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lunes, 27 de junio de 2022

Acá entre nos: PERIODISTAS, NO MISES























Por @planetaencrisis

Este lunes 27 de junio de 2022 celebramos en Venezuela un nuevo Día Nacional del Periodista, el quincuagésimo séptimo desde la proclamación de esta efeméride, en 1965. Con motivo de esta fecha quiero hacer un comentario.

No es un secreto que, en Venezuela, la palabra “mis”, o mejor dicho miss (señorita en inglés) y lo que trae consigo nos ha legado patrones culturales que se arraigaron fuertemente en nuestra sociedad, y que son fácilmente identificables en medios como la televisión.

La larga lista de coronas de la belleza mundial –Miss Mundo, Miss Universo, etc.– que ostenta el país desde hace medio siglo nos convirtió en una “fábrica de reinas” y ha poblado nuestra televisión de mujeres cuyas carreras se iniciaron en las pasarelas de los concursos de esta naturaleza.

Los certámenes de belleza siguen teniendo gran audiencia en Venezuela –probablemente mucho más que en otros países– y nos han heredado un modelo de comportamiento femenino ante las cámaras sine qua non para todos los tipos de contenido: entretenimiento, farándula, moda y también para los noticieros y programas de entrevistas periodísticas, donde las mujeres nos hemos abierto paso de forma decisiva en las últimas décadas.

MODELOS DE MISS

Las presentadoras de farándula y variedades de la televisión venezolana suelen ser jóvenes y atractivas mujeres con ropas provocativas, pechos, brazos y piernas con mucha piel al descubierto, altos tacones y cabellos largos, que exhiben además un comportamiento extrovertido y una perpetua sonrisa de labios rojos.

Si algún varón o algunos varones comparten la pantalla con ellas, generalmente lo hacen en inferioridad numérica y sin poses de pasarela ni ropas de fiesta.

Algunas presentadoras de televisión ex mises han sido muy carismáticas y populares, tornándose leyendas de las pantallas y permaneciendo en el medio a pesar del paso del tiempo y de su edad.

Pero, en general, no ocurre lo mismo con las periodistas de televisión, cuya gran mayoría debe migrar hacia otros medios de menor exposición visual tras alcanzar la edad de los cabellos grises.

Mientras tanto, la mayoría de las periodistas jóvenes que conducen hoy en día espacios noticiosos en la televisión venezolana –con excepción de las anclas de los noticieros, que se visten, se peinan y se maquillan sobriamente–, aunque no se adornen con lentejuelas sí adoptan las poses y el aire discretamente sensual de las reinas de belleza.

Incluso en los noticieros de deportes podemos encontrar ese sutil “estilo miss” en las periodistas.

Son poses que se hacen evidentes al caminar ante la cámara y cuando la toma es de cuerpo entero, por ejemplo, al girar el cuerpo hacia uno u otro lado; al permanecer paradas con las piernas ligeramente entrecruzadas y un pie delante del otro; o al sentarse únicamente con las piernas cruzadas e inclinadas lateralmente, muchas veces exhibiendo los muslos bajo la corta falda.

No he visto este estilo en noticieros de otros países cercanos al nuestro, como Brasil y Colombia, donde la informalidad en el vestir y la naturalidad en el actuar de las periodistas son predominantes en la televisión. Tampoco en noticieros de otras latitudes más lejanas.

Ante el aumento de la presencia femenina en los programas informativos de la pantalla chica venezolana he podido notar también un aumento exponencial del estilo miss entre las periodistas.

TELEVISIÓN MACHISTA

Hay quienes normalizan estas cuestiones al sostener que la televisión es un reflejo de las sociedades y que, como tal, siempre ha sido un escenario cargado de estereotipos machistas, presentes en toda la programación alrededor del mundo y de forma especialmente abundante en telenovelas, programas de humor y entretenimiento.

La discusión inevitable y de fondo es, claro está, sobre si damos por sentada la anterior afirmación o si, más bien, logramos entender que nuestra conducta y la aceptación de los estereotipos de género de hecho ayuda a difundirlos, a asentarlos y a perpetuarlos en todos los espacios laborales.

El medio televisivo, que es el uno de los pocos ámbitos periodísticos donde la mujer profesional muestra su físico todo el tiempo y donde ello es parte de su trabajo, es especialmente proclive a colocar a la mujer en una posición sensible de sufrir discriminación.

Estudios sobre los estereotipos de género han identificado los patrones conductuales como causas por las cuales las mujeres enfrentan más dificultades y limitaciones que los hombres en los sectores laborales y productivos, teniendo, por ejemplo, menores posibilidades para obtener puestos directivos o cargos de responsabilidad y devengando menores salarios.

El tener que hacer uso de la belleza física y, aún más, tener que enfatizar la forma de presentarse “femeninamente”, asumiendo patrones estereotipados de conducta como una herramienta de trabajo, es una condición altamente discutible y polémica.

