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jueves, 17 de mayo de 2012

Wikidata: La base de datos que hará más inteligente a Wikipedia

Esperanza Hernández

El conocimiento al servicio de los ciudadanos, estén donde estén, hablen el idioma que hablen. El conocimiento gratuito, de libre acceso a través de la Red y sin restricciones más allá de la conectividad. Es el espíritu de la Wikipedia, la enciclopedia digital colaborativa más grande que conocemos hasta ahora, y que estaría a punto ser mucho más inteligente gracias al Wikidata, el nuevo proyecto de Wikimedia.

Y es que la misión de Wikidata, que ha comenzado a ser desarrollado por el capítulo alemán del movimiento de Wikimedia, es crear una única base de datos colaborativa, capaz de ser accesible y editable tanto por humanos como por máquinas, y que a la vez servirá de “cerebro” o repositorio global de datos estructurados para nutrir a las más de 280 ediciones de Wikipedia, independientemente del idioma en que se encuentren.

Tal como lo lees: Wikidata es un proyecto sumamente ambicioso, que aprovechando las bondades de la Web semántica, creará una base de datos única y capaz de ser leída tanto por máquinas como por humanos, para enriquecer la calidad de los artículos de la Wikipedia, incluyendo datos de origen común (fechas, por ejemplo), sin importar en qué idioma se agreguen al repositorio.

Así las cosas, el desarrollo inicial de Wikidata se realizará en tres fases: La primera que se espera esté terminada para agosto de este año centralizará los vínculos a los datos, de las diferentes versiones lingüísticas de Wikipedia, en un repositorio único.

En la segunda fase, que estaría lista para diciembre de este año, los editores ya podrán añadir y utilizar los datos de Wikidata en los artículos. Y finalmente la tercera fase permitirá la creación automática de listas y gráficos sobre la base de los datos almacenados en Wikidata.

A mi forma de ver la principal ventaja que supone la Wikidata es que colocará a disposición de todos los usuarios del mundo, sin importar su idioma, datos de interés sobre población, fechas, etc.

De igual manera suministrará a la Wikipedia los datos que contenga, con lo cual mejorará las versiones de la enciclopedia colaborativa, sin importar tampoco la versión de idioma en que se consulte: Bien sabemos que la versión en inglés, por ejemplo, tiene artículos con datos más precisos y que no están disponibles para otros idiomas… Pues eso dejaría de ser un problema cuando Wikidata esté funcionando, al menos en datos como fechas o cifras específicas, podría ser muy útil, ¿no crees?

Y la pregunta del millón de euros que más de uno debe estar haciéndose en este momento: ¿Cómo nos afectará como usuarios de la Wikipedia? ¿Cómo podremos acceder a esos datos? En el diseño inicial se prevé que los datos de la Wikidata se integren en las páginas de los artículos de la Wikipedia, en el recuadro lateral que ya incorpora datos numéricos sobre población, código de llamadas, fechas de interés… Por ejemplo.

Precisamente en ese recuadro se actualizarían los datos que se introduzcan en la Wikidata, sin importar el idioma en que estés consultando la Wikipedia, como ya expliqué antes: Otra barrera que va derribando este proyecto de conocimiento libre y colaborativo. Claro, es lo que está pensado, quizás sobre la marcha esto varíe un poco como suele suceder, pero la intención es facilitarnos el acceso a los datos, así que eso se mantendrá aunque sea con otro diseño.

El proyecto de Wikidata, cuya primera fase desarrollarán en Wikimedia Alemania, para luego transferirlo a la Fundación Wikimedia, tiene un coste de 1.3 millones de euros (unos US$ 1.7 millones), que están siendo subvencionados en un 50% por el Instituto Allen para la Inteligencia Artificial, la Fundación Gordon y Betty Moore y Google… Cuando los grandes de la tecnología se unen en este tipo de proyectos que ayudan al desarrollo de la Web, da gusto, ¿verdad?

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Publicado por Rebelion.org  el 31-12-2012.

lunes, 9 de abril de 2012

Una receta para fabricar seudociencia

Klaus Ziegler

Desde el 2000 funciona en internet un sistema capaz de generar los más divertidos textos posmodernos, y no sería extraño que algunos de ellos puedan estar ya engrosando las páginas de algún libro de etnometodología, o de alguna revista dedicada a la “deconstrucción de metanarrativas dominantes en los estudios de género”.

