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miércoles, 25 de diciembre de 2019

El hombre invisible (fragmento)

Escuche el poema

Pablo Neruda

Y mi hermano
el poeta
estaba enamorado,
o sufría
porque sus sentimientos
son marinos,
ama los puertos
remotos, por sus nombres,
y escribe sobre océanos
que no conoce,
junto a la vida, repleta
como el maíz de granos,
él pasa sin saber
desgranarla,
él sube y baja
sin tocar la tierra,
o a veces
se siente profundísimo
y tenebroso,
él es tan grande
que no cabe en sí mismo,
se enreda y desenreda,
se declara maldito,
lleva con gran dificultad la cruz
de las tinieblas,
piensa que es diferente
a todo el mundo,
todos los días come pan
pero no ha visto nunca
un panadero
ni ha entrado a un sindicato
de panificadores,
y así mi pobre hermano
se hace oscuro,
se tuerce y se retuerce
y se halla
interesante,
interesante,
ésta es la palabra,
yo no soy superior
a mi hermano
pero sonrío,
porque voy por las calles
y sólo yo no existo,
la vida corre
como todos los ríos,
yo soy el único
invisible.

De Odas elementales, 1975.

sábado, 31 de diciembre de 2016

El último brindis

Nicanor Parra

Lo queramos o no
Sólo tenemos tres alternativas:
El ayer, el presente y el mañana.

Y ni siquiera tres
Porque como dice el filósofo
El ayer es ayer
Nos pertenece sólo en el recuerdo:
A la rosa que ya se deshojó
No se le puede sacar otro pétalo.

Las cartas por jugar
Son solamente dos:
El presente y el día de mañana.

Y ni siquiera dos
Porque es un hecho bien establecido
Que el presente no existe
Sino en la medida en que se hace pasado
Y ya pasó...,
como la juventud.

En resumidas cuentas
Sólo nos va quedando el mañana:
Yo levanto mi copa
Por ese día que no llega nunca
Pero que es lo único
De lo que realmente disponemos.

............
En Canciones rusas (1964-1967).

domingo, 3 de noviembre de 2013

Ecuación




Pablo de Rokha

                                   1

Al poema, como al candado, es menester echarle llave; al poema, como a la flor o a la mujer, o a la actitud, que es la entrada del hombre; al poema, como al sexo o al cielo.

                                    2

Que nunca el canto se parezca a nada, ni a un hombre ni a un alma ni a un canto.

                                    3

No es posible hacer el himno vivo con dolores muertos, con verdades muertas, con deberes muertos, con amargo llanto humano; acciones de hombres, no, trasmutaciones; que el poema devenga ser acción, voluntad, organismo, virtudes y vicios, que constituya, que determine, que establezca su atmósfera y la gran costumbre del gesto, juicio del acto; dejar al animal nuevo la ley que él cree, que él es, que él invente; asesinemos la amargura y aun la alegría, y ojalá el poema se ría solo, ojalá sin instintos.

                                   4

¿Qué canta el canto? Nada. El canto canta no como el pájaro, sino como el canto del pájaro.

.....................
Ecuación, 1929.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Aire naval

Vicente Huidobro

Tres marineros bailan ante la perla muerta
El oriente se fue hacia el oriente
Para contradecir la ruta del sol
Para cambiar las leyes establecidas

El primero dice yo soy el corazón
El segundo dice yo soy la cabeza con su libro de sueños
El tercero dice yo soy la boca
Y de mí dependen vuestras palabras

Las palabras son mías dice el primero
Las tengo en mi árbol lleno de noticias
Yo creo que son mías dice el segundo

Son de mi sangre que sobrepasa sus visiones
Yo las muerdo y las mato dice el tercero
y dejo solo aquellas cuyo vivir me place

Qué vana discusión de sombras en las sombra
Todo depende de la estación y del paisaje semejante
Todo depende de la llama y el espanto de los dientes

Tres marineros bailan su muerte con la muerte
Con tal fervor y tantos dibujos doloridos
Que lloran los faroles
Con sus fechas cosidas al origen
Las palabras vivas bailan ante la muerte muerta
Los marineros cantan para que el mar se duerma

