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martes, 22 de mayo de 2018

Un resultado multifuncional: Venezuela y el debate postelectoral ​


Ociel Alí Lopez

El resultado de las elecciones en Venezuela es multifuncional. Sirve a todos los contendientes. Se trata de resultados esperados pero sorprendieron porque abren diversos escenarios de interpretación.

A partir del mismo resultado se lee que Maduro fue reelecto con 68% de los votos, que la abstención superó el 50% –cuando las últimas cinco presidenciales apenas pasaba el 20%–, y que el candidato opositor –con apenas 21%– no reconocerá los resultados y seguirá liderando la oposición electoral. Es, pues, un resultado que parece gustar a todos.

La primera lectura, la que muestra amplia ventaja de Maduro –más de 45 puntos sobre su contendiente–, es perfecta para él, para volver a ganar, para mantener el poder y tener un nuevo argumento de legitimación: «Hubo elecciones y las gané con 68%» . La abstención no tiene basamentos legales. Es tan solo una categoría analítica. Los desconocimientos de actores externos e internos son parte de la cotidianidad del gobierno, nada excepcional que lo amilane con facilidad.

La segunda lectura –que refiere al 52% de abstención– favorece a la oposición radical. Ese porcentaje tan elevado en unas presidenciales será capitalizado especialmente por sus aliados internacionales. Aunque no sea algo influenciado únicamente por ella, implicará más presión para la ejecución de un plan de intervención, embargo o bloqueo a Venezuela.

La tercera lectura exhibe el 21% de apoyo a Henri Falcón. El candidato opositor desconoce los resultados pero podrá sobrevivir como líder de oposición electoral, aunque haya tenido un porcentaje tan magro.

Como se ve, se trata de un resultado hecho a la medida de los tres actores más importantes de la contienda, lo que deja bien parado al Consejo Nacional Electoral.

El trabajo de la maquinaria oficial es el esperado. En líneas generales, puede calificarse como muy limitado pero, al mismo tiempo, como suficiente. De hecho, logró el número de votos básicos para ganar en escenarios disímiles al resto de campañas presidenciales. Para estas sacaron 5 millones 800 mil, cuando la oposición sacó en las legislativas de 2015, 7 millones 700 mil votos. De repetir el esquema electoral de ese año y mantenerse unida como lo había logrado durante todas las presidenciales anteriores, la oposición no hubiera podido perder. Para Henri Falcón esto es una tragedia, pero para la oposición radical no lo es dado que decidió no participar en la institucionalidad actual y buscar otros escenarios.

El abstencionismo como política

Explicar el resultado de este 20 de mayo implica necesariamente conocer las jugadas que llevaron a la oposición a situarse fuera del escenario electoral y apostar por una política abstencionista.

Durante la mañana y la tarde de ayer, los centros electorales de las urbanizaciones, parroquias y municipios históricamente de oposición estuvieron vacíos. Sucedió que el voto opositor duro no salió a votar. Y eso era exactamente lo que se esperaba. Mientras tanto, los sectores populares demostraron una mayor participación, dado que allí actuó la maquinaria electoral del oficialismo.

Para entender por qué la oposición no participó, habría que analizar lo que ocurrió desde que arrasó en las legislativas de 2015 y decidió un camino que terminó sobrevalorando tal resultado.

A comienzos de 2016, la oposición –en medio de un ambiente de victoria inédita frente al chavismo– comenzó a presionar por salidas rápidas. El presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, declaró que su idea era «sacar a Maduro en menos de 6 meses» . Esto encendió las alarmas en el gobierno y empezó a bloquear las iniciativas legislativas.

La oposición prefirió pisar el acelerador. El 9 de enero de 2017, la nueva directiva de la Asamblea Nacional –presidida entonces por Julio Borges– declaró la falta absoluta del presidente de la República y su abandono del cargo.

EL Tribunal Superior de Justicia (TSJ) había declarado en «desacato» a la Asamblea Nacional, y a partir de allí comenzó una pugna institucional que explotó durante el segundo trimestre de 2017 con violencia de calle –llamada «guarimba» – como protagonista, y con el liderazgo político opositor haciendo llamados a manifestaciones. Henrique Capriles –principal líder opositor– fue inhabilitado por la Contraloría General para cargos de elección. Esto lo condujo a mantenerse al margen de una estrategia política-electoral y lo confinó a incorporarse a los actores que promovían manifestaciones de calle.