Quedarán excluidas del estrellato, por ejemplo, las mujeres que no cumplan con los requisitos antes mencionados.

NO TODO SE VALE

Alguien podría argumentar que la imagen de cualquier profesional en la pantalla chica requiere carisma y un grado de impecabilidad en la imagen, y que para alcanzar estos objetivos “todo se vale”, inclusive la aceptación de parámetros que podrían ser definidos como discriminatorios. 

Llevando este razonamiento a una lógica in extremis, otros podrían argumentar que las mujeres venezolanas somos hermosas, de belleza rara, mestiza y variopinta, y que por lo tanto podemos echar mano de esos recursos y destacarlos para obtener beneficios que son por demás “justos”. 


Pero pensemos: ¿no resulta disparatado, incómodo, segregacionista y hasta ofensivo para las mujeres periodistas tener que agregar el estilo miss al ejercicio de nuestra profesión en la pantalla de televisión o en cualquier otro ambiente de trabajo? ¿De dónde se desprende ese "deber ser"?

Los estereotipos de género son creencias generalizadas y socialmente compartidas que funcionan como ejemplo y prescripción de la conducta “esperada” o “correcta” de hombres, mujeres y de la sexo diversidad.

Las reivindicaciones de los grupos sexualmente identificados e históricamente discriminados han generado un inmenso movimiento social alrededor del planeta que ha logrado importantísimos cambios sociales en los últimos años, modificando constituciones y legislaciones de todo tipo.

Vivimos una era única, donde el feminismo ha dejado de ser bandera de pequeños grupos que eran descalificados y minimizados por el establecimiento a todos los niveles en todos los países de Occidente, para tornarse una ideología dominante incluso entre las mujeres más jóvenes.

Venezuela no puede continuar al margen de estas reivindicaciones, al menos en el periodismo no lo podemos permitir haciendo de poses, maneras a la cámara y jerigonza machista parte obligatoria del trabajo.

Usted, colega periodista, por su formación, su conocimiento y su trabajo diario, definitivamente es mucho más que su físico.

Solo me resta agregar a este comentario un amable llamado a las afortunadas colegas que ocupan los espacios televisivos para que estén atentas a cualquier reglamentación o prescripción de los atributos, comportamiento y exposición que deberían tener las mujeres periodistas y que se pregunten si ello es necesario, legítimo y justo, en el entendimiento de que mostrarnos hermosas o incluso sensuales es una opción, no una obligación.

“Si una palabra sola puede cambiar el curso de la historia, otra palabra, en la oscuridad, derrota la tormenta”, dijo hace 200 años Manuelita Sáenz, un nombre adecuado para recordar en este nuevo Día del Periodista, que conmemora la publicación del periódico Correo del Orinoco, creado por Simón Bolívar en 1818.

lunes, 29 de agosto de 2016

domingo, 6 de octubre de 2013

En los escalones de la iglesia

Gibran Jalil Gibran

Ayer al atardecer, en los escalones de mármol de la Iglesia vi a una mujer sentada en medio de dos hombres. Una de las mejillas de la mujer se hallaba pálida, y la otra, ruborizada.

..................
De El loco, 1918.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Azuquita pa'l café

Letra y composición: Perín Vásquez
Interpretación: El Gran Combo de Puerto Rico

Qué inspirado el Creador 
cuando hizo la mujer, 
¡ay! qué bueno que le encargó 
que se dejara querer.

Y trajo al mundo esa miel,
ese debe ser su nombre,
y le regaló a los hombres 
azuquita pa'l café.

Que que que que qué fue qué fue 
azuquita pa'l café.
(BIS)

Y qué hermosa variedad, 
que mucho hay para escoger, 
y a mí no me importa cuál 
siempre que sea una mujer.

Y no hay oro ni diamantes 
que compare con su amor, 
ahí se rinde el más valiente, 
el más lindo y el mejor.

Que que que que qué fue qué fue 
el más lindo y el mejor. 
(BIS)

De la costilla de Adán 
hizo Dios a la mujer 
y le regalo a los hombres 
un huesito pa' roer.

Qué sabroso es tener frío
y arrimarse a una mujer, 
qué buena es la sinvergüenza
cuando se deja querer.

Que que que que qué fue qué fue
cuando se deja querer.
(BIS) 



.........................
Disco sencillo homónimo lanzado en 1984.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Glosario de náufragos

Cristina Peri Rossi

ABATIR

Vencimiento del buque, de la mujer,
por efecto de un viento fuerte, la marea o la corriente.
El buque cae a sotavento,
la mujer de espaldas, cuyo abatimiento se mide en grados.
Gran cantidad de público se congrega alrededor.
El barco se inclina.
La mujer gime
y a veces goza.

