vida, abundan las creencias vinculadas con la música. Hay quienes están convencidos de que ciertos discos de rock pesado contienen mensajes satánicos subliminales que aparecerían tras un prolijo trabajo de desciframiento, pero es algo que tampoco ha sido comprobado.

En cambio, conocemos un uso satánico de la música popular (y quizá también de la culta, según los gustos del verdugo) que algunas mentes perversas han convertido en arma de guerra y hasta instrumento de tortura.

Lamentablemente, cualquier cosa está expuesta a corromperse, conforme a la ley de la degradación entrópica. Si las instituciones, la filosofía y la religión se pervierten, ¿por qué eso no iba a ocurrir con la ciencia y el arte? Claro que no siempre es fácil señalar a los culpables y hacerlos responsables cuando ignoran para qué va a ser usado su trabajo y creen ingenuamente que están haciendo ciencia.

Si se me ocurre recordar esto es porque en los mismos años en que mucha gente soñaba con hacer más inteligentes a sus hijos gracias a la música clásica, otros estaban diseñando instrumentos que permitirían usar la música para dañar, matar o enloquecer. De este modo se pervertían dos pájaros de un tiro (el arte y la ciencia), siempre en nombre de la cultura occidental y los valores democráticos.

Históricamente, no era la primera vez que el sonido y la música habían sido usados para intimidar al enemigo y enardecer a las tropas. Basta recordar el haka de los maoríes, los tambores de guerra, las marchas militares o el bombo militante.

Los avances logrados por las tecnologías de grabación, procesamiento y reproducción del sonido han permitido darle una vuelta más siniestra al asunto. Fue cuando el sonido de instrumentos y voces pudo ser amplificado, distorsionado y usado para forzar al enemigo a rendirse o confesar.

Según leemos en un notable informe de la musicóloga Suzanne G. Cusick que circula por Internet, el primer paso de esta ofensiva fue dado en 1989, en la invasión yanqui a Panamá. Durante varios días y noches, la Embajada del Vaticano, donde se había refugiado No-riega, fue sometida a un intenso bombardeo acústico con música heavy metal. Cualquiera diría que era una violación de los derechos de un Estado neutral pero Bush creía, como Stalin, que el Vaticano no tiene divisiones blindadas. A punto de volverse loco, el embajador persuadió al dictador para que se entregara.

Desde entonces data el uso de las armas sónicas, desarrolladas por empresas contratistas del Ministerio de Defensa norteamericano que están al servicio de la Fuerza de Tareas Conjunta para las Armas No Letales, creada en 1997. Una de las primeras fue el arma de infrasonido producida en 1998, que provoca dolor de oídos, sangrado de nariz, rotura de tímpanos, lesiones pulmonares y puede llegar a matar.

La música fue usada para provocar dolor y destruir la personalidad de los prisioneros en Irak y en Guantánamo. Formaba parte del curriculum de la tristemente célebre Escuela de las Américas de Panamá, donde se formaron muchos torturadores del Cono Sur, incluyendo los argentinos.

Los objetivos de esta “violencia sin contacto” son provocar miedo, privar del descanso, demoler el ego y destruir la subjetividad. Lo más dramático es que los estudios que fundamentan esta práctica fueron financiados por la CIA y se realizaron con personal académico de las universidades de Cornell y Yale. Insospechables investigadores se ocuparon de estudiar el dolor autoinducido, los efectos de la humillación y la capacidad para causar dolor en otros. Todo con voluntarios orgullosos de pagarse su matrícula colaborando con la ciencia, sin preguntar demasiado. Algo parecido había ocurrido con los químicos que en tiempos de la guerra de Vietnam se rebelaron al descubrir que estaban desarrollando tecnología letal. Pero esta vez nadie reaccionó.

El género de música más usado para intimidar y torturar es el rock pesado, especialmente de Metallica y AC/DC, lo cual parecería obvio considerando su carga de violencia. Pero el menú de Guantánamo comprende temas del pop más inocuo, como Christina Aguilera, Britney Spears y Eminem. En Etiopía, a un detenido lo obligaron a escuchar rap durante 20 horas y otro fue torturado con las canciones infantiles de Barney el Dinosaurio.

Un oficial de las tropas de ocupación de Irak explicó que el comando no tenía preferencias en cuanto a géneros musicales. Para elaborar el menú musical habían dado “vía libre a los soldados, porque tenemos gente muy joven tomando decisiones”. Eso era lo que entendía por “juventud maravillosa”...

Lo dramático es que los temas que los soldados elegían para hacer sufrir a sus víctimas eran los mismos que ellos escuchaban, supuestamente para sentirse bien. Toda una definición del sadomasoquismo, ahora elevado a la dignidad de estrategia.

