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domingo, 10 de marzo de 2019

Venezuela es víctima de una atroz guerra

Planeta en crisis

Denuncio ante el mundo que en Venezuela el sufrimiento del pueblo está siendo magnificado por motivos políticos, en una guerra por el poder donde golpear al país se ha vuelto estrategia convencional.

El hombre fuerte no renuncia, pero tampoco tiene capacidad para resolver el sabotaje (que encontró el punto neurálgico de la ineficiencia) que ha dejado a todo el país 4 días continuos sin luz, agua ni transporte. No funcionan los servicios bancarios y todo está paralizado.

La destrozada economía, con una inflación de más un millón por ciento anual, ha recibido otro duro golpe, pues se ha detenido toda actividad y se han perdido miles de kilos de alimentos, cuando las personas literalmente no tienen dinero para comer.

Mientras tanto, la gente muere en los hospitales, muere en las calles por la delincuencia y todos sufrimos penurias inenarrables.

Juan Guaidó, quien se autoproclamó presidente en la calle, que ha dicho que “todas las opciones están sobre la mesa” para sacar a Maduro del poder y que pasea como mascota de los líderes de otros países NO ME REPRESENTA COMO VENEZOLANA.

No quiero al gobierno corrupto, ineficiente y autoritario de Maduro, pero no reconozco a ese sector de la oposición que no quiere a su país y que pide una intervención militar extranjera.

¡Legalidad, democracia y justicia! Basta de jugar con el dolor de los venezolanos. Basta de medidas que sólo hacen sufrir más a la población. ELECCIONES LIBRES YA.

martes, 22 de mayo de 2018

Un resultado multifuncional: Venezuela y el debate postelectoral ​


Ociel Alí Lopez

El resultado de las elecciones en Venezuela es multifuncional. Sirve a todos los contendientes. Se trata de resultados esperados pero sorprendieron porque abren diversos escenarios de interpretación.

A partir del mismo resultado se lee que Maduro fue reelecto con 68% de los votos, que la abstención superó el 50% –cuando las últimas cinco presidenciales apenas pasaba el 20%–, y que el candidato opositor –con apenas 21%– no reconocerá los resultados y seguirá liderando la oposición electoral. Es, pues, un resultado que parece gustar a todos.

La primera lectura, la que muestra amplia ventaja de Maduro –más de 45 puntos sobre su contendiente–, es perfecta para él, para volver a ganar, para mantener el poder y tener un nuevo argumento de legitimación: «Hubo elecciones y las gané con 68%» . La abstención no tiene basamentos legales. Es tan solo una categoría analítica. Los desconocimientos de actores externos e internos son parte de la cotidianidad del gobierno, nada excepcional que lo amilane con facilidad.

La segunda lectura –que refiere al 52% de abstención– favorece a la oposición radical. Ese porcentaje tan elevado en unas presidenciales será capitalizado especialmente por sus aliados internacionales. Aunque no sea algo influenciado únicamente por ella, implicará más presión para la ejecución de un plan de intervención, embargo o bloqueo a Venezuela.

La tercera lectura exhibe el 21% de apoyo a Henri Falcón. El candidato opositor desconoce los resultados pero podrá sobrevivir como líder de oposición electoral, aunque haya tenido un porcentaje tan magro.

Como se ve, se trata de un resultado hecho a la medida de los tres actores más importantes de la contienda, lo que deja bien parado al Consejo Nacional Electoral.

El trabajo de la maquinaria oficial es el esperado. En líneas generales, puede calificarse como muy limitado pero, al mismo tiempo, como suficiente. De hecho, logró el número de votos básicos para ganar en escenarios disímiles al resto de campañas presidenciales. Para estas sacaron 5 millones 800 mil, cuando la oposición sacó en las legislativas de 2015, 7 millones 700 mil votos. De repetir el esquema electoral de ese año y mantenerse unida como lo había logrado durante todas las presidenciales anteriores, la oposición no hubiera podido perder. Para Henri Falcón esto es una tragedia, pero para la oposición radical no lo es dado que decidió no participar en la institucionalidad actual y buscar otros escenarios.

El abstencionismo como política

Explicar el resultado de este 20 de mayo implica necesariamente conocer las jugadas que llevaron a la oposición a situarse fuera del escenario electoral y apostar por una política abstencionista.

Durante la mañana y la tarde de ayer, los centros electorales de las urbanizaciones, parroquias y municipios históricamente de oposición estuvieron vacíos. Sucedió que el voto opositor duro no salió a votar. Y eso era exactamente lo que se esperaba. Mientras tanto, los sectores populares demostraron una mayor participación, dado que allí actuó la maquinaria electoral del oficialismo.

Para entender por qué la oposición no participó, habría que analizar lo que ocurrió desde que arrasó en las legislativas de 2015 y decidió un camino que terminó sobrevalorando tal resultado.

