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martes, 14 de agosto de 2018

Acá entre nós: El odio, la mentira y la verdad

@planetaencrisis

Unos dicen que el video del diputado Juan Requesens, donde se le ve humillado, aparentemente drogado y cubierto de heces fecales, luego de presuntamente ser torturado, es mentira, que fue filmado antes de su detención en una casa particular y no en los baños del Sebin, que todo es un montaje.

Aseguran que todo lo planeó la CIA para generar descontento social y, principalmente, para apuntalar la versión de que existe una dictadura en Venezuela que no respeta los derechos humanos, lo que justificaría una intervención militar humanitaria.

Que este plan imperialista, junto con el atentado a Maduro, se ejecutó en combinación con Colombia y con empresarios internacionales que, a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, se han encargado de difundir la mentira.

Otros, por el contrario, han culpado al gobierno autoritario de ser el creador de la mentira, que sería en este caso no la tortura física y psicológica demostrada en el video, sino la de hacer crer a todo un país que cualquiera que se oponga al poder supremo del gobierno será perseguido y castigado del mismo modo.

Otros se rehúsan a creer que Requesens haya estado implicado de cualquier modo en el atentado frustrado contra el Presidente de la República y cuestionan la veracidad de su confesión, dicen que fue forzada por el uso de drogas. Ni siquiera creen que hubo tal atentado, le ponen comillas al sustantivo.

Y otros más apenas se sienten chocados por la crudeza del video, están muy indignados y repudian lo que consideran la violación salvaje de los derechos y de la dignidad de una persona.

Entretanto, todos, sin excepción, están aferrados a su opinión, no aceptan las demás versiones ni las “medias tintas” de quienes no hagan encendida defensa de sus puntos de vista.

Como suele pasar, ni siquiera la prensa se ha salvado de la ola de indignación que desató el video del diputado.

Anecdótico es que, más allá de los habituales trolls, robots y de los activistas pagados que abundan en las redes sociales, respetables agencias de noticias como AFP y Reuters fueron bombardeadas con cientos de reclamos e insultos de personas furiosas por leer en sus titulares que Requesens “confesó” haberse relacionado con un sujeto acusado de estar implicado en el atentado.

Incluso periodistas les reclamaron a las agencias su falta de posicionamiento ante estos hechos políticos.

Algunos internautas se extendieron en cuestionamientos morales, miles de veces reproducidos y republicados a través de los mecanismos de las redes sociales. Y otros tantos replicaron moralmente que quien prefiere promover uma intervención militar “humanitaria” en Venezuela no merece consideración, ni siquiera el derecho a existir.

Porque moral es el razonamiento que torna legítimo odiar y creerse con derecho a destruir aquello que consideramos nefasto, lo que va en sentido contrario a cualquier solución política. Como dijera en un artículo por estos días Fernando Mires, “discutir sobre la legitimidad de un hecho es un tema moral y no político”.

Claro que no existe una verdad a priori para noticias como ésta y a los periodistas nos cabe intentar retratar con exactitud los hechos e investigar sus diversas aristas, no omitir o emitir sentencias.

Y como tampoco existe información oficial suficiente, porque ella será sistematicamente sesgada, esa tarea se vuelve todavia más difícil.

Todo el mundo tiene derecho a pensar lo que quiera. Y más aun cuando todo el mundo sufre mucho, cuando todo el mundo tiene mucha rabia.

Tal vez, cuando el planeta en que vivimos esté envejecido, quemado y yermo, la verdad esquiva seguirá rebotando entre muros fake forjados por los humanos que todavía existan.

Pero en este mundo de hoy, inundado de fea política, ¿no es verdad que los gobiernos cuando están en decadencia, cuando las alianzas se fracturan y los liderazgos están desprestigiados, cuando todo se derrumba y deben mantenerse a todo costo, es cuando más autoritarios y abiertamente criminales se vuelven?

Esa pareciera una verdad que salta a la vista.

También salta a la vista que las condiciones están dadas para lo que tanto quisieron y esperaron quienes se negaron a buscar soluciones políticas: una solución explosiva.

martes, 22 de mayo de 2018

Un resultado multifuncional: Venezuela y el debate postelectoral ​


Ociel Alí Lopez

El resultado de las elecciones en Venezuela es multifuncional. Sirve a todos los contendientes. Se trata de resultados esperados pero sorprendieron porque abren diversos escenarios de interpretación.

A partir del mismo resultado se lee que Maduro fue reelecto con 68% de los votos, que la abstención superó el 50% –cuando las últimas cinco presidenciales apenas pasaba el 20%–, y que el candidato opositor –con apenas 21%– no reconocerá los resultados y seguirá liderando la oposición electoral. Es, pues, un resultado que parece gustar a todos.

La primera lectura, la que muestra amplia ventaja de Maduro –más de 45 puntos sobre su contendiente–, es perfecta para él, para volver a ganar, para mantener el poder y tener un nuevo argumento de legitimación: «Hubo elecciones y las gané con 68%» . La abstención no tiene basamentos legales. Es tan solo una categoría analítica. Los desconocimientos de actores externos e internos son parte de la cotidianidad del gobierno, nada excepcional que lo amilane con facilidad.

La segunda lectura –que refiere al 52% de abstención– favorece a la oposición radical. Ese porcentaje tan elevado en unas presidenciales será capitalizado especialmente por sus aliados internacionales. Aunque no sea algo influenciado únicamente por ella, implicará más presión para la ejecución de un plan de intervención, embargo o bloqueo a Venezuela.

