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lunes, 30 de julio de 2012

¿Por qué la sabiduría convencional está equivocada?

Vicenç Navarro

El editorial de El País del pasado 21 de julio (Situación crítica) presenta la postura que caracteriza el pensamiento dominante en el establishment español sobre la situación financiera del país. Tal editorial indica que los mercados financieros no están respondiendo a las medidas de austeridad muy marcada puestas en marcha por el gobierno español presidido por Rajoy. Por el tono del editorial, su autor parece asumir que los mercados deberían haber tomado nota de tales medidas y recuperar su confianza en el Estado español, exigiendo unos intereses más bajos a su deuda pública, los cuales han alcanzado niveles que son inasumibles. Este supuesto que asume que el Estado español “tiene que hacer sus deberes” (lo cual implica en el lenguaje del establishment español recortar y recortar gasto público, entre otras medidas, para reducir el déficit público) a fin de recuperar “la famosa confianza de los mercados” está justificando toda una serie de medidas que están llevando al país al desastre. Ignora, además, un hecho clave: el tamaño de la deuda pública y del déficit no es la causa de que la prima de riesgo esté ya por las nubes en España.

¿Cuál es, pues, la causa? Y la respuesta la hemos estado señalando unos pocos sin que se nos hiciera caso desde hace ya tiempo. El hecho de que España tenga una prima de riesgo tan elevada se debe a dos factores. Uno, a que España no tiene un Banco Central. Si lo tuviera, éste haría lo que hace un Banco Central digno de su nombre: imprimiría moneda y con ella compraría deuda pública, forzando la bajada de los intereses de su deuda. Esto es lo que hace el Banco Central estadounidense (The Federal Reserve Board), el Banco de Inglaterra, el Banco del Japón y un largo etcétera. El editorialista de El País no ha captado todavía (como tampoco lo ha captado el establishment español) que los intereses de la deuda pública no los determinan los mercados financieros, sino predominantemente el Banco Central del país que genera la deuda. Al no tener un Banco Central, consecuencia de estar en la Eurozona, España no puede regular los intereses de su deuda pública. Y como consecuencia, éstos suben y suben porque es lo que le conviene a los mercados financieros, que se ceban y enriquecen a base de tales escaladas en el precio de la deuda.

El segundo hecho que explica la elevada prima de riesgo de la deuda pública española es que, además de no tener un Banco Central, el que así se llama en la Eurozona (el Banco Central Europeo (BCE)) no es un Banco Central, sino que es predominantemente un lobby de la banca alemana. El establishment español parece que no ha captado esto tampoco. Si fuera un Banco Central imprimiría dinero y compraría la deuda pública de los Estados de la Eurozona que pagan unos intereses exagerados por su deuda. Con ello, los intereses bajarían. Pero el BCE no hace esto. Dice que lo tiene prohibido (aunque lo hace muy de vez en cuando, en situaciones extremas). Lo que sí hace es imprimir dinero y se lo presta a la banca privada a unos intereses muy bajos (0,75%) y con este dinero la banca compra deuda pública a unos intereses elevadísimos (un 7% y un 6% en el caso español e italiano). ¡Un negocio redondo!

Ahora bien, el BCE se pasó de rosca. Y ahora, la banca privada (incluyendo la alemana) está llena de bonos públicos y privados de los países periféricos y le preocupa que ahora los Estados de estos países no puedan pagar. Alemania posee la friolera cantidad de 770.000 millones de euros de deuda pública y privada de los países intervenidos (Grecia, Portugal, Irlanda y España). De ellos, 274.000 millones en España. Los dos bancos alemanes más importantes, el Deutsche Bank y el Commerzbank, tienen cada uno 14.000 millones de euros. La banca alemana tiene gran cantidad de deuda pública y privada española (que le ha proporcionado excelentes intereses, y por lo tanto, beneficios), y ahora quiere asegurarse de que España no colapse y se quede sin cobrar la deuda. De ahí la “ayuda” financiera, que en realidad es ayuda a la banca alemana. Y de ahí que el BCE esté presionando para que estos Estados paguen lo que deben a los bancos alemanes, entre otros. La famosa ayuda financiera a la banca española (100.000 millones de euros) es primordialmente una ayuda a la banca alemana (entre otros bancos) tal como indicó recientemente con toda franqueza Peter Bofinger, consejero económico del gobierno Merkel en su entrevista a Der Spiegel (14.07.12), señalando que “esta ayuda no es a estos países, sino a nuestros propios bancos, que tienen gran cantidad de la deuda privada en aquellos países” (ver mi artículo La economía alemana no es un ejemplo en www.vnavarro.org).

Una última observación. Creerse que el euro está en peligro porque la prima de riesgo española está en las nubes (como asume también el editorial de El País) es desconocer el sistema de gobierno de la Eurozona. El euro le está yendo pero que muy bien al Estado alemán y a la banca alemana. Como he detallado en otro artículo (ver artículo citado) a los mayores bancos alemanes les está yendo muy bien, y los bonos públicos del Estado alemán son los más seguros que hay en el mundo (junto con los estadounidenses). ¿Dónde está, pues, el problema del euro?

