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martes, 20 de enero de 2015

Animula vagula, blandula

Marguerite Yourcenar

Como todo el mundo, sólo tengo a mi servicio tres medios para evaluar la existencia humana: el estudio de mí mismo, que es el más difícil y peligroso, pero también el más fecundo de los métodos; la observación de los hombres, que logran casi siempre ocultarnos sus secretos o hacernos creer que los tienen; y los libros, con los errores particulares de perspectiva que nacen entre sus líneas. 

La palabra escrita me enseñó a escuchar la voz humana, un poco como las grandes actitudes inmóviles de las estatuas me enseñaron a apreciar los gestos. En cambio, y posteriormente, la vida me aclaró los libros.

Pero los escritores mienten, aun los más sinceros. Los menos hábiles, carentes de palabras y frases capaces de encerrarla, retienen una imagen pobre y chata de la vida.

Los poetas nos transportan a un mundo más vasto o más hermoso, más ardiente o más dulce que el que nos ha sido dado, diferente de él y casi inhabitable en la práctica. Para estudiarla en toda su pureza, los filósofos hacen sufrir a la realidad casi las mismas transformaciones que el fuego o el mortero hacen sufrir a los cuerpos; en esos cristales o en esas cenizas nada parece subsistir de un ser o de un hecho tales como los conocimos. Los historiadores nos proponen sistemas demasiado completos del pasado, series de causas y efectos harto exactas y claras como para que hayan sido alguna vez verdaderas; reordenan esa dócil materia muerta, y sé que aun a Plutarco se le escapará siempre Alejandro.

Los narradores, los autores de fábulas milesias, hacen como los carniceros, exponen en su tabanco pedacitos de carne que las moscas aprecian. Mucho me costaría vivir en un mundo sin libros, pero la realidad no está en ellos, puesto que no cabe entera. La observación directa de los hombres es un método aún más incompleto, que en la mayoría de los casos se reduce a las groseras comprobaciones que constituyen el pasto de la malevolencia humana. La jerarquía, la posición, todos nuestros azares, restringen el campo visual del conocedor de hombres.

En cuanto a la observación de mí mismo, me obligo a ella aunque sólo sea para llegar a un acuerdo con ese individuo con quien me veré forzado a vivir hasta el fin, pero una familiaridad de casi sesenta años guarda todavía muchas posibilidades de error. En lo más profundo, mi autoconocimiento es oscuro, interior, informulado, secreto como una complicidad. En lo más impersonal, es tan glacial como las teorías que puedo elaborar sobre los números: empleo mi inteligencia para ver de lejos y desde lo alto mi propia vida, que se convierte así en la vida de otro. Pero estos dos medios de conocimiento son difíciles; el uno exige un descenso, y el otro una salida de uno mismo. Llevado por la inercia, tiendo como todos a reemplazarlos por una mera rutina, una idea de mi vida parcialmente modificada por la imagen que de ella se hace el público, por juicios en bloque, es decir falsos, como un patrón ya preparado al cual un sastre inepto adapta penosamente nuestra tela propia. Equipo de valor desigual; instrumentos más o menos embotados. Pero no tengo otros, y con ellos me fabrico lo mejor que puedo una idea de mi destino de hombre.

El paisaje de mis días parece estar compuesto, como las regiones montañosas, de materiales diversos amontonados sin orden alguno. Veo allí mi naturaleza, ya compleja, formada por partes iguales de instinto y de cultura. Aquí y allá afloran los granitos de lo inevitable: por doquier, los desmoronamientos del azar. Trato de recorrer nuevamente mi vida en busca de su plan, seguir una vena de plomo o de oro, o el fluir de un río subterráneo, pero este plan ficticio no es más que una ilusión óptica del recuerdo. De tiempo en tiempo, en un encuentro, un presagio, una serie definida de sucesos, me parece reconocer una fatalidad; pero demasiados caminos no llevan a ninguna parte, y demasiadas sumas no se adicionan. En esta diversidad y este desorden, percibo la presencia de una persona, pero su forma está casi siempre configurada por la presión de las circunstancias; sus rasgos se confunden como una imagen reflejada en el agua. 

No soy de los que afirman que sus acciones no se les parecen. Muy al contrario, pues ellas son mi única medida, el único medio de grabarme en la memoria de los hombres y aun en la mía propia; quizá sea la imposibilidad de seguir expresándose y modificándose por la acción lo que constituye la diferencia entre un muerto y un ser viviente. Pero entre yo y los actos que me constituyen existe un hiato indefinible. La prueba está en que sin cesar siento la necesidad de pensarlos, explicarlos, justificarlos ante mí mismo. 

De todas maneras, tres cuartos de mi vida escapan a esta definición por los actos; la masa de mis veleidades, mis deseos, hasta de mis proyectos, sigue siendo tan nebulosa y huidiza como un fantasma. El resto, la parte palpable, más o menos autentificada por los hechos, apenas si es más distinta, y la sucesión de los acaecimientos se presenta tan confusa como la de los sueños.