La tercera lectura exhibe el 21% de apoyo a Henri Falcón. El candidato opositor desconoce los resultados pero podrá sobrevivir como líder de oposición electoral, aunque haya tenido un porcentaje tan magro.

Como se ve, se trata de un resultado hecho a la medida de los tres actores más importantes de la contienda, lo que deja bien parado al Consejo Nacional Electoral.

El trabajo de la maquinaria oficial es el esperado. En líneas generales, puede calificarse como muy limitado pero, al mismo tiempo, como suficiente. De hecho, logró el número de votos básicos para ganar en escenarios disímiles al resto de campañas presidenciales. Para estas sacaron 5 millones 800 mil, cuando la oposición sacó en las legislativas de 2015, 7 millones 700 mil votos. De repetir el esquema electoral de ese año y mantenerse unida como lo había logrado durante todas las presidenciales anteriores, la oposición no hubiera podido perder. Para Henri Falcón esto es una tragedia, pero para la oposición radical no lo es dado que decidió no participar en la institucionalidad actual y buscar otros escenarios.

El abstencionismo como política

Explicar el resultado de este 20 de mayo implica necesariamente conocer las jugadas que llevaron a la oposición a situarse fuera del escenario electoral y apostar por una política abstencionista.

Durante la mañana y la tarde de ayer, los centros electorales de las urbanizaciones, parroquias y municipios históricamente de oposición estuvieron vacíos. Sucedió que el voto opositor duro no salió a votar. Y eso era exactamente lo que se esperaba. Mientras tanto, los sectores populares demostraron una mayor participación, dado que allí actuó la maquinaria electoral del oficialismo.

Para entender por qué la oposición no participó, habría que analizar lo que ocurrió desde que arrasó en las legislativas de 2015 y decidió un camino que terminó sobrevalorando tal resultado.

A comienzos de 2016, la oposición –en medio de un ambiente de victoria inédita frente al chavismo– comenzó a presionar por salidas rápidas. El presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, declaró que su idea era «sacar a Maduro en menos de 6 meses» . Esto encendió las alarmas en el gobierno y empezó a bloquear las iniciativas legislativas.

La oposición prefirió pisar el acelerador. El 9 de enero de 2017, la nueva directiva de la Asamblea Nacional –presidida entonces por Julio Borges– declaró la falta absoluta del presidente de la República y su abandono del cargo.

EL Tribunal Superior de Justicia (TSJ) había declarado en «desacato» a la Asamblea Nacional, y a partir de allí comenzó una pugna institucional que explotó durante el segundo trimestre de 2017 con violencia de calle –llamada «guarimba» – como protagonista, y con el liderazgo político opositor haciendo llamados a manifestaciones. Henrique Capriles –principal líder opositor– fue inhabilitado por la Contraloría General para cargos de elección. Esto lo condujo a mantenerse al margen de una estrategia política-electoral y lo confinó a incorporarse a los actores que promovían manifestaciones de calle.

Hasta allí llegó la victoriosa estrategia de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) en 2015.

Maduro reloaded

Después de las mencionadas legislativas de 2015, la crisis económica se agudizó rápidamente y hubo desajustes institucionales que hicieron ver al gobierno muy debilitado. El mundo percibió al gobierno de Venezuela en franco deterioro económico y político. Parecía que estaba a punto de caer.

No obstante, Maduro emprendió una estrategia en alianza con los militares. El modo de institucionalidad levantada durante el gobierno de Chávez y el suyo propio, se fortaleció. El gobierno y los militares se cerraron con fortaleza ante las declaraciones de la oposición y sus aliados internacionales, quienes subían el volumen de su tono.

La respuesta a este levantamiento de calle de 2017 fue diseñado por Maduro a través de la creación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC). Con esta estrategia logró descolocar a la MUD, a tal punto que no supo responder ante el llamado de elecciones de gobernaciones en septiembre de 2017. Tampoco supo hacerlo para el caso de las alcaldías en diciembre de 2017 y, por supuesto, tampoco para las actuales elecciones presidenciales.

En 2017, la ANC declaró improcedente el triunfo del opositor Juan Carlos Guanipa, por no haberse juramentado en su seno, mientras los otros cuatro gobernadores de oposición sí lo hicieron. Las diferentes tendencias de la oposición tuvieron respuestas disímiles y prefiguraron diversas vías de acción. Estos caminos disímiles disolvieron el escenario electoral que podría haberles dado un triunfo decisivo.

Aunque pueda parecer debilitado por la alta abstención, el resultado parece suficiente para los planes de Maduro. Hace tres días, la BBC tituló un artículo: «Maduro ha mostrado ser un político más astuto de lo que muchos pensaban». Ciertamente, muchos actores en el mundo van a entender tarde que la situación en Venezuela es más compleja que las informaciones que giran contra Maduro y sobre la situación en Venezuela. O, al menos, comprenderán que hay factores de poder que habría que tomar en cuenta, como a la oposición y sus procesos internos, lo mismo que a la hegemonía chavista dentro de las Fuerzas Armadas.

Con el resultado de la alta abstención, la oposición radical tiene más razones para esperar un «día D», parecido al de Panamá en 1989. Mientras tanto, el gobierno ha logrado un nivel de atornillamiento que después de este evento está más cerca de procesos de «perpetuación atemporal», como en Cuba y México. En ambos casos, los partidos de gobierno han tenido la hegemonía total. En el caso de Cuba desde el año 1959, y en el del Partido Revolucionario Institucional de México desde 1929, con un breve intersticio de 4 años.