A comienzos de 2016, la oposición –en medio de un ambiente de victoria inédita frente al chavismo– comenzó a presionar por salidas rápidas. El presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, declaró que su idea era «sacar a Maduro en menos de 6 meses» . Esto encendió las alarmas en el gobierno y empezó a bloquear las iniciativas legislativas.

La oposición prefirió pisar el acelerador. El 9 de enero de 2017, la nueva directiva de la Asamblea Nacional –presidida entonces por Julio Borges– declaró la falta absoluta del presidente de la República y su abandono del cargo.

EL Tribunal Superior de Justicia (TSJ) había declarado en «desacato» a la Asamblea Nacional, y a partir de allí comenzó una pugna institucional que explotó durante el segundo trimestre de 2017 con violencia de calle –llamada «guarimba» – como protagonista, y con el liderazgo político opositor haciendo llamados a manifestaciones. Henrique Capriles –principal líder opositor– fue inhabilitado por la Contraloría General para cargos de elección. Esto lo condujo a mantenerse al margen de una estrategia política-electoral y lo confinó a incorporarse a los actores que promovían manifestaciones de calle.

Hasta allí llegó la victoriosa estrategia de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en 2015.

Maduro reloaded

Después de las mencionadas legislativas de 2015, la crisis económica se agudizó rápidamente y hubo desajustes institucionales que hicieron ver al gobierno muy debilitado. El mundo percibió al gobierno de Venezuela en franco deterioro económico y político. Parecía que estaba a punto de caer.

No obstante, Maduro emprendió una estrategia en alianza con los militares. El modo de institucionalidad levantada durante el gobierno de Chávez y el suyo propio, se fortaleció. El gobierno y los militares se cerraron con fortaleza ante las declaraciones de la oposición y sus aliados internacionales, quienes subían el volumen de su tono.

La respuesta a este levantamiento de calle de 2017 fue diseñado por Maduro a través de la creación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Con esta estrategia logró descolocar a la MUD, a tal punto que no supo responder ante el llamado de elecciones de gobernaciones en septiembre de 2017. Tampoco supo hacerlo para el caso de las alcaldías en diciembre de 2017 y, por supuesto, tampoco para las actuales elecciones presidenciales.

En 2017, la ANC declaró improcedente el triunfo del opositor Juan Carlos Guanipa, por no haberse juramentado en su seno, mientras los otros cuatro gobernadores de oposición sí lo hicieron. Las diferentes tendencias de la oposición tuvieron respuestas disímiles y prefiguraron diversas vías de acción. Estos caminos disímiles disolvieron el escenario electoral que podría haberles dado un triunfo decisivo.

Aunque pueda parecer debilitado por la alta abstención, el resultado parece suficiente para los planes de Maduro. Hace tres días, la BBC tituló un artículo: «Maduro ha mostrado ser un político más astuto de lo que muchos pensaban». Ciertamente, muchos actores en el mundo van a entender tarde que la situación en Venezuela es más compleja que las informaciones que giran contra Maduro y sobre la situación en Venezuela. O, al menos, comprenderán que hay factores de poder que habría que tomar en cuenta, como a la oposición y sus procesos internos, lo mismo que a la hegemonía chavista dentro de las Fuerzas Armadas.

Con el resultado de la alta abstención, la oposición radical tiene más razones para esperar un «día D», parecido al de Panamá en 1989. Mientras tanto, el gobierno ha logrado un nivel de atornillamiento que después de este evento está más cerca de procesos de «perpetuación atemporal», como en Cuba y México. En ambos casos, los partidos de gobierno han tenido la hegemonía total. En el caso de Cuba desde el año 1959, y en el del Partido Revolucionario Institucional de México desde 1929, con un breve intersticio de 4 años.

La situación venezolana es compleja. Las posiciones en pugna son muchas. Y ayer se han hecho evidentes.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Acá entre nos: Ceguera histórica

@planetaencrisis

Una de las cosas más tristes de la crisis política que estamos viviendo en Venezuela, aparte, obviamente, de las muertes y de los graves hechos de violencia que aumentan a medida que avanza el año 2017, es ver a personas que uno considera dignas de todo respeto justificar y defender las violaciones de la Constitución en que ha incurrido el Gobierno desde que empezó esta última escalada. 

Me pasa con algún vecino con el que converso en el ascensor, con buenos amigos en Facebook, con políticos con cuyas posiciones simpaticé en algún momento, con colegas y compañeros de trabajo, hasta con periodistas que no conozco pero cuyo trabajo me llenó de entusiasmo alguna vez. También me pasa con personas muy cercanas y de mi propia familia. 