Soy hijo del tiempo dice el primero
Soy hijo de la noche dice el segundo
Soy hijo del viento dice el tercero
Los marineros bailan para que el mar no muera
Para que su oriente no se vaya de los ojos a sitios de mal augurio

A tierras lloradas por el aire de los perros

.................................
De Ver y palpar, 1941.

jueves, 3 de enero de 2013

Días y noches te he buscado

Vicente Huidobro

Días y noches te he buscado
Sin encontrar el sitio en donde cantas
Te he buscado por el tiempo arriba y por el río abajo
Te has perdido entre las lágrimas

Noches y noches te he buscado
Sin encontrar el sitio en donde lloras
Porque yo sé que estás llorando
Me basta con mirarme en un espejo
Para saber que estás llorando y me has llorado

Sólo tú salvas el llanto
Y de mendigo oscuro
Lo haces rey coronado por tu mano

.....................................
Versos publicados en la recopilación póstuma hecha por Manuela Huidobro, titulada Últimos poemas, 1948.

domingo, 9 de septiembre de 2012

XXIV

Pablo Neruda

Cuando regresé de mi sétimo viaje, antes de abrir la puerta de mi casa, se me ocurrió extraviarme en el laberinto rocoso de Trasmañán, entre el peñón de Tralca y las primeras casas del Quisco Sur. En busca de una anémona de color violentísimo que muchas veces, años antes, contemple adherida a los muros de granito que la rompiente lava con sus estallidos salados. De pronto me quedé inmovilizado frente a una antigua puerta de hierro. Creí que se trataba de un despojo del mar: no era así: empujando con fuerza cedieron los goznes y entré en una gruta de piedra amarilla que se alumbraba sola, tanta luz irradiaban grietas, estalactitas y promontorios. Sin duda alguien o algo habitó alguna vez esta morada, a juzgar por los restos de latas oxidadas que sonaron a mi paso. Llamé en voz alta por si alguien estuviera oculto entre las agujas amarillas. Extrañamente, fui respondido: era mi propia voz, pero al eco ronco se agregaba al final un lamento penetrante y agudo. Repetí la experiencia, preguntando en voz más alta aún: ¿Hay alguien detrás de estas piedras? El eco me respondió de nuevo con mi propia voz enronquecida y luego extendió la palabra piedras con un aullido delirante, como venido de otro planeta. Un largo escalofrío me recorrió clavándome a la arena de la gruta. Apenas pude zafar los pies, lentamente, como si caminara bajo el mar, regresé hacia la puerta de hierro de la entrada. Pensaba durante el esforzado retorno que si miraba hacia atrás me convertiría en arena, en piedra dorada, en sal de estalactita. Fue toda una victora aquella evasión silenciosa. Llegando al umbral volví la cabeza entrecerrando el ala oxidada del portón y de pronto oí de nuevo, desde el fondo de aquella oscuridad amarilla, el lamento agudo y redoblado, como si un violín enloquecido me despidiera llorando.

Nunca me atreví a contar a nadie este suceso y desde entonces evito aquel lugar salvaje de rocas marinas que castiga el océano implacable de Chile.

……………………
De Las piedras del cielo, 1970.

viernes, 16 de marzo de 2012

Balada (fragmento)

Pablo de Rokha

Yo canto el canto sin querer, necesariamente, irremediablemente, fatalmente, al azar de los sucesos, como quien come, bebe o anda y porque sí; moriría si no cantase, moriría si no contase; el acontecimiento popular del poema estimula mis nervios sonantes, no puedo hablar, entono, pienso en canciones, no puedo hablar, no puedo hablar; las ruidosas, trascendentales epopeyas me definen, e ignoro el sentido de mi flauta; aprendí a cantar siendo nebulosa, odio las utilitarias labores erradas, cuotidianas, prosaicas, y amo la ociosidad ilustre de lo bello; cantar, cantar, cantar… he aquí lo único que sabes, Pablo de Rokha…

…………………………
De Los gemidos, 1922.

domingo, 29 de enero de 2012

U (fragmento)

Pablo de Rokha

Soy el hombre casado, yo soy el hombre casado que inventó el matrimonio;
varón antiguo y egregio, ceñido de catástrofes, lúgubre;
hace mil años, mil años que no duermo cuidando los chiquillos y las 
estrellas desveladas;
por eso arrastro mis carnes peludas de sueño
encima del país gutural de las chimeneas de ópalo.

