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lunes, 10 de agosto de 2015

Entre os mundos real e virtual

Frei Betto

Nosso mundo pós-moderno é fragmentado. Uma de suas expressões mais evidentes é o videoclipe. Enxurrada de flashes, vibrações acústicas, sons distorcidos. Rompe-se a linearidade, enquanto a simultaneidade embaralha passado, presente e futuro. Tudo é simuladamente aqui e agora.

O Iluminismo, ancorado na literatura, cede lugar à digitalização frenética. Mundo que carece de sentido. Forma que dispensa conteúdo. A performance do artista ultrapassa a arte que ele produz. Seu nome vale mais que seu desempenho. A valoração dá lugar à exaltação.

Einstein, que desnudou o mistério do Universo com suas equações, foi sucedido por Steve Jobs, que nos ofereceu maravilhas tecnológicas embaladas de refinamento estético, movidas a velocidade que desafia o cérebro humano.

Agora a alienação já não resulta de ideologias que distorcem a realidade para nos incutir a mentira como verdade. Basta que sejamos deslocados do real para o virtual. Somos seres que trafegam simultaneamente em dois mundos: o da realidade de nossas necessidades e o da virtualidade de nossos sonhos e desejos.

Trancados em nossos egos, avessos à sociabilidade, navegamos nas redes sociais que dispensam texto e contexto. Bastam vocábulos desconexos, abreviações, o balbuciar de sinais gráficos que nos conectam com a plateia global que, acomodada no teatro do mundo, desconectada do real, mantém os olhos fixos no palco vazio.

As grandes narrativas são deletadas por esse tempo desprovido de memória e utopia. O passado passou, o futuro é uma quimera... Só resta o presente que se sucede prisioneiro da circularidade infinita.

Ninguém ingressa em uma casa sem antes avisar ou ser convidado, marcar hora, identificar-se com o porteiro e justificar a espera e atenção.

No entanto, centenas de pessoas invadem, pelas redes sociais, o nosso espaço privado, ferem a nossa sensibilidade com ofensas e desaforos, desafiam os nossos valores, jogam-nos na vala comum das emoções cifradas. Tudo se assemelha a um jogo de pingue-pongue com rede, porém sem mesa.

Viciados em digitalização, aprisionados pela tecnologia que assegura retorno imediato ao capital, perdemos horas e horas da vida atirados ao ringue onomatopaico. Não navegamos, naufragamos. Deixamo-nos aprisionar pelas redes que nos favorecem a evasão de privacidade.

Ora, ninguém precisa mais se preocupar em invadir a nossa privacidade. Nós mesmos nos expomos em rede global, arrancamos máscaras e roupas, escancaramos nossa indigência cultural e nossa miséria espiritual.

Como artefato tecnológico, somos também apenas uma forma. Um objeto jogado aleatoriamente no turbulento mar da dessignificação.

Escravos da virtualidade, acorrentados nas redes, não somos mais capazes de desligar o celular e de nos desligar dele. É ele que nos permite olhar o mundo pela janelinha eletrônica dessa prisão em que nos trancamos, cuja chave jogamos nas águas que cercam a ilha na qual nos isolamos, desprovidos de alteridade e sentido.

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Publicado por O globo el 10-8-2015.

http://oglobo.globo.com/sociedade/religiao/entre-os-mundos-real-virtual-17134882

lunes, 8 de abril de 2013

Mapamundi de las redes sociales

RIA NovostiMapamundi de las redes socialesMapamundi de las redes sociales
11:38 26/03/2013 Comparación de las mayores redes sociales del mundo en términos de alcance y número de cuentas registradas>>

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Publicado por RIA Novosti el 27-3-2013.

viernes, 25 de mayo de 2012

Los 140 caracteres que cambiaron el mundo


RIA Novosti140 caracteres que cambiaron el mundo140 caracteres que cambiaron el mundo
19:20 21/05/2012 Twitter es un servicio híbrido entre un blog y un mensajero instantáneo. Los mensajes son públicos, como en un blog. Al mismo tiempo, los usuarios pueden comunicarse de manera rápida, como en un mensajero>>

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Publicado por RIA Novosti el 21-5-2012.

jueves, 17 de mayo de 2012

Wikidata: La base de datos que hará más inteligente a Wikipedia

Esperanza Hernández

El conocimiento al servicio de los ciudadanos, estén donde estén, hablen el idioma que hablen. El conocimiento gratuito, de libre acceso a través de la Red y sin restricciones más allá de la conectividad. Es el espíritu de la Wikipedia, la enciclopedia digital colaborativa más grande que conocemos hasta ahora, y que estaría a punto ser mucho más inteligente gracias al Wikidata, el nuevo proyecto de Wikimedia.

Y es que la misión de Wikidata, que ha comenzado a ser desarrollado por el capítulo alemán del movimiento de Wikimedia, es crear una única base de datos colaborativa, capaz de ser accesible y editable tanto por humanos como por máquinas, y que a la vez servirá de “cerebro” o repositorio global de datos estructurados para nutrir a las más de 280 ediciones de Wikipedia, independientemente del idioma en que se encuentren.

Tal como lo lees: Wikidata es un proyecto sumamente ambicioso, que aprovechando las bondades de la Web semántica, creará una base de datos única y capaz de ser leída tanto por máquinas como por humanos, para enriquecer la calidad de los artículos de la Wikipedia, incluyendo datos de origen común (fechas, por ejemplo), sin importar en qué idioma se agreguen al repositorio.

Así las cosas, el desarrollo inicial de Wikidata se realizará en tres fases: La primera que se espera esté terminada para agosto de este año centralizará los vínculos a los datos, de las diferentes versiones lingüísticas de Wikipedia, en un repositorio único.

En la segunda fase, que estaría lista para diciembre de este año, los editores ya podrán añadir y utilizar los datos de Wikidata en los artículos. Y finalmente la tercera fase permitirá la creación automática de listas y gráficos sobre la base de los datos almacenados en Wikidata.