Constato con tristeza la ceguera y la incapacidad que tienen para analizar objetivamente los graves hechos ocurridos en las últimas semanas, las declaraciones oficiales y sus consecuencias sobre la situación del país. 

Son personas que, habiendo apoyado el proyecto de Hugo Chávez y el liderazgo heredado por Nicolás Maduro, consideran que no apoyar las decisiones de la cúpula del Gobierno equivale a traicionar ese legado, a permitir que la oposición “se adueñe otra vez del país”, a que se detenga la construcción del socialismo y que se pierda lo alcanzado; y a que “El Imperio” y el capitalismo internacional vuelvan a decidir los destinos nacionales.

Por eso repiten, con esa convicción vehemente de los fanáticos religiosos, que la Asamblea Nacional “tiene los días contados”, que los presos políticos son “asesinos” y “traidores”, que los demás líderes “escuálidos van a terminar igual”, que la violencia viene únicamente de la oposición, que todo lo que dicen sus representantes son "mentiras", que el referéndum revocatorio no se hizo porque los partidos políticos no cumplieron y que todo el que cuestione la línea oficial está siendo pagado, es "vende patria" y "salta talanquera".

Como las conozco y las respeto, tengo la certeza de que estas personas creen ciegamente en las razones que esgrimen y de que son incapaces de confrontar consigo mismos sus argumentos, pues lo único que importa es justificar lo que hace el Gobierno, aunque tuerza las leyes, y mostrar que sí tiene respaldo para lograr vencer la guerra económica y política de cuarta generación.

Piensan que la base del liderazgo de Chávez fue justamente el golpe de Estado fallido de 1992, el hecho de que modificó la Constitución en 1999 (aunque entonces no lo hizo él, sino todo el país), el haber enfrentado a los grandes poderes internacionales y al más rancio stablishment global de modo contestatario y con un efecto mediático y de choque; por lo que romper las normas y confrontar agresivamente siempre será sinónimo de ese espíritu chavista y revolucionario. 

Desconfían de las noticias pues saben que la verdad oficial es hecha a la medida del poder y que las informaciones de los medios de comunicación siempre son tamizadas por intereses políticos o económicos.

No tienen dudas de que, al llegar la oposición al poder, muchas de las políticas sociales, el volumen del gasto público, la propiedad de las empresas estratégicas, entre otros muchos aspectos de la vida nacional, cambiarán de rumbo, desaparecerán o darán paso a decisiones impopulares que contrastarán grandemente con las políticas implementadas por la izquierda, como está pasando ahora en Brasil o en Argentina.

Temen que, si ocurre lo mismo en Venezuela, se habrá perdido el sueño de Chávez y que la oportunidad será irrecuperable.

Pero, a pesar de entender este punto de vista, no puedo dejar de rechazar la incapacidad que demuestran para cuestionar el discurso cínico, el doble rasero y la retórica mentirosa que tanto le atribuyeron a los numerosos adversarios, hoy en boca de los altos funcionarios del Gobierno. 

No puedo dejar de considerar patética la defensa incondicional de cualquier argucia, de cualquier argumento, para impedir que los venezolanos ejerzan sus derechos bajo el falso supuesto moral de que se está luchando en una guerra no convencional.

No porque exista una guerra no convencional o porque pensemos que el adversario utiliza estrategias fuera de la Ley tenemos derecho a hacer cualquier cosa para confrontarlo. No porque yo crea que el otro es inmoral tengo derecho yo, si es que tengo valores e ideología, a serlo también.

Fue lamentable ver a Hermann Escarrá, ilustre promotor de la Constitución de 1999 y a quien todo el país se acostumbró a considerar una voz incuestionable en la materia, decir en reciente entrevista con Vladimir Villegas que no hace falta consultarle al pueblo si quiere o no una nueva Constitución, que eso se hizo en 1999 porque entonces no había la normativa que ahora hay. 

Lo dice justamente él, que sabe muy bien que uno de los grandes logros políticos de Chávez y lo que lo llevó originalmente al poder fue lograr un consenso nacional y una amplia participación de todos los sectores para reformar la Carta Magna.

Fue oprobioso ver a la señora Tibisay Lucena anunciar que la Constituyente se hará en julio, apenas unas horas después de que Maduro hiciera la convocatoria y sin cuestionar en absoluto las bases comiciales, que representan un golpe para la democracia en nuestro país.

Fue indignante escuchar al defensor del pueblo decir que la Constituyente "servirá para traer la paz", cuando desde que se hizo el anuncio de ese disparate, de ese último y fatal autogol, los niveles de protesta violenta se incrementaron exponencialmente.

Resulta insoportable escuchar, todos los días, al Presidente de la República acusar a la oposición de hacer exactamente todo lo que él mismo hace, entre hablar golpeado y descalificaciones. 