***

ESCORIACIÓN

Lastimadura que queda, luego del amor, al costado del cuerpo.
Tajo profundo, lleno de peces y bocas rojas,
donde la sal duele y arde el iodo,
que corre a todo lo largo del buque, que deja pasar la espuma,
que tiene un ojo triste en el centro.
En la actividad de navegar,
como en el ejercicio del amor
ningún marino, ningún capitán,
ningún armador, ningún amante,
han podido evitar esta suerte de heridas,
escoriaciones profundas que tienen el largo del cuerpo
y la profundidad del mar,
cuya cicatriz no desaparece nunca
y llevamos como estigmas de pasadas navegaciones,
de otras travesías. Por el número de escoriaciones
del buque, conocemos la cantidad de sus viajes;
por las escoriaciones de nuestra piel,
cuántas veces hemos amado.

***

ABORDAR

Aproximarse a la costa, a otro buque,
tomar por asalto a la mujer que está dormida
y sueña un mar de aguas profundas, de arenas bajas;
aproximarse a un buque
tomar por asalto a la mujer dormida
arrimarse a la costa
dejar en la superficie
una bandera que vigila,
hacer señales,
abordarla con dulce grito,
aproximarse con las torres altas
las velas desplegadas,
la proa del buque apuntando
hacia su vientre rosado, profundo,
los costados sudorosos, iodados,
las caderas movientes.
Cuando se la ha abordado
—sobre la arena la oscura marca—
cuando le ha quedado el cuerpo bordado
de insignias rubias y banderas,
sobre la cama, abandonarla.
No escuchar sus súplicas y silbidos
que quieren retenernos.
Dejarla lisa de marineros y soldados.
Dejarle pájaros enhebrados.
Por el cuerpo, marcas y señales.
No escuchar sus lamentos de ave
que reclaman alimento.
No esperar su envaramiento.
Volver al viejo barco que espera dormido
y retomar la marcha.

..........................
Del poemario Descripción de un naufragio, 1975. El título, para variar, es una pequeñita intervención mía.

domingo, 22 de enero de 2012

Caso pluvioso

Carlos Drummond de Andrade
Voz: Paulo Autran

A chuva me irritava. Até que um dia
descobri que Maria é que chovia.
A chuva era Maria. E cada pingo
de Maria ensopava o meu domingo.

E meus ossos molhando, me deixava
como terra que a chuva lavra e lava.
Eu era todo barro, sem verdura...
Maria, chuvosíssima criatura!

Ela chovia em mim, em cada gesto,
pensamento, desejo, sono, e o resto.
Era chuva fininha e chuva grossa,
matinal e noturna, ativa...Nossa!

Não me chovas, Maria, mais que o justo
chuvisco de um momento, apenas susto.
Não me inundes de teu líquido plasma,
não sejas tão aquático fantasma!

Eu lhe dizia em vão - pois que Maria
quanto mais eu rogava, mais chovia.
E chuveirando atroz em meu caminho,
o deixava banhado em triste vinho,

que não aquece, pois água de chuva
mosto é de cinza, não de boa uva.
Chuvadeira Maria, chuvadonha,
chuvinhenta, chuvil, pluvimedonha!

Eu lhe gritava: Pára! e ela chovendo,
poças d'água gelada ia tecendo.
Choveu tanto Maria em minha casa
que a correnteza forte criou asa

e um rio se formou, ou mar, não sei,
sei apenas que nele me afundei.
E quanto mais as ondas me levavam,
as fontes de Maria mais chuvavam,

de sorte que com pouco, e sem recurso,
as coisas se lançaram no seu curso,
e era o mundo molhado e sovertido
sob aquele sinistro e atro chuvisco.

Os seres mais estranhos se juntando
na mesma aquosa pasta iam clamando
contra essa chuva estúpida e mortal
catarata (jamais houve outra igual).

Anti-petendam cânticos se ouviram.
Que nada! As cordas d'água mais deliram,
e Maria, torneira desatada,
mais se dilata em sua chuvarada.

Os navios soçobram. Continentes
já submergem com todos os viventes,
e Maria chovendo. Eis que a essa altura,
delida e fluida a humana enfibratura,

e a terra não sofrendo tal chuvência,
comoveu-se a Divina Providência,
e Deus, piedoso e enérgico, bradou:
Não chove mais, Maria! - e ela parou.

………………………….
Del poemario Viola de bolso, 1955. 

martes, 27 de diciembre de 2011

El hombre

Clarice Lispector

Entre un instante y otro, entre el pasado y el futuro, la vaguedad blanca del intervalo. Vacío como la distancia de un minuto a otro en la circunferencia del reloj. El fondo de los acontecimentos irguiéndose callado y muerto, un pedazo de la eternidad.

Apenas un momento detenido, tal vez separando un trecho de la vida del siguiente. Ni un segundo, no pudo calcular el tiempo que, sin embargo, era largo como una línea recta infinita. Profundo, llegado de lejos, un pájaro negro, un punto creciendo en el horizonte, aproximándose a la conciencia como una pelota lanzada desde el final hacia el comienzo. Y explotando ante los ojos perplejos en la esencia del silencio.

