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lunes, 5 de junio de 2023

Nuestras personas perdidas

Por Planetaencrisis

Cuando alguien importante para nosotros muere nos quedan los recuerdos de las cosas compartidas y la imagen de la fisionomía que esa persona tenía al morir.

Van pasando los años y seguimos evocando su voz, sus ojos, detalles de su cuerpo, su gestualidad, todo ello detenido en el tiempo; un modo de ser que no cambia, un rostro que no envejece, sino que muy lenta y casi imperceptiblemente se va haciendo menos nítido, como una fotografía impresa en papel que va perdiendo su color y su nitidez.

Pasa lo mismo con la gente que hace mucho tiempo no vemos. Nos aferramos a vivencias que permanecen en la memoria, imágenes sensoriales de algún momento especial: un olor que parece flotar de repente en el aire, el sabor de una bebida, los colores de un paisaje, la risa, el premio del descanso, el afecto, el descubrimiento de la vida que causa placer, pero todo es huidizo y fantasmal.

Es la imagen de un espejismo la que atesoramos, pues las personas cambian (y cambian mucho) con el tiempo, y las cosas que en el pasado nos unieron pudieran haber desaparecido de nuestras vidas o haber sido relegadas a la buhardilla existencial.

Pero aun en el baúl, esos recuerdos de las personas que hemos perdido siguen teniendo poder sobre nosotros, algunos de ellos manifestándose dolorosos como una herida o enconosos como una espina, otros apareciendo sin previo aviso en sueños y pensamientos que preferimos no enfrentar.

A veces lo que más duele es la forma cómo perdimos el contacto con esas personas importantes, ya sea por un simple malentendido, por diferencias que causaron decepción o hastío o por la falta de convivencia que da el haber tomado caminos diferentes.

La muerte es una valla infranqueable, pero alejar a una persona simplemente no manteniendo contacto con ella es un poco como dejarla morir. Matamos a la gente con el distanciamiento.

Incluso es posible que por terquedad, o por circunstancias fuera de nuestro control, nos hayamos apartado de personas inmensamente importantes, como una madre, un padre, hijos, hermanos, o de alguien a quien alguna vez amamos con pasión y por quien todavía sentimos genuino cariño.

He visto a hijos alejarse de sus padres por muchísimos años, hasta que el vínculo filial, si bien no se ha roto, se ha vuelto tan delgado como un hilo invisible y no es suficiente para reconstruir la relación.

A algunas personas las dejamos ir sin percatarnos de cuánto nos gustaba su compañía, su amistad, sus enseñanzas, su cercanía que ahora nos hace falta.

A veces tardamos décadas en reconocer que amamos, que necesitamos al otro a pesar de lo difícil que resulta convivir, o simplemente desearíamos haber privilegiado el crecimiento compartido y haber forjado un vínculo capaz de vencer todo lo disfuncional.

En el fondo de nuestro corazón sentimos el deseo de haber actuado de forma diferente ante personas y situaciones, nos arrepentimos. Pero aquello vivido no volverá jamás.

Solo podemos rescatar a alguien del pasado construyendo nuevas vivencias, que deben ser gratificantes en buena medida. Solamente el crecimiento compartido puede volver a dibujar la ruta hacia el encuentro del otro, lo que en última instancia es la sal de la vida y aquello que da sentido a todo lo demás.

Es preciso crear una narrativa distinta, tendiendo puentes mediante cosas que aún existan en común, pero descubriendo en ese alguien todo lo novedoso y fascinante que pueda encerrar su actual realidad.

Claro que todo eso requiere, en primer lugar, de convivencia, tiempo compartido y un esfuerzo importante de nuestra parte. Además necesitamos ejercer humildad, autocrítica, intuición y capacidad para adaptarnos a circunstancias desconocidas.

Y se requiere, sobre todo, de una voluntad semejante por parte de la otra persona.