Y causa profunda vergüenza ver esta crisis reflejada en la prensa internacional, porque no hay nada que uno pueda decir que justifique lo que está pasando, ni siquiera la guerra económica y política, que ya se perdió hace muchos meses.

Atrás quedó aquella Venezuela cuya democracia era ejemplo para todo el mundo, aquel CNE que tenía “la teconología más moderna” y aquella propuesta de un modelo de desarrollo nuevo, con justicia y equidad. 

Hoy tenemos un país en ruinas y una crisis económica sin precedentes, con un goteo diario de muertes, violaciones recurrentes de los derechos humanos y una honda fractura social que amenaza con profudizarse más y más, con los venezolanos odiándose los unos a los otros.

Me asusta la cara dura de miembros del Gobierno y de los demás poderes públicos “simpatizantes” al decir las cosas que dicen ante un micrófono, pese a ver a los miles de personas todos los días en las calles y las cifras rojas de la violencia crecer y crecer, mientras el discurso presidencial parece salido de una pieza de teatro del absurdo.

¿Cómo no ven que detener esta guerra entre venezolanos requiere recuperar la confianza en las personas y en las instituciones? ¿Cómo no han entendido aún que si existe algo vital, fundamental, que debe ser modificado en el legado de Chávez es el discurso divisionista, descalificatorio y excluyente?

¿No se dan cuenta de que el futuro del chavismo está atado a su capacidad de regenerarse, de reorganizarse y de generar nuevos liderazgos dentro del juego democrático? ¿No ven venir la debacle que se cierne sobre el propio proyecto político si no lo hacen?

Pero la ceguera de quienes justifican atrocidades para permanecer en el poder no los libera de responsabilidades. Tampoco exonera a quienes prefieren mirar hacia otro lado, minimizando la gravedad de los errores cometidos y repitiendo como robots un guion vacío de ideología. 

Tristemente, a todos ellos, incluso a los que queremos y respetamos, la Historia y el país les pasarán factura.

viernes, 3 de junio de 2016

Acá entre nos: Otra ventana de oportunidad para los periodistas en Venezuela

@planetaencrisis

Los presuntos saqueos o protestas espontáneas en Venezuela son un tema delicado que no debe ser tratado por los medios a la ligera.

Nuevamente estamos en la situación en que todo lo que uno lea sobre el país tendrá una lectura depende del cristal con que se mire.

Esto quiere decir que la información transita sobre hechos cuyas causas son motivo de polémica y que es preciso investigar mucho todavía.

No existe un solo punto de vista interpretativo y obviar esto significa ser actor político y no cronista objetivo. Lo que decimos tiene peso.

Los periodistas deberán (¡!) ser cuidadosos, contextualizar muy bien sus noticias y no dejarse llevar por la emoción.

Es preciso hacerse, metodológicamente, las preguntas correctas respecto a quién o quiénes se benefician con los sucesos.

En mi opinión, la situación, nuevamente, es una ventana de oportunidad para los admirables y valientes periodistas venezolanos.

lunes, 13 de febrero de 2012

La divina comedia

Ricardo Aronskind

Europa está en declive económico, y vuelven a empujarla en esa dirección todos los días. La arrojan sus autoridades principales con las políticas de “austeridad” que reclaman despidos y recortes del gasto público. La arrojan –concientemente– las calificadoras de riesgo, en una dinámica de boicot sistemático a cualquier recuperación objetiva o subjetiva. La arroja la principal potencia regional, Alemania, con una notoria cortedad de miras, y la arroja la pasividad de la población europea, que mayoritariamente no advirtió todavía hacia dónde la están llevando las orientaciones neoliberales de sus gobernantes. En Grecia es donde la manta está quedando socialmente demasiado corta.

¿Cuál es el plan? ¿A qué se parece lo que viene ocurriendo en Europa? ¿A un proceso de toma de decisiones democrático y razonado o a un campeonato de mezquindades donde los actores van usando su fuerza relativa para empujar la realidad en la dirección de los resultados deseados?

Desde que comenzó la crisis internacional, la Eurozona ha ido acumulando tropiezos, en medio de anuncios de salvatajes financieros cada vez mayores –que no se concretan–, y del lanzamiento de paquetes económicos contractivos, que sí se concretan. Se menciona al pasar, y como signo de “corrección económica”, la necesidad de crecer junto con la de ajustar. Pero sólo se toman medidas de ajuste, y se dice que contribuirán –vía expectativas de los agentes económicos– al crecimiento.

Desde mediados de 2011 se viene observando una fuerte contracción del crédito interno europeo. La iliquidez en los bancos es grande, la desconfianza sobre la viabilidad de las entidades se acrecentó, y ya la deuda soberana de varios países no es la única espada de Damocles: la quiebra de grandes entidades bancarias es una posibilidad real.