De pronto mi vida me parece trivial, no sólo indigna de ser escrita, sino aun de ser contemplada con cierto detalle, y tan poco importante, hasta para mis propios ojos, como la del primero que pasa. De pronto me parece única, y por eso mismo sin valor, inútil —por irreductible a la experiencia del común de los hombres. Nada me explica: mis vicios y mis virtudes no bastan; mi felicidad vale algo más, pero a intervalos, sin continuidad, y sobre todo sin causa aceptable. Pero el espíritu humano siente repugnancia a aceptarse de las manos del azar, a no ser más que el producto pasajero de posibilidades que no están presididas por ningún dios, y sobre todo por él mismo. 

Una parte de cada vida, y aun de cada vida insignificante, transcurre en buscar las razones de ser, los puntos de partida, las fuentes. Mi impotencia para descubrirlos me llevó a veces a las explicaciones mágicas, a buscar en los delirios de lo oculto lo que el sentido común no alcanzaba a darme. Cuando los cálculos complicados resultan falsos, cuando los mismos filósofos no tienen ya nada que decirnos, es excusable volverse hacia el parloteo fortuito de las aves, o hacia el lejano contrapeso de los astros.


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Extracto de trechos del primer capítulo del Memorias de Adriano (1951).

lunes, 6 de mayo de 2013

Mentira

Manu Chao

mentira lo que dice 
mentira lo que da 
mentira lo que hace
mentira lo que va

la mentira...

mentira la mentira 
mentira la verdad 
mentira lo que cuece 
bajo la oscuridad 

mentira, mentira, la mentira...

mentira el amor 
mentira el sabor 
mentira la que manda 
mentira comanda 

mentira, mentira, la mentira...

mentira la tristeza 
cuando empieza 
mentira, no se va 

mentira, mentira, la mentira...

mentira no se borra 
mentira no se olvida 

mentira, la mentira...

mentira cuando llega 
mentira nunca se va 

mentira...

mentira la mentira 
mentira la verdad 

todo es mentira en este mundo 
todo es mentira la verdad 
todo es mentira yo me digo 
todo es mentira ¿por qué será?

mentira...




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Del disco Clandestino, 1998.

miércoles, 24 de abril de 2013

C’est tellement petit, chez moi!

Chapitre III, Le petit prince

Antoine de Saint-Exupéry

Il me fallut longtemps pour comprendre d’où il venait. Le petit prince, qui me posait beaucoup de questions, ne semblait jamais entendre les miennes. Ce sont des mots prononcés par hasard qui, peu à peu, m’ont tout révélé. Ainsi, quand il aperçu pour la première fois mon avion (je ne dessinerai pas mon avion, c’est un dessin beaucoup trop compliqué pour moi) il me demanda :

—Qu’est ce que c’est que cette chose-là?

—Ce n’est pas une chose. Ҫa vole. C’est un avion. C’est mon
avion.

Et j’étais fier de lui apprendre que je volais. Alors il s’écria:

—Comment! tu es tombédu ciel!

—Oui, fis-je modestement.

—Ah! ça c’est drôle...

Et le petit prince eut un très joli éclat de rire qui m’irrita beaucoup. Je désire que l’on prenne mes malheurs au sérieux. Puis il ajouta:

—Alors, toi aussi tu viens du ciel! De quelle planète es-tu?
J’entrevis aussitôt une lueur, dans le mystère de sa présence, et j’interrogeai brusquement:

—Tu viens donc d’une autre planète?

Mais il ne me répondit pas. Il hochait la tête doucement tout en regardant mon avion:

—C’est vrai que, là- dessus, tu ne peux pas venir de bien loin...

Et il s’enfonça dans une rêverie qui dura longtemps. Puis, sortant mon mouton de sa poche, il se plongea dans la contemplation de son trésor.

Vous imaginez combien j’avais pu être intrigué par cette demi-confidence sur «les autres planètes». Je m’efforçai donc d’en savoir plus long:

—D’où viens-tu mon petit bonhomme? Où est-ce «chez toi»? Où veux-tu emporter mon mouton?

Il me répondit après un silence méditatif:

—Ce qui est bien, avec la caisse que tu m’as donnée, c’est que, la nuit, ça lui servira de maison.

—Bien sûr. Et si tu es gentil, je te donnerai aussi une corde pour l’attacher pendant le jour. Et un piquet.

La proposition parut choquer le petit prince:

—L’attacher? Quelle drôle d’idée!
—Mais si tu ne l’attaches pas, il ira n’importe où, et il se perdra...

Et mon ami eut un nouvel éclat de rire:

—Mais où veux-tu qu’il aille!

—N’importe où. Droit devant lui...

Alors le petit prince remarqua gravement:

—Ca ne fait rien, c’est tellement petit, chez moi!

Et, avec un peu de mélancolie, peut-être, il ajouta:

—Droit devant soi on ne peut pas aller bien loin...