Puede ser que seamos capaces de lograr este cometido antes de que perdamos para siempre la oportunidad. En caso contrario, seguramente lo vamos a lamentar.


lunes, 27 de junio de 2022

Acá entre nos: PERIODISTAS, NO MISES























Por @planetaencrisis

Este lunes 27 de junio de 2022 celebramos en Venezuela un nuevo Día Nacional del Periodista, el quincuagésimo séptimo desde la proclamación de esta efeméride, en 1965. Con motivo de esta fecha quiero hacer un comentario.

No es un secreto que, en Venezuela, la palabra “mis”, o mejor dicho miss (señorita en inglés) y lo que trae consigo nos ha legado patrones culturales que se arraigaron fuertemente en nuestra sociedad, y que son fácilmente identificables en medios como la televisión.

La larga lista de coronas de la belleza mundial –Miss Mundo, Miss Universo, etc.– que ostenta el país desde hace medio siglo nos convirtió en una “fábrica de reinas” y ha poblado nuestra televisión de mujeres cuyas carreras se iniciaron en las pasarelas de los concursos de esta naturaleza.

Los certámenes de belleza siguen teniendo gran audiencia en Venezuela –probablemente mucho más que en otros países– y nos han heredado un modelo de comportamiento femenino ante las cámaras sine qua non para todos los tipos de contenido: entretenimiento, farándula, moda y también para los noticieros y programas de entrevistas periodísticas, donde las mujeres nos hemos abierto paso de forma decisiva en las últimas décadas.

MODELOS DE MISS

Las presentadoras de farándula y variedades de la televisión venezolana suelen ser jóvenes y atractivas mujeres con ropas provocativas, pechos, brazos y piernas con mucha piel al descubierto, altos tacones y cabellos largos, que exhiben además un comportamiento extrovertido y una perpetua sonrisa de labios rojos.

Si algún varón o algunos varones comparten la pantalla con ellas, generalmente lo hacen en inferioridad numérica y sin poses de pasarela ni ropas de fiesta.

Algunas presentadoras de televisión ex mises han sido muy carismáticas y populares, tornándose leyendas de las pantallas y permaneciendo en el medio a pesar del paso del tiempo y de su edad.

Pero, en general, no ocurre lo mismo con las periodistas de televisión, cuya gran mayoría debe migrar hacia otros medios de menor exposición visual tras alcanzar la edad de los cabellos grises.

Mientras tanto, la mayoría de las periodistas jóvenes que conducen hoy en día espacios noticiosos en la televisión venezolana –con excepción de las anclas de los noticieros, que se visten, se peinan y se maquillan sobriamente–, aunque no se adornen con lentejuelas sí adoptan las poses y el aire discretamente sensual de las reinas de belleza.

Incluso en los noticieros de deportes podemos encontrar ese sutil “estilo miss” en las periodistas.

Son poses que se hacen evidentes al caminar ante la cámara y cuando la toma es de cuerpo entero, por ejemplo, al girar el cuerpo hacia uno u otro lado; al permanecer paradas con las piernas ligeramente entrecruzadas y un pie delante del otro; o al sentarse únicamente con las piernas cruzadas e inclinadas lateralmente, muchas veces exhibiendo los muslos bajo la corta falda.

No he visto este estilo en noticieros de otros países cercanos al nuestro, como Brasil y Colombia, donde la informalidad en el vestir y la naturalidad en el actuar de las periodistas son predominantes en la televisión. Tampoco en noticieros de otras latitudes más lejanas.

Ante el aumento de la presencia femenina en los programas informativos de la pantalla chica venezolana he podido notar también un aumento exponencial del estilo miss entre las periodistas.

TELEVISIÓN MACHISTA

Hay quienes normalizan estas cuestiones al sostener que la televisión es un reflejo de las sociedades y que, como tal, siempre ha sido un escenario cargado de estereotipos machistas, presentes en toda la programación alrededor del mundo y de forma especialmente abundante en telenovelas, programas de humor y entretenimiento.