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Publicado por Página/12 el 2-2-2013.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-2807-2013-02-07.html

martes, 30 de octubre de 2012

Una mirada a Alfa Centauri

Mariano Ribas

Desde todo punto de vista, Alfa Centauri es una estrella sumamente especial. Y eso es lo que le da a este notable descubrimiento un sabor único. Por empezar, se trata de la estrella más cercana al Sol: está a sólo 4,3 años luz. Muy poco en términos interestelares. Pero muchísimo para nuestras modestas escalas cotidianas: son 41 billones (millones de millones) de kilómetros (1 año luz son casi 10 billones de kilómetros). ¿Difícil de asimilar? Usemos escalas: si el Sol estuviese a un metro de la Tierra, Alfa Centauri estaría a unos 275 kilómetros de ambos. Sin ninguna otra estrella en el medio.

Alfa Centauri vista desde Córdoba.
Pero hay más: Alfa Centauri es la tercera estrella más brillante del cielo nocturno (sólo superada por las magníficas Sirio y Canopus). Un verdadero faro del firmamento austral que, como su nombre lo indica, es la principal luminaria de la constelación del Centauro. Y se la ve muy cerca de la mismísima Cruz del Sur. Justamente: junto a su compañera (aparente) en el cielo, Beta Centauri, ambas “señalan” a esa pequeña, pero brillante constelación, insignia del cielo de nuestro hemisferio. Esta foto, tomada en las sierras de Córdoba, muestra cómo se ve a ojo desnudo toda esa región celeste.

A propósito de esto último: además de cercana y brillante, Alfa Centauri es más de lo que parece a simple vista. En 1752, el astrónomo francés Nicolas Louis de Lacaille, desde Sudáfrica, apuntó un pequeño telescopio a la luminosa estrella y para su sorpresa, se encontró con dos puntos de luz casi pegados: Alfa Centauri A y Alfa Centauri B. La primera es una estrella blanco-amarillenta, un poco (10-20 por ciento) más grande y luminosa que el Sol. Y la segunda es amarillo-anaranjada, un poco más chica que el Sol, y con la mitad de su brillo. Alfa Centauri A y B giran en torno de un centro de masa común, con un período orbital de 80 años. Juntas forman un sistema estelar binario. Pero probablemente sean tres: en 1915, el británico Robert Innes descubrió a Próxima Centauri, una modestísima estrella enana roja (la especie estelar más humilde, y a la vez más abundante), ubicada en el cielo a un par de grados del par A-B. Y que, al parecer, gira en torno de ambas, siguiendo una órbita inmensa de medio millón de años. Próxima Centauri está un poco más cerca de nosotros: a 4,2 años luz del Sistema Solar (pero es tan pálida que para verla hace falta un telescopio y una buena carta celeste).

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Publicado por Página/12 el 27-10-2012.

martes, 23 de octubre de 2012

El Aleph (fragmento)

Jorge Luis Borges

A partir del viernes a primera hora, empezó a inquietarme el teléfono. Me indignaba que ese instrumento, que algún día produjo la irrecuperable voz de Beatriz, pudiera rebajarse a receptáculo de las inútiles y quizá coléricas quejas de ese engañado Carlos Argentino Daneri. Felizmente, nada ocurrió -salvo el rencor inevitable que me inspiró aquel hombre que me había impuesto una delicada gestión y luego me olvidaba.

El teléfono perdió sus terrores, pero a fines de octubre, Carlos Argentino me habló. Estaba agitadísimo; no identifiqué su voz, al principio. Con tristeza y con ira balbuceó que esos ya ilimitados Zunino y Zungri, so pretexto de ampliar su desaforada confitería, iban a demoler su casa.

-¡La casa de mis padres, mi casa, la vieja casa inveterada de la calle Garay! -repitió, quizá olvidando su pesar en la melodía.

No me resultó muy difícil compartir su congoja. Ya cumplidos los cuarenta años, todo cambio es un símbolo detestable del pasaje del tiempo; además, se trataba de una casa que, para mí, aludía infinitamente a Beatriz. Quise aclarar ese delicadísimo rasgo; mi interlocutor no me oyó. Dijo que si Zunino y Zungri persistían en ese propósito absurdo, el doctor Zunni, su abogado, los demandaría ipso facto por daños y perjuicios y los obligaría a abonar cien mil nacionales.

El nombre de Zunni me impresionó; su bufete, en Caseros y Tacuarí, es de una seriedad proverbial. Interrogué si éste se había encargado ya del asunto. Daneri dijo que le hablaría esa misma tarde. Vaciló y con esa voz llana, impersonal, a que solemos recurrir para confiar algo muy íntimo, dijo que para terminar el poema le era indispensable la casa, pues en un ángulo del sótano había un Aleph. Aclaró que un Aleph es uno de los puntos del espacio que contienen todos los puntos.