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La novela corta El principito fue publicada en EEUU en 1943 y en Francia en 1946. #martesdecuentos es una iniciativa para divulgar los clásicos de la literatura universal a través del blogueo de cuentos y fragmentos o extractos de obras. 

jueves, 10 de mayo de 2012

Jean Giraud y la política del arte

Miguel León y Vlad Gusev

Este sábado 10 de marzo hemos amanecido con la triste noticia de la muerte de Jean Giraud (Moebius), reconocidísimo artista gráfico francés, especialmente por sus cómics y novelas gráficas, de entre las que podríamos destacar, como dos muestras características de su trabajo, Blueberry, el peculiar western con el que se dio a conocer, y El Incal, obra de ciencia ficción que fue resultado de su fructífera colaboración con Alejandro Jodorowsky.

La una, como el propio Giraud reconoció, un cómic de apariencia convencional que le sirvió para aprender “los mecanismos de la narración del cómic tradicional”. Decimos que el cómic es sólo aparentemente convencional porque, aunque desde luego no es posible encontrar en sus páginas las innovaciones formales que Giraud desplegó en obras posteriores y menos comerciales, no deja de ser indicativo y profundamente subversivo que dos autores franceses (Giraud y Charlier), herederos por tanto de la tradición del cómic franco-belga de la ligne-claire, decidan abordar el género del western, marco mitológico a través del cual se ha construido y reproducido la identidad estadounidense. No deja de ser curioso, por tanto, que las revistas francesas de cómics de la época (la serie principal se publicó entre 1963 y 1983) compitan con la floreciente industria del cómic estadounidense y sus superhéroes explorando, desde el Viejo Continente, el mito fundacional de los Estados Unidos.

La otra, firmada bajo el pseudónimo Moebius, representa bien esa cierta bipolaridad del trabajo de Giraud (entre el producto más convencional y la obra experimental), así como su especial dominio del color, el trazo y la secuencia. Era un artista con una enorme capacidad inventiva y una imaginación prodigiosa, con un estilo genuinamente propio y al mismo tiempo siempre cambiante.

La importancia de Giraud, sin embargo, va más allá de los rasgos de su obra. Su labor creativa no puede ser considerada al margen de las grandes transformaciones que ha ido experimentando el cómic como forma artística desde su aparición a finales del siglo XIX hasta la actualidad, cuando determinadas expresiones del arte secuencial (expresión de Will Eisner) reciben ya el nombre de novelas gráficas, reconociendo con ello su calidad narrativa y el talento creativo de quienes las hacen posibles.

La innovación formal y la temática en el cómic son hasta cierto punto independientes, pero sólo hasta que se tiene en cuenta que ambas se refuerzan mutuamente en la medida en que guionistas y dibujantes, al elegir el cómic como campo de experimentación, contribuyen a presentarlo como una forma de expresión artística madura, que puede y debe ser mucho más que un Aparato Ideológico del Estado dedicado a la reproducción de ciertos patrones dominantes de conducta; que puede y debe ser mucho más que un producto cultural de poca calidad y argumentos repetitivos, sólo tolerables para niños y adolescentes de quienes no se espera que desarrollen un sentido crítico.

Desde este punto de vista, la obra de Moebius se inscribe en una revolución artística de máxima relevancia que tuvo lugar en el seno mismo de la industria del cómic a partir de los años 60-70. Historias más maduras y mejor desarrolladas, personajes terriblemente complejos y para nada arquetípicos, una gran variedad de técnicas y estilos gráficos, florecen de la mano de una larguísima lista de creadores (algunos ya convertidos en clásicos) como Dave McKean, Grant Morrison, Alan Moore, Art Spiegelman, Joe Sacco, Robert Crumb, Harvey Peckar, Mark Millar, Neil Gaiman... todos ellos en lengua inglesa, pero también Enki Bilal, Marjanne Satrapi, Milo Manara, Paolo Serpieri o el propio Jean Giraud.

Fue especialmente significativa, en el marco de esta revolución artística y en el contexto francés, la fundación en 1974 del grupo Les Humanoïdes Associés (Humanoides Asociados) por Jean Giraud, Jean-Pierre Dionnet, Philippe Druillet y Bernard Farkas. Dicho grupo hizo posible a su vez la publicación de la conocidísima revista Métal Hurlant (y de su réplica estadounidense, Heavy Metal), así como de obras cerradas, pudiendo destacar como ejemplos la Trilogía de Nikopol, de Enki Bilal, o el manga semi-autobiográfico Barefoot Gen, de Keiji Nakazawa, sobre el drama humano que siguió al bombardeo atómico de Hiroshima.

Más allá de lo anecdótico de que el creador se convierta en editor, hay que entender las implicaciones político-artísticas de una decisión así, del compromiso profundo con una forma de entender el arte que no tiene que ver sólo con la renovación y la experimentación, ni tampoco exclusivamente con una defensa puramente gremial del cómic como arte, sino también con una determinada comprensión de lo social y del papel que el arte debe desempeñar en su seno. No se puede pasar por alto, por tanto, la importancia sociopolítica de la ciencia-ficción (el género al que se dedico Metal Hurlant de forma casi exclusiva) como refugio y vía de expresión para una gran cantidad de creadores profundamente críticos para los que la declaración ideológica abierta podía suponer la censura y para los que la experiencia soviética ya no podía ser una encarnación de la utopía.