Hace aproximadamente dos meses se estimaba que los bancos privados más importantes de Europa necesitaban una inyección de 115 mil millones de euros para estar en condiciones de hacer frente a una situación de “estrés” financiero (por ejemplo, el pánico a partir de un default griego y su contagio a otros países). El cálculo, revisado hace un mes, llevó la cifra a 350 mil millones. Finalmente, el 21 de diciembre pasado, el Banco Central Europeo (BCE) habilitó una línea de crédito amplia para los bancos privados, a 3 años y con bajísima tasa de interés, y las entidades le pidieron 490 mil millones. Hasta hace poco se cuidaban de pedir estos créditos para no generar sospechas de que su situación era frágil.

Cada nuevo ataque de “desconfianza” de los “mercados” es acompañado (o precedido) por alguna desmejora en la calificación de riesgo que suministra el oligopolio calificador norteamericano (Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s). El resultado concreto es que se incrementan los intereses que se les cobran a los supuestos países riesgosos para prestarles... lo que los vuelve más riesgosos, porque su situación fiscal, productiva y social empeora debido a los mayores pagos. Sigue siendo asombrosa la sumisión universal a las empresas calificadoras de riesgo, que se expresa en una enorme cantidad de contratos y de créditos vinculados con las “evaluaciones” que realizan. Ese lugar que se les concede las vuelve extraordinariamente influyentes, ya que deposita en las manos de unos pocos analistas financieros, con una limitadísima visión económica y política, el destino de grandes conglomerados humanos.

En la reciente supercumbre del 9 de diciembre [de 2011] de los 27 miembros de la UE pareció que se alumbraba una “solución”: un control y supervisión mucho más estrechos de la Unión sobre las finanzas públicas y los sistemas financieros de todos los países miembros, junto con reglas extremadamente estrictas en materia de gasto y equilibrio fiscal. La cumbre les ofreció a los mercados más garantías fiscales futuras para enfrentar los apremios financieros presentes. ¿Era eso lo que estaban esperando los mercados?
Alemania se resiste a constituirse en el gran garante del paquete –en rápida expansión– de los desbalances financieros que hay en la Eurozona, al menos hasta que no controle las políticas internas del resto de los socios. La canciller [Angela] Merkel ha rechazado sistemáticamente la emisión de eurobonos –títulos públicos respaldados colectivamente por la UE– que permitirían canjear la deuda devaluada de los países más problemáticos por nuevos papeles que recibirían la “confianza” de los capitales especulativos. Seguramente ese mecanismo haría olvidar transitoriamente que la gigantesca deuda pública que han acumulado casi todos los Estados europeos deberá ser refinanciada en su totalidad, para posibilitar el despegue de la demanda en sus asfixiadas economías.

Se escucha en estos días otro argumento típico de los mercados: “Hay que consolidar la situación de los bancos para que puedan prestarle al sector productivo”. Otra vez, el larguísimo camino –que siempre “debe pasar” por las arcas financieras– hacia una supuesta reactivación. El ejemplo norteamericano ofrece una prueba empírica con relación a la validez del argumento. La Reserva Federal ha arrojado en los tres últimos años dos paquetes de expansión monetaria de 600 mil millones de dólares cada uno, y ahora “los mercados” le están reclamando uno adicional. Los resultados de las gigantescas emisiones monetarias son concluyentes: fueron canalizadas hacia los negocios La divina comedia

Ricardo Aronskind

Europa está en declive económico, y vuelven a empujarla en esa dirección todos los días. La arrojan sus autoridades principales con las políticas de “austeridad” que reclaman despidos y recortes del gasto público. La arrojan –concientemente– las calificadoras de riesgo, en una dinámica de boicot sistemático a cualquier recuperación objetiva o subjetiva. La arroja la principal potencia regional, Alemania, con una notoria cortedad de miras, y la arroja la pasividad de la población europea, que mayoritariamente no advirtió todavía hacia dónde la están llevando las orientaciones neoliberales de sus gobernantes. En Grecia es donde la manta está quedando socialmente demasiado corta.

¿Cuál es el plan? ¿A qué se parece lo que viene ocurriendo en Europa? ¿A un proceso de toma de decisiones democrático y razonado o a un campeonato de mezquindades donde los actores van usando su fuerza relativa para empujar la realidad en la dirección de los resultados deseados?

Desde que comenzó la crisis internacional, la Eurozona ha ido acumulando tropiezos, en medio de anuncios de salvatajes financieros cada vez mayores –que no se concretan–, y del lanzamiento de paquetes económicos contractivos, que sí se concretan. Se menciona al pasar, y como signo de “corrección económica”, la necesidad de crecer junto con la de ajustar. Pero sólo se toman medidas de ajuste, y se dice que contribuirán –vía expectativas de los agentes económicos– al crecimiento.