-Está en el sótano del comedor -explicó, aligerada su dicción por la angustia-. Es mío, es mío: yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar. La escalera del sótano es empinada, mis tíos me tenían prohibido el descenso, pero alguien dijo que había un mundo en el sótano. Se refería, lo supe después, a un baúl, pero yo entendí que había un mundo. Bajé secretamente, rodé por la escalera vedada, caí. Al abrir los ojos, vi el Aleph.

-¿El Aleph? -repetí.

-Sí, el lugar donde están, sin confundirse, todos los lugares del orbe, vistos desde todos los ángulos. A nadie revelé mi descubrimiento, pero volví. ¡El niño no podía comprender que le fuera deparado ese privilegio para que el hombre burilara el poema! No me despojarán Zunino y Zungri, no y mil veces no. Código en mano, el doctor Zunni probará que esinajenable mi Aleph.

Traté de razonar.

-Pero, ¿no es muy oscuro el sótano?

-La verdad no penetra en un entendimiento rebelde. Si todos los lugares de la tierra están en el Aleph, ahí estarán todas las luminarias, todas las lámparas, todos los veneros de luz.

-Iré a verlo inmediatamente.

Corté, antes de que pudiera emitir una prohibición. Basta el conocimiento de un hecho para percibir en el acto una serie de rasgos confirmatorios, antes insospechados; me asombró no haber comprendido hasta ese momento que Carlos Argentino era un loco. Todos esos Viterbo, por lo demás… Beatriz (yo mismo suelo repetirlo) era una mujer, una niña de una clarividencia casi implacable, pero había en ella negligencias, distracciones, desdenes, verdaderas crueldades, que tal vez reclamaban una explicación patológica. La locura de Carlos Argentino me colmó de maligna felicidad; íntimamente, siempre nos habíamos detestado.

En la calle Garay, la sirvienta me dijo que tuviera la bondad de esperar. El niño estaba, como siempre, en el sótano, revelando fotografías. Junto al jarrón sin una flor, en el piano inútil, sonreía (más intemporal que anacrónico) el gran retrato de Beatriz, en torpes colores. No podía vernos nadie; en una desesperación de ternura me aproximé al retrato y le dije:

-Beatriz, Beatriz Elena, Beatriz Elena Viterbo, Beatriz querida, Beatriz perdida para siempre, soy yo, soy Borges.

Carlos entró poco después. Habló con sequedad; comprendí que no era capaz de otro pensamiento que de la perdición del Aleph.

-Una copita del seudo coñac -ordenó- y te zampuzarás en el sótano. Ya sabes, el decúbito dorsal es indispensable. También lo son la oscuridad, la inmovilidad, cierta acomodación ocular. Te acuestas en el piso de baldosas y fijas los ojos en el decimonono escalón de la pertinente escalera. Me voy, bajo la trampa y te quedas solo. Algún roedor te mete miedo ¡fácil empresa! A los pocos minutos ves el Aleph. ¡El microcosmo de alquimistas y cabalistas, nuestro concreto amigo proverbial, el multum in parvo!

Ya en el comedor, agregó:

-Claro está que si no lo ves, tu incapacidad no invalida mi testimonio… Baja; muy en breve podrás entablar un diálogo con todas las imágenes de Beatriz.

Bajé con rapidez, harto de sus palabras insustanciales. El sótano, apenas más ancho que la escalera, tenía mucho de pozo. Con la mirada, busqué en vano el baúl de que Carlos Argentino me habló. Unos cajones con botellas y unas bolsas de lona entorpecían un ángulo. Carlos tomó una bolsa, la dobló y la acomodó en un sitio preciso.

-La almohada es humildosa -explicó-, pero si la levanto un solo centímetro, no verás ni una pizca y te quedas corrido y avergonzado. Repantiga en el suelo ese corpachón y cuenta diecinueve escalones.

Cumplí con sus ridículos requisitos; al fin se fue. Cerró cautelosamente la trampa; la oscuridad, pese a una hendija que después distinguí, pudo parecerme total. Súbitamente comprendí mi peligro: me había dejado soterrar por un loco, luego de tomar un veneno. Las bravatas de Carlos transparentaban el íntimo terror de que yo no viera el prodigio; Carlos, para defender su delirio, para no saber que estaba loco, tenía que matarme. Sentí un confuso malestar, que traté de atribuir a la rigidez, y no a la operación de un narcótico. Cerré los ojos, los abrí. Entonces vi el Aleph.

Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato; empieza, aquí, mi desesperación de escritor. Todo lenguaje es un alfabeto de símbolos cuyo ejercicio presupone un pasado que los interlocutores comparten; ¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph, que mi temerosa memoria apenas abarca? Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros; Alanus de Insulis, de una esfera cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna; Ezequiel, de un ángel de cuatro caras que a un tiempo se dirige al Oriente y al Occidente, al Norte y al Sur. (No en vano rememoro esas inconcebibles analogías; alguna relación tienen con el Aleph.) Quizá los dioses no me negarían el hallazgo de una imagen equivalente, pero este informe quedaría contaminado de literatura, de falsedad. Por lo demás, el problema central es irresoluble: la enumeración, siquiera parcial, de un conjunto infinito. En ese instante gigantesco, he visto millones de actos deleitables o atroces; ninguno me asombró como el hecho de que todos ocuparan el mismo punto, sin superposición y sin transparencia. Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es. Algo, sin embargo, recogeré.

En la parte inferior del escalón, hacia la derecha, vi una pequeña esfera tornasolada, de casi intolerable fulgor. Al principio la creí giratoria; luego comprendí que ese movimiento era una ilusión producida por los vertiginosos espectáculos que encerraba. El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico estaba ahí, sin disminución de tamaño. Cada cosa (la luna del espejo, digamos) era infinitas cosas, porque yo claramente la veía desde todos los puntos del universo. Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde, vi las muchedumbres de América, vi una plateada telaraña en el centro de una negra pirámide, vi un laberinto roto (era Londres), vi interminables ojos inmediatos escrutándose en mí como en un espejo, vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó, vi en un traspatio de la calle Soler las mismas baldosas que hace treinta años vi en el zaguán de una casa en Fray Bentos, vi racimos, nieve, tabaco, vetas de metal, vapor de agua, vi convexos desiertos ecuatoriales y cada uno de sus granos de arena, vi en Inverness a una mujer que no olvidaré, vi la violenta cabellera, el altivo cuerpo, vi un cáncer en el pecho, vi un círculo de tierra seca en una vereda, donde antes hubo un árbol, vi una quinta de Adrogué, un ejemplar de la primera versión inglesa de Plinio, la de Philemon Holland, vi a un tiempo cada letra de cada página (de chico, yo solía maravillarme de que las letras de un volumen cerrado no se mezclaran y perdieran en el decurso de la noche), vi la noche y el día contemporáneo, vi un poniente en Querétaro que parecía reflejar el color de una rosa en Bengala, vi mi dormitorio sin nadie, vi en un gabinete de Alkmaar un globo terráqueo entre dos espejos que lo multiplican sin fin, vi caballos de crin arremolinada, en una playa del Mar Caspio en el alba, vi la delicada osatura de una mano, vi a los sobrevivientes de una batalla, enviando tarjetas postales, vi en un escaparate de Mirzapur una baraja española, vi las sombras oblicuas de unos helechos en el suelo de un invernáculo, vi tigres, émbolos, bisontes, marejadas y ejércitos, vi todas las hormigas que hay en la tierra, vi un astrolabio persa, vi en un cajón del escritorio (y la letra me hizo temblar) cartas obscenas, increíbles, precisas, que Beatriz había dirigido a Carlos Argentino, vi un adorado monumento en la Chacarita, vi la reliquia atroz de lo que deliciosamente había sido Beatriz Viterbo, vi la circulación de mi oscura sangre, vi el engranaje del amor y la modificación de la muerte, vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo.

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Cuento publicado en el libro del mismo nombre en 1949.

sábado, 20 de octubre de 2012

El amor después del amor

Fito Páez

El amor después del amor, tal vez,
se parezca a este rayo de sol,
y ahora que busqué
y ahora que encontré
el perfume que lleva el dolor
en la esencia de las almas,
en la ausencia del dolor,
ahora sé que ya no puedo
vivir sin tu amor.

Me hice fuerte ahí,
donde nunca vi,
nadie puede decirme quién soy,
yo lo sé muy bien, te aprendí a querer,
el perfume que lleva el dolor
en la esencia de las almas,
dice toda religión,
para mí que es el amor
después del amor….

Nadie puede y nadie debe vivir sin amor.

(bis)

Una llave por una llave, y esa llave es mi amor.
Una llave por otra llave, y esa llave es tu amor.


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El disco homónimo acaba de cumplir 20 años, aniversario que Fito celebró con un conciertazo ante 50.000 personas en Buenos Aires… De seguro hay quien, como yo, tenga especiales recuerdos de esta música.

lunes, 30 de julio de 2012

Argentina: El impacto importador

El impacto del factor internacional en la desaceleración
económica argentina es mayor que en los países
vecinos, sobre todo por Brasil.
Enrique Aschieri

La picada en punta del precio mundial de la soja motiva a algunos analistas a negar que la crisis global tenga efectos negativos para la Argentina. Por el contrario, sugieren algo así como que hemos encontrado el paraíso perdido. Es que a la fase alcista coyuntural del “yuyo” le suman un par de datos estructurales, entre ellos, por el lado de la demanda, un supuesto aumento de la clase media mundial, y el crecimiento del producto mundial que viene empujado por los países emergentes, donde vive poco más de tres cuartos de la humanidad. Mucho menos frecuentes son los análisis que hacen hincapié estructural en el lado de la oferta, particularmente el aumento del precio del petróleo por su impacto en el costo de los insumos agrícolas y el asunto de los biocombustibles. Ambas posturas, complementarias o sustitutas, como se quiera, esperan que, cuando cese el efecto de la bajísima tasa de interés norteamericana, los precios de las materias primas, aunque atenuados, continúen altos con respecto a sus estándares históricamente bajos.