Dejando tras de sí el intervalo perfecto como único sonido vibrando en el aire. Renacer después, guardar la memoria extraña del intervalo, sin saber cómo incorporarlo a la vida. Cargar para siempre el pequeño punto vacío —deslumbrado y virgen—, demasiado fugaz para dejarse desvendar.

Joana lo sintió mientras atravesaba el pequeño jardín de Lidia, ignorando adónde iría, con la certeza apenas de que dejaba atrás todo lo vivido. Cuando cerró la portezuela se alejó de Lidia, de Octavio, y, nuevamente sola en sí misma, caminó.

Un comienzo de tempestad se había calmado y el aire fresco circulaba dulcemente. Subió otra vez la montaña y su corazón latía aún sin ritmo. Buscaba la paz de aquellos caminos a esa hora, entre la tarde y la noche, una cigarra invisible susurrando el mismo canto. Los viejos muros húmedos en ruinas, invadidos de hiedra y enredaderas sensibles al viento. Se detuvo y, ya sin pasos, escuchó el silencio moverse. Solo su cuerpo perturbaba aquella serenidad. La imaginaba sin su presencia y adivinaba la frescura que deberían tener aquellas cosas muertas, mezcladas unas con otras, frágilmente vivas como en el comienzo de la Creación.

Las altas casas cerradas, recogidas como torres. Se llegaba a uno de los caserones por una larga calle sombría y quieta, el fin del mundo. Junto a él apenas se observaba un declive, el nacimiento de otra calle, y se podía entender que no era el final. La casona baja y ancha, los vidrios quebrados, las celosías de madera cerradas, cubiertas de polvo. Conocía bien aquel jardín donde se mezclaban blandos mogotes de hierba, rosas rojas, viejas latas oxidadas. Bajo los jazmines en flor encontraría los periódicos desteñidos, pedazos de madera húmeda de antiguos injertos. Entre los árboles pesados y envejecidos, los gorriones y las palomas pellizcaban el suelo desde siempre. Un pajarillo detenía su vuelo, paseaba por los alrededores hasta desaparecer tras los arbustos. La casona orgullosa y dulce en sus escombros. Morir allí. A aquella casa solo se podía llegar al final de todo. Morir en aquella tierra húmeda, tan buena para recibir un cuerpo muerto. Pero no era la muerte lo que ella quería, tenía miedo también.

Un hilo de agua corría sin cesar por la pared oscura. Joana se detuvo un instante y lo miró, vacía, impasible. En uno de sus paseos ella se había sentado junto al portoncito oxidado, el rostro apretado contra los barrotes helados, intentando sumergirse en el olor húmedo y oscuro del terreno. Aquella quietud cerrada, el perfume. Pero eso había sido hace mucho tiempo. Ahora ella se había separado del pasado.

Siguió caminando. Ya no sentía el calor de la fiebre que la conversación con Lidia le había causado. Estaba pálida y el excesivo cansancio la hacía casi leve, los rasgos más finos, purificados. De nuevo esperaba un final, el final que jamás llegaba para completar sus momentos. Que bajara sobre ella algo inevitable, quería ceder, someterse. A veces sus pasos equivocaban la dirección, le pesaban, sus piernas apenas se movían. Pero ella se empujaba a sí misma, se guardaba para caer más lejos. Miraba el suelo, las rubias hierbas que renacían humildemente después de ser aplastadas.

Levantó los ojos y lo vio. Aquel mismo hombre que la seguía frecuentemente, sin jamás acercársele. Ya lo había visto muchas veces en aquellas mismas calles, durante el paseo vespertino. No se sorprendió. Alguna cosa habría de venir de algún modo, ella lo sabía. Afilado como un cuchillo. Sí, recién la noche anterior, acostada al lado de Octavio, ignorante de lo que sucedería al día siguiente, ella se había acordado de ese hombre. Afilado como un cuchillo...

Sintiendo un ligero vértigo al tentar divisarlo de lejos, vio al hombre multiplicado en innumerables bultos que llenaban, trémulos y deformes, el camino. Cuando se le quitó lo nublado de la visión, la frente húmeda de sudor, lo vio en contraste como un punto único y pobre caminando hacia ella, perdido en la larga calle desierta. Ciertamente él apenas la seguía, como las otras veces. Pero ella estaba cansada y se detuvo.

Cada vez más la figura del hombre se aproximaba y crecía, cada vez más Joana sentía hundirse en lo irremediable. Aún podía retroceder, todavía pudiera darse la vuelta e irse de allí, evitándolo. Y no sería como huír, ella adivinaba la humildad de aquel hombre. Nada la retenía allí, inmóvil, claramente esperando a que se aproximara. Nada la retenía, ni el miedo.