Desde mediados de 2011 se viene observando una fuerte contracción del crédito interno europeo. La iliquidez en los bancos es grande, la desconfianza sobre la viabilidad de las entidades se acrecentó, y ya la deuda soberana de varios países no es la única espada de Damocles: la quiebra de grandes entidades bancarias es una posibilidad real.

Hace aproximadamente dos meses se estimaba que los bancos privados más importantes de Europa necesitaban una inyección de 115 mil millones de euros para estar en condiciones de hacer frente a una situación de “estrés” financiero (por ejemplo, el pánico a partir de un default griego y su contagio a otros países). El cálculo, revisado hace un mes, llevó la cifra a 350 mil millones. Finalmente, el 21 de diciembre pasado, el Banco Central Europeo (BCE) habilitó una línea de crédito amplia para los bancos privados, a 3 años y con bajísima tasa de interés, y las entidades le pidieron 490 mil millones. Hasta hace poco se cuidaban de pedir estos créditos para no generar sospechas de que su situación era frágil.

Cada nuevo ataque de “desconfianza” de los “mercados” es acompañado (o precedido) por alguna desmejora en la calificación de riesgo que suministra el oligopolio calificador norteamericano (Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s). El resultado concreto es que se incrementan los intereses que se les cobran a los supuestos países riesgosos para prestarles... lo que los vuelve más riesgosos, porque su situación fiscal, productiva y social empeora debido a los mayores pagos. Sigue siendo asombrosa la sumisión universal a las empresas calificadoras de riesgo, que se expresa en una enorme cantidad de contratos y de créditos vinculados con las “evaluaciones” que realizan. Ese lugar que se les concede las vuelve extraordinariamente influyentes, ya que deposita en las manos de unos pocos analistas financieros, con una limitadísima visión económica y política, el destino de grandes conglomerados humanos.

En la reciente supercumbre del 9 de diciembre [de 2011] de los 27 miembros de la UE pareció que se alumbraba una “solución”: un control y supervisión mucho más estrechos de la Unión sobre las finanzas públicas y los sistemas financieros de todos los países miembros, junto con reglas extremadamente estrictas en materia de gasto y equilibrio fiscal. La cumbre les ofreció a los mercados más garantías fiscales futuras para enfrentar los apremios financieros presentes. ¿Era eso lo que estaban esperando los mercados?
Alemania se resiste a constituirse en el gran garante del paquete –en rápida expansión– de los desbalances financieros que hay en la Eurozona, al menos hasta que no controle las políticas internas del resto de los socios. La canciller [Angela] Merkel ha rechazado sistemáticamente la emisión de eurobonos –títulos públicos respaldados colectivamente por la UE– que permitirían canjear la deuda devaluada de los países más problemáticos por nuevos papeles que recibirían la “confianza” de los capitales especulativos. Seguramente ese mecanismo haría olvidar transitoriamente que la gigantesca deuda pública que han acumulado casi todos los Estados europeos deberá ser refinanciada en su totalidad, para posibilitar el despegue de la demanda en sus asfixiadas economías.

Se escucha en estos días otro argumento típico de los mercados: “Hay que consolidar la situación de los bancos para que puedan prestarle al sector productivo”. Otra vez, el larguísimo camino –que siempre “debe pasar” por las arcas financieras– hacia una supuesta reactivación. El ejemplo norteamericano ofrece una prueba empírica con relación a la validez del argumento. La Reserva Federal ha arrojado en los tres últimos años dos paquetes de expansión monetaria de 600 mil millones de dólares cada uno, y ahora “los mercados” le están reclamando uno adicional. Los resultados de las gigantescas emisiones monetarias son concluyentes: fueron canalizadas hacia los negocios financieros, lo que posibilitó que los mercados vivieran nuevas euforias y repartieran ganancias como si el mundo estuviera en auge. El crecimiento de la producción y el empleo brillaron por su ausencia.

La modificación de la Constitución de España en tiempo récord, con el apoyo de los dos grandes partidos políticos de ese país, para ponerla en sintonía con los requerimientos de “los mercados” (prioridad del pago de la deuda externa sobre cualquier otro gasto del Estado, por ejemplo), es una de las reiteradas muestras de la subordinación de la política al capital financiero.

En el caso español, el periplo no terminó allí: el flamante presidente conservador, Mariano Rajoy, nombró como ministro de Economía a un hombre que ha cumplido importantes funciones en el quebrado conglomerado financiero Lehman Brothers. En Grecia ha sido designado como primer ministro Lucas Papademos, quien fuera presidente del Banco Central griego en la época de “estrecha” colaboración con la firma Goldman Sachs para maquillar las cuentas griegas. El primer ministro y titular de Economía de Italia, Mario Monti, también asesoró a Goldman Sachs y comparte la filosofía ajustadora.