A mi forma de ver la principal ventaja que supone la Wikidata es que colocará a disposición de todos los usuarios del mundo, sin importar su idioma, datos de interés sobre población, fechas, etc.

De igual manera suministrará a la Wikipedia los datos que contenga, con lo cual mejorará las versiones de la enciclopedia colaborativa, sin importar tampoco la versión de idioma en que se consulte: Bien sabemos que la versión en inglés, por ejemplo, tiene artículos con datos más precisos y que no están disponibles para otros idiomas… Pues eso dejaría de ser un problema cuando Wikidata esté funcionando, al menos en datos como fechas o cifras específicas, podría ser muy útil, ¿no crees?

Y la pregunta del millón de euros que más de uno debe estar haciéndose en este momento: ¿Cómo nos afectará como usuarios de la Wikipedia? ¿Cómo podremos acceder a esos datos? En el diseño inicial se prevé que los datos de la Wikidata se integren en las páginas de los artículos de la Wikipedia, en el recuadro lateral que ya incorpora datos numéricos sobre población, código de llamadas, fechas de interés… Por ejemplo.

Precisamente en ese recuadro se actualizarían los datos que se introduzcan en la Wikidata, sin importar el idioma en que estés consultando la Wikipedia, como ya expliqué antes: Otra barrera que va derribando este proyecto de conocimiento libre y colaborativo. Claro, es lo que está pensado, quizás sobre la marcha esto varíe un poco como suele suceder, pero la intención es facilitarnos el acceso a los datos, así que eso se mantendrá aunque sea con otro diseño.

El proyecto de Wikidata, cuya primera fase desarrollarán en Wikimedia Alemania, para luego transferirlo a la Fundación Wikimedia, tiene un coste de 1.3 millones de euros (unos US$ 1.7 millones), que están siendo subvencionados en un 50% por el Instituto Allen para la Inteligencia Artificial, la Fundación Gordon y Betty Moore y Google… Cuando los grandes de la tecnología se unen en este tipo de proyectos que ayudan al desarrollo de la Web, da gusto, ¿verdad?

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Publicado por Rebelion.org  el 31-12-2012.

sábado, 12 de mayo de 2012

El medio es el mensaje

Mariano Blejman


Cuatro mil millones de personas mandan mensajitos cada día. 
Facundo García recibe un mensaje por celular el 24 de diciembre del 2010 cerca de las 12 de la noche, con el siguiente texto: “Facundo te pido por favor venite que mamá está muerta...”. García intenta llamar, pero el servicio está saturado: corre desesperado llorando hasta su casa, sube por el ascensor y cuando abre la puerta está su familia festejando: “¿Y mamá?”, pregunta desconsolado. De pronto suena el sonido del mensaje de texto con la parte que faltaba: “... de sueño”. La anécdota corresponde al colega Facundo García, cronista de este diario, y sirve para comprender la penetración del SMS en sus veinte años de vida y para analizar su funcionamiento.

El SMS (servicio de mensajes cortos, por sus siglas en inglés) es dos veces más usado que Internet. Cuatro mil millones de personas usan el SMS en todo el planeta. El SMS fue creado en mayo de 1992 como parte del estándar de la tecnología móvil GSM (groupe spécial mobile, en francés), pero el primer mensaje se envió el 3 de diciembre de ese mismo año: “Feliz Navidad”, decía el envío que salió de la computadora de Neil Papworth al teléfono móvil de Richard Jarvis. La idea de encontrar un tamaño standard (el más pequeño posible) de envío de textos para codificar había sido de Matti Makkonen, pero el creador nunca la patentó. Y nunca cobró un centavo por su genialidad. Pero la posibilidad de enviar 160 caracteres entre computadoras surgió del tamaño promedio de las oraciones, según alguien alguna vez averiguó: se trataba del alemán Friedhelm Hillebrand, que descubrió que ése era la cantidad “perfectamente suficiente” como para codificar en tiempos de comunicaciones analógicas sin demasiada investigación rigurosa, según él mismo confió.

El “servicio de mensaje corto” es dos veces más usado que Internet: cuatro mil millones de personas mandan mensajitos cada día.

Veinte años más tarde, se envían 192 mil mensajes de texto cada segundo alrededor del mundo en esta red sobre la cual se inspiró Twitter para sentenciar las frases en 140 caracteres (más 20 disponibles para el usuario). El mensaje de texto se sigue usando por fuera de Internet y muchas veces en conexión, como si fuera el único punto de conexión de las comunicaciones virtuales con “el mundo real”. Cabe recalcar que el SMS no es un invento del Silicon Valley, sino una creación europea. El primer servicio comercial fue presentado por Nokia en 1993, pero en el año 1995 apenas el 0,4 por ciento de los estadounidenses enviaba mensajes de texto.

El primer invento revolucionario asociado a los teléfonos celulares que enviaban mensajes fue el sistema de texto en 9 teclas, una tecnología predictiva. En 1997 el Nokia 9000i Communicator presentó el primer teclado “full” para enviar mensajes. Y recién en 1999 los mensajes pudieron enviarse entre distintos operadores telefónicos. Podría decirse que recién a comienzos de los 2000 el servicio de SMS explotó como modelo de negocio para las telefónicas y en 2003 los primeros programas de American Idol inauguraron una era de relación interactiva con la televisión. El año 2007 fue el primero en el que las personas enviaron más mensajes de texto que llamadas telefónicas. En 2011 el acrónimo LOL (Laugh Out Loud) que se usa para reflejar un estado de alegría en inglés fue incorporado al diccionario de Oxford. El uso de los mensajes de texto ha seguido aumentando, en curiosa consonancia con el crecimiento de Internet.