Pero aunque fuera la propia muerte la que se le acercaba, aun la vileza, la esperanza o, de nuevo, el dolor, se detuvo simplemente. Estaban cortadas las venas que la conectaban a las cosas vividas, reunidas ahora en un solo bloque lejano, exigiendo una continuación lógica, pero viejas, muertas. Solo ella misma había sobrevivido, aún respiraba. Y delante de ella un nuevo campo todavía sin color, la madrugada emergiendo. Atravesar las brumas para mirarlo. No podría retroceder, no sabía por qué retroceder. Si todavía dudaba delante del extraño cada vez más cercano era porque le temía a la vida, que otra vez se le aproximaba, implacable. Intentaba agarrarse al intervalo, existir en él, suspendida en aquel mundo frío y abstracto, sin mezclarse con la sangre.

……..
Fragmento del capítulo El hombre de la novela Cerca del corazón salvaje, 1944. Traducción libre.

viernes, 30 de septiembre de 2011

La casa

Eugenio Montejo

En la mujer, en lo profundo de su cuerpo
se construye la casa,
entre murmullos y silencios.
Hay que acarrear sombras de piedras,
leves andamios,
imitar a las aves.

Especialmente cuando duerme
y en el sueño sonríe
-nivelar hacia el fondo,
no despertarla,
seguir el declive de sus formas,
los movimientos de sus manos.

Sobre las dunas que cubren su sueño
en convulso paisaje,
hay que elevar altas paredes,
fundar contra la lluvia, contra el viento,
años y años.

Un ademán a veces fija un muro,
de algún susurro nace una ventana,
desmontamos errantes a la puerta
y atamos el caballo.

Adentro de su cuerpo la casa nos espera
y la mesa servida con las palabras limpias
para vivir, tal vez para morir
ya no sabemos
porque al entrar nunca se sale.

……………………….
De Terredad, 1978.

lunes, 27 de junio de 2011

Juventude transviada

Luiz Melodia

Lava roupa todo dia, que agonia
na quebrada da soleira, que chovia
até sonhar de madrugada
uma moça sem mancada
uma mulher não deve vacilar

Eu entendo a juventude transviada
e o auxílio luxuoso de um pandeiro
até sonhar de madrugada
uma moça sem mancada
uma mulher não deve vacilar

Cada cara representa uma mentira
nascimento, vida e morte, quem diria
até sonhar de madrugada
uma moça sem mancada
uma mulher não deve vacilar

Hoje pode transformar 
e o que diria a juventude
um dia você vai chorar
vejo claras fantasias



..................................................................
Del LP Maravilhas contemporâneas, 1976.

martes, 3 de mayo de 2011

La carta

Ernesto Sábato

Los días que precedieron a la muerte de María fueron los más atroces de mi vida. Me es imposible hacer un relato preciso de todo lo que sentí, pensé y ejecuté, pues si bien recuerdo con increíble minuciosidad muchos de los acontecimientos, hay horas y hasta días enteros que se me aparecen como sueños borrosos y deformes. Tengo la impresión de haber pasado días enteros bajo el efecto del alcohol, echado en mi cama o en un banco de Puerto Nuevo. Al llegar a la estación Constitución me recuerdo muy bien entrando al bar y pidiendo varios whiskies seguidos; después recuerdo vagamente que me levanté, que tomé un taxi y que me fui a un bar de la calle 2 5 de Mayo o quizá de Leandro Alem. Siguen algunos ruidos, música, unos gritos, una risa que me crispaba, unas botellas rotas, luces muy penetrantes. Después me recuerdo pesado y con un terrible dolor de cabeza en un calabozo de comisaría, un vigilante que abría la puerta, un oficial que me decía algo y después me veo caminando nuevamente por las calles y rascándome mucho. Creo que entré nuevamente a un bar. Horas (o días) más tarde alguien me dejaba en mi taller. Luego tuve unas pesadillas en las que caminaba por los techos de una catedral. Recuerdo también un despertar en mi pieza, en la oscuridad y la horrorosa idea de que la pieza se había hecho infinitamente grande y que por más que corriera no podría alcanzar jamás sus límites. No sé cuánto tiempo pudo haber pasado hasta que las primeras luces del alba entraron por el ventanal. Entonces me arrastré hasta el baño y me metí, vestido, en la bañadera. El agua fría empezó a calmarme y en mi cabeza comenzaron a aparecer algunos hechos aislados, aunque destrozados e inconexos, como los primeros objetos que se ven emerger después de una gran inundación: María en el acantilado, Mimí empuñando su boquilla, la estación Allende, un almacén frente a la estación que se llamaba La confianza o quizá La estancia, María preguntándome por las manchas, yo gritando: "¡Qué manchas!", Hunter mirándome torvamente, yo escuchando arriba, con ansiedad, el diálogo entre los primos, un marinero arrojando una botella, María avanzando hacia mí con ojos impenetrables, Mimí diciendo Tchékhov, una mujer inmunda besándome y yo pegándole un tremendo puñetazo, pulgas que me picaban en todo el cuerpo, Hunter hablando de novelas policiales, el chofer de la estancia. También aparecieron trozos de sueños: nuevamente la catedral en una noche negra, la pieza infinita.