La situación venezolana es compleja. Las posiciones en pugna son muchas. Y ayer se han hecho evidentes.

sábado, 23 de diciembre de 2017

Nació el redentor

Aguinaldo venezolano del siglo XIX
Interpretación: Orfeón Lamas


..................................

La Navidad es un tiempo de reencuentro, especialmente con la familia, a quien uno apenas le da el valor que realmente tiene, y con uno mismo, porque es cuando ponemos en perspectiva nuestra vida y nuestras decisiones. En ese reencuentro, nada más natural que recordar la niñez, el tiempo más feliz y perfecto para la mayoría de las personas. En mi caso, los aguinaldos venezolanos del siglo XIX poblaron de imágenes e historias las Navidades de mi niñez, algo por lo cual le estoy inmensamente agradecida a mis abuelos.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Se acabó la gasolina

Edgard Romero Nava

Leí este mismo titular en el diario El País y pensé que tenía relación con la producción de gasolina en Venezuela, pero no, es un análisis más profundo, referido a los combustibles fósiles, carbón, el petróleo y el gas, que han dominado la producción de energía por los últimos 200 años y que progresivamente disminuyen su predominancia debido al avance tecnológico y por ser una fuente del calentamiento global.

50 años...

Hoy el horizonte de la importancia del petróleo es de 50 años o menos. Su uso, como alternativa al carbón, se disparó a partir de la Primera Guerra Mundial y, desde entonces, el carbón, disminuye su participación, al punto que el Reino Unido cerrará su última planta de carbón en 2025. Igual sucede con el uso del petróleo, que se ha estancado frente a un progresivo uso de nuevas energías renovables, como la solar y eólica, junto a una gran cuota de energía producida por centrales hidroeléctricas y biomasa, las cuales representan hoy el 18% de toda la energía consumida en el planeta, y se han decido medidas, para disminuir al máximo la utilización de gasolina mediante el uso de vehículos eléctricos, los cuales ya están en el mercado mundial a precios accesibles y con el notable avance de la fotovoltaica y las baterías, que las cambiarán en las estaciones de servicios, sustituyéndolas por otra recargadas. 

Otras decisiones 

Hay otras decisiones como la de Noruega, que siendo país productor de combustibles y de gas ha prohibido, a partir del 2025, vender  vehículos de gasolina o Diesel, es decir, dentro de 8 años; y de China, que construye una megaurbe que solo funcionará con energías renovables, lo que proyecta una caída del precio del petróleo a 15 dólares el barril para el 2040.

Ante este panorama, ¿qué plan tenemos para sustituir nuestros futuros ingresos?

Publicado por el El Universal el 4/10/2017.

martes, 27 de junio de 2017

Buenos días al Ávila


Aquiles Nazoa

Buen día, señor Ávila.
¿Leyó la prensa ya?
¡Oh, no!… No se moleste:
siga usted viendo el mar,
es decir, continúe
leyendo usted en paz
en vez de los periódicos
el libro de Simbad.
¿Se extraña de la imagen?

Es muy profesional.
¿O es que es obligatorio
llamarlo a usted Sultán
y siempre de Odalisca
tratar a la ciudad?
¡Por Dios, señor, ya Persia
no lee a Omar Khayyám,
y en vez de Syro es Marden
quien manda en el Irán!

Cambiemos, pues, el tropo
por algo más actual:
digamos, por ejemplo,
que usted, pese a su edad
y pese a que en un ojo
tiene una nube (o más),
es un lector celeste
y espléndido, ante el cual
como un gran diario abierto
se tiende la ciudad.

¿Se fija usted? La imagen
no está del todo mal…
¿Que le ha gustado? ¡Gracias!
Volvamos a empezar.

Buen día, señor Ávila,
¿Leyó la prensa ya?
¿Se enteró de que pronto
con un tren de jugar
su solapa de flores
le condecorarán?
¡Oh, no! ¡No, no! No llore,
¿Por qué tomarlo a mal?
Será, se lo aseguro,
un tren de navidad
con el que usted, si quiere,
podrá también jugar.
Serán, sencillamente,
seis cuentas de collar
trepándose en su barba
de viejo capitán.

Tendrá el domingo entonces
un aire de bazar
con sus colgantes cajas
de música que van
de la ciudad al cielo,
del cielo a la ciudad.
¡Adiós, adiós! Los niños
le dirán al pasar
y el niño sube-y-baja
tal vez le cantarán:
usted dormido abajo
refunfuñando: – Bah…!
y arriba los viajeros
cantando el pío-pa.

¿Pero por qué solloza,
si nada le ocurrirá?
¿Le asusta que las kódaks
aprendan a volar?
¿O dígame, es que teme,
¡mi pobre capitán!
que novios y turistas
se puedan propasar
y como a un conde ruso
lo tomen de barmán?
¿Es eso lo que teme?
¡Pues no faltaba más…!
¡Usted de cantinero…!
¡Qué cómico será!
¡Usted, que más que conde
fue en tiempos un Sultán.
Con una nube en el brazo
diciendo: – Oui, madame,
en tanto que la triste
luna de Galipán
le sirve de bandeja
para ofrecer champán…!