Durante mediados de los ’90, la cultura de los mensajes de texto se convirtió en una nueva forma de lenguaje: palabras entrecortadas, códigos y acrónimos de todo tipo dieron lugar a un nuevo tipo de literatura. Nuevos records Guinness, competencias de velocidad, las academias de literatura entraron en pánico: es el fin del lenguaje, dijeron. En Argentina, la adopción masiva del uso de los mensajes de texto llegó recién a fines de los años ‘90, cuando empezaron a dejarse de lado aquellos históricos ladrillos de color beige que vendía Movicom. El crecimiento vino de la mano de la llegada de la tecnología SIM con tarjetas más baratas e intercambiables. Los números son sorprendentes: entre 2007 y 2010 se triplicó la cantidad, llegando a más de seis mil millones de millones de mensajes. Todavía hay dos tercios del planeta que usa mensaje de texto, y lejos de ser una tecnología perimida, su uso ha aumentado exponencialmente en los últimos años.

Gran parte del éxito de los mensajes de texto como sistema de comunicación global es que fue una tecnología adoptada rápidamente por generaciones jóvenes. El motivo por el cual el SMS sigue creciendo en paralelo con Internet pareciera ser bastante simple: una tecnología barata, al alcance de la mano, con el tamaño justo para decir lo que uno tiene que decir, con redes analógicas (y también digitales) transportando los mensajes de un lado al otro del planeta, y muchas veces como único medio de comunicación cuando las redes andan de manera intermitente y el sonido es malo.

Con el transcurso del tiempo y el crecimiento de Internet como standard de comunicación, muchas empresas intentaron conectar sus servicios en línea con las plataformas “terrestres”. Twitter y Facebook ofrecen desde épocas tempranas la posibilidad de comunicarse desde mensajes a la red social, y Google, por ejemplo, chequea la identidad de sus usuarios a través de mensajes de texto. En estos años, los mensajes de texto generaron 585 mil millones de dólares para los operadores a nivel global y se esperan mil millones de millones de ingresos en los próximos siete años. Una buena noticia en menos de 160 caracteres.

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Publicado por Página/12 en mayo de 2012.

sábado, 11 de febrero de 2012

Estado: visible

INTERNET, REDES SOCIALES 
Y LA SUBJETIVIDAD EN EL SIGLO XXI


Entrevista a Paula Sibilia

Marta Dillon

“Mi perra se comió el control remoto”, “nacieron gatitos debajo de mi cama”, “empieza la picada del domingo”, “me levanté sin ganas de correr”, “Romina es ahora amiga de Alejandra”. Frases como éstas pueblan las páginas de Facebook, una de las redes sociales más numerosas del mundo. Afirmaciones o descripciones que se subrayan con un click en el botón “me gusta”, aun cuando hablen de problemas, incomodidades, depresiones y otros “estados”, que de eso es de lo que se está hablando. De un “estado”, tan fugaz como el parpadeo que lo distancia del siguiente post; a veces fijado por el número de “me gusta” conseguidos, por el número de “amigos” que tenga quien escribe –o tipea–. Ya pasaron cinco años desde que la mítica revista Time pusiera como personaje del año –en el mismo lugar que ocupó Hitler en 1938, para dar un ejemplo de su lapidaria elección, que no tiene que ver con simpatías ni bondades– a “usted”, o sea a cada una de las personas que se enfrentaran a esa tapa, dando cuenta de lo que significó y significa esto que se llama web 2.0 y que convierte a cada usuario y usuaria de Internet ya no sólo en consumidores –como lo fueron en la cercana era de las empresas puntocom– sino en productores o coproductores de contenidos. Los cambios se suceden vertiginosos: en estos cinco años escribir en los blogs –que poco tienen que ver con los viejos diarios íntimos, ya que aquéllos se ocultaban y éstos viven de ser leídos y comentados– parece el refugio de la escritura mientras que el tipeo a toda velocidad de opiniones y “estados” en 140 caracteres –y ya no necesariamente desde una computadora– parece tejer tramas que unen desde una figura presidencial hasta la vedette del momento recorriendo desde la intimidad más banal hasta la sentencia política. “¿Cómo interpretar estas novedades? ¿Acaso estamos sufriendo un brote de megalomanía consentida e incluso estimulada por todas partes? ¿O, por el contrario, nuestro planeta fue tomado por un aluvión repentino de extrema humildad, exenta de mayores ambiciones, una modesta reivindicación de todos nosotros y de cualquiera? ¿Qué implica este súbito enaltecimiento de lo pequeño y de lo ordinario, de lo cotidiano y de la gente común?”, se pregunta la antropóloga argentina Paula Sibilia en su libro La intimidad como espectáculo –obvia cita, cuatro décadas después, a La sociedad como espectáculo, de Guy Debord–, atenta a la época limítrofe en la que estamos viviendo, a la perplejidad que generan las profundas transformaciones que se suceden merced a las nuevas formas de comunicación y el modo en que se utiliza la tecnología. La preocupación –en tanto trabajo de investigación– de Sibilia es el modo en que estas mutaciones dinámicas afectan la subjetividad, la forma de ser y estar en el mundo, encarnando un cuerpo –ya se verá qué cuerpo y cuánto hay de “encarnación”– y en relación con la cultura. Una preocupación que empezó a delinearse en su primer libro, El hombre postorgánico. Cuerpo, subjetividad y tecnologías digitales (Fondo de Cultura Económica, 2005), en el que revisaba la incomodidad del cuerpo en tanto límite a la pretensión fáustica de la tecnociencia; siguió con La intimidad como espectáculo (FCE, 2008) y continúa ahora con un trabajo aún no editado sobre el culto al cuerpo, en el que aborda no sólo la preocupación por el cuerpo perfecto sino también ciertas técnicas de purificación del cuerpo que se exhibe, el que se pone en juego ya no en la escena amorosa sino en la pura imagen que puede ser manipulada con herramientas al alcance de casi cualquiera como el Photoshop. La primera pregunta, entonces, frente a esta investigadora que lleva diez años viviendo en Brasil, parece caerse de madura.

–¿En qué nos estamos convirtiendo?