Luego, a medida que me enfriaba, aquellos trozos se fueron uniendo a otros que iban emergiendo de mi conciencia y el paisaje fue reconstituyéndose, aunque con la tristeza y la desolación que tienen los paisajes que surgen de las aguas.

Salí del baño, me desnudé, me puse ropa seca y comencé a escribir una carta a María. Primero escribí que deseaba darle una explicación por mi fuga de la estancia (taché "fuga" y puse "ida"). Agregué que apreciaba mucho el interés que ella se había tomado por mí (taché "por mí" y puse "por mi persona"). Que comprendía que ella era muy bondadosa y estaba llena de sentimientos puros, a pesar de que, como ella misma me lo había hecho saber, a veces prevalecían "bajas pasiones". Le dije que apreciaba en su justo valor el asunto de la salida de un barco o el asistir sin hablar a un crepúsculo en un parque pero que, como ella podía imaginar (taché "imaginar" y puse "calcular"), no era suficiente para mantener o probar un amor: seguía sin comprender cómo era posible que una mujer como ella fuera capaz de decir palabras de amor a su marido y a mí, al mismo tiempo que se acostaba con Hunter. Con el agravante —agregué— de que también se acostaba con el marido y conmigo. Terminaba diciendo que, como ella podría darse cuenta, esa clase de actitudes daba mucho que pensar, etcétera.

Releí la carta y me pareció que, con los cambios anotados, quedaba suficientemente hiriente. La cerré, fui al Correo Central y la despaché certificada.

.......................................
Comienzo del capítulo XXIX de la novela El túnel, 1948. El título es una intervención pequeñita...

jueves, 28 de abril de 2011

Baudeleriana

Gonzalo Rojas

Astucias que le son y astucias que no le son
dijera Ovidio: los tacones
le son, ojalá altos, lo bestial
visible, los pezones, no importa
lo exiguo del formato, el beso
bien pintado, parisino
el aroma, azulosos
sin exceso los párpados, sigiloso
el zarpazo drogo y longilíneo
de su altivez, visionario
el fulgor, especialmente eso, visionario el fulgor.

Y claro, áureos los centímetros
ciento setenta del encanto
del tobillo a las hebras
torrenciales del pelo. -"Piénsese
irrumpe entonces a esa altura Borges con asfixia, ¿quién
sino el Aleph pudiera entera esquiza y
bestia así olfatear, besarla en el hocico,
durarla, perdurarla en su enigma, airearla,
mancharla por lo hondo hasta serla, al galope
tendido del tedio? ¿Quién,
especialmente eso, la hartara?"

Especialmente nada, muchachos, ¡videntes
de otra edad! ¡Borges,
Publio Ovidio!, nada: lo cierto
es que no hay nada, salvo
cada 28, sangre
de parir y ese es el juego. De ahí vinimos viniendo los
poetas malheridos aullando
mujer, gimiendo
hermosura, Eternidad
que no se ve: especialmente eso, muchachos,
que no se ve.

París, Noviembre 2003

…………………….
Del poemario Esencial, 104 poemas y otros textos, 2005.

sábado, 23 de abril de 2011

La humedad de las niñas

José Agustín Goytisolo

Es una cosa triste la gente no lo sabe.
Es un lametón ciego una mano sudada
un agujero blanco tal un traje de muerta
que aparece de pronto saltando por las casas
por las calles por todo. Es una cosa enorme.

Las niñas palidecen al llegar el otoño.
Palidecen y tiemblan y atrás queda el verano
las risas las canciones
y alguna cinta roja partida y olvidada.

Las niñas están quietas solas y quietas. Frías.
Y se ponen mojadas.
Se van poniendo flacas y mojadas por dentro
mientras que todo el mundo comenta y reacciona.

El invierno está cerca se dice de continuo
se preparan abrigos se proyectan estufas
y las bellas parejas contra el amor del fuego
dicen… ¡ay dios quién sabe se dicen tantas cosas!

Porque el mundo camina gira canta rodea
las estaciones tiemblan delante de los trenes
surgen y cesan vientos se extienden las noticias
los ministros prosiguen su inodora tarea
y hay en ciertos lugares murmullos y oraciones.

Pero a pesar de todo
a pesar de las voces que anuncian buenas nuevas
a pesar de la risa que tienen los mayores
a pesar del abrazo de la gloria de un beso
y del fuego cumplido que deshace la escarcha
las niñas tienen frío palidecen las pobres
y están tristes pues saben que por todo el invierno
se irán poniendo feas frias y mojadas.