Buen día, señor Ávila,
me voy a retirar.
Saludos a San Pedro
y a los hermanos Wright.
(El Ávila lloraba,
llovía en la ciudad).

De El ruiseñor de Catuche, 1950.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Acá entre nos: Ceguera histórica

@planetaencrisis

Una de las cosas más tristes de la crisis política que estamos viviendo en Venezuela, aparte, obviamente, de las muertes y de los graves hechos de violencia que aumentan a medida que avanza el año 2017, es ver a personas que uno considera dignas de todo respeto justificar y defender las violaciones de la Constitución en que ha incurrido el Gobierno desde que empezó esta última escalada. 

Me pasa con algún vecino con el que converso en el ascensor, con buenos amigos en Facebook, con políticos con cuyas posiciones simpaticé en algún momento, con colegas y compañeros de trabajo, hasta con periodistas que no conozco pero cuyo trabajo me llenó de entusiasmo alguna vez. También me pasa con personas muy cercanas y de mi propia familia. 

Constato con tristeza la ceguera y la incapacidad que tienen para analizar objetivamente los graves hechos ocurridos en las últimas semanas, las declaraciones oficiales y sus consecuencias sobre la situación del país. 

Son personas que, habiendo apoyado el proyecto de Hugo Chávez y el liderazgo heredado por Nicolás Maduro, consideran que no apoyar las decisiones de la cúpula del Gobierno equivale a traicionar ese legado, a permitir que la oposición “se adueñe otra vez del país”, a que se detenga la construcción del socialismo y que se pierda lo alcanzado; y a que “El Imperio” y el capitalismo internacional vuelvan a decidir los destinos nacionales.

Por eso repiten, con esa convicción vehemente de los fanáticos religiosos, que la Asamblea Nacional “tiene los días contados”, que los presos políticos son “asesinos” y “traidores”, que los demás líderes “escuálidos van a terminar igual”, que la violencia viene únicamente de la oposición, que todo lo que dicen sus representantes son "mentiras", que el referéndum revocatorio no se hizo porque los partidos políticos no cumplieron y que todo el que cuestione la línea oficial está siendo pagado, es "vende patria" y "salta talanquera".

Como las conozco y las respeto, tengo la certeza de que estas personas creen ciegamente en las razones que esgrimen y de que son incapaces de confrontar consigo mismos sus argumentos, pues lo único que importa es justificar lo que hace el Gobierno, aunque tuerza las leyes, y mostrar que sí tiene respaldo para lograr vencer la guerra económica y política de cuarta generación.

Piensan que la base del liderazgo de Chávez fue justamente el golpe de Estado fallido de 1992, el hecho de que modificó la Constitución en 1999 (aunque entonces no lo hizo él, sino todo el país), el haber enfrentado a los grandes poderes internacionales y al más rancio stablishment global de modo contestatario y con un efecto mediático y de choque; por lo que romper las normas y confrontar agresivamente siempre será sinónimo de ese espíritu chavista y revolucionario. 

Desconfían de las noticias pues saben que la verdad oficial es hecha a la medida del poder y que las informaciones de los medios de comunicación siempre son tamizadas por intereses políticos o económicos.

No tienen dudas de que, al llegar la oposición al poder, muchas de las políticas sociales, el volumen del gasto público, la propiedad de las empresas estratégicas, entre otros muchos aspectos de la vida nacional, cambiarán de rumbo, desaparecerán o darán paso a decisiones impopulares que contrastarán grandemente con las políticas implementadas por la izquierda, como está pasando ahora en Brasil o en Argentina.

Temen que, si ocurre lo mismo en Venezuela, se habrá perdido el sueño de Chávez y que la oportunidad será irrecuperable.

Pero, a pesar de entender este punto de vista, no puedo dejar de rechazar la incapacidad que demuestran para cuestionar el discurso cínico, el doble rasero y la retórica mentirosa que tanto le atribuyeron a los numerosos adversarios, hoy en boca de los altos funcionarios del Gobierno. 

No puedo dejar de considerar patética la defensa incondicional de cualquier argucia, de cualquier argumento, para impedir que los venezolanos ejerzan sus derechos bajo el falso supuesto moral de que se está luchando en una guerra no convencional.

No porque exista una guerra no convencional o porque pensemos que el adversario utiliza estrategias fuera de la Ley tenemos derecho a hacer cualquier cosa para confrontarlo. No porque yo crea que el otro es inmoral tengo derecho yo, si es que tengo valores e ideología, a serlo también.

Fue lamentable ver a Hermann Escarrá, ilustre promotor de la Constitución de 1999 y a quien todo el país se acostumbró a considerar una voz incuestionable en la materia, decir en reciente entrevista con Vladimir Villegas que no hace falta consultarle al pueblo si quiere o no una nueva Constitución, que eso se hizo en 1999 porque entonces no había la normativa que ahora hay. 

Lo dice justamente él, que sabe muy bien que uno de los grandes logros políticos de Chávez y lo que lo llevó originalmente al poder fue lograr un consenso nacional y una amplia participación de todos los sectores para reformar la Carta Magna.

Fue oprobioso ver a la señora Tibisay Lucena anunciar que la Constituyente se hará en julio, apenas unas horas después de que Maduro hiciera la convocatoria y sin cuestionar en absoluto las bases comiciales, que representan un golpe para la democracia en nuestro país.

Fue indignante escuchar al defensor del pueblo decir que la Constituyente "servirá para traer la paz", cuando desde que se hizo el anuncio de ese disparate, de ese último y fatal autogol, los niveles de protesta violenta se incrementaron exponencialmente.