–Eso es lo que me pregunto yo, ésa es la columna vertebral de mi trabajo. No sé si tiene respuesta, no hay una respuesta, pero la apuesta, la hipótesis a partir de la cual construyo los argumentos es que estaríamos en una transición, estamos dejando de ser algo, un tipo de sujeto, un sujeto moderno. Cuando digo moderno me refiero al tipo de subjetividad que se ha formado en el mundo y al tipo de cuerpo histórico que se construyó después de las revoluciones burguesas y la revolución industrial, paradigmáticamente en el siglo XIX y en buena parte del siglo XX, por lo menos hasta los años ’60, y es lo que yo llamo el sujeto moderno. Todavía estaríamos en eso, en el sujeto moderno; hay continuidades, vivimos en un mundo que tiene mucha continuidad con los siglos XIX y XX, es una sociedad capitalista, industrial. Muchos de los valores continúan: la democracia, el sistema político, etc. A nivel político, económico, sociocultural y moral, la moral burguesa, hay muchas continuidades, pero creo que hay diferencias importantes que se empezaron a gestar a partir de los años ’60. Me parece que, en muchos sentidos, estamos dejando de ser modernos y nos estaríamos transformando en otra cosa.

Según Sibilia, "el sujeto moderno" sigue existiendo, pero se ha transformado desplazándose de su cuerpo físico "hacia su  performance".

–¿En sujetos y sujetas sin intimidad, que necesitan que sus hijos o hijas vean las fotos que les tomaron de pequeños para poder compartir esos momentos con ellos, como dice una publicidad que está ahora en la televisión? “La vida, compartida, es más”...

–Yo lo que identifico son rupturas. Creo que estamos en una transición hacia otra cosa. Si pensamos el sujeto moderno como lo que algunos autores llaman el homo psicologicus, o sea ese sujeto que se constituye, se piensa a sí mismo y a los demás como un cuerpo maquínico, una máquina, comparable a un reloj, tanto como deseo, con el deseo de funcionar bien como una máquina, como también como fantasma, como miedo, el miedo de mecanizarse, el miedo de desespiritualizarse. El cuerpo como una máquina, ése sería un elemento importante en el sujeto moderno, y habitado por una entidad misteriosa que puede ser llamada alma, conciencia, inconsciente, psiquismo, espíritu, en fin, todas las definiciones posibles de esa entidad, y que una versión laica y compatible con el siglo XIX y XX del mundo moderno sería la interioridad. Eso es lo que está cambiando. Básicamente lo que yo veo es un desplazamiento del eje en torno del cual nos constituimos como sujetos. Ese eje que estaba dentro de uno mismo se desplaza más hacia lo visible, no solamente hacia el aspecto corporal, hacia lo que se ve, el look, el cuerpo físico, la apariencia, el estilo, la forma corporal, sino también lo podríamos llamar la performance, lo que se ve de lo que somos, todo lo que se ve pasa a definir lo que uno es. Entonces hay que saber manejar esas herramientas, hay que tener habilidad para mostrar quiénes somos. El comportamiento visible y la apariencia son dos ejes, eso explicaría el éxito de las redes sociales y los reality shows. Estar todo el tiempo conectados, que nos vean, y con eso se confirma que existimos. Ese sería el indicio de un desplazamiento de este eje en torno del cual nos construimos, ése sería a su vez indicio de que ya no somos más ese tipo de sujeto.

–¿Podemos hablar de una devaluación de la experiencia en tanto tránsito transformador?

–Por lo menos de la experiencia interiorizada, porque de la experiencia que se ve, la visible, eso es fundamental, que nos vean haciendo algo. Ya no se trata sólo de ser alguien o de hacer algo, sino de performar eso que hacemos y eso que somos. Obviamente el contacto con otros es importante todavía ahora, somos seres sociales y porque eso forma parte de la definición antropológica del ser humano, sin embargo el uno mismo del sujeto moderno era tan grande, tan inflado, tan monstruoso, en cierto sentido, que uno podía sobrevivir aunque uno tuviera al mundo en contra y nadie lo mirara, ahora la mirada del otro es importante para garantizar que existo: la visibilidad se transformó en un requisito para la existencia. El otro tiene que apoyarme con su comentario, con su “me gusta”, con ser seguidor, seguirme en el Twitter. En ese sentido las redes sociales serían un indicio de este cambio.

–Es por lo menos sintomático que solamente haya posibilidad, al menos en Facebook, de decir: me gusta, y no decir: no me gusta. ¿Tenés alguna reflexión al respecto?

–Del botón me gusta se puede hacer toda una filosofía, porque además es cuantitativo, cuántas veces se puede apretar el botón de me gusta, me puede gustar de diferentes formas, a cuánta gente le gustó, lo que importa es eso, es muy parecido al rating. No hay tampoco matices, me gusta por esto, por lo otro, me gusta menos, más, es rating. En ese sentido Twitter es menos cínico que Facebook. En Facebook son amigos, en Twitter son seguidores, claramente es eso, es un público, una audiencia. Hay un concepto que uso en La intimidad como espectáculo, que es la idea de personaje, que surge porque lo que se construye en las redes sociales, incluso en los reality shows –porque obviamente esta lógica traspasa Internet, Internet está cerrada, pero pasó a formar parte de las reglas de juego en la cotidianidad–, es un personaje. Está la idea de perfil: un personaje del yo.

– ¿Una ficción del yo?

–No pasa por la diferencia entre realidad y ficción, entre máscara y realidad, o auténtico y falso. Muchas veces se ponen estas diferencias, se dice que en Internet se miente, se construye un personaje que no es real, pero creo que no pasa por ahí, no me parece interesante explorar esa veta, tanto es así que la idea de reality show ya explora eso, es realidad y show al mismo tiempo. La idea de personaje remite a alguien que está siempre a la vista, tiene que tener público, tiene que tener lectores, tiene que tener alguien mirando, en el momento en el que no hay nadie mirando el personaje deja de existir, entonces sólo existe cuando es mirado. Cuando vos hacías la primera pregunta, en qué estamos convirtiéndonos, probablemente en personajes, personajes y audiovisuales, no somos personajes de novela, de novela decimonónica, que habla de la interioridad, una novela psicológica, de sentimientos, de sensaciones, de emociones, en este caso no, el personaje es visible, es un personaje cinematográfico.