El problema para el euro y para la banca alemana sería si España se saliera del euro, que es lo último que el establishment alemán y europeo desearían, pero que España debería considerar seriamente como alternativa. El BCE no cambiará a no ser que perciba el peligro que supone para la banca alemana que España salga del euro. Y tal percepción no ocurrirá mientras el gobierno español siga dócilmente lo que le digan el BCE y la Comisión Europea, pues los intereses de éstos no son los intereses de la población española, sino los intereses financieros alemanes que dominan aquellas instituciones. Pedirle al BCE que ayude al Estado español porque éste “está haciendo sus deberes” (tal como termina el editorial de El País) es no entender quién y cómo la Eurozona está gobernada.

*Vicenç Navarro, ex profesor de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona, actualmente es Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales, Universidad Pompeu Fabra (Barcelona) y de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University (Baltimore).

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Publicado por Público el 24-7-2012.

miércoles, 25 de julio de 2012

"Sucesivos rescates no sirven de nada"


Según el economista Costas Lapavitsas 
“Grecia dejará el euro en los próximos 
seis meses o un año”.
Javier Lewkowicz

El PBI podría caer entre un 7 y un 9 por ciento este año, y en 2013, un 10 por ciento. La deuda pública, que representa el 160 por ciento del Producto, a pesar de un violento ajuste fiscal, llegará al 170 por ciento el año que viene. Grecia, entonces, entraría en default en un período que va de los próximos seis a doce meses, y posteriormente abandonará la Zona Euro, luego de haber pasado, en sólo cinco años, de ser un país de ingresos medios a uno en vías de desarrollo. Su salida hará que la moneda regional corra peligro de desaparecer. Ese panorama trazó el prestigioso economista griego Costas Lapavitsas, profesor de la Universidad de Londres y asesor de Syriza, partido griego de izquierda, en el seminario “Crisis internacional: su despliegue en Europa y potenciales impactos en América latina”, organizado el 19 de julio por el Cefid-Ar.

Después de su exposición sobre la Unión Europea, se entendió mejor la frase con la que inició su presentación: “Al revés de como era antes, hoy los analistas de Europa, especialmente de los países del Sur, vienen a América latina a aprender”.

Lapavitsas cobró protagonismo en la economía heterodoxa desde el estallido de la crisis internacional, cuya actual segunda fase tiene el epicentro en la Unión Europea. Este economista publicó numerosos trabajos sobre la falacia que supone adjudicar la crisis europea a una excesiva expansión fiscal. En cambio propone enfocarse sobre los desequilibrios comerciales que genera la unión monetaria, que aprovecha Alemania y –en menor medida– Francia, y sufren Grecia, España, Irlanda, Portugal e Italia. En paralelo, hay una gigantesca expansión financiera que permite sostener los déficit a través del crecimiento de la deuda pública y privada.

El economista heleno sostiene que una característica central del euro es que cumple con la forma de dinero de aceptación global, sostén del valor de enormes volúmenes de activos, medio de cambio de pagos internacionales y principal competidor del dólar en esa lógica. Pero, además, la moneda europea tiene las funciones de dinero doméstico, que es unidad de cuenta en contratos locales y medio de pago en transacciones internas. “Tal como está concebida la UE, esos dos roles son incompatibles, de ahí viene la inestabilidad. Y los cambios necesarios para compatibilizarlos son imposibles de realizar, dadas las actuales condiciones”, explicó.

Inflación, desbalances en cuenta corriente y en los flujos de capitales en los países que conforman el euro, complican las funciones del dinero mundial. Para combatir esos fenómenos sólo está a nivel regional el Banco Central Europeo, que tiene una política monetaria única para todos los países. “El fracaso fue total. Hubo inflación sostenida de la periferia europea en relación con Alemania, que obtuvo un persistente superávit en cuenta corriente contra estos países. Para financiar ese desequilibrio en cuenta corriente, los bancos alemanes aumentaron sus préstamos hasta antes de la crisis y después lo hicieron las bancas centrales, generando desbalances de flujos de capitales”, indicó Lapavitsas.

La UE, en la búsqueda por mantener el carácter de dinero mundial del euro, aplicó una política homogénea para realidades diferentes según cada país, contradicción que hace tambalear el armado regional. “La política del bloque es ahora estabilizar las condiciones internacionales del euro, con mayor austeridad, privatización y liberalización. El rol de moneda doméstica quedó subordinado, y generó el colapso de la demanda, más deuda y altos costos sociales”, indicó. “Para que coexistan las funciones de dinero mundial y doméstico se necesitaría un Plan Marshall para la periferia, que mejore allí la competitividad, y que Alemania suba salarios y tenga mayor demanda interna. Además, un repudio total a la deuda en muchos países, reestructuración de las finanzas y una mejor distribución del ingreso. Antes que suceda eso, es más probable que la unión monetaria se rompa, y Grecia creo que dará el primer paso en ese sentido”, vaticinó.

Lapavitsas, asesor del Syriza, partido opositor griego de izquierda, sostiene que el país helénico “va a defoltear y dejará el euro en los próximos seis meses o un año”. “El gasto público continúa cayendo, al igual que la inversión, ante la falta de liquidez, y el consumo, ahogado por el creciente peso de las deudas en un escenario de deflación. Las exportaciones no crecen más, hay una enorme ola de quiebras y los bancos pierden depósitos”, describió. A la vez analizó que, desde el inicio de la crisis, el PBI griego cayó un 30 por ciento; y desde comienzos de 2011, los salarios reales descendieron en algunos casos hasta un 23 por ciento. “La respuesta neoliberal son sucesivos rescates que no sirven de nada, son como el megacanje del fin de la convertibilidad”, comparó Lapavitsas.