Sin embargo, y a pesar de que la receta es bastante simple, no parece existir ningún algoritmo equivalente para fabricar artículos o libros seudocientíficos, digamos al estilo de Deepak Chopra o de algunos de sus más sobresalientes aprendices, como el curandero colombiano Santiago Rojas.

Para comenzar, el discurso debe simular rigor y profundidad, lo que se alcanza sin mayores dificultades intercalando aquí y allá un poco de vocabulario científico. Y si es un texto sobre medicinas alternativas, hay que estar seguro de que incluya vocablos como radiación, frecuencia, armónicos, espectro, cuántico, iónico, electromagnético, cromático… Conviene elaborar el grueso del material con seudociencia estándar: chakras, bioplasmas, pranas, mónadas, auras, cuerpos etéricos, astrales, karmas, energías vibracionales…,  preferiblemente en miscelánea con algo de alquimia, astrología y filosofía griega, procurando en lo posible por darle al discurso un tinte enigmático o místico.

La ilusión de coherencia lógica se consigue sin problema abusando de las analogías. El hilo de la argumentación debe recaer especialmente en las analogías semánticas, y hay que evitar ser preciso o riguroso cuando se hace uso de conceptos científicos, lo que podría dejar al descubierto el fraude y malograr la tarea. Si se habla de evidencia experimental es importante advertir que una multitud de estudios confirman la teoría, lo que se refuerza citando algunas anécdotas personales que deberán denominarse “experiencias clínicas confirmatorias”.

La “Medicina Poliédrica” es una famosa terapia del antes yerbatero y médico de la Casa de Nariño, Santiago Rojas, ahora convertido en terapeuta biogeómetra, la cual promete curar enfermedades que van desde simple estrés, hasta sida, lupus y cáncer, siguiendo un protocolo bastante sencillo: basta colocar arreglos apropiados de cubos, icosaedros, tetraedros y dodecaedros de plástico de distintos colores sobre determinados órganos y chakras del cuerpo. Estos poliedros, según la teoría, tienen el efecto de “reordenar” la energía de los órganos afectados, y por ende de “armonizar” toda la energía del organismo con lo que se logra la sanación.

Escribe así un experto en hipnosis y medicina poliédrica: “El cuerpo humano posee un campo electromagnético que lo rodea [cuerpo bioplásmico]: auras, chakras: centros de energía […] cuando la enfermedad aparece se altera ese campo, la vibración diferente va a anunciar que el daño físico va a aparecer, o que ya existe una lesión […]”. Y no podría faltar la referencia obligada a la proverbial cámara Kirlian: “Desde que el ruso Kirlian inventó una cámara fotográfica especial para fotografiar ese cuerpo [el aura]…”, y el artículo continúa con una explicación detallada de los poderes terapéuticos de cada uno de los poliedros.

El texto se ajusta perfectamente a la receta: abunda en términos seudocientíficos como “bioplasmas”, “campos vibracionales”, “energías”, “auras”…, sin que falten alusiones a fenómenos físicos bien establecidos como los campos electromagnéticos o el halo de luz que se produce alrededor de un objeto cuando se fotografía en una cámara Kirlian. El problema es que este halo luminoso, presunta evidencia de la existencia del aura, no es más que una interpretación errónea de un fenómeno electrostático que se explica en física elemental, y que ocurre cuando el aire alrededor de un objeto se ioniza en presencia de un campo eléctrico intenso. Este fenómeno nada tiene que ver con energías bioplásmicas, puesto que también se produce alrededor de una piedra, o de cualquier mineral u objeto inanimado.

Y el problema más grave es suponer que al hablar de “desbalances” de energías se esté dando una explicación de la etiología de las enfermedades, cuando en realidad la explicación no es más que un rencauche en jerga científica de la antigua teoría hipocrática de los cuatro humores, una burda analogía semántica que no dice nada.  Sería como explicar el movimiento planetario alrededor del Sol como el resultado del perfecto “balance” de la energía de los astros; y la colisión con un asteroide, como un fenómeno debido a la “desarmonización” de esta energía cósmica.

Sería deseable ver un generador de textos esotéricos que, ajustándose a una fórmula similar a la descrita, llegara a ser competitivo en el lucrativo negocio de los charlatanes de la Nueva Era. Una receta equivalente ya fue ensayada con todo éxito en el campo de las humanidades por el físico de la Universidad de Nueva York, Alan Sokal, en una broma legendaria que logró filtrar un texto lleno de absurdos y tonterías --al mejor estilo posmoderno-- en una de las publicaciones más prestigiosas sobre el tema.

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Publicado por El Espectador el 21-10-2010.