–¿Qué tiene que ser creíble o simplemente “vistoso”?

–Hay todo un énfasis en la autenticidad. Hay que ser singular, especial, tenés que ser vos mismo. Es algo que viene de los años ’60. A partir de los años ’60 se convierte en un derecho, todos podemos ser auténticos, únicos, singulares.

–Pero ¿actuamos o somos?

–Hay una contradicción aparente: por un lado, la era de la autenticidad y, por el otro, la era de la performance. Hay que parecer auténtico, porque no se trata solamente de ser auténtico, porque el ser tiene que ver con la esencia, y con este sujeto interiorizado que estamos dejando de ser: la esencia, el ser, la permanencia, la estabilidad del yo, ser igual a uno mismo, idéntico a uno mismo. Todo este vocabulario tiene que ver con esa otra forma de subjetividad que estaríamos abandonando. Sin embargo esto permanece, la idea de auténtico. Cuando vemos esta demanda y deseo de autenticidad, no hay referencia a esa esencia interiorizada, sino a un parecer auténtico. Es muy paradójico, ¿cómo parecer auténtico? Es una autenticidad performática, si fingís lo suficiente que sos auténtico entonces sos auténtico.

–Lo esencial ya no es invisible a los ojos.

–Uno de los factores constitutivos de la subjetividad que se desestabilizó es este equilibrio entre esencia y apariencia. La idea de que hay una belleza interior, que las apariencias engañan, bueno, todo eso estaría quedando anticuado y formaría parte de ese paradigma que estamos abandonando. ¿Qué autenticidad es esa que está tan presente en estos días? Incluso en los reality shows, gana el que es más auténtico.

–Hubo algo llamativo en las últimas ediciones de Gran Hermano –que ahora justamente volvió a empezar–: se han desplazados los relatos, las historias de vida que tenían alguna relevancia cuando empezó este programa hace más o menos 10 años. Ahora esas historias no cuentan más que como un color inicial, pero no son las que permanecen.

–Es más de lo mismo, queda la imagen. Me parece que es útil para pensar la idea de autenticidad ligada a esencia que en castellano tenemos la diferencia entre ser y estar. Tal vez esta autenticidad nueva, de los reality shows, de la cotidianidad y las redes sociales, no es una autenticidad de la esencia, del ser, sino del estar, y el estar está más relacionado con lo performático, en este momento yo estoy con esta entrevista periodística, y nosotras transitamos con mucha más facilidad entre las diferentes plataformas de vida, somos transmediáticos porque estamos en Facebook, en Twitter. Creo que la filosofía del siglo XXI va a necesitar de esa diferencia entre el ser y estar. Es muy curioso, porque el alemán no tiene esa diferencia; el francés y el inglés tampoco y toda la filosofía moderna se hizo sin la diferencia entre ser y estar, pura esencia.

–En más de una oportunidad hablaste de la década del ’60 como punto inicial para advertir los cambios en la subjetividad, ¿por qué?

–Porque es entonces cuando se empieza a ver el valor y la posibilidad de cambiar, esa estabilidad que tenía el sujeto moderno de ser fiel a sí mismo y a lo largo de toda la vida y no poder mentir, no poder fingir. Fingir está mal visto, incluso el maquillaje, el simular. Había una creencia en el valor de la esencia. Ahora, en el último tiempo, nuestra moral cambió mucho en ese sentido; no sólo podemos cambiar sino que además estamos obligados a cambiar todo el tiempo, hay que actualizarse, reciclarse, no dejarse estar. Esos cambios serían considerados no sólo técnicamente imposibles en la era moderna, sino también moralmente imposibles, por ejemplo el cambio de sexo.

–Bueno, hablar de cambio de sexo es bastante esencialista, sobre todo teniendo en cuenta las identidades trans, la teoría queer...

–No estoy hablando de cambio de sexo en el sentido de pasar de uno a otro solamente. Pero además, sin llegar a ese extremo, hablo de las cirugías plásticas, también cambiar el pelo, el color, y no sólo de cambios del tipo físico. También se habilitan a partir de los ’60 cambios de marido, de profesión, de orientación sexual, en fin, hay una serie de cambios posibles y permitidos no sólo moralmente sino también estimulados, todo el tiempo tendríamos que cambiar. En ese sentido estar es mucho más definidor de lo que somos que el ser.

–Estar siendo.

–Estar siendo. Uno tiene que fingir, entre comillas, suficientemente bien lo que está haciendo en este momento, no es exactamente mentira, es una autenticidad del momento, del estar siendo, que no remite a una verdad, remite a lo que estoy inventando que quiero ser.

–¿No te resulta angustiante esa presión?

–Ah, bueno, ésa es otra cuestión (risas). La esencia genera angustia también, tal vez la angustia está más relacionada con la esencia que con el estar; el estar no es exactamente angustia lo que genera, sino ansiedad. La ansiedad es una dolencia más contemporánea que la angustia, porque es un peso enorme, tenés que estar todo el tiempo performando bien, en el trabajo, en el aspecto físico, en los afectos, y también, todo el tiempo cuestionándote si estás eligiendo lo que más te hace feliz, cosas que antes no eran necesarias. Todos los días tenemos que estar con el marido con el que quiero estar, o con otro marido, otra novia, en fin, tenemos tanta libertad, lo que es genial, porque todo esto es una conquista, fruto de una lucha, de varias luchas, de varios planos, del arte, la filosofía y la política, pero por otro lado genera ansiedad. En muchos sentidos es fruto de una enorme libertad.

–Y una enorme oferta del mercado.