Las dos posturas aceptan que se es pobre o próspero según lo que se venda en el mercado mundial sea barato o caro. En última instancia, suponen que son los precios mundiales los que determinan los ingresos nacionales. Pero con todo lo importante que es señalar esa refutable por inverosímil línea de causalidad, en el sentido que las cosas suceden exactamente al revés, lo que realmente llama la atención es el olímpico olvido de las importaciones. Un mundo en crisis es un mundo que vende a precios de liquidación. Las tensiones estructurales que sufre la Argentina en el flanco externo, por su condición de importador neto de insumos difundidos y bienes de capital, son agravadas por la coyuntura bajista y, si bien también coyunturalmente son aliviadas por el alto precio de las materias primas que vende, hablando en plata, mientras en 2011 las exportaciones crecieron 23,7 por ciento respecto de 2010, las importaciones se incrementaron el 30,8 por ciento. Además, el 35 por ciento de las exportaciones argentinas son industriales, alcanzadas entonces por la deflación mundial del rubro.

Los que ven en la crisis mundial una mera invocación gubernamental para esquivar los costos de la herida por mano propia, hecha a pura torpeza, en realidad están abogando por una devaluación a efectos de bajar los salarios, situación acentuada por el subsiguiente aumento del desempleo. Con eso se esperanzan en lograr un saldo comercial que aumente tanto por el precio de las exportaciones como por la baja de las importaciones generadas por el desempleo. Esto último no sería muy acentuado, dado que propugnan la apertura otra vez. Tal curso de los acontecimientos agrava en vez de atenuar el intercambio desigual, y la crisis lo aguarda. El viejo recurso del endeudamiento externo estará esperando su día.

En ese esquema, los buenos términos de intercambio serían buenos para nada, puesto que el eventual superávit comercial, en rigor cualquier superávit comercial, o se reabsorbe mediante el aumento de las importaciones –para lo cual tiene que haber demanda– o no se reabsorbe. En la medida que la meta gubernamental continúe empeñada en mejorar la distribución del ingreso, se ve obligada a sustituir importaciones y las tensiones y fricciones se agravarán en vez de sosegarse. De lo contrario, no muy lejos se encuentra una crisis de balanza de pagos que da espacio al reemplazo de la reacción. De manera que lo que vuelve interesante e imprescindible ahondar la industrialización es el aumento en cantidad y calidad del consumo popular para tornarlo factible y sostenido en el tiempo, y no alguna supuesta superioridad de los productos manufacturados sobre los bienes primarios, un puro espejismo.

Este es un mundo caracterizado por el desarrollo desigual y no por el desarrollo diferencial. El primero supone que el desarrollo de unos implica el subdesarrollo de los otros, y es antes que nada divergente. El segundo, que el ritmo diferente promete al final la convergencia. En el sentido de la bifurcación señalada, hace rato que el mundo se nos cayó encima. La coyuntura deflacionista de las importaciones agrava el cuadro sin que lo apoque la coyuntura inflacionista de las materias primas. La tentación del punto de vista conservador es aprovechar la bolada para intensificar la estructura del atraso. De ahí sus críticas al objetivo de edificar la base para la democracia industrial. Ningún país que a medidos del siglo XX estaba en la semiperiferia o periferia logró dejarla. No es menor el desafío que tiene por delante la Argentina.

*Profesor de Economía Internacional y de Economía Regional en la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales de Buenos Aires.

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Publicado por Página/ 12 el 29-07-2012.

domingo, 1 de julio de 2012

Tele-vote

Marcelo J. García

You have not seen anything about media influence on politics in Latin America until you have seen Mexico. As the region’s second-largest economy goes to the polls to pick a new leader tomorrow, the presidential campaign exposed more than ever before the embedded interests of some of its politicos and the media establishment, most notably the Televisa empire.

The public debate in Mexico needed some help from foreign press friends. Britain’s The Guardian published a series of documents indicating that front-runner Enrique Peña Nieto of the PRI Institutional Revolutionary Party had purchased some favorable coverage from Televisa. The Guardian said it did not have evidence about the authenticity of the documents but that “names, dates and situations” mentioned in them “lined up with events.”