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Publicado por Página/12 el 20-7-2012.

jueves, 31 de mayo de 2012

¿Por qué las políticas de austeridad son profundamente erróneas?

Vicenç Navarro

Una de las explicaciones que se han dado con mayor frecuencia a la crisis financiera actual que sufren los países GIPSI (Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia) es la que indica que los Gobiernos de tales países han gastado más de lo que deberían haber gastado, endeudándose demasiado. De ahí la respuesta a la crisis dada por la Troika -el Banco Central Europeo (BCE), la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional (FMI)- así como por el Consejo Europeo y el Gobierno alemán presidido por la canciller Angela Merkel, exigiendo a los Gobiernos que reduzcan su déficits y su deuda pública, medida fundamental para que los países recuperen su crecimiento económico. Esta explicación ha alcanzado niveles de dogma en los últimos años, dogma reproducido en la mayoría de los medios de mayor difusión donde la sabiduría convencional se transmite. Dentro del mundo económico [español], el mayor defensor de este dogma ha sido Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada), fundación financiada por los mayores bancos y mayores empresas del país.

El mayor problema que tiene tal explicación es que la evidencia científica no la sustenta. Si hubiera sido cierta, tendríamos que haber encontrado en todos estos países, cuando la crisis se inició, déficits y deudas públicas elevadas, lo cual no es cierto. En realidad, España, al inicio de la crisis, en 2007, tenía un superávit en sus cuentas del Estado (+2.23% del PIB) y una deuda pública del 36,2% del PIB, que estaba muy, muy por debajo del límite permitido por el Pacto de Estabilidad (60%), y muy por debajo del promedio de los países de la Eurozona. La deuda neta (es decir, eliminando la deuda que el Estado se debe a sí mismo) era sólo un 26,7%. No puede, por lo tanto, argumentarse que el Estado español se hubiera endeudado demasiado. Una situación semejante aparece en Irlanda, donde también había superávit (+0,1% del PIB) en las cuentas del Estado y una deuda pública del 24,8% del PIB, por debajo del nivel máximo permitido por el Pacto de Estabilidad (con una deuda neta del 11,1% del PIB). Portugal sí que tenía un déficit público (-3,2% del PIB), pero era muy cercano al nivel permitido por el Pacto de Estabilidad (-3%), y una deuda pública, 68,3% del PIB, muy cercana al nivel permitido (60%). A ninguno de estos tres países, España, Irlanda y Portugal, se les puede atribuir la crisis a su excesivo endeudamiento público.

Italia tenía un déficit público minúsculo (-1,5% del PIB) en 2007 y una deuda pública de 103,1% del PIB, mayor de la permitida por el Pacto de Estabilidad. Grecia, sin embargo, sí que tenía un déficit público elevado (-6,7% del PIB) y una deuda pública también elevada (105% del PIB). Ahora bien, estas cifras eran asumibles si se le hubiera permitido crecer económicamente. El crecimiento económico es una manera de reducir el déficit y la deuda pública, pues el crecimiento genera más recursos al Estado. Pero en lugar de permitir que siguiera unas políticas expansivas de gasto público, se le impusieron unas reducciones draconianas de tales gastos, de manera que crearon una caída de tal crecimiento, cayendo en una gran recesión. Como consecuencia, en Grecia el déficit público aumentó, alcanzando un 10,6% del PIB en 2011. Y lo mismo ocurrió con su deuda pública, que aumentó a un 160,8% del PIB (también en el 2011).

A la luz de estos datos es imposible sostener que la causa de la enorme recesión, que tales países han estado sufriendo, se deba a que los Estados se han endeudado demasiado. Sólo Grecia y en parte Italia (debido a su elevada deuda pública) podrían mostrarse como prueba de tal tesis. Ni a España, ni a Portugal ni a Irlanda, se les puede acusar de tal comportamiento público. No es cierto que el Estado fuera excesivamente prolijo y que el gasto se hubiera descontrolado, tal como afirman, errónea o maliciosamente, los autores neoliberales.

En realidad, han sido las políticas impuestas por la Troika, así como por el Consejo Europeo y por el Gobierno Merkel, con la ayuda, hasta hace poco, del Gobierno Sarkozy, las que han causado la recesión existente en estos países y en la Eurozona. Sus políticas de austeridad, con recortes del gasto público, incluyendo del gasto público social, así como su énfasis en disminuir los salarios (lo que llaman devaluación doméstica), han creado un descenso de la demanda, y con ello un descenso muy marcado del crecimiento económico. Como ha mostrado Mark Weisbrot, co-director del Center for Economic and Policy Research, hay una relación directa entre la austeridad seguida en un país y el descenso del crecimiento económico. A mayor austeridad, menor crecimiento (y con ello mayor crecimiento del déficit y de la deuda pública). Grecia ha sido el país al cual le han impuesto mayores recortes y donde ha habido un mayor descenso de su PIB. Una situación semejante ha ocurrido en España, Portugal, Irlanda e Italia. Los países nórdicos han sido los que han tenido menos recortes y han crecido más rápidamente.

¿Por qué EEUU está creciendo y la Eurozona no?