Resulta insoportable escuchar, todos los días, al Presidente de la República acusar a la oposición de hacer exactamente todo lo que él mismo hace, entre hablar golpeado y descalificaciones. 

Y causa profunda vergüenza ver esta crisis reflejada en la prensa internacional, porque no hay nada que uno pueda decir que justifique lo que está pasando, ni siquiera la guerra económica y política, que ya se perdió hace muchos meses.

Atrás quedó aquella Venezuela cuya democracia era ejemplo para todo el mundo, aquel CNE que tenía “la teconología más moderna” y aquella propuesta de un modelo de desarrollo nuevo, con justicia y equidad. 

Hoy tenemos un país en ruinas y una crisis económica sin precedentes, con un goteo diario de muertes, violaciones recurrentes de los derechos humanos y una honda fractura social que amenaza con profudizarse más y más, con los venezolanos odiándose los unos a los otros.

Me asusta la cara dura de miembros del Gobierno y de los demás poderes públicos “simpatizantes” al decir las cosas que dicen ante un micrófono, pese a ver a los miles de personas todos los días en las calles y las cifras rojas de la violencia crecer y crecer, mientras el discurso presidencial parece salido de una pieza de teatro del absurdo.

¿Cómo no ven que detener esta guerra entre venezolanos requiere recuperar la confianza en las personas y en las instituciones? ¿Cómo no han entendido aún que si existe algo vital, fundamental, que debe ser modificado en el legado de Chávez es el discurso divisionista, descalificatorio y excluyente?

¿No se dan cuenta de que el futuro del chavismo está atado a su capacidad de regenerarse, de reorganizarse y de generar nuevos liderazgos dentro del juego democrático? ¿No ven venir la debacle que se cierne sobre el propio proyecto político si no lo hacen?

Pero la ceguera de quienes justifican atrocidades para permanecer en el poder no los libera de responsabilidades. Tampoco exonera a quienes prefieren mirar hacia otro lado, minimizando la gravedad de los errores cometidos y repitiendo como robots un guion vacío de ideología. 

Tristemente, a todos ellos, incluso a los que queremos y respetamos, la Historia y el país les pasarán factura.

jueves, 16 de febrero de 2017

Acá entre nós: 12 tuits sobre la salida del aire de CNN en Venezuela

@planetaencrisis

Rechazo y lamento el retiro de CNN en español de la parrilla de canales de mi proveedora de TV.

Me parece una medida equivocada y considero que no hay nada que la justifique.

Es cierto que los medios de comunicación son brazos políticos de grandes intereses económicos y políticos. Y que son muy influyentes.

Es cierto que las grandes empresas trasnacionales de la información, como actores que son, se posicionan contra los intereses contrarios.

Es cierto que todos los medios tienen una "línea editorial" que es política, y que muchos de ellos tergiversan los hechos mediante el discurso.

Pero aun todas estas certezas no le dan el derecho a nadie a impedir que los medios de comunicación transmitan sus mensajes.

Estar informados es un derecho de las personas, más hoy en día. Yo diría que es una necesidad básica, como alimentación y salud.

No es prohibiendo la transmisión de un canal que se evitarán los ataques políticos de los medios. Ellos forman parte del juego político.

El Poder Ejecutivo debe velar por estándares legales de contenido, no arrogarse juicios morales e ideológicos que no respetan la diversidad.

Si hubo un tratamiento indebido de la información en un caso puntual, debe ser tratado por los canales legales correctos.

El amarillismo no es un motivo de silenciamiento. La falta de objetividad, aunque ofenda, no autoriza a acallar un medio.

Decidir sin debido proceso va contra la democracia y el contrato social. Es ilegal, es arbitrario. No puede justificarse.

viernes, 3 de junio de 2016

Acá entre nos: Otra ventana de oportunidad para los periodistas en Venezuela

@planetaencrisis

Los presuntos saqueos o protestas espontáneas en Venezuela son un tema delicado que no debe ser tratado por los medios a la ligera.

Nuevamente estamos en la situación en que todo lo que uno lea sobre el país tendrá una lectura depende del cristal con que se mire.

Esto quiere decir que la información transita sobre hechos cuyas causas son motivo de polémica y que es preciso investigar mucho todavía.

No existe un solo punto de vista interpretativo y obviar esto significa ser actor político y no cronista objetivo. Lo que decimos tiene peso.

Los periodistas deberán (¡!) ser cuidadosos, contextualizar muy bien sus noticias y no dejarse llevar por la emoción.

Es preciso hacerse, metodológicamente, las preguntas correctas respecto a quién o quiénes se benefician con los sucesos.

En mi opinión, la situación, nuevamente, es una ventana de oportunidad para los admirables y valientes periodistas venezolanos.

domingo, 27 de marzo de 2016

Acá entre nos: Globovisión o la quimera informativa

@planetaencrisis

El canal Globovisión es, en este exacto momento de la historia de nuestro país, un medio periodístico que sorprende, causa orgullo y que es merecedor del sitial de principal referente informativo de los venezolanos.

La mayor parte de su programación es cuidadosamente balanceada para dar espacio a las dos grandes tendencias políticas actuales de Venezuela (chavismo y oposición), mientras que sus periodistas, las cuñas institucionales y toda la imagen del canal televisivo se desviven por reforzar estos atributos de "espacio neutral" ante los ojos avizores del gobierno, de la oposición y de los venezolanos afines al uno o a la otra, lo cual resulta conmovedor para la periodista que suscribe este comentario.