Televisa is not just another television station. It is the largest media business in the Spanish-speaking world and it controls around two-thirds of programming and audience in Mexico’s broadcast television. Its kingmaker powers have been traditionally considered almighty. Peña Nieto is a relatively young politician the English-language foreign press describes as a “telegenic matinee idol,” and whose party, which a Guardian columnist dubbed as “ideologically nebulous,” seeks to reclaim power after a 12-year impasse interrupting a seven-decade command.

While the soap-opera-watching masses are likely to catapult Peña Nieto (and PRI back) to Los Pinos tomorrow, many Mexicans have voiced their anger at what they see as media manipulation in Mexican politics. Parallel to the feel-good coverage deal allegations between Televisa and Peña Nieto, a group of students organized a social-media grassroots movement targeting both PRI and Televisa. The camel’s back was broken by alleged biased coverage by Televisa of a demonstration of 131 students against Peña Nieto at a private university. The station adopted the PRI party line that the protesters were not students but political activists. The movement that followed was named #YoSoy132 (I am number 132) and replicated en masse in social media like Twitter, causing a headache or two in Peña Nieto’s winning camp. Its main demand was freedom of expression and media reform, and its main complaint was that Televisa was “imposing” Peña Nieto’s presidential bid on the Mexican public. A #YoSoy132 group staged a thank-you serenade outside The Guardian offices in London this week.
To have foreign media unearth alleged tricky media plays should be a disgrace for any country’s media system. Televisa reacted in predictable proud fashion, denying the allegations and demanding an apology from The Guardian on the grounds that the British newspaper was engaged in a “defamation campaign” against the network. Televisa has taken a reputational blow, no doubt. One Mexican voter wrote: “This Sunday, Televisa wants us all to set our clocks back 70 years.”
Televisa’s anger at The Guardian prompted a statement from the newspapers’ spokesperson saying that Televisa had been given the opportunity to tell their side of the story but had declined. In the spur of the spat with Televisa, The Guardian also resurfaced some chapters of the Mexican WikiLeaks folder. One US State Department diplomat, for instance, wrote in a cable that it was “widely accepted that the television monopoly Televisa backs the governor (Peña Nieto) and provides him with an extraordinary amount of airtime and other kinds of coverage.” The cable, signed off in September 2009, was titled: “A look at Mexico State, Potemkin village style.” The US Embassy in Mexico was also highly critical of a communications law passed after virtually no debate in 2006 to favour the status quo interests of the two main television stations, Televisa and TV Azteca. “With the campaign season in full swing, no one seems to want to upset Televisa or Azteca (which also stands to gain much from the bill) for fear of losing prime advertising slots at good prices,” reads the cable.

It remains to be seen whether this open discussion on the state of the media in Mexico could eventually lead to reform. Many of the answers will be in the polls tomorrow, but there is also a general trend toward the neutering of broadcasting monopolies that no leader — especially those hailing from the younger generations — should deny.

In the case of Argentina, for instance, the first shows of public unrest at media manipulation date back to the 2001-2002 crisis. Concrete change, policy-wise, only happened almost a decade later, when the government of President Cristina Fernández de Kirchner got Congress to pass new broadcast media legislation largest targeted at the Grupo Clarín conglomerate. The revamping of the mediascape under the terms of the new legislation has only taken baby steps. Peña Nieto’s PRI may not carry the fire of reform. But this campaign seems to have grown the roots for future changes.

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Publicado por Buenos Aires Herald el 30-6-2012.

jueves, 14 de junio de 2012

“Hay que acostumbrarse a la web que tenemos”

Mariano Blejman, París.

Se huele el poder. En el medio de la transición digital sin retorno, cuatrocientos editores de los medios más poderosos del mundo intentan comprender el cisma que ha provocado Internet en la circulación de información a nivel mundial. Durante tres días, en el Hôtel de Ville en París, se siente de una manera particular la mezcla de elefantiásicos diarios centenarios que reescriben sus métodos de producción y se apropian de una cultura que históricamente no les pertenece, la cultura digital, que aguarda en los pasillos del futuro y se prepara para trabajar de una manera inédita: el periodismo abierto, la influencia definitiva de la cultura del software libre en la cotidianidad de los medios transnacionales, y un “hashtag” que hace unos años habría sido impensable para el establishment editorial: #hackthenewsroom dicen en Twitter, hay que “hackear” las redacciones. Se huele algo de incertidumbre, también. Porque el periodismo avanza por las cuatro pantallas: la web, los teléfonos, las tabletas y los televisores y una impresión en papel que baja de manera acelerada en coincidencia con la digitalización de las sociedades.