Y ahí está gran parte del problema. Las políticas de austeridad han sido la mayor causa de la recesión, no sólo en estos países sino en toda la Eurozona. Es ilustrativo en este sentido comparar el estancamiento de tal zona monetaria con una recesión que está afectando muy negativamente al bienestar de la población en la mayoría de países, con la mayor recuperación que ha experimentado EEUU, resultado de seguir distintas políticas publicas. En EEUU, resultado del estallido de la burbuja inmobiliaria, la economía casi colapsó, perdiendo nada menos que 1,5 trillones (1.500 billones) de dólares. La Administración Obama aprobó un plan de estímulo económico aumentando el gasto público 300 billones (una cantidad muy insuficiente para cubrir el enorme agujero creado por aquel estallido, como bien han criticado muchos autores como Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Mark Weisbrot, Dean Baker, y muchos otros) que se gastaron en crear empleo en los servicios sanitarios y sociales públicos y a crear infraestructuras físicas en el país.

El Gobierno federal, a través de su Banco Central (el Federal Reserve Board), también redujo los intereses bancarios de una manera muy acentuada, e inyectó 2,3 trillones de dólares en la economía. Inyectar quiere decir que el Banco imprimió dinero y con él compró deuda pública, ayudando así al Estado federal a que dependiera menos de los préstamos de la banca privada (como ocurre en la Eurozona). Hoy, los bonos públicos del Estado federal tienen los intereses más bajos de todos los bonos públicos de la OCDE (el club de países más ricos del mundo) mostrando la falacia de los autores neoliberales que cuestionan la viabilidad de tal deuda pública estadounidense.

El contraste con el comportamiento en la Eurozona es enorme. En primer lugar, las políticas de estímulo han brillado por su ausencia en la Eurozona. Sólo ahora el nuevo Presidente de Francia, el señor François Hollande, ha pedido que se desarrolle una política de estímulo. Pero incluso ahora, las cantidades citadas en sus propuestas, 30.000 millones de euros, son dramáticamente insuficientes para estimular las economías de la Eurozona en recesión, sobre todo teniendo en cuenta que se mantienen –en tales propuestas- las políticas de austeridad que han sido responsables de la recesión. Las políticas de crecimiento complementan en tales propuestas, no sustituyen, a las políticas de austeridad, lo cual es un profundo error.

La segunda gran diferencia es el comportamiento del Banco Central Europeo, que ha impreso mucho menos dinero que el FRB, y otra gran diferencia es que tal Banco ha prestado dinero a la banca privada de los países de la Eurozona a intereses muy bajos (1%), los cuales han comprado la deuda pública (los bonos públicos del Estado) con un interés repercutido mucho más elevado (6% en el caso de España), con lo cual la banca privada se ha beneficiado enormemente a costa de los Estados. Es más, esta banca ha especulado con la deuda pública, creando artificialmente la sensación de crisis a fin de que los Estados se vean forzados a pagar intereses muy elevados.

Los resultados de este comportamiento diferencial en las políticas fiscales y monetarias son claros. EEUU salió de la crisis ya en 2009, dos años después de que se iniciara, con un crecimiento anual del 2,4% del PIB. En los países de la Eurozona, el crecimiento no ha alcanzado ni el 1,5% y con una previsión negativa para el próximo año (-0.3%).


* Vicenç Navarro ha sido Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona. Actualmente es Catedrático de Ciencias Políticas y Sociales en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona) y profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University (Baltimore). Dirige también el Observatorio Social de España.
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Publicado por Público el 30-5-2012.

martes, 15 de mayo de 2012

El debate en la Eurozona

Paul Krugman

Así que la eurocrisis vuelve a ser un riesgo. Y, en esta ocasión, se centra en España, lo que en cierta forma es bueno, porque ahora se exhibe plenamente la locura esencial del diagnóstico ortodoxo de la crisis de inspiración alemana.
Porque esto verdaderamente no tiene nada que ver con irresponsabilidad fiscal (sólo como recordatorio: en vísperas de la crisis España parecía un dechado fiscal). Lo que le pasó a España fue que estalló una burbuja inmobiliaria -alimentada, en grado importante, por los préstamos de los bancos alemanes-, arrastrando con ella a la economía. Ahora, el país tiene una tasa de desempleo del 23,6 por ciento (entre los jóvenes asciende al 50,5 por ciento).
La política de respuesta supuestamente debe ser aún más austeridad, con el Banco Central Europeo, desde luego, obsesionado con la inflación. Y las autoridades afirmando que el increíblemente ridículo incremento de la tasa del año pasado de hecho fue algo digno de enorgullecerse. Estoy empezando a pensar que nos estamos encaminando a un resquebrajamiento de todo el sistema.

La Mala Parábola de Ken Rogoff

Ken Rogoff, profesor de Economía de Harvard, publicó un artículo de opinión en el Financial Times el 23 de abril, comparando los pesares de Europa con los de una familia con una cuenta de cheques compartida en la que algunos de sus integrantes empiezan a abusar de su privilegio. “La verdadera lección del gran experimento del euro es que, dado el débil estado del gobierno global, el área óptima de moneda única probablemente sigue siendo un país, al menos cuando dos o más países grandes participan”, escribió.

Es una historia bonita, pero casi completamente equivocada. Sí, el “casi” se debe a Grecia. Pero Ken básicamente está aceptando el marco preferido por Alemania, de que todo tiene que ver con la irresponsabilidad fiscal, cosa completamente falsa para todos los demás (sobre todo en España, foco de la crisis).