……………………………………………………..
Del poemario Salmos al viento, 1980.

jueves, 21 de abril de 2011

Legado de luz desde la oscuridad de la muerte

Robert Fisk

Existen en la vida hechos tan terribles, tan indecibles, tan espantosos, que el lenguaje común no sirve para describirlos. Hace unos días Isis Nassar, artista británica-libanesa de 54 años, quien pintaba retratos y paisajes tan llenos de color que casi resplandecían en la oscuridad, seguía su hábito de viajar por el mundo, dando clases de arte a los pobres y pintando las tierras en las que habitan. Estaba en Belice. De Corea a Costa de Marfil, Eritrea, Nigeria, ¡Palestina! Libia, Indonesia, Papúa, había pintado miles de obras a cual más elaborada. La conocí hace años, cuando el museo Barbican exhibió un paisaje suyo, dolorosamente devastador, de la masacre de palestinos en Sabra y Chatila en 1982, cometida por milicianos libaneses aliados de Israel. Era de formato amplio, como debía ser, pero cuando la Orquesta Sinfónica de Israel fue a tocar en el Barbican, insistió en que se retirara el cuadro.

El lado interesante de esto fue que la demanda de la orquesta era un reconocimiento de la culpa de su país en ese crimen de guerra. Soldados israelíes presenciaron la masacre perpetrada por sus aliados y nada hicieron. Pero, sobra decirlo, el Barbican cedió con cobardía y quitó el lienzo. En ese tiempo reporté el caso en The Independent.

Como quiera que sea, hace unos días Isis estaba en la pequeña casa donde se alojaba en Belice cuando alguien irrumpió, la desnudó, la maniató y le rebanó la garganta. La amiga con quien ella se hospedaba encontró el cadáver. Un agresor sexual estadounidense fue arrestado para ser deportado, mientras un beliceño fue interrogado por la policía local, la cual –al trabajar en una ciudad que, según he averiguado, es una de las capitales mundiales del crimen– debe ser bastante deplorable en su trabajo.

El padre de Isis, Edward, de 85 años, de quien escribí en enero pasado y cuyo hijo murió hace varios años, viajó a Belice con una joven pariente, Nada Nassar, para llevar el cuerpo de su hija al Líbano vía Estados Unidos, proceso que implicó los desconsiderados retrasos burocráticos que se acostumbran en Belice y una igualmente desconsiderada negativa a permitir que Edward cruzara por Florida porque, aunque es inglés, no tiene visa estadounidense. Isis fue sepultada la semana pasada en el hermoso mausoleo familiar, arriba de Beirut.

Noté que los periódicos beliceños recurrieron al lugar común: Isis fue brutalmente asesinada. Pero en este caso me pareció singularmente insatisfactorio. Sí, todos los asesinatos son brutales, pero el de Isis fue tan inicuo que la frase no sirve. Sencillamente me quedé sin palabras. Y luego, la semana pasada estaba leyendo una historia aterradora de la invasión y ocupación nazi de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial y me di cuenta de que el cruel final de Isis fue enfrentado por decenas de miles –de hecho millones– de rusos. Los nazis eran así. Esa era la forma en que trataban a las mujeres. Los rusos cobraron terrible venganza en 1945, es cierto, pero ésa es otra historia. Y ahí es cuando caí en cuenta de lo que ocurrió con Isis: fue víctima de una atrocidad tan terrible como los crímenes de guerra cometidos por los nazis.

Así pues, cuando el padre de Isis me invitó a verlo, hace una semana –a charlar y luego a comer–, me asaltó la vieja pregunta: ¿qué se dice? Estoy cansado de las frases cojas como “lo siento”, “qué terrible”, que decimos a los familiares de víctimas inocentes. En su pequeño museo de antigüedades, dedicado en parte a la obra de Isis, me dijo con gran elocuencia –y con más fragilidad que nunca–: Tengo 85 años; yo debería estar muerto, Isis debería estar viva.

Le ofrecí disculpas por no asistir al pésame oficial, porque en Líbano eso por lo regular significa muchas familias que se odian entre sí. Se echó a reír. Robert, prefiero llevarte a comer. Le dije mi idea de que la palabra atrocidad de la Segunda Guerra Mundial era la que encajaba en este acto terrible. Lo pensó un rato y estuvo de acuerdo.

En tales ocasiones, por lo regular dejo que el deudo hable –para averiguar de qué quiere hablar– y sí, Edward quería hablar de lo brillante que era su hija. Había decidido abrir un segundo museo dedicado al trabajo de Isis. Incluso trajo gran número de bocetos de la casa de ella, ahora abandonada, muchos de ellos, pensé, de mujeres papuanas y nigerianas. Quiero dedicar mi vida a su obra, dijo, y que alguien escriba su biografía, poniendo muchas de sus pinturas de color en el libro. Es la única forma en que puedo dar sentido a mi existencia. Le dije que me parecía un magnífico proyecto.