También el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quien se niega a comprar en forma masiva títulos de deuda soberana de los países europeos, pero no a emitir abundantemente para sostener a los bancos, fue vicepresidente para Europa de Goldman Sachs.

Superado el “enojoso” capítulo de pretender someter a consulta popular lo que se va a hacer con la vida y el bienestar de los griegos, el neoliberalismo retomó la ofensiva estratégica contra el Estado de bienestar. Papademos, Monti y Rajoy se están encargando de reducir empleados públicos, prolongar la edad jubilatoria, promover reducciones múltiples de gasto público y nuevas privatizaciones. Especialmente duras son las tareas que le han asignado a Rajoy: reducir las prestaciones del desempleo, ya que, al tener que cubrir al 21 por ciento de la población en esa situación, representan un “gasto” demasiado alto, según la visión de la Comisión Europea. Le están pidiendo que se profundice la flexibilización laboral para que parte de los desocupados obtenga algún trabajo precario, que permita al Estado desembarazarse del seguro de desempleo que debe abonarles. Todo para que las cuentas públicas estén en mejores condiciones de afrontar los sucesivos pagos de deuda.

La única rebelión en la supercumbre europea ha sido la británica. A riesgo de dañar la vinculación con la Unión Europea, los conservadores ingleses optaron por rechazar que organismos supranacionales tengan injerencia y supervisión sobre su sistema financiero y bursátil, que es la columna fundamental de la vida económica del país.

La disputa preelectoral en los Estados Unidos se mantiene en la misma línea. Los candidatos republicanos compiten por quién será el que mejor preserve a los ricos de pagar impuestos, y quién recortará más los servicios de salud y otras prestaciones sociales.

El enorme poder político e intelectual logrado por el capital financiero le ha otorgado la posibilidad de controlar las principales decisiones políticas en el mundo desarrollado, a pesar de haber provocado la crisis global. Y, sin embargo, no muestra capacidad alguna para resolver lo que su propia dinámica de acumulación ha provocado. Los climas de “incertidumbre” y “desconfianza” devienen, en última instancia, de la implementación de sus propias políticas.

De todas formas, la situación global es extremadamente fluida. Lo muestra la inesperada decisión suiza de poner un tope a la revaluación de su moneda, con un inédito gesto intervencionista. En Francia se está observando un fuerte resurgimiento del proteccionismo, expresado en el discurso de todos los candidatos a la presidencia. La irrupción de los “indignados” en numerosos países es parte de un proceso de repolitización global frente a la agresión neoliberal, que recién está comenzando.

Ante la fragilidad generada por el mundo financiero, hoy todos los escenarios económico-institucionales son verosímiles. Cualquier “noticia” significativa, desde un conflicto armado hasta la quiebra de un banco o la desestabilización de algún gobierno dedicado al ajuste, puede inducir a una retracción financiera adicional y a una profundización de la crisis global. ¿Será necesario que el mundo atraviese mayores penurias para que cambie en serio la agenda internacional?

El autor colabora con el Programa Interdisciplinario para el Seguimiento de la Crisis del Orden Económico Mundial (Pisco) de la Universidad Nacional de General Sarmiento.
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Publicado por Página 12 el 06-02-2012.

viernes, 18 de febrero de 2011

“Le duele el Asia”









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Es obvio. Mafalda es mi heroína favorita de los cómics y la que más me inspira desde que tengo memoria. Esta pequeña secuencia, tomada de un libro roto y deshojado de 1973, me dio la idea de crear el Blog del planeta en crisis.

lunes, 29 de noviembre de 2010

"Si tuvieras hígado, ¿eh?"



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Yo tenía una modesta colección de Mafalda que fue de mis padres, pero que se perdió en alguno de mis viajes.

miércoles, 13 de octubre de 2010

La crisis y el fin de Bretton Woods II

Alejandro Nadal

La asamblea anual del Fondo Monetario Internacional (FMI) concluyó con la persistencia de desacuerdos básicos, que son un mal presagio. Ninguna de las dificultades fundamentales de la economía mundial pudo resolverse en estos días. La guerra de las divisas está a la vuelta de la esquina y los peores días de la crisis podrían estar de regreso en unos meses. Hasta se dice que 2008 podría ser un día de campo, comparado con lo que viene en 2011.

En Washington nadie esperaba milagros. Después de todo, el FMI perdió la brújula desde el 15 de agosto de 1971. Ese día Nixon ordenó cerrar la ventanilla de compra-venta de oro y terminó el mundo de los tipos de cambio fijos para el que fue creado el FMI en la conferencia de Bretton Woods en 1944. Al cabo de unos años, el Fondo redefinió su misión como promotor de la liberalización financiera a escala global. Y en este nuevo papel pudo presidir sobre una larga lista de crisis financieras, cada vez más frecuentes y profundas. Como se sabe, en numerosos casos la medicina recetada por el FMI resultó peor que la enfermedad.

