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viernes, 28 de febrero de 2014

Palenque

Paco de Lucía

La cautivaron, la cautivaron
a una reina mora de la morería...
(Bis)

La cautivaron, la cautivaron
a una reina mora de la morería...
(Bis)

Suena 
campana del alba
en la plazuela.

¡Ay! 
Qué alegría de verte 
aquí a mi lado
con tu pelo crespo...

¡Ay, cómo cantabas!

Yo me guardo el orgullo
y recuerdo tu nombre 
y se me parte el alma.

Recuerdo la brisa, la brisa en el agua,
yo recuerdo tu lecho
y se me parte el alma.

Ay loco loquito,loquito 
loquito loco...

Ay loco loquito, loquito 
loquito por tu amor,
ay...



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Esta rumba fue lanzada en Solo quiero caminar (1981) y regrabada en One summer night (1984) con Pepe de Lucía como vocalista. Palenque es una de las músicas que más me gustan de Paco. Oírla me parece que es como sentir el amor, el rastro que dejan los sentimientos. Será por eso que siempre recuerdo cosas del pasado cuando la escucho...

martes, 9 de julio de 2013

Los juegos del placer

Marguerite Yourcenar

Por primera vez, Egon se ha enamorado. Jeanne recuerda los tiempos en que él se vanagloriaba de no sentir, por sus ocasionales amantes de una hora, más que vaga benevolencia y, a veces, una leve compasión o un fondo de antipatía, neutralizado de momento por los juegos del placer. Amar le parecía un don de sí en el que no entraba la voluptuosidad o, más bien, solo desempeñaba un papel insignificante, el de satisfacer al que se ama o proporcionar a los dos amantes la prueba de que están completamente unidos. Él, según decía, a quien amaba era a Jeanne.

Le hubiera parecido inútil tratar de amar al compañero de una noche. Ella se lo censuraba, en ocasiones, cuando hablaban libremente de todas estas cosas, por establecer así una línea de demarcación entre el otro y él; ese rechazo le parecía responder a una especie de puritanismo, a la necesidad de aislar de su vida a tal ser o tal gesto a los que, no obstante, hubiera renunciado de buen grado. Ahora Egon era presa, como qualquier otro, del duro amor, y esa pasión iba dirigida a una persona que ella no comprendía ni amaba. «A veces me sorprende. Apruebo su afán de experimentar con los sentidos. Durante toda mi vida he estado buscando un bello objeto como éste, enteramente hecho de carne». ¿Franz, es de verdad eso que dice Egon? Jeanne se pregunta cómo unas preferencias en sí mismas triviales, casi indiferentes y a menudo disipadas tras los primeros deseos de la adolescencia, se convierten para ciertos seres en un modo de vivir y de pensar más importante que la vida misma, en una forma de liberación o, por el contrario, de esclavitud, o ambas cosas alternativamente. ¿Hay en ello esa necesidad de exceso, esa fiebre de ir hasta el final de uno mismo, semejante a la del hombre rico que se agota por querer serlo aún más, del artista que se mata por su obra, del místico que se destruye para poseer mejor a Dios? ¿Y ella? ¿No es ella también la víctima de una suerte de delirio lúcido? Egon la ha liberado y encadenado al mismo tiempo.

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Fragmento de la novela ¿Qué? La eternidad, 1988.

martes, 11 de junio de 2013

El amor de su vida

Marina Colasanti

Amaba la muerte. Pero no era correspondido.
Tomó veneno. Se lanzó desde altos puentes. Aspiró gas. Ella siempre lo rechazaba, negándole el anhelado abrazo.
Cuando finalmente desistió de aquel amor y se entregó a la vida, la muerte, celosa, le hizo estallar el corazón.

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De Contos de amor rasgados, 1986. Traducción libre.

martes, 14 de mayo de 2013

6 de diciembre

Goethe

Su imagen me persigue: que duerma o que vele, ella sola llena toda mi alma. Cuando cierro los párpados, en el cerebro, donde se encuentra la potencia de la vista, distingo claramente sus ojos negros. Es imposible que te explique esto. Me duermo y los veo también: siempre están allí, siempre fascinadores como el abismo. Todo mi ser, todo, está absorto por ellos. ¿Qué es, pues, el hombre, ese semidiós tan ensalzado? ¿No le faltan las fuerzas cuando más las necesita? Y cuando bate sus alas en el cielo de los placeres, lo mismo que cuando se sumerge en la desesperación, ¿no se ve siempre detenido y condenado a convencerse de que es débil y pequeño, él, que esperaba perderse en lo infinito?

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Fragmento o pequeña epístola de la maravillosa novela-compilación Las desventuras del joven Werther (1776), que tanto me impactó al leerla al final de mi adolescencia.

domingo, 27 de enero de 2013

Maybe

Interpretación: Janis Joplin


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Pasan los demás, ella se queda...

lunes, 29 de agosto de 2011

Ne me quitte pas

Letra y música: Jacques Brel
Interpretación: Maria Gadú

Ne me quitte pas
il faut oublier
tout peut s'oublier
qui s'enfuit déjà
oublier le temps
des malentendus
et le temps perdu
a savoir comment
oublier ces heures
qui tuaient parfois
a coups de pourquoi
le coeur du bonheur

Ne me quitte pas
(bis)