Por enésima ocasión, los países clave 
de la debacle no registraban grandes déficits antes de ser golpeados. Tomados como grupo, la proporción deuda/producto interno bruto de los “G.I.P.S.I.” (Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia, por sus siglas en inglés) estaba cayendo, no aumentando. Lo que ocasionó la crisis fue el enorme influjo de capital privado. No piense en políticos descontrolados; imagínese “Landesbanken” alemanes prestando dinero a las cajas españolas, alimentando una burbuja de bienes raíces.

Entonces, ¿cuál fue el gran problema con el euro? No tanto que haya promovido estos flujos; probablemente lo hizo, pero los “G.I.P.S.I.” no son las primeras economías que los mercados de bonos han preferido temporalmente sin mucho sentido común. No, el problema principal fue la ausencia de una forma de ajuste cuando se acabó la música. Es realmente frustrante que, una completamente demostrable falsa narrativa sobre la crisis, siga dominando el discurso, y esperaba algo mejor de Ken.

El auge de la economía “orwelliana”

Estos últimos años han sido tiempos magros en muchos sentidos, pero han sido de auge para falacias económicas agonizantemente torpes que provocan ganas de darse con la cabeza contra la pared.

La última moda -ilustrada por un artículo de opinión publicado recientemente en The Wall Street Journal- es que la política monetaria expansiva generalmente es un regalo para los bancos y plutócratas. En efecto, esa perorata, titulada “Cómo es que la FED favorece al 1 por ciento”, escrita por Mark Spitznagel, fundador de un fondo de inversiones, de hecho afirma que todo el tema del 1 versus el 99 por ciento realmente debería enfocarse en controlar o incluso abolir la Reserva Federal. “La implacable expansión del crédito por la FED crea disparidades artificiales basadas en privilegios políticos y poder económico”, escribió Spitznagel.

¿Qué tiene de malo la idea de que echar a andar la máquina de hacer dinero es un regalo para los plutócratas? Permítame explicarlo. En primer lugar, la política actual es absolutamente contraria a lo que se está afirmando. El relajamiento cuantitativo no está siendo impuesto al pueblo por financieros y rentistas; se está aplicando, hasta donde llega, por los alaridos de protesta de la industria financiera. O sea, ¿dónde están las editoriales del The Wall Street Journal exigiendo que la FED eleve su meta inflacionaria?

Más allá de eso, hablemos de economía. La ingenua (o deliberadamente engañosa) versión de la política de la FED es la afirmación de que su presidente, Ben Bernanke, está “regalando dinero” a los bancos. Lo que realmente hace, por supuesto, es comprar cosas, normalmente deuda gubernamental de corto plazo, pero actualmente, a veces, también adquiere otras cosas. No es un regalo.

Para afirmar que efectivamente es un regalo, tiene que sostener que los precios que la FED está pagando son artificialmente altos, o lo que es igual a decir que las tasas de interés están siendo forzadas a la baja artificialmente. Y, de hecho, todo el tiempo se ven afirmaciones en ese sentido. Pero si lo piensa un minuto, la afirmación es verdaderamente extraña. Quiero decir, ¿cuál es la tasa de interés no artificial, o “natural”, si así lo prefiere?
Resulta que, de hecho, hay una definición estándar para la tasa de interés natural, acuñada por el economista sueco Knut Wicksell, y básicamente se define con base a la CPP (Comiendo se Prueba el Pastel). En términos generales, la tasa de interés natural es la tasa que llevaría a una inflación estable más o menos a pleno empleo. Y tenemos una inflación baja y desempleo alto, lo que sugiere fuertemente que la tasa natural de interés está por debajo de su nivel actual, y que el problema clave es el límite inferior cero que nos impide alcanzarla. Bajo estas circunstancias, la política expansiva de la FED no es cierto tipo de regalo para los bancos; no es más que un esfuerzo por dar a la economía lo que necesita.

Además, los esfuerzos de la FED para lograrlo probablemente tenderán a afectar a los banqueros, en promedio, en lugar de ayudarlos. El negocio de los bancos consiste principalmente en endeudarse a corto plazo y prestar a largo plazo; cualquier cosa que reduzca el diferencial entre las tasas de corto y largo plazo, probablemente, será malo para sus ganancias.

Y las cosas que la FED intenta hacer, de hecho, en gran parte apuntan a aplanar ese diferencial, ya sea persuadiendo a los inversores de que mantendrá en cero las tasas de corto plazo durante más tiempo o saliendo a comprar activos de largo plazo. Son acciones que se esperaría que provocaran encono entre los banqueros, no alegría. Y, de hecho, eso es lo que ha pasado.

Finalmente, ¿cómo es que la política monetaria expansiva supuestamente afecta al 99 por ciento? Pensemos en toda la gente que vive de ingresos fijos, según nos dicen. Pero, ¿quiénes son estas personas? Conozco el panorama: jubilados que viven de los intereses de sus cuentas bancarias y de su cheque fijo de pensión, e indudablemente algunas personas caen en esta descripción. Pero no son muchas. En estos días, el jubilado típico estadounidense depende enormemente de la Seguridad Social, indexada contra la inflación. Tal vez, reciba algunos intereses por sus depósitos bancarios, pero no muchos: ordinariamente, los estadounidenses tienen menos activos financieros que los que la elite puede imaginarse. Y en lo que respecta a las pensiones: sí, algunas personas tienen planes de pensiones con beneficios definidos que no están indexados a la inflación. Pero es una minoría menguante. Y el efecto, digamos, de una tasa de inflación uno o dos puntos mayor no va a ser enorme ni siquiera para esta minoría.

