Mostrando las entradas con la etiqueta selva. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta selva. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de noviembre de 2013

Flashes del camino: La selva de Vargas

@planetaencrisis

El verde enmarañado, medio enloquecido, de árboles que se entrelazan en abrazos obligados por la falta de espacio, entre líquenes y enredaderas, entre parásitas y orquidáceas, siempre me ha fascinado.

En Venezuela abunda este tipo de paisaje. Sobre el litoral del Caribe se extiende una selva nublada generosa que dibuja el centro-norte del país como una frontera. 

Allí el verdor permanece, por increíble que pueda parecer, a pesar del crecimiento en progresión de las ciudades a lado y lado de la cordillera costeña.

En los años más recientes de mi vida cambié los destinos turísticos por otros más cercanos y accesibles. Fue así como me volví visitante de los pequeñísmos poblados costeros cercanos a Caracas, tanto de los más concurridos como  de los más apartados, algunos de ellos fundados en tiempos ancestrales por esclavos huidos de cafetales y plantaciones de cacao.

Vargas, estado que hasta hace poco formó parte del Distrito Capital y que está separado del Área Metropolitana de Caracas por el parque nacional Waraira Repano, más conocido como El Ávila. 

El estado es rico en pueblitos que ahora, desbordados por el crecimiento demográfico caraqueño, integran una zona urbana que se extiende por más de 20 kilómetros. Aunque —la verdad sea dicha—, poco o nada queda de aquel pasado histórico, a no ser en el centro colonial de La Guaira, donde se encuentran la Marina y la Capitanía de Puertos.

Pero los poblados más lejanos del litoral central todavía cuentan con una buena cantidad de selva en torno a ellos, la cual es preciso cruzar haciendo una pequeña travesía para alcanzar la playa.

En la selva varguense, tan humilde y olvidada —ni siquiera nombre propio tiene—, hay picos de más de 1.000 metros sobre el mar, árboles autóctonos como el jabillo, el caobo, el yagrumo, el araguaney, el mango, el caucho, el apamate, la acacia, el mijao, etc., y matorrales de helechos y plantas aéreas que se extienden hasta donde alcanza la vista. Sin hablar de una fauna fabulosa con especies en peligro de extinción.

El viaje comienza a poco más de 30 kilómetros del centro de Caracas, cuando se abandona la zona residencial del pueblo varguense de Naiguatá y se entra en la carretera que va hacia el balneario Los Caracas, una costanera de película.

Al terminar se atraviesa dicho balneario —una suerte de ciudad turística construida en los años 50 y mal administrada por todos los gobiernos desde entonces—, y se toma una carretera serpenteante que, entre largos trechos de selva, va pasando por los pueblitos costeños del estado Vargas y luego por los del vecino Miranda, en donde la vida transcurre entre la pesca, el conuco (cultivo familiar) y la venta de productos para el turismo popular.

En mi reciente viaje llegué hasta el pueblo de La Sabana. Estuve un par de días allí y, aunque ustedes no lo crean, no me bañé en la playa. El mar estuvo picado el sábado y el domingo tuve que renunciar al sol y la arena por razones de fuerza mayor.

Quise hacer este comentario hoy en el blog por la inspiración que me han dado algunos blogueros con sus posteos sobre sus viajes a lugares fascinantes.

Omito, eso sí, cuestiones más políticas sobre mi amado país por creer, de todo corazón, que ya hay bastante sobre estos temas en la nube virtual en la que todos vivimos.

domingo, 27 de mayo de 2012

Código Forestal y pedido de Referendo Popular en Brasil

Leonardo Boff

Lamento profundamente que la discusión del Código Forestal [en Brasil] haya sido colocada en un contexto financiero, de producción de commodities y de mero crecimiento económico.

Ello demuestra la ceguera que se apoderó de la mayoría de los parlamentarios y también de importantes sectores del Gobierno. No toman en cuenta suficientemente los cambios ocurridos en el “sistema Tierra” y en el “sistema Vida” causantes del calentamiento global.

Ésta es apenas una expresión que encubre prácticas de devastación de selvas no solo en Brasil, sino en todo el mundo, envenenamiento de los suelos, contaminación creciente de la atmósfera, disminución drástica de la biodiversidad, aumento acelerado de la desertificación y, lo que es más dramático, la escasez progresiva de agua potable, que actualmente ha producido ya 60 millones de exiliados.

Calentamiento global significa, además, la sucesión cada vez más frecuente de eventos extremos que estamos presenciado en el mundo entero e, inclusive, en nuestro país, con inundaciones devastadoras por un lado, sequías prolongadas por el otro, y tormentas y vendavales nunca antes ocurridos en el sur de Brasil, que producen grandes perjuicios en casas y plantaciones.

La Tierra puede vivir sin nosotros incluso mejor. Nosotros no podemos vivir sin la Tierra. Ella es nuestra única Casa Común y no tenemos otra.

La lucha es por la vida, por el futuro de la humanidad y por la preservación de la Madre Tierra. Vamos, sí, a producir, pero respetando el alcance y el límite de cada ecosistema, los ciclos de la naturaleza, y cuidando los bienes y servicios que la Madre Tierra gratuita y permanentemente nos da.

Y vamos a salvar la vida, a proteger la Terra y a garantizar un futuro común, bueno para todos los humanos y para toda la comunidad de vida, para las plantas, para los animales, para los demás seres de la Creación.

La vida está llamada para la vida y no para la enfermedad y la muerte.  No permitiremos que una ley mal intencionada ponga en riesgo nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos, hijas y nietos. Queremos que ellos nos bendigan por lo bueno que hicimos por la vida y no tengam motivos para maldecirnos por lo que dejamos de hacer o podíamos haber hecho y no hicimos.

El momento es de resistencia, de denuncia y de exigencias de transformaciones a ese Código que, modificado, honrará la vida y alegrará a la grande, buena y generosa Madre Tierra. Ahora es el momento de que la ciudadanía popular se manifieste. El poder emana del pueblo. La Presidenta y los parlamentarios son nuestros delegados y nada más. Si no representan el bien del pueblo y de la nación, de nuestras riquezas naturales, de nuestras selvas, de nuestra fauna y nuestra flora, de nuestros ríos, de nuestros suelos y de nuestra inmensa biodiversidad, entonces han perdido legitimidad, y el uso del poder público es usurpación. Tenemos derecho a buscar el camino constitucional del referendo popular. Entonces veremos lo que el pueblo brasileño quiere para sí, para la humanidad, para la naturaleza y para el futuro de la Madre Tierra.

…………………………….
Publicado por Correio do Brasil el 3-5-2012. Traducción libre.

jueves, 30 de junio de 2011

La asamblea de los árboles






.............................................................
Cuadro de un episodio de Swamp Thing, de Alan Moore, titulado Nightmare (1984). El dibujo es de Ron Randall y la edición es de Abril (Brasil).