Hasta allí llegó la victoriosa estrategia de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en 2015.

Maduro reloaded

Después de las mencionadas legislativas de 2015, la crisis económica se agudizó rápidamente y hubo desajustes institucionales que hicieron ver al gobierno muy debilitado. El mundo percibió al gobierno de Venezuela en franco deterioro económico y político. Parecía que estaba a punto de caer.

No obstante, Maduro emprendió una estrategia en alianza con los militares. El modo de institucionalidad levantada durante el gobierno de Chávez y el suyo propio, se fortaleció. El gobierno y los militares se cerraron con fortaleza ante las declaraciones de la oposición y sus aliados internacionales, quienes subían el volumen de su tono.

La respuesta a este levantamiento de calle de 2017 fue diseñado por Maduro a través de la creación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Con esta estrategia logró descolocar a la MUD, a tal punto que no supo responder ante el llamado de elecciones de gobernaciones en septiembre de 2017. Tampoco supo hacerlo para el caso de las alcaldías en diciembre de 2017 y, por supuesto, tampoco para las actuales elecciones presidenciales.

En 2017, la ANC declaró improcedente el triunfo del opositor Juan Carlos Guanipa, por no haberse juramentado en su seno, mientras los otros cuatro gobernadores de oposición sí lo hicieron. Las diferentes tendencias de la oposición tuvieron respuestas disímiles y prefiguraron diversas vías de acción. Estos caminos disímiles disolvieron el escenario electoral que podría haberles dado un triunfo decisivo.

Aunque pueda parecer debilitado por la alta abstención, el resultado parece suficiente para los planes de Maduro. Hace tres días, la BBC tituló un artículo: «Maduro ha mostrado ser un político más astuto de lo que muchos pensaban». Ciertamente, muchos actores en el mundo van a entender tarde que la situación en Venezuela es más compleja que las informaciones que giran contra Maduro y sobre la situación en Venezuela. O, al menos, comprenderán que hay factores de poder que habría que tomar en cuenta, como a la oposición y sus procesos internos, lo mismo que a la hegemonía chavista dentro de las Fuerzas Armadas.

Con el resultado de la alta abstención, la oposición radical tiene más razones para esperar un «día D», parecido al de Panamá en 1989. Mientras tanto, el gobierno ha logrado un nivel de atornillamiento que después de este evento está más cerca de procesos de «perpetuación atemporal», como en Cuba y México. En ambos casos, los partidos de gobierno han tenido la hegemonía total. En el caso de Cuba desde el año 1959, y en el del Partido Revolucionario Institucional de México desde 1929, con un breve intersticio de 4 años.

La situación venezolana es compleja. Las posiciones en pugna son muchas. Y ayer se han hecho evidentes.

domingo, 1 de julio de 2012

Tele-vote

Marcelo J. García

You have not seen anything about media influence on politics in Latin America until you have seen Mexico. As the region’s second-largest economy goes to the polls to pick a new leader tomorrow, the presidential campaign exposed more than ever before the embedded interests of some of its politicos and the media establishment, most notably the Televisa empire.

The public debate in Mexico needed some help from foreign press friends. Britain’s The Guardian published a series of documents indicating that front-runner Enrique Peña Nieto of the PRI Institutional Revolutionary Party had purchased some favorable coverage from Televisa. The Guardian said it did not have evidence about the authenticity of the documents but that “names, dates and situations” mentioned in them “lined up with events.”

Televisa is not just another television station. It is the largest media business in the Spanish-speaking world and it controls around two-thirds of programming and audience in Mexico’s broadcast television. Its kingmaker powers have been traditionally considered almighty. Peña Nieto is a relatively young politician the English-language foreign press describes as a “telegenic matinee idol,” and whose party, which a Guardian columnist dubbed as “ideologically nebulous,” seeks to reclaim power after a 12-year impasse interrupting a seven-decade command.