Dromedario, polvoroso dromedario,
gran animal andariego y amarillo de verdades crepusculares,
voy trotando con mi montura de amores tristes…

Alta y ancha rebota la vida tremenda
sobre mi enorme lomo de toro;
el pájaro con tongo de lo cuotidiano se sonríe de mis guitarras tentaculares y absortas;
acostumbrado a criar hijos y cantos en la montaña,
degüello los sarcasmos del ave terrible con mis cuchillos inexistentes,
y continúo mis grandes estatuas de llanto;
los pueblos futuros aplauden la vieja chaqueta de verdugo de mis tonadas.

Comparo mi corazón al preceptor de la escuela del barrio,
y piropeo en las tumbas usadas
la canción obscura de aquel que tiene deberes y obligaciones con lo infinito.

Además van a orillas mías los difuntos precipitados de ahora y sus andróginos en aceite;
los domino con la mirada muerta de mi corbata,
y mi actitud continúa encendiendo las lámparas despavoridas.

Cuando los perros mojados del invierno aúllan, desde la otra vida,
y, desde la otra vida, gotean las aguas,
yo estoy comiendo charqui asado en carbones rumorosos,
los vinos maduros cantan en mis bodegas espirituales;
sueña la pequeña Winétt, acurrucada en su finura triste y herida,
ríen los niños y las brasas alabando la alegría del fuego,
y todos nos sentimos millonarios de felicidad, poderosos de felicidad,
contentos de la buena pobreza,
y tranquilos,
seguros de la buena pobreza y la buena tristeza que nos torna humildes y emancipados,
…entonces, cuando los perros mojados del invierno aúllan, desde la otra vida…

«Bueno es que el hombre aguante, le digo»,
así le digo al esqueleto cuando se me anda quedando atrás, refunfuñando,
y le pego un puntapié en las costillas.

Frecuentemente voy a comprar avellanas o aceitunas al cementerio,
voy con todos los mocosos, bien alegre,
como un fabricante de enfermedades que se hiciese vendedor de rosas;
a veces encuentro a la muerte meando detrás de la esquina,
o a una estrella virgen con todos los pechos desnudos.

…………………….
Del poemario Cosmogonía, 1927. Lamento que el formato de Blogger no me deje poner los corchetes en los versos que sobresalen de la alineación.

viernes, 27 de enero de 2012

Los agentes de la culpa

Enrique Lihn

Los que buscan la culpa en el pajar
se convierten, de pronto, en sus agentes
en lugar de encontrarla, la transmiten
son congénitamente sospechosos.

………………………………….
De La musiquilla de pobres esferas, 1969.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Hay un día feliz