El programa desarrollado por la Global Editors Network es una muestra clara de la importancia de los viejos y nuevos actores: Jim Roberts, de The New York Times; Peter Bale, de CNN Internacional, y Juan Luis Cebrian, director ejecutivo de El País, compartían sanguchitos y canapés con Alastair Dant, del equipo interactivo de The Guardian, los “pibes” de CartoDB, un increíble software para generar mapas interactivos, o escuchaban a Douglas Arellanes, de SourceFabric, un administrador de contenidos de licencia libre desarrollado por unos checos muy simpáticos. En la otra esquina del cuadrilátero, Dan

Green, director de acuerdos estratégicos de la Fundación Bill y Melinda Gates (sí, ¡el de Windows!), que junto a Warren Buffet crearon el fondo de inversión más grande del mundo, cerca de 50 mil millones de dólares, para realizar donaciones filantrópicas alrededor del mundo junto a Madhav Chinnappa, jefe de acuerdos estratégicos de Google, hacía de “guardián” a Krishna Bahrat, ni más ni menos que el fundador de Google News. Finalmente, corrían de abajo y peleaban por las tarjetas de los señores de corbata los nuevos emprendedores dispuestos a repensarlo todo: nuevos soportes, nuevos formatos, nuevos conceptos, nuevas plataformas para “enterarse” de cómo viene la mano.

Y en el medio de la vorágine, mientras el consultor inglés Jim Chisholm defendía la prensa escrita como modelo de negocio, aseguraba que Twitter y Facebook eran los grandes “chupadores de marcas”, decía que los medios impresos también descienden en venta porque sus editores han abandonado el papel a su suerte y mandaba a los contadores a “juntarlos en un mismo cuarto y matarlos a todos”, la poderosa platea se preparaba para presenciar el primer premio de periodismo de datos (datajournalism, en la jerga, ver recuadro) en cuya presidencia reside el prestigioso Paul Steiger, actualmente al mando del genial sitio ProPublica, antes gerente editorial de The Wall Street Journal. El periodismo de datos es un tema caliente de todas las grandes y no tan grandes redacciones vanguardistas: visualizaciones, cruces de datos, análisis de fuentes, mapas y líneas de tiempo que cuentan historias de maneras impensadas, que acaban de explotar con la salida del primer manual Data Journalism Handbook, auspiciado por la Open Knowledge Foundation y coordinado por Liliana Bounegru, del European Journalism Centre.

Una carrera por generar nuevos estándares, por producir nuevas plataformas, provocó la sensación de que se trata del momento cero del “nuevo” nuevo periodismo, que se está reinventando a una velocidad todavía no percibida por la mayoría de los editores, sobre todo en América latina. Y aquí, una vez más, otra intersección entre dos mundos que antes no se tocaban: si algo ha sido centrado, cerrado y vertical es la producción periodística que choca contra la filosofía del software libre, estimulado por organizaciones sin fines de lucro como la Fundación Mozilla, creadores del navegador Firefox. Mozilla tiene una larga tradición en la generación de estándares abiertos y ha influido fuertemente en medios tradicionales para generar herramientas de software libre, metodología que choca contra los compartimentos estancos. De allí su interés en que los grandes medios se abran hacia metodologías abiertas.

Sólo basta con mirar los números de aquellos que se dedican a producirlos en serio para saber hacia dónde va la industria: en 2015, la cantidad de usuarios de redes sociales rondará los 1700 millones de personas (contra los 1300 millones actuales) y pasará del 65 al 70 por ciento de los usuarios totales de Internet. Los datos pertenecen a una investigación dirigida por Martha Stone, gerente general de la consultora Worlds Newsmedia Network.

Pero la tendencia en tamaño del mercado móvil es mucho más auspicioso: Idate espera que pase de tres mil millones de dólares en 2012 a casi siete mil millones en 2015, mientras que en Asia pasará de 7 mil a 17 mil millones de dólares. Razón más que evidente para estudiar los comportamientos de la generación de “los inclinados”, jóvenes con el cuello encogido hacia abajo, mirando siempre hacia los dispositivos móviles: según un estudio de comScore de agosto de 2011 en Estados Unidos, los lectores usan los teléfonos móviles, las tabletas y las computadoras personales para leer las noticias de manera combinada: un pico parecido entre los tres formatos en horas de la mañana, un descenso del celular y la tableta en horario laboral (donde la gente lee las noticias en computadoras o notebooks) y un aumento ostensible al cierre del día para las tabletas. “Hay que acostumbrarse a la web que tenemos y no esperar la web que queremos”, les dijo Eric Hazan, de McKinsey & Company, a cuatrocientos poderosos editores de medios planetarios, más acostumbrados a crear la realidad que a contarla.