Así, las creaciones (de Moebius y de otros autores) publicadas por Métal Hurlant en los años 70 y 80 pueden aparecer fácilmente ante nuestros ojos como reflexiones más o menos explícitas acerca del futuro de la humanidad (que podría ser ya nuestro presente). La mayoría de ellas tendrían en común su carácter distópico, es decir, su radical cuestionamiento de la idea de progreso como resultado natural de la historia humana, y la preocupación por ciertos aspectos sociales de primera importancia como la crisis ecológica, la deriva autoritaria de nuestros regímenes políticos, o los dilemas vinculados al avance tecnológico.

En la actualidad es fácil asumir con naturalidad este giro crítico del cómic, más aún cuando obras que en su momento fueron profundamente subversivas (como, por ejemplo, V de Vendetta) se han convertido en productos culturales perfectamente incorporados a la dinámica comercial general de producción, distribución y consumo. Pero no debemos olvidar que las facilidades de hoy en día, el hecho de que exista un público lector maduro, consciente, exigente, que espera encontrar cómics de un alto valor artístico en todos sus aspectos, no habrían sido posibles ni podrían ser dadas por supuestas de no haber sido por la labor de pioneros como Giraud, de cuyas decisiones artísticas, editoriales, en último término políticas, somos todos deudores.

Miguel León es estudiante de Ciencias Políticas y de la Administración en la Universidad Complutense de Madrid, y autor de algunos artículos de análisis del cómic desde una perspectiva sociológica. Vlad Gusev es diseñador gráfico y miembro del grupo Honk Fu. Los dos colaboran, como guionista y dibujante respectivamente, en la creación de cómics.

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Publicado por rebelion.org en marzo de 2012. Las referencias bibliográficas del artículo se omiten aquí, según el formato del blog.

lunes, 16 de abril de 2012

"All is vanity"


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Escena de la película Tess, de Roman Polanski (1979), interpretada por Nastassja Kinski.

jueves, 13 de octubre de 2011

Les feuilles mortes

Letra: Jacques Prévert
Composición: Joseph Kosma
Interpretación: Yves Montand

Oh! Je voudrais tant que tu te souviennes
des jours heureux où nous étions amis.
En ce temps-là la vie était plus belle
et le soleil plus brûlant qu'aujourd'hui.

Les feuilles mortes se ramassent à la pelle,
tu vois, je n'ai pas oublié.

Les feuilles mortes se ramassent à la pelle,
les souvenirs et les regrets aussi,
et le vent du nord les emporte
dans la nuit froide de l'oubli.

Tu vois, je n'ai pas oublié
la chanson que tu me chantais:

C'est une chanson qui nous ressemble,
toi, tu m'aimais et je t'aimais,
nous vivions tous deux ensemble,
toi qui m'aimais, moi qui t'aimais.

Mais la vie sépare ceux qui s'aiment,
tout doucement, sans faire de bruit,
et la mer efface sur le sable
les pas des amants désunis.

(Bis)


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Canción escrita en 1945 y grabada varias veces por Montand desde 1962.

lunes, 29 de agosto de 2011

Ne me quitte pas

Letra y música: Jacques Brel
Interpretación: Maria Gadú

Ne me quitte pas
il faut oublier
tout peut s'oublier
qui s'enfuit déjà
oublier le temps
des malentendus
et le temps perdu
a savoir comment
oublier ces heures
qui tuaient parfois
a coups de pourquoi
le coeur du bonheur

Ne me quitte pas
(bis)

Moi je t'offrirai
des perles de pluie
venues de pays
où il ne pleut pas
je creuserais la terre
jusqu'après ma mort
pour couvrir ton corps
d'or et de lumière
je ferai un domaine
où l'amour sera roi
où l'amour sera loi
et tu seras reine

Ne me quitte pas
(bis)

Ne me quitte pas
je t'inventerai
des mots insensés
que tu comprendras
je te parlerai
de ces amants là
qui ont vu deux fois
leurs coeurs s'embraser
je te raconterai
l'histoire de ce roi
mort de n'avoir pas
pu te rencontrer

Ne me quitte pas
(bis)

On a vu souvent
rejaillir le feu
d'un ancien volcan
qu'on croyait trop vieux
il est paraît-il
des terres brûlées
donnant plus de blé
qu'un meilleur avril
et quand vient le soir
pour qu'un ciel flamboie
le rouge et le noir
ne s'épousent-ils pas

Ne me quitte pas
(bis)

Ne me quitte pas
je ne vais plus pleurer
je ne vais plus parler
je me cacherai là
a te regarder
danser et sourire
et à t'écouter
chanter et puis rire
laisse-moi devenir
l'ombre de ton ombre
l'ombre de ta main
l'ombre de ton chien

Ne me quitte pas
(bis)


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Del disco Maria Gadú, 2009.

jueves, 21 de abril de 2011

El surgimiento de otra gobernanza mundial

Jean-Pierre Raffarin

Occidente le presta muy poca atención a los movimientos que ocurren en el mundo cuando no es él mismo el protagonista. Los franceses, por su parte, son muy egocéntricos. La reunión de los BRICS, el fin de semana pasado en China, donde se juntaron los jefes de Estado de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, ha incidido seriamente en el proceso de globalización: lo que era global –y así, unificador– se está tornando complejo y, por lo tanto, plural.