La programación, en general, es perfecta en cuanto a balance editorial, comenzando por el fabuloso programa Vladimir a la 1 y por las emisiones del noticiero. Los programas de opinión mantienen un enfoque que impide que, aunque la selección de los invitados o los comentarios de los moderadores puedan denotar posiciones políticas, se incurra en virulento activismo o en la tendenciosa cobertura que es usual, por ejemplo, en los medios de otros países cuando se trata de informar respecto a Venezuela.

El camino que recorrió Globovisión para llegar adonde está hoy es de todos conocido (y digo todos en el sentido planetario de la palabra): pasó de ser una forma novedosa de traer las noticias al interior de los hogares (al estilo 24/7 que CNN inauguró a fines de los años 80 del siglo pasado) a ser un actor político cardinal en Venezuela y el objeto de una atención global que superó con creces la que le correspondía por concepto de audiencia.

No voy a entrar en detalles sobre el papel que este canal jugó hace 14 años ni sobre su posicionamiento en los hechos políticos venezolanos de entonces, a pesar de que la musiquita inquietante con que editorializaba sus coberturas aún me cause palpitaciones y el recuerdo de sus discursos periodísticos todavía me haga arquear las cejas.

Una cierta emoción me obliga a manifestar mi encantamiento con su línea actual y con el contenido de su programación y, al mismo tiempo, a confesar la triste certeza de que tales cualidades no han de durar demasiado tiempo.

Basta escuchar las críticas absurdas vertidas desde el Gobierno Nacional (he dicho que en nada se parece la actual línea editorial de Globovisión con aquella de hace unos pocos años) y algunas todavía más disparatadas en boca de los usuarios de a pie, sean de una u otra tendencia política (o incluso de ninguna), que lo acusan de autocensurarse.

Soy de las que piensan que la autocensura es praxis en el periodismo desde siempre, pues la línea editorial, los anunciantes y los intereses de quienes financian el medio han sido un filtro de los contenidos desde el comienzo de la prensa. Y el periodismo hace tiempo que dejó de querer parecer objetivo o imparcial.

En nuestra era, los grandes diarios como El País o The New York Times, Le Monde, al iguales que los principales, los medianos y los pequeños periódicos en cada país del mundo, sin hablar de las todopoderosas televisoras, tienen por norma editorializar tanto su contenido que la gente no acostumbra consumir un producto informativo sin el ingrediente opinativo de rigor: el que les dé la razón y refuerce la opinión ya formada. Escogemos los medios por su tendencia.

Por su valioso contenido, el momento comunicacional de Globovisión ahora se me antoja único, fugaz y frágil cual fenómeno natural, aunque no por eso menos notorio y hermoso.

Con tristeza opino que los días de la Globovisión quimérica están contados. Y no apenas por aquella metáfora platónica del Anillo de Giges, sino porque en nuestras sociedades de hoy es la línea política y editorial  lo que otorga valor y prestigio al medio y no la contingencia de la cual éste se ocupa.

Éste es el periodismo humano que más valoramos, donde “humano” no tiene un sentido humanístico moral (y quimérico), mas el sentido político que le damos respecto a su papel en nuestra convivencia como sociedad y del que hacemos una referencia necesaria.

Flashes del camino: La Sabana



martes, 15 de septiembre de 2015

Imago

Rafael Cadenas

Cuando un rostro se vuelve amenazante, lo desdibujo pacientemente.

Empiezo por sus líneas, después me dedico a las sombras y dejo para el final sus sutiles celadas. Sólo trato de desarmar la figura.

Hay que impedir que mire desde su centro dinámico, quitarle ese halo de imán que desquicia, volverlo una mancha.

De noche practico esta cautela. Me acerco al rostro, recuerdo todos los incidentes, tomo un trapo húmedo, ordinario, maligno, con el que deshago suavemente el dibujo.

Cuando el cielo vuelve a ser blanco ya no queda nada.

No destruyo el rostro; lo suavizo y me pliego. Aprendo a convivir con él.

Es el recurso basto de quien exagera todas las líneas.

No es un trabajo fácil. Requiere un gran desasimiento. El apego, el apego es el enemigo. Con sus gomas alocadas da que hacer. Produce anexiones, pueriles violencias, enrarecimiento del aire.

Uso un procedimiento rudimentario, el que está a mi alcance, pues soy tosco.

Tuve que idear este método, extraño a mi ser, en una difícil época. Fue al término de una crisis.

Acababa de dejar la cáscara. La imaginación se había agotado. Sólo quedaban los objetos, los firmes objetos.

...........