Nicanor Parra

A recorrer me dediqué esta tarde
las solitarias calles de mi aldea
acompañado por el buen crepúsculo
que es el único amigo que me queda.
Todo está como entonces, el otoño
y su difusa lámpara de niebla,
sólo que el tiempo lo ha invadido todo
con su pálido manto de tristeza.
Nunca pensé, creédmelo, un instante
volver a ver esta querida tierra,
pero ahora que he vuelto no comprendo
cómo pude alejarme de su puerta.
Nada ha cambiado, ni sus casas blancas
ni sus viejos portones de madera.
Todo está en su lugar; las golondrinas
en la torre más alta de la iglesia;
el caracol en el jardín; y el musgo
en las húmedas manos de las piedras.
No se puede dudar, este es el reino
del cielo azul y de las hojas secas
en donde todo y cada cosa tiene
su singular y plácida leyenda:
hasta en la propia sombra reconozco
la mirada celeste de mi abuela.
Estos fueron los hechos memorables
que presenció mi juventud primera,
el correo en la esquina de la plaza
y la humedad en las murallas viejas.
¡Buena cosa, Dios mío!, nunca sabe
uno apreciar la dicha verdadera,
cuando la imaginamos más lejana
es justamente cuando está más cerca.
Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice
que la vida no es más que una quimera;
una ilusión, un sueño sin orillas,
una pequeña nube pasajera.
Vamos por partes, no sé bien qué digo,
la emoción se me sube a la cabeza.
Como ya era la hora del silencio
cuando emprendí mi singular empresa
una tras otra, en oleaje mudo,
al establo volvían las ovejas.
Las saludé personalmente a todas
y cuando estuve frente a la arboleda
que alimenta el oído del viajero
con su inefable música secreta
recordé el mar y enumeré las hojas
en homenaje a mis hermanas muertas.
Perfectamente bien. Seguí mi viaje
como quien de la vida nada espera.
Pasé frente a la rueda del molino,
me detuve delante de una tienda:
el olor del café siempre es el mismo,
siempre la misma luna en mi cabeza;
entre el río de entonces y el de ahora
no distingo ninguna diferencia.
Lo reconozco bien, éste es el árbol
que mi padre plantó frente a la puerta
(ilustre padre que en sus buenos tiempos
fuera mejor que una ventana abierta).
Yo me atrevo a afirmar que su conducta
era un trasunto fiel de la Edad Media
cuando el perro dormía dulcemente
bajo el ángulo recto de una estrella.
A estas alturas siento que me envuelve
el delicado olor de las violetas
que mi amorosa madre cultivaba
para curar la tos y la tristeza.
Cuánto tiempo ha pasado desde entonces
no podría decirlo con certeza;
todo está igual, seguramente,
el vino y el ruiseñor encima de la mesa,
mis hermanos menores a esta hora
deben venir de vuelta de la escuela:
¡sólo que el tiempo lo ha borrado todo
como una blanca tempestad de arena!



...................
De Poemas y antipoemas, 1954. Quisiera dedicar estos versos a mi tía Ana Giogonda, que ayer dejó su casa para irse a caminar otra vez por las calles de su  natal pueblito en el desierto, calles del pasado, de la memoria, de lo que nunca dejará de ser porque está escrito en el libro de la vida y de la muerte. Y a mi madre, que hoy la llora.

jueves, 30 de junio de 2011

Solo de piano

Nicanor Parra

Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia,
Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso;
Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan:
No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo;
Ya que nosotros mismos no somos más que seres
(Como el dios mismo no es otra cosa que dios)
Ya que no hablamos para ser escuchados
Sino para que los demás hablen
Y el eco es anterior a las voces que lo producen;
Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos
En el jardín que bosteza y se llena de aire,
Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir
Para poder resucitar después tranquilamente
Cuando se ha usado en exceso de la mujer;
Ya que también existe un cielo en el infierno,
Dejad que yo también haga algunas cosas:

Yo quiero hacer un ruido con los pies
Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.

……………………………………………
De Poemas y antipoemas, 1954.

lunes, 16 de mayo de 2011

Horas

Vicente Huidobro

El villorio
Un tren detenido sobre el llano

En cada charco
duermen estrellas sordas

Y el agua tiembla
Cortinaje al viento

La noche cuelga en la arboleda

En el campanario florecido

Una gotera viva
desangra las estrellas

De cuando en cuando
Las horas maduras
caen sobre la vida

.................
De Poemas árticos, 1918. El diseño del blog no me permite darle al poema su componente visual original.

jueves, 28 de abril de 2011

Baudeleriana

Gonzalo Rojas

Astucias que le son y astucias que no le son
dijera Ovidio: los tacones
le son, ojalá altos, lo bestial
visible, los pezones, no importa
lo exiguo del formato, el beso
bien pintado, parisino
el aroma, azulosos
sin exceso los párpados, sigiloso
el zarpazo drogo y longilíneo
de su altivez, visionario
el fulgor, especialmente eso, visionario el fulgor.

Y claro, áureos los centímetros
ciento setenta del encanto
del tobillo a las hebras
torrenciales del pelo. -"Piénsese
irrumpe entonces a esa altura Borges con asfixia, ¿quién
sino el Aleph pudiera entera esquiza y
bestia así olfatear, besarla en el hocico,
durarla, perdurarla en su enigma, airearla,
mancharla por lo hondo hasta serla, al galope
tendido del tedio? ¿Quién,
especialmente eso, la hartara?"