Los miembros del “Boao forum for Asia”, entre los cuales estaba un puñado muy pequeño de occidentales, fueron invitados a participar de las conclusiones de ese encuentro estratégico, entre la indiferencia general de los países desarrollados. Fue un error de Occidente. El G-5 tiene la intención de desempeñar su papel en la gobernanza mundial, por medio de su diplomacia y de su economía, combinadas.

Con altos niveles de crecimiento y esfuerzos de control presupuestario, especialmente en Brasil, y con reservas considerables vinculadas al ahorro popular en China, ese “bloque” tiene perfecta conciencia de los “servicios” que le presta a la economía mundial. Algunos elementos son particularmente marcantes:

- Esos cinco países son dirigidos por cinco líderes mundiales, todos conocidos y reconocidos en la escena internacional. La denominación del encuentra era clara: “BRICS – Encuentro de Líderes”. Cada uno en su continente, esos cinco líderes ejercen una influencia mundial. Juntos, ellos representam cerca de la mitad del planeta. En el contexto de uma gobernanza mundial que valoriza a los líderes, como Barack Obama, Nicolas Sarkozy, Angela Merkel..., que la practicam permanentemente, los países emergentes no se quedan atrás. El liderazgo, ahora, es accesible a todos.

- Los BRICS parecen tener un programa común:

Solidaridad: Juntos, quieren lograr una reforma del sistema mundial, financiero y monetario: “we can not let foreign capital come and go as it pleases” (“no podemos dejar que el capital externo vaya y venga como le dé la gana”). Esta solidaridad se muestra recíproca: Vemos, por ejemplo, a China interceder por el ingreso de Russia en la OMC. Ellos están buscando proyectos en común, mezclados, para los cuales la inmigración creadora sería fomentada y legalizada.

Inflación: La inquietud china se junta aquí a las preocupaciones brasileñas en relación con un ritmo de inflación que, en Brasil, apuntaba en enero a una proyección anual de 6%. Los BRICS quieren coordinar mejor una lucha común en torno a esa cuestión. Europa no está exenta de esta inquietud. Para nosotros, el nivel de la deuda aumenta la gravedad de ese tema.

Crecimiento: Los cinco países hacen de la búsqueda de un “nuevo crecimiento” una prioridad compartida; un crecimiento menos hambriento por carbono y menos generador de desigualdad que el tradicional crecimiento ocidental. El XII plan chino propone un crecimiento verde (economía de energía, energías renovables, ciudades verdes...) y social (habitación, protección social, salud, combate a las desigualdades regionales...), todos temas consensuales entre los cinco países.

Como el liderazgo, la virtud del desarrollo duradero no es algo reservado a unos pocos.

La paz es el último mensaje, mas no el menor. La cumbre de los BRICS fue precedida por un llamado del presidente Hu Jintao para que haya un cese del fuego en Libia. Los emergentes quieren ser pacíficos y se presentan como tales. El mensaje gana fuerza por el contraste con el mundo occidental, involucrado militarmente en un gran número de teatros.

Esa estrategia de los BRICS no debería traerle grandes problemas a la diplomacia francesa, que está creíblemente comprometida con la reforma de la gobernanza mundial. Nosotros mantenemos excelentes relaciones com cada uno de estos países.

Como China, Francia se posiciona en el interior de numerosos círculos, en la intersección de los cuales nuestro país busca las posiciones favorables a sus convicciones y a sus intereses. Eso nos impone, sin embargo, una visión más compleja que simplificadora de la globalización y un énfasis de nuestra acción exterior que privilegie la diplomacia económica.

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Publicado en Le Monde y luego en Carta Maior el 21-4-2011. Traducción libre de la versión en portugués.

domingo, 17 de abril de 2011

Barbarella, la bomba sexy



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No se puede hablar de heroínas de los cómics sin nombrar a la rubia sexy del futuro. El personaje de Jean Claude Forest (1968) es una bomba erótica que está siempre dispuesta a disfrutar del placer, lo cual la ayuda a ganar sus batallas. Esta foto es de una secuencia de la historia titulada La obra maestra, en la que Barbarella se enamora y engendra un hijo. La reedición al portugués es de una editorial de Porto, 1979.

viernes, 15 de abril de 2011

Libia y la nueva doctrina estratégica de EEUU

Thierry Meyssan

A menudo se dice que los generales no anticipan el cambio que viene y preparan la próxima guerra como si ésta tuviera que ser similar a la anterior. Eso se aplica también a los comentaristas políticos: interpretan los nuevos eventos no por lo que son, sino como si se estuvieran repitiendo los hechos que los precedieron.