While the soap-opera-watching masses are likely to catapult Peña Nieto (and PRI back) to Los Pinos tomorrow, many Mexicans have voiced their anger at what they see as media manipulation in Mexican politics. Parallel to the feel-good coverage deal allegations between Televisa and Peña Nieto, a group of students organized a social-media grassroots movement targeting both PRI and Televisa. The camel’s back was broken by alleged biased coverage by Televisa of a demonstration of 131 students against Peña Nieto at a private university. The station adopted the PRI party line that the protesters were not students but political activists. The movement that followed was named #YoSoy132 (I am number 132) and replicated en masse in social media like Twitter, causing a headache or two in Peña Nieto’s winning camp. Its main demand was freedom of expression and media reform, and its main complaint was that Televisa was “imposing” Peña Nieto’s presidential bid on the Mexican public. A #YoSoy132 group staged a thank-you serenade outside The Guardian offices in London this week.
To have foreign media unearth alleged tricky media plays should be a disgrace for any country’s media system. Televisa reacted in predictable proud fashion, denying the allegations and demanding an apology from The Guardian on the grounds that the British newspaper was engaged in a “defamation campaign” against the network. Televisa has taken a reputational blow, no doubt. One Mexican voter wrote: “This Sunday, Televisa wants us all to set our clocks back 70 years.”
Televisa’s anger at The Guardian prompted a statement from the newspapers’ spokesperson saying that Televisa had been given the opportunity to tell their side of the story but had declined. In the spur of the spat with Televisa, The Guardian also resurfaced some chapters of the Mexican WikiLeaks folder. One US State Department diplomat, for instance, wrote in a cable that it was “widely accepted that the television monopoly Televisa backs the governor (Peña Nieto) and provides him with an extraordinary amount of airtime and other kinds of coverage.” The cable, signed off in September 2009, was titled: “A look at Mexico State, Potemkin village style.” The US Embassy in Mexico was also highly critical of a communications law passed after virtually no debate in 2006 to favour the status quo interests of the two main television stations, Televisa and TV Azteca. “With the campaign season in full swing, no one seems to want to upset Televisa or Azteca (which also stands to gain much from the bill) for fear of losing prime advertising slots at good prices,” reads the cable.

It remains to be seen whether this open discussion on the state of the media in Mexico could eventually lead to reform. Many of the answers will be in the polls tomorrow, but there is also a general trend toward the neutering of broadcasting monopolies that no leader — especially those hailing from the younger generations — should deny.

In the case of Argentina, for instance, the first shows of public unrest at media manipulation date back to the 2001-2002 crisis. Concrete change, policy-wise, only happened almost a decade later, when the government of President Cristina Fernández de Kirchner got Congress to pass new broadcast media legislation largest targeted at the Grupo Clarín conglomerate. The revamping of the mediascape under the terms of the new legislation has only taken baby steps. Peña Nieto’s PRI may not carry the fire of reform. But this campaign seems to have grown the roots for future changes.

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Publicado por Buenos Aires Herald el 30-6-2012.

lunes, 13 de febrero de 2012

Para ser observador en unas presidenciales

RIA NovostiLo que se necesita para ser observador Lo que se necesita para ser observador

12:31 13/02/2012 Un observador se dedica a controlar el proceso de la votación, el recuento electoral y la verificación del escrutinio.>>


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Publicado por RIA Novosti el 13-02-2012.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Acá entre nós: Triste papel

Morena Blue

Hoy saludo el triunfo de la democracia en Venezuela. La voluntad del pueblo se expresó en las urnas y, esta vez, todo el país participó. Sin entrar en detalles y ante la ineludible verdad de que el país es uno solo donde deben poder convivir los dos bandos, el resultado fue el mejor posible.

Sin embargo, duele reconocer que -una vez más- los testigos históricos, los protagonistas sociales, los voceros de la sociedad, hicieron un papelón, al punto de avergonzarme de la profesión que escogí.

Es cierto que el proceso comicial no estuvo libre de cuestionamientos. Por ejemplo, el retardo de muchas horas para dar los resultados fue inexplicable, habiéndose realizado una votación totalmente electrónica y automatizada.

Este comentario lo extiendo también a los protagonistas políticos: fueron muchas las declaraciones infelices que escuché, algunas de ellas casi salidas de una obra de teatro del absurdo, además de que, como es habitual, muchos de los actores parecían padecer diversos grados de autismo.

Pero no voy a hablar de los políticos. Para mí lo peor fue el decepcionante trabajo de los medios de comunicación social.

En este 26S los medios estatales sólo hicieron propaganda: omitieron a los candidatos de oposición y a todas las opiniones contrarias. No mostraron ni siquiera las voces (que sabemos que pueden gritar bien duro) de las personas comunes que se oponen al gobierno.

Mientras que los de oposición, insólitamente y por un único día, intentaron aparentar objetividad, pero con tal grado de ostentosa actuación que daba la impresión de estar viendo una parodia hollywoodiana.