De Falsas maniobras, 1966.

domingo, 23 de agosto de 2015

El monstruo y la luna

Ezequiel Borges

"Nunca me olvidarás",
le dice la luna al monstruo,
cuando el monstruo la abandona,
cansado ya del narcisismo de la luna.
"Nunca me olvidarás,
porque soy la más bella
Porque cuando voltees al cielo,
estaré allí, recordándote
lo que perdiste", sigue la luna.
El monstruo suspira.
Ha hecho todo
para demostrarle a la luna
su amor de monstruo.
Le ha recitado a la luna poemas sobre la luna,
escritos por viejos poetas muertos japoneses
Ha sido fiel,
le ha escrito a la luna sus propios poemas
de monstruo
Le ha escuchado a la luna sus tribulaciones:
sus alegrías,
sus tristezas,
sus dolores,
sus rabias,
por largo, largo tiempo.
Pero el monstruo está cansado,
y es que no ha sido suficiente,
para la luna,
todo su amor de monstruo.
"Estoy fastidiada de ti, monstruo",
le ha dicho la luna,
"eres aburrido, repetitivo,
y demasiado discursivo".
"Bueno", dice el monstruo, 
"es que soy un monstruo poeta.
Algunas veces quisiera ser un poeta monstruo.
Quizás así escribiría poemas
que no te aburrieran".
"No me importan tus divagaciones",
le dice la luna al monstruo.
"Muy bien, entonces, terminemos
esta relación, luna,
creo que es lo mejor para los dos.",
atina a decir el monstruo.
"Ni te atrevas a dejarme,
yo soy la más bella,
a mí no me deja nadie".
"No hay problema.
Si alguien nos pregunta,
decimos que tú me dejaste a mí,
da igual", dice tranquilamente el monstruo.
"Te arrepentirás, siempre me amarás,
siempre me recordarás,
vas a estar triste por mucho tiempo...", 
le grita la luna al monstruo,
desde el cielo negro.
Se queda pensando el monstruo y dice:
"Puede que te recuerde,
pero no voy a estar triste ni nada
Tampoco me voy a arrepentir".
"!Eres un monstruo!", aúlla la luna.
"Claro que soy un monstruo, jajaja",
le responde el monstruo a la luna.
"Pero, al menos yo
no tengo dos caras 
como tú".

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Increíble poema robado de una red social... Espero que su autor no me denuncie. 

viernes, 3 de abril de 2015

El aviador

Ezequiel Borges

Vuela bien
Aunque te digan
Que no eres quien eres
Aunque te inventen
Un pasado y un futuro.

Vuela bien
No todos estamos hechos
Para vivir sin alas
Encerrados en la burbuja
En el sueño de poder
De una pandilla de gánsters.

Vuela bien
Nadie te cortó las alas
¿Cómo podrían
Si ni siquiera saben volar?
Tus alas
Están donde las dejaste
Antes de irte
Cualquiera de nosotros
Las va a recoger.

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Este poema lo tomé de una página de Facebook.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Acá entre nos: El nudo ciego del periodismo o la tragedia del "ni ni"

@planetaencrisis

Este momento que vivimos, de fuerte polarización política al interior de nuestras sociedades en el mundo, ha cambiado el periodismo y su oficio en un tiempo increíblemente corto, al menos para muchos de nosotros los periodistas.

Un caso emblemático es el de mi país, Venezuela, donde la “batalla de las ideas” que vino a la par de un proceso político dio paso, primero, a un escenario donde la prensa tuvo preponderancia como actor de oposición e incluso apoyó un golpe militar en su momento, y en la actualidad, a una situación imposible de imaginar hace diez o doce años: de tener una prensa que era toda de oposición pasamos a no tener ninguna prensa de oposición.

En cuanto al discurso periodístico, no parece arriesgado decir que estamos ante un periodismo notoriamente distinto del que conocí cuando empecé a trabajar y durante los años que siguieron después, antes de lo que he llamado una (real) "politización" del periodismo a escala global.

En los años 90 los periodistas podían sentirse relativamente cómodos en una posición política y raramente serían execrados o etiquetados como indeseables por ello. En Latinoamérica vivíamos una primavera democrática y no se había producido esa ruptura entre las posiciones políticas radicales de los distintos actores sociales.

Mis compañeros y yo veíamos con respeto a cualquiera que decidiera acomodarse en esa mullida dignidad de pertenecer a un grupo o de exhibir una tendencia, mejor si era de izquierdas, en mi caso, pues le daba el don de ser crítico de las injusticias y conocedor de la naturaleza de los hechos gracias a esa cercanía de lo humano cotidiano que tiene el trabajo de periodista.

Las figuras sociales que nos servían como referentes eran, a su vez, académicos o intelectuales o artistas o famosos u otras personas respetadas, quienes jamás serían públicamente denigrados o ridiculizados por aquellos cuyo pensamiento tuviese distinta orientación política.

De hecho, el lenguaje que manejaban públicamente los políticos era, hasta cierto punto, mesurado.

En aquella época era impensable (ojo, hablo solamente desde el punto de vista del discurso periodístico) —aunque los medios de comunicación libraran su rol habitual en ese juego de necesidades e intereses que determina el flujo de la información— que un medio, al querer mostrar una imagen intencionalmente negativa, usara un discurso ideológico.

Parecía imposible imaginar entonces que los medios llegarían a tener un lenguaje abiertamente parcializado, donde mostrarían una izquierda y una derecha políticas en permanente conflicto, y que tal debate ideológico se elevaría al papel protagónico en la escena de todos los días.

Tomando partido

Esa realidad que quedó en el pasado es probablemente rechazada hoy por muchos de los periodistas que ejercen la profesión en Venezuela y es defendida por otros tantos, porque el compromiso ideológico se ha vuelto parte visible de su trabajo.

Por ejemplo, periodistas afines al actual gobierno venezolano podrían refutar recordando que aquella era una época de alienación, donde todos los actores sociales trabajaban mancomunadamente para mantener el estatus quo y la hegemonía del poder económico y del capitalismo como sistema de dominación en el mundo, y que entonces nadie se cuestionaba si el discurso que recibíamos de los medios estaba o no cargado de ideología, por lo que la imposición de una visión de sumisión a los intereses económicos de la oligarquía y hegemónicos del imperialismo extranjero pasaba desapercibida a los ojos de la mayoría.