La discusión inevitable y de fondo es, claro está, sobre si damos por sentada la anterior afirmación o si, más bien, logramos entender que nuestra conducta y la aceptación de los estereotipos de género de hecho ayuda a difundirlos, a asentarlos y a perpetuarlos en todos los espacios laborales.

El medio televisivo, que es el uno de los pocos ámbitos periodísticos donde la mujer profesional muestra su físico todo el tiempo y donde ello es parte de su trabajo, es especialmente proclive a colocar a la mujer en una posición sensible de sufrir discriminación.

Estudios sobre los estereotipos de género han identificado los patrones conductuales como causas por las cuales las mujeres enfrentan más dificultades y limitaciones que los hombres en los sectores laborales y productivos, teniendo, por ejemplo, menores posibilidades para obtener puestos directivos o cargos de responsabilidad y devengando menores salarios.

El tener que hacer uso de la belleza física y, aún más, tener que enfatizar la forma de presentarse “femeninamente”, asumiendo patrones estereotipados de conducta como una herramienta de trabajo, es una condición altamente discutible y polémica.

Quedarán excluidas del estrellato, por ejemplo, las mujeres que no cumplan con los requisitos antes mencionados.

NO TODO SE VALE

Alguien podría argumentar que la imagen de cualquier profesional en la pantalla chica requiere carisma y un grado de impecabilidad en la imagen, y que para alcanzar estos objetivos “todo se vale”, inclusive la aceptación de parámetros que podrían ser definidos como discriminatorios. 

Llevando este razonamiento a una lógica in extremis, otros podrían argumentar que las mujeres venezolanas somos hermosas, de belleza rara, mestiza y variopinta, y que por lo tanto podemos echar mano de esos recursos y destacarlos para obtener beneficios que son por demás “justos”. 


Pero pensemos: ¿no resulta disparatado, incómodo, segregacionista y hasta ofensivo para las mujeres periodistas tener que agregar el estilo miss al ejercicio de nuestra profesión en la pantalla de televisión o en cualquier otro ambiente de trabajo? ¿De dónde se desprende ese "deber ser"?

Los estereotipos de género son creencias generalizadas y socialmente compartidas que funcionan como ejemplo y prescripción de la conducta “esperada” o “correcta” de hombres, mujeres y de la sexo diversidad.

Las reivindicaciones de los grupos sexualmente identificados e históricamente discriminados han generado un inmenso movimiento social alrededor del planeta que ha logrado importantísimos cambios sociales en los últimos años, modificando constituciones y legislaciones de todo tipo.

Vivimos una era única, donde el feminismo ha dejado de ser bandera de pequeños grupos que eran descalificados y minimizados por el establecimiento a todos los niveles en todos los países de Occidente, para tornarse una ideología dominante incluso entre las mujeres más jóvenes.

Venezuela no puede continuar al margen de estas reivindicaciones, al menos en el periodismo no lo podemos permitir haciendo de poses, maneras a la cámara y jerigonza machista parte obligatoria del trabajo.

Usted, colega periodista, por su formación, su conocimiento y su trabajo diario, definitivamente es mucho más que su físico.

Solo me resta agregar a este comentario un amable llamado a las afortunadas colegas que ocupan los espacios televisivos para que estén atentas a cualquier reglamentación o prescripción de los atributos, comportamiento y exposición que deberían tener las mujeres periodistas y que se pregunten si ello es necesario, legítimo y justo, en el entendimiento de que mostrarnos hermosas o incluso sensuales es una opción, no una obligación.