Moi je t'offrirai
des perles de pluie
venues de pays
où il ne pleut pas
je creuserais la terre
jusqu'après ma mort
pour couvrir ton corps
d'or et de lumière
je ferai un domaine
où l'amour sera roi
où l'amour sera loi
et tu seras reine

Ne me quitte pas
(bis)

Ne me quitte pas
je t'inventerai
des mots insensés
que tu comprendras
je te parlerai
de ces amants là
qui ont vu deux fois
leurs coeurs s'embraser
je te raconterai
l'histoire de ce roi
mort de n'avoir pas
pu te rencontrer

Ne me quitte pas
(bis)

On a vu souvent
rejaillir le feu
d'un ancien volcan
qu'on croyait trop vieux
il est paraît-il
des terres brûlées
donnant plus de blé
qu'un meilleur avril
et quand vient le soir
pour qu'un ciel flamboie
le rouge et le noir
ne s'épousent-ils pas

Ne me quitte pas
(bis)

Ne me quitte pas
je ne vais plus pleurer
je ne vais plus parler
je me cacherai là
a te regarder
danser et sourire
et à t'écouter
chanter et puis rire
laisse-moi devenir
l'ombre de ton ombre
l'ombre de ta main
l'ombre de ton chien

Ne me quitte pas
(bis)


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Del disco Maria Gadú, 2009.

martes, 3 de mayo de 2011

La carta

Ernesto Sábato

Los días que precedieron a la muerte de María fueron los más atroces de mi vida. Me es imposible hacer un relato preciso de todo lo que sentí, pensé y ejecuté, pues si bien recuerdo con increíble minuciosidad muchos de los acontecimientos, hay horas y hasta días enteros que se me aparecen como sueños borrosos y deformes. Tengo la impresión de haber pasado días enteros bajo el efecto del alcohol, echado en mi cama o en un banco de Puerto Nuevo. Al llegar a la estación Constitución me recuerdo muy bien entrando al bar y pidiendo varios whiskies seguidos; después recuerdo vagamente que me levanté, que tomé un taxi y que me fui a un bar de la calle 2 5 de Mayo o quizá de Leandro Alem. Siguen algunos ruidos, música, unos gritos, una risa que me crispaba, unas botellas rotas, luces muy penetrantes. Después me recuerdo pesado y con un terrible dolor de cabeza en un calabozo de comisaría, un vigilante que abría la puerta, un oficial que me decía algo y después me veo caminando nuevamente por las calles y rascándome mucho. Creo que entré nuevamente a un bar. Horas (o días) más tarde alguien me dejaba en mi taller. Luego tuve unas pesadillas en las que caminaba por los techos de una catedral. Recuerdo también un despertar en mi pieza, en la oscuridad y la horrorosa idea de que la pieza se había hecho infinitamente grande y que por más que corriera no podría alcanzar jamás sus límites. No sé cuánto tiempo pudo haber pasado hasta que las primeras luces del alba entraron por el ventanal. Entonces me arrastré hasta el baño y me metí, vestido, en la bañadera. El agua fría empezó a calmarme y en mi cabeza comenzaron a aparecer algunos hechos aislados, aunque destrozados e inconexos, como los primeros objetos que se ven emerger después de una gran inundación: María en el acantilado, Mimí empuñando su boquilla, la estación Allende, un almacén frente a la estación que se llamaba La confianza o quizá La estancia, María preguntándome por las manchas, yo gritando: "¡Qué manchas!", Hunter mirándome torvamente, yo escuchando arriba, con ansiedad, el diálogo entre los primos, un marinero arrojando una botella, María avanzando hacia mí con ojos impenetrables, Mimí diciendo Tchékhov, una mujer inmunda besándome y yo pegándole un tremendo puñetazo, pulgas que me picaban en todo el cuerpo, Hunter hablando de novelas policiales, el chofer de la estancia. También aparecieron trozos de sueños: nuevamente la catedral en una noche negra, la pieza infinita.

Luego, a medida que me enfriaba, aquellos trozos se fueron uniendo a otros que iban emergiendo de mi conciencia y el paisaje fue reconstituyéndose, aunque con la tristeza y la desolación que tienen los paisajes que surgen de las aguas.

Salí del baño, me desnudé, me puse ropa seca y comencé a escribir una carta a María. Primero escribí que deseaba darle una explicación por mi fuga de la estancia (taché "fuga" y puse "ida"). Agregué que apreciaba mucho el interés que ella se había tomado por mí (taché "por mí" y puse "por mi persona"). Que comprendía que ella era muy bondadosa y estaba llena de sentimientos puros, a pesar de que, como ella misma me lo había hecho saber, a veces prevalecían "bajas pasiones". Le dije que apreciaba en su justo valor el asunto de la salida de un barco o el asistir sin hablar a un crepúsculo en un parque pero que, como ella podía imaginar (taché "imaginar" y puse "calcular"), no era suficiente para mantener o probar un amor: seguía sin comprender cómo era posible que una mujer como ella fuera capaz de decir palabras de amor a su marido y a mí, al mismo tiempo que se acostaba con Hunter. Con el agravante —agregué— de que también se acostaba con el marido y conmigo. Terminaba diciendo que, como ella podría darse cuenta, esa clase de actitudes daba mucho que pensar, etcétera.

Releí la carta y me pareció que, con los cambios anotados, quedaba suficientemente hiriente. La cerré, fui al Correo Central y la despaché certificada.

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Comienzo del capítulo XXIX de la novela El túnel, 1948. El título es una intervención pequeñita...