No, las víctimas reales de las políticas monetarias expansivas son las mismas personas que según la mitología actual están promoviendo estas políticas. Y eso, supongo, explica por qué estamos escuchando lo contrario. Es un mundo de George Orwell, y simplemente vivimos en él.

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Publicado por Revista Debate el 11-05-2012.

lunes, 13 de febrero de 2012

La divina comedia

Ricardo Aronskind

Europa está en declive económico, y vuelven a empujarla en esa dirección todos los días. La arrojan sus autoridades principales con las políticas de “austeridad” que reclaman despidos y recortes del gasto público. La arrojan –concientemente– las calificadoras de riesgo, en una dinámica de boicot sistemático a cualquier recuperación objetiva o subjetiva. La arroja la principal potencia regional, Alemania, con una notoria cortedad de miras, y la arroja la pasividad de la población europea, que mayoritariamente no advirtió todavía hacia dónde la están llevando las orientaciones neoliberales de sus gobernantes. En Grecia es donde la manta está quedando socialmente demasiado corta.

¿Cuál es el plan? ¿A qué se parece lo que viene ocurriendo en Europa? ¿A un proceso de toma de decisiones democrático y razonado o a un campeonato de mezquindades donde los actores van usando su fuerza relativa para empujar la realidad en la dirección de los resultados deseados?

Desde que comenzó la crisis internacional, la Eurozona ha ido acumulando tropiezos, en medio de anuncios de salvatajes financieros cada vez mayores –que no se concretan–, y del lanzamiento de paquetes económicos contractivos, que sí se concretan. Se menciona al pasar, y como signo de “corrección económica”, la necesidad de crecer junto con la de ajustar. Pero sólo se toman medidas de ajuste, y se dice que contribuirán –vía expectativas de los agentes económicos– al crecimiento.

Desde mediados de 2011 se viene observando una fuerte contracción del crédito interno europeo. La iliquidez en los bancos es grande, la desconfianza sobre la viabilidad de las entidades se acrecentó, y ya la deuda soberana de varios países no es la única espada de Damocles: la quiebra de grandes entidades bancarias es una posibilidad real.

Hace aproximadamente dos meses se estimaba que los bancos privados más importantes de Europa necesitaban una inyección de 115 mil millones de euros para estar en condiciones de hacer frente a una situación de “estrés” financiero (por ejemplo, el pánico a partir de un default griego y su contagio a otros países). El cálculo, revisado hace un mes, llevó la cifra a 350 mil millones. Finalmente, el 21 de diciembre pasado, el Banco Central Europeo (BCE) habilitó una línea de crédito amplia para los bancos privados, a 3 años y con bajísima tasa de interés, y las entidades le pidieron 490 mil millones. Hasta hace poco se cuidaban de pedir estos créditos para no generar sospechas de que su situación era frágil.

Cada nuevo ataque de “desconfianza” de los “mercados” es acompañado (o precedido) por alguna desmejora en la calificación de riesgo que suministra el oligopolio calificador norteamericano (Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s). El resultado concreto es que se incrementan los intereses que se les cobran a los supuestos países riesgosos para prestarles... lo que los vuelve más riesgosos, porque su situación fiscal, productiva y social empeora debido a los mayores pagos. Sigue siendo asombrosa la sumisión universal a las empresas calificadoras de riesgo, que se expresa en una enorme cantidad de contratos y de créditos vinculados con las “evaluaciones” que realizan. Ese lugar que se les concede las vuelve extraordinariamente influyentes, ya que deposita en las manos de unos pocos analistas financieros, con una limitadísima visión económica y política, el destino de grandes conglomerados humanos.

En la reciente supercumbre del 9 de diciembre [de 2011] de los 27 miembros de la UE pareció que se alumbraba una “solución”: un control y supervisión mucho más estrechos de la Unión sobre las finanzas públicas y los sistemas financieros de todos los países miembros, junto con reglas extremadamente estrictas en materia de gasto y equilibrio fiscal. La cumbre les ofreció a los mercados más garantías fiscales futuras para enfrentar los apremios financieros presentes. ¿Era eso lo que estaban esperando los mercados?
Alemania se resiste a constituirse en el gran garante del paquete –en rápida expansión– de los desbalances financieros que hay en la Eurozona, al menos hasta que no controle las políticas internas del resto de los socios. La canciller [Angela] Merkel ha rechazado sistemáticamente la emisión de eurobonos –títulos públicos respaldados colectivamente por la UE– que permitirían canjear la deuda devaluada de los países más problemáticos por nuevos papeles que recibirían la “confianza” de los capitales especulativos. Seguramente ese mecanismo haría olvidar transitoriamente que la gigantesca deuda pública que han acumulado casi todos los Estados europeos deberá ser refinanciada en su totalidad, para posibilitar el despegue de la demanda en sus asfixiadas economías.