“Si una palabra sola puede cambiar el curso de la historia, otra palabra, en la oscuridad, derrota la tormenta”, dijo hace 200 años Manuelita Sáenz, un nombre adecuado para recordar en este nuevo Día del Periodista, que conmemora la publicación del periódico Correo del Orinoco, creado por Simón Bolívar en 1818.

martes, 22 de mayo de 2018

Un resultado multifuncional: Venezuela y el debate postelectoral ​


Ociel Alí Lopez

El resultado de las elecciones en Venezuela es multifuncional. Sirve a todos los contendientes. Se trata de resultados esperados pero sorprendieron porque abren diversos escenarios de interpretación.

A partir del mismo resultado se lee que Maduro fue reelecto con 68% de los votos, que la abstención superó el 50% –cuando las últimas cinco presidenciales apenas pasaba el 20%–, y que el candidato opositor –con apenas 21%– no reconocerá los resultados y seguirá liderando la oposición electoral. Es, pues, un resultado que parece gustar a todos.

La primera lectura, la que muestra amplia ventaja de Maduro –más de 45 puntos sobre su contendiente–, es perfecta para él, para volver a ganar, para mantener el poder y tener un nuevo argumento de legitimación: «Hubo elecciones y las gané con 68%» . La abstención no tiene basamentos legales. Es tan solo una categoría analítica. Los desconocimientos de actores externos e internos son parte de la cotidianidad del gobierno, nada excepcional que lo amilane con facilidad.

La segunda lectura –que refiere al 52% de abstención– favorece a la oposición radical. Ese porcentaje tan elevado en unas presidenciales será capitalizado especialmente por sus aliados internacionales. Aunque no sea algo influenciado únicamente por ella, implicará más presión para la ejecución de un plan de intervención, embargo o bloqueo a Venezuela.

La tercera lectura exhibe el 21% de apoyo a Henri Falcón. El candidato opositor desconoce los resultados pero podrá sobrevivir como líder de oposición electoral, aunque haya tenido un porcentaje tan magro.

Como se ve, se trata de un resultado hecho a la medida de los tres actores más importantes de la contienda, lo que deja bien parado al Consejo Nacional Electoral.

El trabajo de la maquinaria oficial es el esperado. En líneas generales, puede calificarse como muy limitado pero, al mismo tiempo, como suficiente. De hecho, logró el número de votos básicos para ganar en escenarios disímiles al resto de campañas presidenciales. Para estas sacaron 5 millones 800 mil, cuando la oposición sacó en las legislativas de 2015, 7 millones 700 mil votos. De repetir el esquema electoral de ese año y mantenerse unida como lo había logrado durante todas las presidenciales anteriores, la oposición no hubiera podido perder. Para Henri Falcón esto es una tragedia, pero para la oposición radical no lo es dado que decidió no participar en la institucionalidad actual y buscar otros escenarios.

El abstencionismo como política

Explicar el resultado de este 20 de mayo implica necesariamente conocer las jugadas que llevaron a la oposición a situarse fuera del escenario electoral y apostar por una política abstencionista.

Durante la mañana y la tarde de ayer, los centros electorales de las urbanizaciones, parroquias y municipios históricamente de oposición estuvieron vacíos. Sucedió que el voto opositor duro no salió a votar. Y eso era exactamente lo que se esperaba. Mientras tanto, los sectores populares demostraron una mayor participación, dado que allí actuó la maquinaria electoral del oficialismo.

Para entender por qué la oposición no participó, habría que analizar lo que ocurrió desde que arrasó en las legislativas de 2015 y decidió un camino que terminó sobrevalorando tal resultado.

A comienzos de 2016, la oposición –en medio de un ambiente de victoria inédita frente al chavismo– comenzó a presionar por salidas rápidas. El presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, declaró que su idea era «sacar a Maduro en menos de 6 meses» . Esto encendió las alarmas en el gobierno y empezó a bloquear las iniciativas legislativas.

La oposición prefirió pisar el acelerador. El 9 de enero de 2017, la nueva directiva de la Asamblea Nacional –presidida entonces por Julio Borges– declaró la falta absoluta del presidente de la República y su abandono del cargo.