Poco a poco se fue consolidando un sistema que recibió en los años noventa el nombre de Bretton Woods II. Al igual que antes, el dólar seguía siendo el referente monetario en la economía mundial, pero en el nuevo esquema, Estados Unidos mantenía una posición de “consumidor en última instancia” y era subsidiado por China y los países exportadores de petróleo interesados en mantener su propio tren de exportaciones. Mientras hubo crecimiento, las cosas marcharon más o menos de manera estable. Claro, los gigantescos desequilibrios se fueron acumulando y adoptaron la forma de un astronómico déficit en las cuentas externas de Estados Unidos y su dual, las gigantescas reservas del banco central en China.

Este esquema podía durar mientras las tasas de crecimiento hicieran pensar a todos que el porvenir era brillante y siempre lo sería. Pero ese tipo de expectativas terminan por ser desmentidas por la dura realidad. Siempre se supo que Bretton Woods II era un sistema insostenible y que terminaría por reventar. Pero mientras dura el carnaval, nadie se preocupa por la cruda del día siguiente.

Al estallar la crisis, el conocido dilema de Triffin se manifestó con una claridad deslumbrante. El desplome en la demanda efectiva en Estados Unidos dejó un vacío que había que llenar. El caos en el sector financiero imposibilitó a los bancos estadunidenses fungir como intermediarios entre el ahorro y el consumo, y el gobierno tuvo que entrar al quite con sus estímulos fiscales y rescates de las hipotecarias semioficiales.

Pero el estímulo fiscal y la inyección de la Reserva Federal de más de un billón (castellano) de dólares para adquirir bonos del Tesoro terminaron por sacudir al mundo entero. Para colmo, aunque el estímulo fiscal permitió una especie de recuperación, resultó insuficiente. En lugar de mantenerlo y aumentar su volumen, la clase política estadunidense dejará que expire este otoño. La política monetaria, en su esquema de flexibilización cuantitativa, seguirá inyectando liquidez a un sistema que permanece estancado y con altas tasas de desempleo. Encima de todo, la pérdida de valor del dólar no fue suficiente para corregir el déficit comercial.

Hoy las principales economías del mundo están a punto de sufrir una recaída de proporciones alarmantes. En Estados Unidos el sistema bancario no acaba de digerir el desastre del sector hipotecario. El incremento en los costos de operación de los bancos debido a la ejecución de hipotecas vencidas es la peor amenaza del sector bancario. Esta es la cicatriz que dejarán las hipotecas subprime en los estados financieros de los bancos. Lo importante es que para un banco con problemas en la línea de flotación, el incremento en los gastos de operación puede ser el tiro de gracia.

Europa está amenazada por el regreso a la austeridad fiscal de su absurdo Tratado de Maastricht y Japón porque, en el fondo, nunca superó la crisis de los años noventa. La recesión en forma de W para la economía global es casi inevitable. Para las llamadas economías emergentes el problema se agrava porque sus exportaciones se verán afectadas.

Los desequilibrios acumulados en los últimos 20 años tocan a la puerta hoy para reclamar atención. A China se le exige disciplina cambiaria y mayor énfasis en la demanda interna. Pero la percepción en Pekín es que el gigante asiático no puede darse el lujo de perder competitividad en los mercados internacionales. Eso sucedería si aumentan sus costos laborales y se permite la apreciación del renminbi. Por eso China reclama a su vez disciplina monetaria al país que emite los papelitos verdes, que otrora fueron la piedra de toque del sistema monetario internacional.

Es la terminación del sistema de Bretton Woods II. No será un final tranquilo. Y sí, 2011 puede muy bien ser el peor año de la crisis.

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Publicado por La Jornada el 13-10-2010.

lunes, 26 de abril de 2010

Acá entre nós: Sobre el espionaje Colombia-Vzla. (6 tuits)

@planetaencrisis
  • Entre Vzla. y Colombia el tema del espionaje está muy candente, en pleno año de elecciones para ambos países. http://url4.eu/2wB0S
  • Pero en la geopolítica de hoy, como en la de antes, el espionaje es práctica común, parte de la estrategia de defensa de las naciones.
  • Hace poco Perú le hizo a Chile acusaciones de espionaje, y no fue la primera vez. ¿Y alguien se acuerda del espía ruso envenenado en Londres?
  • Prensa y gobiernos de Vzla. y Colombia han usado el tema del espionaje como arma política, con la intención de influir en los comicios.
  • Habría que preguntarse si, de verdad, ambos países pretenden afrontar el daño de un rompimiento total o si hacen "puro teatro".
  • Cuestiones como la política estratégica y las alianzas militares están en el fondo del problema. Toca mirar hacia los lados.