Entretanto, desde el exterior, una empresa trasnacional de la comunicación hacía el trabajo verdaderamente sucio, desacreditando el proceso electoral y sembrando dudas de toda clase.

Lo que se decía a través de esa empresa trasnacional de comunicación, mientras en Venezuela se realizaba la votación, era profundamente sesgado y contradecía las declaraciones positivas que los periodistas de esa misma empresa recogieron de los observadores internacionales, voceros de las instituciones, analistas, etc.

Un reportero (que se tomó el tema de modo muy personal) entrevistó durante horas a testigos sin credibilidad, algunos de ellos con graves antecedentes judiciales (como cargos por corrupción) que cantaban fraude y decían “el régimen”.

Dadas las connotaciones del término, llamar al gobierno “el régimen” mientras se realiza una elección democrática es un contrasentido total, un absurdo y una falta de respeto al espectador.

Los entrevistados, atizados por el reportero, decían que el CNE (Consejo Nacional Electoral) era “un ministerio más” del gobierno de Hugo Chávez y cosas por el estilo.

Cualquier estudiante de comunicación social sabe que afirmaciones de este tipo no son admisibles, menos si no hay una aclaratoria por parte del periodista y una respuesta de la contraparte, como lo manda la ética.

Por su parte, agencias internacionales y medios de otros países, como los de Colombia –especialistas en el tema Venezuela-, echaban leña al fuego.

Desde el exterior, de forma irresponsable, se difundieron a lo largo del día –incluso antes- rumores sobre supuestos hechos de violencia, presiones contra los medios de oposición y otras mentiras, cuando fue una jornada ejemplar y pacífica.

La verdad es que, sistemáticamente, durante varias semanas previas a las legislativas de este domingo en Venezuela, desde el exterior se había dibujado a un país dominado por la violencia, el hampa y el autoritarismo.

Y no es que no sea de este modo en Venezuela: como ocurre en nuestra región, nuestros países padecen de todos esos males, los mismos que nos caracterizan como comunidad latinoamericana empobrecida, asimétrica, dependiente, paternalista, en fin...

Pero los periodistas sabemos muy bien que enfatizar éste o aquel aspecto es decisión entera del medio y de sus editores.

Mostrar sólo o predominantemente un lado de la historia, mientras el otro lado reiteradamente se minimiza, incluso valiéndose de falsas premisas, es usar técnicas de propaganda.

Es muy triste para mí, como periodista, ver cómo los medios son incapaces de informar con objetividad y mostrar los distintos enfoques de los hechos, o de al menos hacer el intento, al margen de sus posiciones políticas.

Los de oposición (venezolanos, extranjeros y trasnacionales), en vez de ayudar a crear conciencia entre la sociedad, en vez de contribuir a cicatrizar la fractura social cuya autoría le atribuyen a Chávez, hacen justamente lo opuesto:

Fortalecen las adjetivaciones despectivas, usan el cinismo, desprecian al contrario, expresan abiertas posiciones políticas, fabrican rumores y mentiras, aumentan la sensación de inseguridad y tensión social, desinforman.

En lugar de cumplir su rol de ayudar a construir país, mundo y, por ende, futuro para Venezuela y para la humanidad, se dedican a hacer propaganda.

Y los medios públicos, al no omitir su posición política, al no ofrecer una alternativa real para aquello a lo que se oponen, hacen exactamente lo mismo.

El ciudadano de a pie está indefenso a la hora de recoger información. Cada vez que lo hace es cooptado, bombardeado, manipulado. Los medios sólo dicen lo que sus directores ideológicos quieren, llámense dueños, empresarios o los políticos de turno.

Como siempre, desde que el mundo es mundo, el poder (económico, político) encuentra sus formas de imponerse.

Más allá del hecho de que el discurso político es vital para el ser humano, surgen otras interrogantes: ¿Los ciudadanos, cómo habremos de conocer la 'verdad' si no tenemos interlocutores ni testigos independientes? ¿Cómo habremos de formarnos una idea sobre algo si hemos de mirar siempre a través de cristales hechos a la medida de otros?

Es triste que los medios de comunicación tradicionales, los mismos que hemos puesto en un pedestal como adalides de la libertad, hayan quedado para servir de voceros de la propaganda de quienes se disputan el poder.

Qué triste es que todo esto ocurra justo cuando, a escala global, defendemos histéricamente esa cosa amorfa, indefinida y hasta mitológica que llamamos libertad de expresión.