Cuando los movimientos populares derrocaron a Zine el Abidine Ben Alí en Túnez y en Egipto a Hosni Mubarak, muchos pensaban que estaban presenciando una "revolución de jazmín" y una "revolución de la flor de loto", igual a las revoluciones de colores que la CIA y la NED han llevado a cabo a lo largo del tiempo desde la desaparición de la URSS.

Algunos hechos parecían darles la razón, como la extraña presencia de agitadores serbios en El Cairo o la difusión de propaganda contra los regímenes. Pero la realidad era muy diferente. Esas fueron auténticas rebeliones populares y Washington intentó, sin éxito, desvirtuarlas para su provecho. En definitiva, tunecinos y egipcios no aspiraban a la American Way of Life, sino más bien a deshacerse de dictadores títeres manipulados por Estados Unidos.

Cuando se produjeron disturbios en Libia, esos mismos comentaristas intentaron recuperar la zaga de la realidad argumentando que, esta vez, se trataba de un levantamiento popular contra Gadafi. A continuación, acompañaban sus editoriales con cándidas mentiras, presentando al coronel como un eterno enemigo de la democracia occidental, olvidando que el mismo dictador colaboraba activamente con Estados Unidos desde hacía ocho años.

Pero, si miramos más de cerca, lo que está ocurriendo en Libia constituye un avivamiento del antagonismo histórico entre la región de Cirenaica, por un lado, y Tripolitania y Fezzan del otro. Sólo en segundo lugar el conflicto ha tomado una inclinación política, el de una insurrección de personas identificándose con los monárquicos, a quienes pronto se les unieron todo tipo de pequeños grupos de la oposición (naseristas, jomeinistas comunistas, islamistas, etc.). En ningún momento la insurrección se ha extendido por todo el país.

Razonamiento equivocado

A pesar de esto, en Libia, cualquier voz que asegure que el conflicto ha sido fabricado e instrumentado desde afuera, etiquetándolo de “colonial”, recibe protestas. La opinión de la mayoría es que la intervención militar extranjera va a permitir al pueblo libio liberarse del tirano y que los “errores” de la coalición no pueden ser peores que los crímenes del genocida.

Sin embargo, ya la historia ha demostrado la falsedad de este razonamiento. Por ejemplo, muchos iraquíes opuestos a Sadam Husein y que acogieron como salvadoras a las tropas occidentales, ahora, ocho años y un millón de muertes más tarde, reconocen que la vida era mejor en el país en tiempos del déspota.

La opinión generalizada sobre el razonamiento falso en Libia se basa en una serie de convicciones erróneas:

- Contrariamente a lo que afirma la propaganda occidental (y a aquello a lo que parece dar crédito la proximidad cronológica y geográfica con Túnez y Egipto), todo el pueblo libio no se levantó contra el régimen de Gadafi. El coronel todavía tiene legitimidad popular en Tripolitania y Fezzan, regiones en las que distribuyó armas y dinero entre la población para resistir el avance de los insurgentes de Cirenaica y los ataques de las potencias extranjeras.

- Contrariamente a lo que afirma la propaganda occidental (a través de los medios) y a lo que parecen reafirmar las propias declaraciones del furioso "Hermano Líder", Gadafi nunca ha bombardeado directamente su propia población civil. Ha hecho uso de la fuerza militar contra el golpe de Estado sin tener en cuenta las consecuencias para la población civil, lo que es similar a lo que hacen los extranjeros con los bombardeos. Esta distinción no tiene importancia para las víctimas, pero en derecho internacional separa los crímenes de guerra de los crímenes contra la humanidad.

- Por último, contrariamente a lo que afirma la propaganda y el romanticismo revolucionario de opereta de Bernard Henry Lévy, la revuelta de Cirenaica no tiene nada de espontánea. Fue preparada por la DGSE, el MI6 y la CIA. Para formar el Consejo Nacional de Transición, los franceses se basaron en la información y los contactos de Masud El Mesmar, antiguo compañero y confidente de Gadafi, quien desertó en noviembre de 2010 y recibió asilo en París.

Para restaurar la monarquía, los británicos revivieron las relaciones del príncipe Muhamad al Sanusi, pretendiente al trono del Reino Unido de Libia (en la actualidad en el exilio en Londres) y han distribuido por todas partes la bandera roji-negri-verde con la media luna y la estrella.

Por su parte, los estadounidenses han tomado el control económico y militar, repatriando desde Washington a muchos libios en el exilio para ocupar los ministerios claves y la sede del Consejo Nacional de Transición.

Mientras tanto, el debate sobre la “conveniencia” de la intervención internacional es el árbol que oculta el bosque.