Se escucha en estos días otro argumento típico de los mercados: “Hay que consolidar la situación de los bancos para que puedan prestarle al sector productivo”. Otra vez, el larguísimo camino –que siempre “debe pasar” por las arcas financieras– hacia una supuesta reactivación. El ejemplo norteamericano ofrece una prueba empírica con relación a la validez del argumento. La Reserva Federal ha arrojado en los tres últimos años dos paquetes de expansión monetaria de 600 mil millones de dólares cada uno, y ahora “los mercados” le están reclamando uno adicional. Los resultados de las gigantescas emisiones monetarias son concluyentes: fueron canalizadas hacia los negocios La divina comedia

Ricardo Aronskind

Europa está en declive económico, y vuelven a empujarla en esa dirección todos los días. La arrojan sus autoridades principales con las políticas de “austeridad” que reclaman despidos y recortes del gasto público. La arrojan –concientemente– las calificadoras de riesgo, en una dinámica de boicot sistemático a cualquier recuperación objetiva o subjetiva. La arroja la principal potencia regional, Alemania, con una notoria cortedad de miras, y la arroja la pasividad de la población europea, que mayoritariamente no advirtió todavía hacia dónde la están llevando las orientaciones neoliberales de sus gobernantes. En Grecia es donde la manta está quedando socialmente demasiado corta.

¿Cuál es el plan? ¿A qué se parece lo que viene ocurriendo en Europa? ¿A un proceso de toma de decisiones democrático y razonado o a un campeonato de mezquindades donde los actores van usando su fuerza relativa para empujar la realidad en la dirección de los resultados deseados?

Desde que comenzó la crisis internacional, la Eurozona ha ido acumulando tropiezos, en medio de anuncios de salvatajes financieros cada vez mayores –que no se concretan–, y del lanzamiento de paquetes económicos contractivos, que sí se concretan. Se menciona al pasar, y como signo de “corrección económica”, la necesidad de crecer junto con la de ajustar. Pero sólo se toman medidas de ajuste, y se dice que contribuirán –vía expectativas de los agentes económicos– al crecimiento.

Desde mediados de 2011 se viene observando una fuerte contracción del crédito interno europeo. La iliquidez en los bancos es grande, la desconfianza sobre la viabilidad de las entidades se acrecentó, y ya la deuda soberana de varios países no es la única espada de Damocles: la quiebra de grandes entidades bancarias es una posibilidad real.

Hace aproximadamente dos meses se estimaba que los bancos privados más importantes de Europa necesitaban una inyección de 115 mil millones de euros para estar en condiciones de hacer frente a una situación de “estrés” financiero (por ejemplo, el pánico a partir de un default griego y su contagio a otros países). El cálculo, revisado hace un mes, llevó la cifra a 350 mil millones. Finalmente, el 21 de diciembre pasado, el Banco Central Europeo (BCE) habilitó una línea de crédito amplia para los bancos privados, a 3 años y con bajísima tasa de interés, y las entidades le pidieron 490 mil millones. Hasta hace poco se cuidaban de pedir estos créditos para no generar sospechas de que su situación era frágil.

Cada nuevo ataque de “desconfianza” de los “mercados” es acompañado (o precedido) por alguna desmejora en la calificación de riesgo que suministra el oligopolio calificador norteamericano (Fitch, Moody’s y Standard & Poor’s). El resultado concreto es que se incrementan los intereses que se les cobran a los supuestos países riesgosos para prestarles... lo que los vuelve más riesgosos, porque su situación fiscal, productiva y social empeora debido a los mayores pagos. Sigue siendo asombrosa la sumisión universal a las empresas calificadoras de riesgo, que se expresa en una enorme cantidad de contratos y de créditos vinculados con las “evaluaciones” que realizan. Ese lugar que se les concede las vuelve extraordinariamente influyentes, ya que deposita en las manos de unos pocos analistas financieros, con una limitadísima visión económica y política, el destino de grandes conglomerados humanos.

En la reciente supercumbre del 9 de diciembre [de 2011] de los 27 miembros de la UE pareció que se alumbraba una “solución”: un control y supervisión mucho más estrechos de la Unión sobre las finanzas públicas y los sistemas financieros de todos los países miembros, junto con reglas extremadamente estrictas en materia de gasto y equilibrio fiscal. La cumbre les ofreció a los mercados más garantías fiscales futuras para enfrentar los apremios financieros presentes. ¿Era eso lo que estaban esperando los mercados?
Alemania se resiste a constituirse en el gran garante del paquete –en rápida expansión– de los desbalances financieros que hay en la Eurozona, al menos hasta que no controle las políticas internas del resto de los socios. La canciller [Angela] Merkel ha rechazado sistemáticamente la emisión de eurobonos –títulos públicos respaldados colectivamente por la UE– que permitirían canjear la deuda devaluada de los países más problemáticos por nuevos papeles que recibirían la “confianza” de los capitales especulativos. Seguramente ese mecanismo haría olvidar transitoriamente que la gigantesca deuda pública que han acumulado casi todos los Estados europeos deberá ser refinanciada en su totalidad, para posibilitar el despegue de la demanda en sus asfixiadas economías.