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Publicado por Página 12 el 10-06-2012.

lunes, 21 de mayo de 2012

Robotizando la guerra

Juan Gelman

El presidente Obama confirmó que EE.UU. ataca la zona tribal del noroeste de Pakistán con aviones no tripulados (ANT) (www.bbc.co.uk, 31112). No es una novedad desde que esa forma de intervención militar comenzó en el 2004, pero es la primera admisión oficial de su existencia. De hecho, los bombardeos con ANT se cuadruplicaron con creces bajo el gobierno estadounidense actual en relación con la era W. Bush. El Pentágono está desarrollando un nuevo tipo de guerra para evitar futuras invasiones.

Los ANT son relativamente baratos, en especial si su costo se compara con el del caza F35, el más avanzado hasta ahora que produce la Lockheed Martin: unos 300 millones de dólares cada unidad. Pueden volar largas distancias y cruzar cualquier frontera sin peligro para la tripulación, porque no la tiene, permanecer en el aire mucho tiempo y los manejan electrónicamente militares cómodamente sentados en bases que a veces están muy lejos del objetivo, por ejemplo en Nevada, EE.UU. Son capaces de despegar y aterrizar en la cubierta de los portaaviones y se trabaja en un modelo que pueda aterrizar sin control humano. No es casual que conserven un lugar destacado en los presupuestos de guerra estadounidenses pese a los recortes anunciados.

El Pentágono ha destinado bases para los ANT en buena parte del mundo: se estima que son 60, por ahora, y se conoce que algunas funcionan en Djibuti, los Emiratos Arabes Unidos, Afganistán, las islas Seychelles. El capturado en Irán prueba que también se utilizan en misiones de espionaje. Son ideales para violar espacios aéreos ajenos y, además de los paquistaníes, los vienen sufriendo los yemenitas.

Obama se apresuró a señalar que la mayoría de las víctimas causadas por los ANT en Pakistán figuraban en “una lista de terroristas” y que las bajas civiles “no son grandes”. Como, salvo excepciones, no se conocen sus identidades, puede que sí y puede que no. John Brennan, asesor principal del mandatario en materia de contraterrorismo, llegó a afirmar el año pasado que el número de muertes de civiles era igual a cero (www.latyimes.com, 29611). Hay informaciones que lo contradicen rotundamente.

La oficina de periodismo de investigación de la City University de Londres advirtió el año pasado que al menos 175 niños figuraban entre las más de dos mil víctimas de los ANT hasta ese momento (www.thebureauinvestigates.com, 10811). La institución –que durante cuatro meses llevó a cabo un trabajo de campo en Waziristán, la zona lindante con Afganistán que sobre todo padece las incursiones programadas a miles de kilómetros de distancia– subraya en sus estudios más recientes que los ataques se dirigen también a quienes procuran rescatar a los heridos, a reuniones tribales, funerales y bodas (4212). Amnesty cuestionó la legalidad de estas incursiones que violan la soberanía nacional de Pakistán. La Casa Blanca las justifica con su habitual desparpajo: “... de acuerdo con el derecho internacional, tenemos la autoridad para actuar contra Al Qaida y sus fuerzas asociadas”, dijo Brennan (www.nytimes.com, 17911). “Las fuerzas asociadas” son las mismas que entrenó y financió la CIA para expulsar a los soviéticos de Afganistán.

Hace más de tres años que Noor Behrman, nativo de Waziristán, documenta fotográficamente el impacto de los misilazos de los ANT. “A veces él llega al lugar pocos minutos después de la explosión, deja la cámara a un lado y se ocupa primero de revisar los escombros en busca de sobrevivientes. Un trabajo peligroso y desagradable. Los ANT suelen atacar de nuevo minutos después, de manera que escarbar para ver si hay heridos es arriesgado”, registra The Guardian (17711). Las conclusiones de Behram son terminantes: “Por cada 10 o 15 personas muertas, tal vez abaten a un militante. No cuento cuántos talibán han caído. Cuento cuántos niños, mujeres, gente inocente, han caído”.
Washington ensaya otro artefacto de la guerra a distancia que confiere a los bombardeos aéreos de la Primera Guerra Mundial la calidad de experiencia infantil. Este nuevo robot es el “Vehículo 2 de tecnología hipersónica”, un proyectil capaz de alcanzar un objetivo en cualquier punto del planeta en menos de una hora: estará dotado de una velocidad ocho veces superior a la del sonido y podrá volar 21.000 km en 60 minutos (www.wired.com, 171112). Para qué desperdiciar marines en la ocupación de países ajenos.

Concurren a ese fin los operativos clandestinos de las fuerzas especiales, 60.000 efectivos distribuidos en 120 naciones, es decir, casi dos tercios de los países de la Tierra (www.tomdispatch.com, 5212), que también se dedican a vulnerar soberanías nacionales convirtiéndolas en un papel usado, inútil, sin lugar.

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Publicado por Página/12 el 9-2-2012.