Si damos un paso atrás nos damos cuenta de que la estrategia de las grandes potencias occidentales ha cambiado. A pesar de que siguen usando y abusando la retórica de la “prevención del genocidio” y del “deber de la intervención humanitaria” de los hermanos mayores, o incluso del “apoyo fraterno” a los pueblos que luchan por su libertad, sus acciones hablan de modo diferente.

La "Doctrina Obama"

En su discurso en la National Defense University, el presidente Obama definió varios aspectos de su doctrina estratégica, destacando lo que la distingue de las de sus predecesores, Bill Clinton y George W. Bush.

Primero dijo: "En sólo un mes, EEUU ha conseguido, junto a sus socios internacionales, movilizar una amplia coalición para obtener un mandato internacional de protección a civiles, detener el avance de un ejército, evitar una masacre y establecer, con sus aliados y socios, una zona de exclusión aérea. Para poner en perspectiva la velocidad de nuestra reacción militar y diplomática deben recordar que en la década de 1990, cuando las personas eran intimidadas en Bosnia, se tardó más de un año para que la comunidad internacional interviniera con medios aéreos para proteger a los civiles. Esta vez sólo nos llevó 31 días”.

Esta rapidez contrasta con el período de Bill Clinton. Ello se explica de dos maneras: Por un lado, Estados Unidos en 2011 tiene un plan, mientras que en los años 90 dudaba entre si se dedicaba a disfrutar de la desaparición de la URSS para enriquecerse comercialmente o construía un imperio sin rival. Por otro lado, la política de la "reinicialización" (reset) de la administración Obama, apuntando a sustituir la negociación de la confrontación, ha dado en parte sus frutos con Rusia. Aunque esta nación sea uno de los grandes perdedores económicos de la guerra de Libia, Moscú ya ha aceptado el principio, incluso si los nacionalistas Vladimir Putin o Vladimir Chamov tienen ardores de estómago.

Luego, en el mismo discurso del 28 de marzo de 2011, Obama continuó: "Nuestra alianza más efectiva, la OTAN tomó el mando de la ejecución del embargo de armas y la zona de exclusión aérea. Anoche, la OTAN decidió asumir la responsabilidad adicional para la protección de los civiles libios. (...) Estados Unidos jugará (...) un papel de apoyo, especialmente en términos de inteligencia, de apoyo logístico, de la asistencia en la búsqueda y rescate, y de las interferencias en las comunicaciones del régimen. Debido a esta transición hacia una coalición más amplia, fundada sobre la OTAN, los riesgos y los costos de tales operaciones –para nuestras tropas y nuestros contribuyentes– se reducirán considerablemente”.

No obstante, después de haber puesto por delante de Francia y fingir estar arrastrando los pies, Washington admitió haber "coordinado" todas las operaciones militares desde el principio. Obama hizo esto para anunciar inmediatamente la transferencia de esta responsabilidad a la OTAN.

En términos de comunicación interna, es evidente que el Nobel de la Paz Barack Obama no quiere dar la imagen de un presidente que dirige a su país a una tercera guerra en el mundo musulmán después de Afganistán e Irak. Sin embargo, esta cuestión de relaciones públicas no debe hacer olvidar lo fundamental: Washington ya no quiere ser el policía del mundo, pero tiene la intención de ejercer un leadership sobre las grandes potencias, intervenir en nombre de un “interés colectivo” y "mutualizar" los costos. En este contexto, la OTAN se convertirá en la estructura de coordinación militar por excelencia, en la que Rusia –o incluso más tarde China– deberán participar.

Por último, Obama acabó su discurso en la National Defense University: "Habrá ocasiones en que nuestra seguridad no será amenazada directamente, pero en las cuales nuestros intereses y nuestros valores sí lo serán. A veces la historia nos pone cara a cara con desafíos que amenazan nuestra humanidad y nuestra seguridad común: intervenir en el caso de los desastres naturales, por ejemplo, o prevenir un genocidio y preservar la paz; asegurar la seguridad regional y mantener el flujo del comercio. Estos tal vez no sean problemas americanos, pero también son importantes para nosotros. Estos son problemas que merecen resolverse. Y en estas circunstancias, sabemos que los Estados Unidos, en tanto que nación más poderosa del mundo, a menudo serán llamados a prestar asistencia".

De este modo Barack Obama rompe con el encendido discurso de George W. Bush, quien pretendía extender por el mundo entero el American Way of Life a punta de bayoneta. Pero aunque EEUU asegura que desplegará recursos militares para causas humanitarias u operaciones de mantenimiento de la paz, sólo concibe la guerra para la "seguridad regional y mantener el flujo del comercio."

Este punto merece una explicación detallada.

Cambio estratégico

Por convención o por conveniencia, los historiadores llaman a cada doctrina estratégica por el nombre del presidente que la lleva a cabo. En realidad, la doctrina estratégica se desarrolla ahora en el Pentágono y no en la Casa Blanca. El cambio fundamental no se ha producido con la entrada de Barack Obama al Despacho Oval (enero de 2009), sino con la de Robert Gates al Pentágono (diciembre de 2006). Los dos últimos años de la presidencia de Bush no salen, pues, de la "Doctrina Bush", sino que son el preludio de la "Doctrina Obama". Y es justamente porque acaba de ganar que Robert Gates plantea retirarse con orgullo del trabajo acabado.