–Bueno, ahora se puede comprar el kit completo de un modo de ser. Ser como tal o cual. Las tribus urbanas, por ejemplo los emos, compran un modo de ser, interiorizado, romántico, pero dentro de seis meses pueden comprar otro.

–Sin embargo todavía hay fuertes movimientos identitarios: pueblos originarios, minorías sexuales, nacionalidades etc.

–Bueno, hay una autora brasileña que se llama Suely Rolnik, que tiene un artículo muy interesante sobre esto que se llama toxicómanos de identidad. Lo que dice es que la idea de identidad y el deseo y la demanda de identidad se pulverizaron, están en crisis hace mucho, sin embargo persiste esta ilusión de identidad, a la cual nos agarramos, nos aferramos ante el pánico, ante el abismo de la libertad. Ella habla del kit de perfil padrón, como kit de identidad prêt-à-porter, que está listo para usar, se compra esa identidad y se pone, como una ropa, y por eso mismo es frágil, no cumple la misma función que cumplía la identidad de uno mismo en el sujeto moderno. Es por eso que el mercado aparece con opciones listas para usar, de todos los tipos; yo te di un ejemplo bastante burdo, de las tribus urbanas, pero también podemos pensar en las drogas, no solamente las drogas ilícitas sino los psicofármacos, el Rivotril, las drogas para calmarte o excitarte, para dormir, para no dormir, para estudiar, aparecen como prótesis, como salvavidas.

–Y también como mecanismos de control.

–Exactamente, porque te ponen en sintonía con el mundo, no son drogas para desconectarte o para liberarte o abrir las puertas de la percepción, sino para ponerte a la altura de las demandas contemporáneas, performáticas en definitiva.

–¿Advertís alguna forma de resistencia frente a este cambio de eje, frente al final de la intimidad?

–Hay resistencias conservadoras que tienen que ver con no conectarse a Internet. Pero me resultan banales y no creo que duren. Tratar de identificar fuerzas más complejas que están operando ahí y construyendo sentido también es una forma de resistir. No se trata sólo del fin de la intimidad sino también de cómo influyen lo que puede verse con el fruto de conquistas: avances tecnológicos, conquistas de valores, de moral, políticas, dentro de los cuales el más importante es el valor de la mujer; creo que eso es innegable, la situación de la mujer antes de los años ’60 y su situación ahora, a nivel de libertades individuales y conquistas, es obvio, creo que nadie elegiría el homo psicologicus, porque estábamos excluidas de eso. Yo cito mucho la obra de Virginia Woolf El cuarto propio para intentar pensar lo que pasa ahora. En la década del ’20 ella hace una defensa del derecho al cuarto propio, o sea a la privacidad, para poder ser alguien, que las mujeres tuvieran derecho a la subjetividad para poder ser un sujeto moderno. Un sujeto dotado de una interioridad, que constituye su esencia y que, por lo tanto, necesita silencio y soledad para poder interpretarse, elaborarse, en última instancia construir una obra, pero incluso para ser alguien, a tener derecho a la subjetividad. Hoy en día, si pensamos en esos términos, por lo menos buena parte de las mujeres ya tenemos derecho al cuarto propio, no tenemos que pelear por eso. ¿Cuál sería un tipo de demanda comparable a ésa hoy en día? En el principio de siglo XXI, para poder ser alguien no se necesitan paredes, silencio, soledad, encerrarse, yo creo que hoy en día esa demanda sería tener acceso a Internet, en un sentido amplio, no solamente acceso físico.

–Empezamos preguntando en qué nos convertimos, ¿pero de quiénes hablamos en ese plural?

–La clase media y alta de los centros urbanos, algunos más y otros menos. Pensando mucho en revueltas y revoluciones, por ejemplo el caso paradigmático de Londres, en buena medida esa protesta fue por no poder formar parte de esto, no poder formar parte de este mundo multicolor, de las maravillas del marketing, como dice Deleuze, que se promete para todos pero claramente es para el consumidor y no para el ciudadano.

–¿Vos tenés blog?

–No.

–¿Usás redes sociales?

–No (risas). Claro, ésta es la resistencia retrógrada a la que me refería antes. Pero tengo varios motivos. Uno de ellos, el más determinante, es el tiempo, no tengo tiempo ni para el mail.

–Tu primer libro, El hombre postorgánico..., habla del cuerpo virtualizado, de cierta tendencia a pensar que se puede prescindir de él. ¿Cómo es que volvés ahora a trabajar sobre el culto del cuerpo?

–El trabajo en el que estoy nació junto a aquél. Y se encuadra en culto al cuerpo en una época que tiene como sueño o ambición prescindir del cuerpo porque es finito e imperfecto, y podemos mantener lo que somos clonando cuerpos o en otro tipo de soporte físico. La hipótesis sobre la cual trabajo ahora es que en realidad este culto al cuerpo no es un culto a su materialidad carnal, sino a su imagen. Un culto a una imagen corporal cada vez más estilizada y cada vez más etérea, porque incluso si le agregamos no solamente las técnicas de estilización corporal analógicas (dietas, cirugías plásticas y ejercicios físicos, que trabajan sobre la materialidad del cuerpo amoldándola y purificándola, toda la retórica de la purificación es muy importante), sino que además de eso, a la imagen se le hace este otro trabajo de purificación...

–Photoshop...

–Y cada vez más naturalizado. Ahora las fotos ya no son impresas, entonces cualquiera puede trabajar sus propias fotos y construirse en Facebook. Entones la protoconclusión es que no sería contradictorio con el proyecto posorgánico de virtualización corporal, porque también en el caso del culto al cuerpo hay un resentimiento contra el cuerpo en tanto materia carnal. En el momento en que el cuerpo da muestras de su consistencia carnal y su viscosidad orgánica, sea por señales de envejecimiento o por granos, pelos, arrugas, adiposidades o secreciones, es censurado. Entonces es un culto al cuerpo como imagen, un culto a la imagen corporal.