EL Tribunal Superior de Justicia (TSJ) había declarado en «desacato» a la Asamblea Nacional, y a partir de allí comenzó una pugna institucional que explotó durante el segundo trimestre de 2017 con violencia de calle –llamada «guarimba» – como protagonista, y con el liderazgo político opositor haciendo llamados a manifestaciones. Henrique Capriles –principal líder opositor– fue inhabilitado por la Contraloría General para cargos de elección. Esto lo condujo a mantenerse al margen de una estrategia política-electoral y lo confinó a incorporarse a los actores que promovían manifestaciones de calle.

Hasta allí llegó la victoriosa estrategia de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en 2015.

Maduro reloaded

Después de las mencionadas legislativas de 2015, la crisis económica se agudizó rápidamente y hubo desajustes institucionales que hicieron ver al gobierno muy debilitado. El mundo percibió al gobierno de Venezuela en franco deterioro económico y político. Parecía que estaba a punto de caer.

No obstante, Maduro emprendió una estrategia en alianza con los militares. El modo de institucionalidad levantada durante el gobierno de Chávez y el suyo propio, se fortaleció. El gobierno y los militares se cerraron con fortaleza ante las declaraciones de la oposición y sus aliados internacionales, quienes subían el volumen de su tono.

La respuesta a este levantamiento de calle de 2017 fue diseñado por Maduro a través de la creación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Con esta estrategia logró descolocar a la MUD, a tal punto que no supo responder ante el llamado de elecciones de gobernaciones en septiembre de 2017. Tampoco supo hacerlo para el caso de las alcaldías en diciembre de 2017 y, por supuesto, tampoco para las actuales elecciones presidenciales.

En 2017, la ANC declaró improcedente el triunfo del opositor Juan Carlos Guanipa, por no haberse juramentado en su seno, mientras los otros cuatro gobernadores de oposición sí lo hicieron. Las diferentes tendencias de la oposición tuvieron respuestas disímiles y prefiguraron diversas vías de acción. Estos caminos disímiles disolvieron el escenario electoral que podría haberles dado un triunfo decisivo.

Aunque pueda parecer debilitado por la alta abstención, el resultado parece suficiente para los planes de Maduro. Hace tres días, la BBC tituló un artículo: «Maduro ha mostrado ser un político más astuto de lo que muchos pensaban». Ciertamente, muchos actores en el mundo van a entender tarde que la situación en Venezuela es más compleja que las informaciones que giran contra Maduro y sobre la situación en Venezuela. O, al menos, comprenderán que hay factores de poder que habría que tomar en cuenta, como a la oposición y sus procesos internos, lo mismo que a la hegemonía chavista dentro de las Fuerzas Armadas.

Con el resultado de la alta abstención, la oposición radical tiene más razones para esperar un «día D», parecido al de Panamá en 1989. Mientras tanto, el gobierno ha logrado un nivel de atornillamiento que después de este evento está más cerca de procesos de «perpetuación atemporal», como en Cuba y México. En ambos casos, los partidos de gobierno han tenido la hegemonía total. En el caso de Cuba desde el año 1959, y en el del Partido Revolucionario Institucional de México desde 1929, con un breve intersticio de 4 años.

La situación venezolana es compleja. Las posiciones en pugna son muchas. Y ayer se han hecho evidentes.

lunes, 7 de noviembre de 2016

La ignorancia es más costosa que la ciencia

El acelerador de partículas LHC costó, desde su fabricación hasta cuando se descubrió el bosón de Higgs, trece mil millones dólares, aproximadamente el costo de un solo portaaviones. Foto: CERN.























Héctor Rago

La energía que mueve al mundo, los equipos médicos, la nanotecnología, la manipulación genética y la industria de las telecomunicaciones nacieron del intento por comprender las leyes fundamentales de la naturaleza. 