Fuimos a la bonita casa de Edward, frente al Mediterráneo. Fumamos sus estupendos puros Cohiba y tuvimos una magnífica comida con montones de kibbe libanés, sambousek jibneh y tahina vegetal adornada con cebollas. La silla vacía de Isis estaba frente a mí. Y todo el tiempo estuvimos rodeados de docenas de cuadros de Isis.

Recuerdo haber leído hace poco que el artista alemán Hans Hofmann escribió una vez: En la naturaleza, la luz crea el color. Y en la pintura, el color crea la luz. Y Edward estuvo de acuerdo conmigo en que esa descripción parecía aplicarse casi con singularidad al trabajo de Isis. Había frente a mí una pintura de la costa irlandesa. Y detrás de Edward, una montaña espectacular hecha de todos los colores del arcoiris. Pude oler la pintura al óleo.

Así pues, regresé a Beirut y Edward se retiró a su siesta vespertina. Fue una atrocidad. Pero no hay más que decir.

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Publicado en The Independent y en La Jornada el 17-4-2011.

domingo, 17 de abril de 2011

Barbarella, la bomba sexy



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No se puede hablar de heroínas de los cómics sin nombrar a la rubia sexy del futuro. El personaje de Jean Claude Forest (1968) es una bomba erótica que está siempre dispuesta a disfrutar del placer, lo cual la ayuda a ganar sus batallas. Esta foto es de una secuencia de la historia titulada La obra maestra, en la que Barbarella se enamora y engendra un hijo. La reedición al portugués es de una editorial de Porto, 1979.

viernes, 18 de febrero de 2011

“Le duele el Asia”









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Es obvio. Mafalda es mi heroína favorita de los cómics y la que más me inspira desde que tengo memoria. Esta pequeña secuencia, tomada de un libro roto y deshojado de 1973, me dio la idea de crear el Blog del planeta en crisis.

sábado, 5 de febrero de 2011

Viñeta: Mujeres egipcias




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Cada vez que veo en la televisión imágenes de la revuelta popular en Egipto me siento culpable por lo poco que sé de ese país del norte de África, que se me antoja tan lejano. Y eso que en Egipto están las ruinas de una antigua civilización que ha sido estereotipada, comercializada y explotada iconográficamente por nuestra sociedad de consumo. Al ver los reportes de agencias de noticias, justamente en las ciudades que albergan las ruinas, pude constatar que las mujeres egipcias participan activamente en las protestas contra Mubarak. Vestidas con sus velos y burkas, gritan duro y con vehemencia. Quisiera que alguien me comentara en qué se parecen a sus antepasadas de aquellas antiguas historias.

domingo, 23 de enero de 2011

Belit, la reina guerrera























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Otra heroína de los cómics que me fascina es Belit, la reina de la Costa Negra, una filibustera que fue el gran amor de Conan, el bárbaro, en la mítica era hiboriana creada por Robert E. Howard en la década de 1930. En la gráfica, una figurilla de plástico que reproduce los trazos del genial dibujante John Buscema, quien revivió la saga de Bélit a fines de los 80.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Era un aire suave (fragmento)

Escuche el poema

Rubén Darío

Era un aire suave de pausados giros;
el hada Harmonía ritmaba sus vuelos
e iban frases vagas y tenues suspiros
entre los sollozos y los violoncelos.

Sobre la terraza, junto a los ramajes,
diríase un trémolo de liras eolias,
cuando acariciaban los sedosos trajes
sobre el talle erguidas, las blancas magnolias.

La marquesa Eulalia, risas y desvíos
daba a un tiempo mismo para dos rivales:
el vizconde rubio de los desafíos
y el abate joven de los madrigales.

Cerca, coronado por hojas de viña,
reía en su máscara Término barbudo,
y como un efebo que fuese una niña
mostraba una Diana su mármol desnudo.

Y bajo un boscaje del amor palestra,
sobre un rico zócalo al modo de Jonia,
con un candelabro prendido en la diestra
volaba el Mercurio de Juan de Bolonia.

La orquesta perlaba sus mágicas notas;
un coro de sones alados se oía;
galantes pavanas, fugaces gavotas,
cantaban los dulces violines de Hungría.

Al oír las quejas de sus caballeros,
ríe, ríe, ríe la divina Eulalia,
pues son su tesoro las flechas de Eros,
el cinto de Cipria, la rueca de Onfalia.

¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!
¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!
Con sus ojos lindos y su boca roja,
la divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.

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De Prosas profanas y poemas, 1896.

martes, 14 de diciembre de 2010

La reina de Espadas

























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Tal como he venido haciendo con los clásicos de literatura de mi biblioteca, he decidido compartir en el blog algunos flashes de mi colección de cómics de los 80 y 90. En la gráfica, Elektra Assasin (1986), de Frank Miller, es mi idea de la perfección en lenguaje de historietas: la heroína está dibujada con increíble ensueño intimista. Los trazos difusos y violentos de Bill Sienkiewicz son mezcla de grafito, acuarela, aerógrafo, tinta china, acrílico e incluso crayones de colores.