Especialmente nada, muchachos, ¡videntes
de otra edad! ¡Borges,
Publio Ovidio!, nada: lo cierto
es que no hay nada, salvo
cada 28, sangre
de parir y ese es el juego. De ahí vinimos viniendo los
poetas malheridos aullando
mujer, gimiendo
hermosura, Eternidad
que no se ve: especialmente eso, muchachos,
que no se ve.

París, Noviembre 2003

…………………….
Del poemario Esencial, 104 poemas y otros textos, 2005.

viernes, 26 de noviembre de 2010

XV

Pablo Neruda

Hay que recorrer la ribera
del lago Tragosoldo en Antiñana,
temprano, cuando el rocío
tiembla en las hojas duras del canelo,
y recoger mojadas piedras, uvas
de la orilla, guijarros
encendidos, de jaspe,
piedrecitas moradas o panales
de roca, perforados
por los volcanes o las intemperies,
por el hocico del viento.

Sí, el crisolito oblongo
o el basalto etiopista
o la ciclópea carta
del granito
allí te esperan, pero nadie acude
sino el ignoto pescador hundido
en su mercadería palpitante.

Sólo yo acudo, a veces,
de mañana,
a esta cita con piedras resbaladas,
mojadas, cristalinas,
cenicientas,
y con las manos llenas
de incendios apagados,
de estructuras secretas,
de almendras transparentes,
regreso a mi familia,
a mis deberes,
más ignorante que cuando nací,
más simple cada día,
cada piedra.

....................................
De Las piedras del cielo, 1970.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Altazor (fragmento)

Vicente Huidobro

Nací a los treinta y tres años, el día de la muerte de Cristo; nací en el equinoccio, bajo las hortensias y los aeroplanos del calor.
Tenía yo un profundo mirar de pichón, de túnel y de automóvil sentimental. Lanzaba suspiros de acróbata.
Mi padre era ciego y sus manos eran más admirables que la noche.
Amo la noche, sombrero de todos los días.
La noche, la noche del día, del día al día siguiente.
Mi madre hablaba como la aurora y como los dirigibles que iban a caer. Tenía cabellos color de bandera y ojos de navíos lejanos.
Una tarde cogí mi paracaídas y dije: “Entre una estrella y dos golondrinas”. He aquí la muerte que se acerca como la tierra al globo que cae.
Mi madre bordaba lágrimas desiertas en los primeros arco iris.
Y ahora mi paracaídas cae de sueño en sueño por los espacios de la muerte.
El primer día encontré un pájaro desconocido que me dijo: “Si yo fuese dromedario no tendría sed. ¿Qué hora es?”. Bebió las gotas de rocío de mis cabellos, me lanzó tres miradas y media y se alejó diciendo: “Adiós”, con su pañuelo soberbio.
Hacia las dos, aquel día, encontré un precioso aeroplano, lleno de escamas y caracoles. Buscaba un rincón del cielo donde guarecerse de la lluvia.
Allá, lejos de todos los barcos anclados, en la tinta de la aurora. De pronto, comenzaron a desprenderse, uno a uno, arrastrando como pabellón jirones de aurora incontestable.
Junto con marcharse los últimos, la aurora desapareció tras algunas olas desmesuradamente infladas.
Entonces oí hablar al creador sin nombre, que es un simple hueco en el vacío, hermoso como un ombligo:
-“Hice un gran ruido y este ruido formó el océano y las olas del océano.
-Este ruido irá siempre pegado a las olas del mar y las olas del mar irán siempre pagadas a él, como los sellos en las tarjetas postales.
-Después tejí un largo bramante de rayos luminosos para coser los días uno a uno: los días tienen un oriente legítimo o reconstituido, pero indiscutible.
-Después tracé la geografía de la Tierra y las líneas de la mano.
-Después bebí un poco de coñac (a causa de la hidrografía).
-Después creé la boca y los labios de la boca, para aprisionar las sonrisas equívocas, y los dientes de la boca, para vigilar las groserías que nos vienen a la boca.
-Creé la lengua de la boca que los hombres desviaron de su rol, haciéndola aprender a hablar... a ella, la bella nadadora, desviada para siempre de su rol acuático y puramente acariciador”.
Mi paracaídas empezó a caer vertiginosamente. Tal es la fuerza de atracción de la muerte y del sepulcro abierto.
Podéis creerlo, la tumba tiene más poder que los ojos de la amada. La tumba abierta con todos sus imanes. Y esto te lo digo a ti, que cuando sonríes haces pensar en el comienzo del mundo.
Mi paracaídas se enredó en una estrella apagada que seguía su órbita concienzudamente, como si ignorara la inutilidad de sus esfuerzos.
Y aprovechando el reposo bien ganado, comencé a llenar con profundos pensamientos las casillas de mi tablero:
-“Los verdaderos poemas son incendios”. La poesía se propaga por todas partes, iluminando sus consumaciones con estremecimientos de placer o de agonía.
-“Se debe escribir en una lengua que no sea materna.
-Los cuatro puntos cardinales son tres: el sur y el norte.
-Un poema es una cosa que será.
-Un poema es una cosa que nunca ha sido, que nunca podrá ser.
-Huye del sublime externo si no quieres morir aplastado por el viento.
-Si yo no hiciera al menos una locura por año, me volvería loco”.