Afirmar que el mundo contemporáneo está moldeado por una sofisticada tecnología, es afirmar lo obvio. Afirmar que esta tecnología es un subproducto de la investigación básica es mucho menos evidente.

Los sistemas de producción de la energía que mueve al mundo, hidroeléctrica, solar, nuclear; y los equipos médicos que indagan el interior de nuestros cuerpos, la nanotecnología, la manipulación genética, la industria de las telecomunicaciones, internet, las computadoras, los hornos de microondas; todos dependen de la comprensión de leyes fundamentales de la naturaleza.

La tecnología es un producto colateral y deseable de la ciencia. Sin embargo, en general, la motivación de los científicos a la hora de indagar en las leyes naturales no es la eventual aplicación práctica o tecnológica. Es más bien la motivación de comprender el funcionamiento oculto de la realidad. La naturaleza nos propone enigmas y el ser humano es un reconocedor y un descifrador de enigmas.

James Clerk Maxwell buscaba develar la estructura de los campos electromagnéticos. Y sus ecuaciones sugerían que una corriente oscilante emite ondas de radio. Esa predicción teórica vislumbró el inicio de la radiodifusión.

La generación de jóvenes físicos que desentrañaron los enigmas del mundo cuántico no sospechaban que las leyes que descubrían harían posible las computadoras, los celulares, el laser entre muchos otros productos tecnológicos.

Paul Dirac buscaba averiguar el comportamiento de un electrón a altas velocidades, y la ecuación que lo describía permitió predecir la antimateria. Luego la tecnología fabricó los tomógrafos de emisión de positrones, las antipartículas de los electrones,  para saber de nuestros órganos.

Albert Einstein no pensó en ninguna aplicación práctica cuando concebía que el espaciotiempo  curvo explicaba la gravedad.  Pero el sistema GPS funciona gracias a una sofisticada predicción de su teoría, acerca del comportamiento del tiempo en campos gravitacionales.

Parodiando a la famosa expresión L ´art pour l´ art de comienzos de siglo XIX, la actitud general de los científicos es “la ciencia por la ciencia misma”, por la aventura intelectual de hackear los códigos de la naturaleza, y no por la eventual utilidad que pueda tener.

Es cierto que hay áreas de la ciencia mas cercanas a las aplicaciones que otras. Estudiar la superconductividad a temperatura ambiente promete más aplicaciones que la presunta teoría cuántica de la gravitación, pero los caminos de la ciencia son curiosos y nunca se sabe si de una teoría muy abstracta pueden derivarse aplicaciones prácticas.

¿Que la ciencia es costosa? Sí, los grandes experimentos para explorar el mundo subatómico o el universo, requieren de una tecnología de punta muy sofisticada que costosa. Además hay que pagar a científicos, ingenieros, computistas y técnicos, todos con altos niveles de formación. Por eso muchas veces son financiados con colaboraciones entre varios países y con participación de muchas universidades y centros de investigación. La ciencia actual es costosa, pero es valiosa. Veamos.

El telescopio espacial Hubble costó menos de tres mil millones de dólares, pero nos regaló una nueva imagen del universo y ha producido cerca de más de cinco mil artículos científicos. En cambio. cuatro años de la guerra de Irak costaron cientoveinte veces más que el Hubble y ha producido más de cien mil muertos.

La máquina más compleja jamás construida por la humanidad, el acelerador de partículas LHC costó desde su fabricación hasta cuando se descubrió el bosón de Higgs, trece mil millones dólares. Eso es lo que cuesta aproximadamente un solo portaaviones. El detector LIGO, que descubrió las ondas gravitacionales en septiembre de 2015, costó seiscientos millones de dólares en veinte años, mientras que un submarino nuclear cuesta veinte veces más.

¿La ciencia es costosa? Sabemos que la ignorancia es mucho más costosa. Conocer las intimidades de la materia que nos forma y saber la historia del universo es comprender mejor nuestra relación con él y no morir en el intento. Y la verdad, no resulta tan costoso.