Se escucha en estos días otro argumento típico de los mercados: “Hay que consolidar la situación de los bancos para que puedan prestarle al sector productivo”. Otra vez, el larguísimo camino –que siempre “debe pasar” por las arcas financieras– hacia una supuesta reactivación. El ejemplo norteamericano ofrece una prueba empírica con relación a la validez del argumento. La Reserva Federal ha arrojado en los tres últimos años dos paquetes de expansión monetaria de 600 mil millones de dólares cada uno, y ahora “los mercados” le están reclamando uno adicional. Los resultados de las gigantescas emisiones monetarias son concluyentes: fueron canalizadas hacia los negocios financieros, lo que posibilitó que los mercados vivieran nuevas euforias y repartieran ganancias como si el mundo estuviera en auge. El crecimiento de la producción y el empleo brillaron por su ausencia.

La modificación de la Constitución de España en tiempo récord, con el apoyo de los dos grandes partidos políticos de ese país, para ponerla en sintonía con los requerimientos de “los mercados” (prioridad del pago de la deuda externa sobre cualquier otro gasto del Estado, por ejemplo), es una de las reiteradas muestras de la subordinación de la política al capital financiero.

En el caso español, el periplo no terminó allí: el flamante presidente conservador, Mariano Rajoy, nombró como ministro de Economía a un hombre que ha cumplido importantes funciones en el quebrado conglomerado financiero Lehman Brothers. En Grecia ha sido designado como primer ministro Lucas Papademos, quien fuera presidente del Banco Central griego en la época de “estrecha” colaboración con la firma Goldman Sachs para maquillar las cuentas griegas. El primer ministro y titular de Economía de Italia, Mario Monti, también asesoró a Goldman Sachs y comparte la filosofía ajustadora.

También el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, quien se niega a comprar en forma masiva títulos de deuda soberana de los países europeos, pero no a emitir abundantemente para sostener a los bancos, fue vicepresidente para Europa de Goldman Sachs.

Superado el “enojoso” capítulo de pretender someter a consulta popular lo que se va a hacer con la vida y el bienestar de los griegos, el neoliberalismo retomó la ofensiva estratégica contra el Estado de bienestar. Papademos, Monti y Rajoy se están encargando de reducir empleados públicos, prolongar la edad jubilatoria, promover reducciones múltiples de gasto público y nuevas privatizaciones. Especialmente duras son las tareas que le han asignado a Rajoy: reducir las prestaciones del desempleo, ya que, al tener que cubrir al 21 por ciento de la población en esa situación, representan un “gasto” demasiado alto, según la visión de la Comisión Europea. Le están pidiendo que se profundice la flexibilización laboral para que parte de los desocupados obtenga algún trabajo precario, que permita al Estado desembarazarse del seguro de desempleo que debe abonarles. Todo para que las cuentas públicas estén en mejores condiciones de afrontar los sucesivos pagos de deuda.

La única rebelión en la supercumbre europea ha sido la británica. A riesgo de dañar la vinculación con la Unión Europea, los conservadores ingleses optaron por rechazar que organismos supranacionales tengan injerencia y supervisión sobre su sistema financiero y bursátil, que es la columna fundamental de la vida económica del país.

La disputa preelectoral en los Estados Unidos se mantiene en la misma línea. Los candidatos republicanos compiten por quién será el que mejor preserve a los ricos de pagar impuestos, y quién recortará más los servicios de salud y otras prestaciones sociales.

El enorme poder político e intelectual logrado por el capital financiero le ha otorgado la posibilidad de controlar las principales decisiones políticas en el mundo desarrollado, a pesar de haber provocado la crisis global. Y, sin embargo, no muestra capacidad alguna para resolver lo que su propia dinámica de acumulación ha provocado. Los climas de “incertidumbre” y “desconfianza” devienen, en última instancia, de la implementación de sus propias políticas.

De todas formas, la situación global es extremadamente fluida. Lo muestra la inesperada decisión suiza de poner un tope a la revaluación de su moneda, con un inédito gesto intervencionista. En Francia se está observando un fuerte resurgimiento del proteccionismo, expresado en el discurso de todos los candidatos a la presidencia. La irrupción de los “indignados” en numerosos países es parte de un proceso de repolitización global frente a la agresión neoliberal, que recién está comenzando.

Ante la fragilidad generada por el mundo financiero, hoy todos los escenarios económico-institucionales son verosímiles. Cualquier “noticia” significativa, desde un conflicto armado hasta la quiebra de un banco o la desestabilización de algún gobierno dedicado al ajuste, puede inducir a una retracción financiera adicional y a una profundización de la crisis global. ¿Será necesario que el mundo atraviese mayores penurias para que cambie en serio la agenda internacional?

El autor colabora con el Programa Interdisciplinario para el Seguimiento de la Crisis del Orden Económico Mundial (Pisco) de la Universidad Nacional de General Sarmiento.
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Publicado por Página 12 el 06-02-2012.

viernes, 10 de febrero de 2012

La UE, paso a paso


RIA Novosti
Etapas de evolución de la Unión EuropeaEtapas de evolución de la Unión Europea
18:10 09/02/2012 El 7 de febrero de 1992 en Maastricht (Países Bajos) fue firmada el acta que inició nueva etapa de procesos de integración en Europa, la creación de la Unión Europea>>

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Publicado por RIA Novosti el 09-2-2012.

domingo, 8 de mayo de 2011

Kaba Gaida (gaita búlgara)



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Esta gaita, parecida a otras que se tocan en Europa, tiene un sonido misterioso y ancestral que evoca distintos orígenes. Algo de celta, talvez, algo de romano, tártaro, eslavo... algo de cíngaro, algo de moro...