Para hacerme entender, yo distinguiría entre una "doctrina Rumsfeld" y una "doctrina Gates". En la primera, el objetivo es cambiar los regímenes políticos, uno por uno en todo el mundo, hasta que todos ellos sean compatibles con el de Estados Unidos. A éstos se les llama "democracias de mercado", aunque puedan definirse como sistemas oligárquicos en el que pseudo-ciudadanos están supuestamente protegidos de las acciones arbitrarias del Estado y pueden elegir a sus líderes, pero no pueden elegir sus políticas. Este objetivo fue el que llevó a la organización de las revoluciones de colores, como la ocupación de Afganistán e Irak.

Sin embargo, dice Barack Obama en el mismo discurso: "Gracias a los extraordinarios sacrificios de nuestras tropas y la determinación de nuestros diplomáticos, tenemos muchas esperanzas en el futuro de Irak. Pero el cambio de régimen tomó ocho años, costó miles de vidas estadounidenses e iraquíes y cerca de un billón de dólares. No podemos permitir que eso vuelva a suceder en Libia".

En resumen, este objetivo de una Pax Americana, que a la vez protegería y dominaría todos los pueblos de la Tierra, es económicamente inviable. Del mismo modo, además, que el ideal de convertir la humanidad entera a la American Way of Life.

Otra visión imperial, más realista, se ha impuesto poco a poco en el Pentágono. Fue popularizada por Thomas PM Barnett en su libro “The Pentagon’s New Map. War and Peace in the Twenty-First Century”.

El mundo del futuro estaría dividido en dos. Por un lado, el centro estable en torno a Estados Unidos, para los países desarrollados o, al menos, para los democráticos. El otro, una periferia abandonada a sí misma, sumida en el subdesarrollo y la violencia. El rol del Pentágono sería el de garantizar el acceso del mundo civilizado a la riqueza natural de los suburbios y protegerla.

Esta visión presupone que Estados Unidos está compitiendo cada vez más con otros países desarrollados, pero se convierte en su líder de seguridad. Parece posible con Rusia, desde que el presidente Dmitry Medvédev abrió el camino para la cooperación con la OTAN durante el desfile para conmemorar el final de la Segunda Guerra Mundial, en la cumbre de Lisboa. Pero puede ser más complicado con China, cuya nueva dirección parece más nacionalista que la anterior.

La extensión inevitable

La división del mundo en dos zonas, una estable y otra caótica, donde la segunda es la reserva de las riquezas naturales de la primera, obviamente, plantea una cuestión de límites. En la obra de Barnett (2004), los Balcanes, Asia Central, la mayor parte de África, los Andes y América Central son lanzados a las tinieblas. Tres estados miembros del G-20 (de los cuales uno es también miembro de la OTAN), están condenados al caos: Turquía, Arabia Saudita e Indonesia. Este mapa no es estático y las repescas siguen siendo posibles. Así, Arabia Saudita está ganando sus galones aplastando con sangre la revuelta de Bahrein.

Puesto que ya no es una cuestión de ocupar los países, sino de mantener en el tiempo las áreas de explotación y llevar a cabo redadas, en caso necesario, el Pentágono tiene la necesidad de extender a toda la periferia el proceso de fragmentación o "remodelación" que se inició en el "gran Medio Oriente" (Greater Middle-East).

El objetivo de la guerra ya no es la explotación directa de un territorio, sino la desintegración de toda posibilidad de resistencia. El Pentágono se está centrando en el control de las rutas marítimas y las operaciones aéreas para subcontratar en mayor medida las operaciones de tierra a sus aliados. Este fenómeno es el que acaba de comenzar en África con la partición de Sudán y las guerras en Libia y Costa de Marfil.

Si en términos de discurso democrático el derrocamiento del régimen de Muamar Gadafi sería una meta gratificante, no lo es desde el punto de vista del Pentágono, para quien no es ni necesario ni deseable. En la "doctrina Gates" más vale mantener un Gadafi histérico y humillado en un reducto tripolitano que una gran Libia unificada, capaz de mantener la resistencia contra la ocupación.

Por supuesto, el resultado de esta nueva visión estratégica no será sin dolor. Habrá flujos de migrantes, que hoy son cada vez más, huyendo del infierno de la periferia para entrar en el paraíso del centro. Y habrá esos incorregibles humanistas que insisten en pensar que el paraíso de unos no debe construirse sobre el infierno de otros.

Es este proyecto de guerra sostenida el que está en juego en Libia, y es con relación a él que cada uno tiene que tener una posición clara.

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Publicado originalmente a comienzos de abril en egaliteetreconciliation.fr, luego en voltairenet.org y en rebelion.org el 15-4-2011. Me tomé la libertad de editar bastante esta traducción, con intervenciones estilísticas importantes. También omití las citas y las referencias bibliográficas.