..................................
Inicio del prefacio de Altazor, 1931. Releer este poema de un libro amarillo y roto (subrayado en bolígrafo por mi madre en alguna de sus propias madrugadas febriles) ha sido un regalo existencial para mí.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Destinos

Pablo Neruda

De tu destino
dame una bandera,
un terrón, una espátula de fierro,
algo que vuele o pase,
la cintura de una vasija,
el sol de una cebolla:
te lo pido por cuanto no hice nada.
Y antes quiero despedirme, quiero estar
preparado y llegar con tus trabajos
como si fueran míos, a la muerte.
Allí en la aduana me preguntarán
cuántas cosas labré, corté, compuse,
remendé, completé, dejé moviendo
entre las manos hambrientas y mortales
y yo responderé:
esto es lo que hice, esto es lo que hicimos.

Porque sentí que de alguna manera
compartí lo que hacían
mis hermanos o mis enemigos:
y ellos, de tanta nada que saqué
de la nada, de la nada mía,
tomaron algo y les sirvió mi vida.

...........................
De Las manos del día, 1968.

jueves, 14 de octubre de 2010

Caupolicán

Escuche el poema

Rubén Darío

Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.
Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nenrod que todo caza,
desjarretar un toro o estrangular un león.
Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría.
“¡El Toqui, el Toqui”, clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: “Basta”,
e irguiose la frente alta del gran Caupolicán.

........................................
Del libro Azul, 1888. Los mapuche eran un millón y medio cuando los españoles llegaron a lo que hoy es Chile. Enfrentaron a los colonizadores y se resistieron a la ocupación, por lo que siguen siendo símbolo de coraje para los chilenos. Pero es preciso recordar que casi tres siglos después de la muerte de Caupolicán y Lautaro, los grandes caciques, decenas de miles de indígenas fueron masacrados por los patriotas y ese pueblo despojado de su territorio.

domingo, 10 de octubre de 2010

El hombre invisible (fragmento)

Pablo Neruda

...y mi hermano
el poeta
estaba enamorado
o sufría,
porque sus sentimientos
son marinos,
ama los puertos
remotos, por sus nombres
y escribe sobre océanos
que no conoce,
junto a la vida, repleta
como el maíz de granos,
él pasa sin saber
desgranarla,
él sube y baja
sin tocar la tierra,
o a veces
se siente profundísimo
y tenebroso,
él es tan grande
que no cabe en sí mismo
se enreda y se desenreda,
se declara maldito,
lleva con dificultad
la cruz de las tinieblas,
piensa que es diferente
a todo el mundo,
todos los días come pan
pero no ha visto nunca
un panadero
ni ha entrado a un sindicato
de panificadores,
así mi pobre hermano
se hace oscuro,
se tuerce y se retuerce
y se halla
interesante,
interesante,
ésta es la palabra,
yo no soy superior
a mi hermano
pero sonrío,
porque voy por las calles
y sólo yo no existo,
la vida corre
como todos los ríos,
yo soy el único
invisible...

....................................
Del libro Odas elementales, 1954.