Publicado por El Espectador el 7-11-2016.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Glifosato

Hermann Bellinghausen

Hoy que es común hablar de pachamamismo existe un debate entre quienes lo refieren al cuidado de la Madre Tierra, según lo entienden ancestralmente los pueblos campesinos originarios del continente americano, y aquellos que, desde posturas supuestamente racionalistas, mientan peyorativa o irónicamente a la Pachamama como sinónimo de pachequez new age o demagogia populista de ciertos gobiernos sudamericanos, empujados por una parte importante de la población hacia discursos digamos ambientalistas (como Rafael Correa y su Ley de Derechos de la Madre Tierra) o publicitarios (ciertos festejos indianistas que se monta Evo Morales para deleite de esos jipis que se cuelan en todo folclor).

No obstante, en el fondo y en esencia, discutir la idea de la Madre Tierra como parte de la humanidad, hilo de generaciones, única verdad demostrable en la existencia cotidiana, no suena irrazonable ni indigno. ¿Es una utopía? ¿Trasnochada? Millones de personas, sociedades y civilizaciones enteras han practicado esta relación con el mundo circundante y sobrevivieron a siglos de colonización, segregación y las diferentes etapas del capitalismo, y son prueba viviente de la viabilidad del Sumaj Kawasai kichwa, el Buen Vivir aymara y quechua, o el concepto mesoamericano de que la Tierra no es nuestra, nosotros le pertenecemos y la guardamos para nuestros hijos y nietos. El capitalismo postula justo lo contrario: la Tierra es mercancía.

La cuestión de la Pachamama en las condiciones actuales del planeta parece sensata y pertinente de cara a otras corrientes de pensamiento (por así llamarlas) en principio regionales, que se fortalecen y expanden en Estados Unidos con efecto directo en el resto del continente, como se verá enseguida. En diversas entidades estadunidenses operan sociedades, colegios y tanques de pensamiento políticamente correctos que buscan erradicar las plantas exóticas (aliens) que crecen en sus territorios, amparados en la quimera de recuperar la vegetación nativa, la que había cuando llegaron los conquistadores y los primeros colonos. Suena simple, pero plantea desafíos formidables toda vez que la contaminación por árboles, arbustos, granos, ornatos, parásitos y hierbajos llegados de ultramar transformó radicalmente el paisaje y la ecología norteamericana, tanto como la urbanización y la industrialización del medio milenio reciente.

Pero con esa devoción laboriosa de las sociedades calvinistas, durante 30 años se han formado grandes grupos sociales de agricultores, intelectuales, científicos y titulares de la Casa Blanca, que impulsan dicha depuración vegetal y buscan redistribuir las especies con base en criterios arqueo-botánicos. El plan, erradicar a todos los aliens del suelo, se antoja paralelo al de erradicar a los migrantes, esos prietitos en el arroz que no hablan americano, como dijo la inefable Sarah Palin en apoyo a su correligionario Donald Trump.

Si a esas nos fuéramos, las Sociedades de Plantas Nativas de California, Virginia, o Nueva Jersey deberían hacer sus maletas, pues sus miembros son tan alien como el odiado eucalipto australiano, el tamarisco, el ciprés, pastizales diversos y muchas otras especies vegetales y animales. No digamos el trigo o el caballo. Mas nunca hablan de restituir a su hábitat original a los humanos nativos que florecían ahí antes de la contaminación europea, africana y asiática. Estas sociedades botánicas no están para contradicciones. Inopinadamente, o no, fueron la primera y más cándida feligresía de un extendido culto moderno: la Santa Iglesia Monsanto y su producto estrella, el glifosato. Lo prestigiaron antes que nadie.

Andrew Cockburn, editor de Harper’s en Washington, documenta a qué grado centros académicos, y los gobiernos nacionales de Clinton y Bush, respaldaron la idea nativista con millones de dólares y programas ambientalistas, contando entre sus creyentes al vicepresidente, y después premiado amigo de la Tierra y el Agua, Al Gore.