–¿Qué pasa con experiencias que dependen tanto de secreciones, adiposidades y viscosidades como es el sexo?

–Hay muchas paradojas y una de ellas es ésa. Hay toda una estimulación a un erotismo post años ’60 y, sin embargo, es un cuerpo deserotizado, porque es un cuerpo bidimensionalizado para ser consumido visualmente, y la vista es el sentido que requiere más distancia. Entonces en muchos sentidos no es un cuerpo erotizado.

* Paula Sibilia es antropóloga argentina radicada en Brasil.
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Publicado por Página 12 el 11 de noviembre de 2011.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Acá entre nos: Los amigos invisibles

Morena Blue

Desde 1953 y hasta finales de la década de 1980, Arturo Uslar Pietri, destacado escritor, abogado e historiador venezolano, empezó y despidió cada edición de su programa semanal de televisión Valores humanos con un saludo a los “amigos invisibles” detrás de la pantalla.

Ya sea porque el programa –una charla deliciosa sobre historia, arte, literatura y temas variadísimos– era un éxito de audiencia o porque la expresión se volvió un modismo cult, todo el mundo en Venezuela pasó a nombrar a los “amigos invisibles” para a referirse a ese público anónimo con el cual los famosos “conversan” sin mayor retroalimentación que las cartas (entonces escritas a mano) que nunca eran respondidas.

Hoy, en la era de Internet, los chats y las redes sociales, la expresión –ya desgastada– ha adquirido un nuevo y profundo significado, puesto que las personas comunes y silvestres hemos introducido a estos seres incorpóreos de tal modo en nuestras vidas que ya no podemos existir sin ellos.

Ya no se trata solo de los famosos y su público anónimo. Ahora, cada vez más gente con acceso a Internet hace de los “amigos invisibles” una opción de desahogo y compañía, mientras que las relaciones de amistad con personas de carne y hueso van siendo relegadas por el peso de las realidades cotididanas.

Así, el ama de casa, el empleado, el adolescente, el empresario, el comerciante, el profesional, el estudiante, el profesor, dedican al menos una pequeña parte de su día a comunicarse con personas la mayoría desconocidas, y ese intercambio viene a ser, no pocas veces, la más rica permuta social empática que tienen estos usuarios a lo largo del día, aparte de su entorno más allegado, pero a un costo bajísimo.

Sin desplazarse físicamente y a la vez que se conoce la actualidad local y global a la velocidad del rayo, navegando en redes sociales se puede expresar alegría, ira o tristeza sin tener que explicar las causas que impulsan estos sentimientos; se puede opinar, coquetear o agredir sin tener que responsabilizarse luego por las consecuencias de estas acciones; o se puede compartir catárticamente casi cualquier cosa, sin que importe qué sea o quién lo vea.

Los invisibles, por otra parte, carecen de los defectos de los interlocutores corpóreos: no requieren demasiados formalismos de lenguaje ni interacciones más allá de la mínima reciprocidad (a veces ni eso); no nos exigen complicadas formas de presentación –podemos estar desnudos, en pijama o acostados en nuestras camas mientras nos comunicamos– y no nos juzgan por nuestra apariencia física (a menos que así lo queramos).

Para relacionarnos con estos amigos no necesitamos ni siquiera expresarnos con nuestras propias palabras. Podemos copiar, repasar, dar “RT”, “RB”, “RP” y mil variantes parecidas, o decir “me gusta” a cosas cuyo origen se pierde en una espiral de transferencia tan insondable cuanto los números naturales o el espacio sideral.

Con estas amistades se puede llegar a experimentar auténtica afinidad, a pesar de que no se haya tenido la más mínima intimidad y aunque la permuta sea tan fugaz como el acto de pasar junto a una persona en la calle.

Si bien se está dentro de un flujo unívoco de informaciones (la red), el mensaje es, la mayor parte del tiempo, unilateral, semejante al monólogo, lo que permite al emisor sentirse con libertad suficiente para articular y manifestar las propias ideas sin censura o comedimientos.

Un plus de tal esquema comunicacional es la ilusoria impresión de que las personas se vuelven “populares” o “más interesantes” por exhibir un grueso número de amigos o seguidores virtuales, sin necesidad de que posean una imagen pública mediatizada (los verdaderamente famosos suelen tener listas inmensas).

Exentos de conveniencias y de estructuras jerárquicas aplastantes, tenemos el derecho absoluto de clasificar y rotular a nuestros “amigos” por las cosas que publican, por la forma cómo lo hacen o por los intercambios minimalistas que tengamos con ellos.

Si una cierta expresión, un material publicado, un comentario inapropiado (o la falta de ellos, todos los motivos son válidos), nos desagrada por cualquier peregrina razón, podemos deshacernos del invisible con la misma rapidez con que lo hicimos parte de nuestra red.

Bloqueo, unfollow y restricciones de todo tipo son herramientas eficaces a la hora de alejar una amistad virtual, aunque hayamos compartido meses o años de leernos mutuamente, aunque hayamos intercambiado mensajes con fruición o, inclusive, aunque hayamos tenido el ánimo suficiente para conocernos cara a cara a través de una videocámara.

Incluso los conocidos de la vida real, si figuran entre nuestros amigos virtuales, pueden pasar por la picota con la facilidad de un estornudo. “Es mi página”, argumentamos.

Tan invisibles pueden llegar a ser los amigos virtuales que, al terminar con ellos, a veces no nos queda ni el recuerdo de sus nombres, pues éstos suelen cambiar constantemente al igual que las imágenes con las que los identificamos (avatares).

Poco se parecen estos amigos invisibles a aquellos que nombraba Uslar Pietri. Los de hoy son más bien los “amigos grano de arena”, “amigos peces” en un mar vertiginoso que nunca acaba, colegas de un autobús cotidiano hacia el conocimiento de todo lo inmediato. ¡Vaya que son imprescindibles!