¿Qué se necesita para cumplir el ardiente sueño erradicador de la flora ajena, considerada nociva de manera poco demostrable? Usted acertó: glifosato, el herbicida teledirigido y total que, admitido como santo Grial de la pureza nativa de las plantas en Norteamérica, fue por décadas la base del imperio Monsanto. Cockburn expone los argumentos de los nativistas y los de sus críticos, y destaca el papel de Monsanto en este proceso científico, el azote de los hierbajos (Weed Whackers. Monsanto, glyphosate and the war on invasive species, Harper’s, septiembre de 2015). Allí cita al naturalista californiano David Theodoropoulos, curtido crítico de la seudociencia de la biología de la invasión: Hace 30 años las mayores amenazas para la naturaleza eran sierras, buldózers y venenos. Ahora la amenaza son las plantas silvestres y los animales. ¿Y con qué los combatimos? Sierras, buldózers y venenos.

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Publicado por La Jornada el 14/9/2015.

http://www.jornada.unam.mx/2015/09/14/opinion/a10a1cul

lunes, 27 de julio de 2015

Solos

Isabella Portilla

Los solitarios habitan la Tierra. Están aquí y allá. En grandes ciudades que presumen contorneados rascacielos o en pueblos olvidados de países pobres con niños malnutridos.

Están contemplando los árboles de Xiamen. Flotando en los barcos que atracan en Puerto Navarino. Esperando a ver al papa en la plaza de San Pedro. Dándoles de comer a los elefantes de Kruger. Perdidos entre la pobreza de nuestro Paimadó. Hospedados en el Caesars Palace de Las Vegas. Enterrados en Coober Pedy. O visitando por primera vez París.

Cualquier viajero puede verlos. Puede contemplar sus caras que se apoyan nostálgicas junto a la ventana cuando el avión está a punto de alzar el vuelo. Puede repararlos en los monumentos: dándole la espalda al coliseo romano, en la Opera House de Australia, en la Sagrada Familia catalana o en el Taj Mahal. Allí estarán parados solos, intentando múltiples selfies desenfocadas. O pidiéndole a un transeúnte una foto que no les gustará. Más tarde irán a alguno de los cuarenta y nueve mil McDonald’s que hay en el mundo, publicarán posts y tuits en sus redes sociales y se atragantarán retraídamente con una Big Mac.

Los solos se multiplican tras el paso de las horas. Proliferan en las iglesias cristianas, en busca de un dios benigno que les haga compañía. En los divanes de los psicoanalistas. En las cantinas, emulando la figura de un amante despechado. En las bibliotecas de las universidades extranjeras. O en las consabidas oficinas, donde sobrellevan su soledad con un horario penoso, que incluye un desabrido almuerzo laboral.

En las noches inhóspitas, bajo el tenue reflejo de las estrellas lejanas, se oyen sus gritos de placer. Son ellos, que, extasiados, se consuelan con videos eróticos o con el vibrador de pila recargable. Con sus manos. Con otro cuerpo solitario. O con la castidad que les demanda su religión: la misma que les promete como premio el cielo.

El mundo no los detiene. Al contrario, parece obstinado en alentarlos. La tecnología les sustituye el contacto carnal por epidemias cibernéticas repletas de nicknames. Los arquitectos les fabrican cada vez más y más espacios unipersonales. El éxito empresarial les estimula su condición. El consumo les ofrece damas de compañía: barbitúricos, alcohol, juegos de azar o sexo al por menor. Así, los solitarios siguen transitando sus caminos condenados a la mayor impiedad divina: pese a nacer solos y a morir solos, jamás podrán vivir en soledad.
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Publicado por El Espectador el 26-7-2015.
http://www.elespectador.com/noticias/cultura/solos-articulo-575220