Nuestros amigos incorpóreos nos introducen en aquel “sentimiento oceánico” de que hablaba Freud, pero ahorrándonos la bofetada de la convivencia, evitándonos preámbulos y moralejas, permitiéndonos expresar nuestro humano egoísmo en modo fast y con la mayor libertad posible. Y por si fuera poco, no nos fallan nunca: están allí siempre, siempre, siempre.

lunes, 31 de octubre de 2011

Acá entre nos: La ensalada Twitter

Morena Blue

Hace muchos años, una de mis tías paternas abrió un restaurante vegetariano en Caracas junto a su marido y otros socios, todos militantes de un grupo “naturista”. Así se auto definían esos hippies de clase media que se volvieron empresarios tras hacer de hortelanos por algún tiempo, viviendo juntos en una montaña.

A mí, el nombre del restaurante –“La ensalada” – más que hacerme agua la boca con imágenes mentales de manjares light, me hacía evocar siempre un revoltijo de cosas desconexas.

“Ensalada” era un término extraño, muy new age, que parecía hacer alusión directa al caos del universo, caos que yo creía ver en todo momento en las cosas cotidianas de mi querida ciudad, con sus enormes desigualdades y violentos contrastes.

Hoy, cuando “La ensalada” no es más que un recuerdo vago de mi niñez, el nombre me viene a la mente cuando abro mi Twitter y me pongo a leer las cosas tan sorprendentemente disímiles que postean mis colegas de timeline.

Noticias de política, farándula, deportes, chismes, flirteos, divagaciones y la fina “paja” silvestre –muuucha paja– que brota de los corazones aburridos, se alternan con el activismo incansable de ecologistas, humanistas, comunistas, anarquistas, defensores del libre mercado, periodistas, antiabortistas, liberales, neoconservadores, evangélicos, sionistas, opinólogos, ególatras y hasta copiones de profesión.

Cada uno expone su pedacito de mundo y lo defiende con vehemencia a punta de “unfollow”. El resultado es cualquier cosa como arroz con mango, habichuelas, melado, ají, vegetales crudos y carne frita con chicharrón.

Durante más de un año, en secreto, he saboreado esta mescolanza impúdica. La mastico, la sorbo, me deleito con cada exótico y escándaloso sabor… Y cómo aprendo, aprendo mucho.

Por eso, cuando la noche me encuentra perdida en sus abismos profundos, finalmente creo atisbar, con mi más honesto y místico temor, los resplandores y reflejos del gran caleidoscopio cósmico.

¡Salve Twitter, la más sabrosa ensalada humana que imaginar se pueda!

miércoles, 23 de febrero de 2011

Abdel Twitter, el egipcio rebelde

Juan Claudio Lechín

Dicen que en la rebelión de Egipto (y Túnez), las redes sociales se han vuelto actores políticos. Inés Bel-Aiba, de AFP, asegura que un ejecutivo de Google, detenido cuando el gobierno clausuró los proveedores de Internet, se ha convertido en símbolo de la sublevación. Esta mirada cunde entre los analistas internacionales.

No hubo, sin embargo, bombardeo mediático sobre las razones de la sublevación. Bastó con saber que Mubarak lleva varias décadas en el poder para dar por sobreentendidas todas las causas. No importó saber quién organizó las protestas, si hay líderes, presos políticos, intervención extranjera (la mano negra), si la “Hermandad Musulmana” está deshojando margaritas esperando la oportunidad para tomar se poder o qué site iluminado que redimirá a Egipto trae en su Ipod el ejecutivo de Google.

El poco avance en materia del espíritu humano (seguimos siendo injustos, asesinos, rateros, opresores, etcétera) se lo debemos a la soberbia. Una de sus facetas, nos hace creer, reiteradamente, que uno, su generación, su grupo o su país, vuelve a descubrir la pólvora. Cada generación cree que el artilugio de su época explica las causas.

Hoy el Twitter aparece como el origen de los cambios, antes fue la radio y, en la revolución francesa, la imprenta. No es trivial, pues esta forma de narcisismo/soberbia adquiere tanto cartel que no le deja espacio a lo relevante, al alma humana y sus esquinas, al pensamiento, la belleza, las causas, la libertad, el diseño de utopías. Y son precisamente los jóvenes, los verdaderamente importantes en cualquier tiempo, quienes honran al artefacto tecnológico depositándole a este tótem sus propios atributos rebeldes y revolucionarios, su necesidad de porvenir.

Las innovadoras redes sociales son apenas medios de transporte que cargan en sus espaldas tecnológicas el mensaje emitido por los seres humanos. Los robots no controlan a la humanidad.

El barón Roschild asistió a la derrota de Napoleón en Waterloo. Envió una paloma mensajera, a su secretario en Londres, indicándole comprar bonos del tesoro británico e hizo fortuna. El acierto bursátil no fue de la paloma, ni tampoco Zuckerberg sublevó al pueblo egipcio.

Esta moda tecnológica tiene mucho de colonialismo intelectual, pues para la opinión global, los individuos de los países periféricos somos cosa secundaria. En cambio, las tecnologías de la patria central explican todo. Es el mismo efecto milagroso que tenían las ideologías europeas cuando Europa era la luz.

La ponderación inmerecida (enlace con la soberbia) de las redes sociales como actores y no vehículos, hará que quedemos estupefactos cuando en el futuro unos ayatolás, y no el gerente de Google, tomen el poder en el Cairo y arrasen; como sucedió en Irán en 1978. Por sentirnos sintonizados en el cóctel-party de la tecnología nos desinteresamos de nuestras complejas realidades. La superficialidad reina en el pensamiento mediático actual.

Los cambiantes artilugios tecnológicos (hoy unos, mañana otros), son la quijada del burro que puede servir para asesinar al hermano o para hacer música tondero. Lo eterno es el alma humana que nos seguirá perturbando hasta la eternidad, y es ahí donde hay que insistir, siempre, todo el tiempo y sin cesar.

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Publicado en El Comercio (Lima) el 12-2-2011.