Por su parte, periodistas de oposición dirían que el discurso de lucha de clases se ha impuesto por la profusión de medios oficialistas y por el silenciamiento de los demás;  que es propangandístico, mentiroso y violador de los derechos del libre flujo de la información y que busca legitimar a un gobierno al que ellos califican como autoritario, para usar el menor de los adjetivos.

¿Cómo es posible esta diatriba sin conciliación? ¿Qué hace de los periodistas unos militantes en su trabajo? Pues no se trata solamente de ser muy pragmático y de garantizarse el puesto, se trata de que el periodismo es un oficio que obliga a los periodistas a tomar partido.

Libertades y virtudes

El periodismo se maneja sobre supuestos ideológicos muy claros: Tengo algo que decir y debo poder decirlo a través de estos canales sociales a la mano. Es mi supremo privilegio como periodista y también mi mayor virtud, por cuanto de este modo también ejerzo mi derecho ciudadano a expresarme libremente y garantizo la libertad de los demás. Es algo así como la visión de un súper profesional con virtudes heroicas.

Pero entre las lecciones de ética que recibimos en las escuelas también nos explican ese eufemismo llamado “línea editorial”, sobre el cual tenemos que caminar cuidadosamente pues no somos dueños del canal de comunicación donde estamos trabajando.

De modo que, para trabajar en una empresa de medios de comunicación es prácticamente indispensable que el periodista, si no sea afín ideológicamente, al menos esté públicamente comprometido con su posición, lo cual, claro, se reflejará abiertamente en su trabajo.

Esto, entiéndase, más que una condición sine qua non para trabajar es un comportamiento lógico y dictado por el sentido común.

El comunicador se aferrará con pasión a los principios que le enseñaron en la Academia y hará de ellos una herramienta, lo cual le llevará a la constatación de que está, en la práctica, ideológicamente comprometido hasta la última coma con lo que expresa. O entonces se irá con sus preguntas y sus palabras a otra parte.

Convivir como “ni ni”

Hasta este punto del racionamiento todos estamos de acuerdo en lo esencial: en algún momento de la historia reciente hubo una ruptura del discurso periodístico y, en Venezuela, tal cambio es sintomático del cambio político y social que hemos experimentado y cuya evolución nos ha llevado adonde estamos ahora.

Como resultado de nuestro proceso particular, los medios oficialistas venezolanos se volvieron punteros de la lucha contra los enemigos mediáticos e ideológicos de aquí y de allende las fronteras, pero también espejos de la propaganda oficial, mientras que los medios privados  —otrora más o menos radicales— se replegaron en una sola y tímida etiqueta: “ni ni”, donde ya no hacen oposición y, en cambio, muchos se alinean favorablemente.

Pero buscar objetividad desde las posiciones comprometidas es muy difícil. 

Muchos periodistas sienten que han llegado a una encrucijada donde tendrán que perder una parcela de dignidad para seguir adelante. 

Otros se sienten en la obligación moral de dar la batalla ideológica cueste lo que cueste, pues dar una visión crítica de la cuestión social implica el desmontaje del discurso dominante que impone valores y moldea mentalidades.

Para los periodistas de oposición, no denunciar al gobierno significa renunciar a sus ideales, callar ante los atropellos y crímenes, amordazar la verdad.

Para los periodistas favorables al gobierno, la "prensa golpista" venezolana, que en el nombre de una falsa libertad se erigió a sí misma en poder de facto y que presenta a los políticos golpistas como víctimas de represión, está pagando el precio. El gobierno la enfrenta como actor político desestabilizador y la combate como tal. 

Todos, no obstante, se arropan en el protagonismo del periodista y del medio y ven la noticia como arma ideológica.

En mi opinión personalísima, con la cual no quiero sino señalar los cambios ocurridos en los últimos años en materia del discurso periodístico, en Venezuela hemos llegado al punto ciego de la contradicción. 

Es algo así como el punto de la tragedia, ese punto en el que el pulso entre libertades y necesidades tiene un desenlace que no por anodino resulta menos dramático.

Si convenimos en que la política tiene el mismo fin u objeto que la ética, que es el devenir, la contingencia, la posibilidad de que algo suceda o no suceda en la existencia y en la convivencia humanas, debemos convenir también en que la política que niega la convivencia (e incluso la existencia ) con el contrario o que quiere su exterminio absoluto no es, ni mucho menos, ética.

Por extensión, el periodismo que niega al contrario político es un despropósito.

Y el periodismo que adoctrina, en teoría, es una aberración.

Nudo ciego. Allí estamos.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Ismael Querales - La caja de música (joropo tuyero)



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Este joropo misterioso y recio es característico de una zona conocida como los Valles del Tuy, en el centro del Venezuela.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

La ardilla de mi jardín (fragmento)

Rafael Arráiz Lucca

Me llegan noticias del futuro a diario
y son siempre las mismas.
Todo parece girar sobre su propio eje
sin detenerse y sin rumbo.
Estamos perdidos, acaso estamos perdidos
le pregunto a los lamas y ellos sonríen.
Callan y sonríen:
no entienden por qué los marineros preguntan
ni por qué imploran
ni qué buscan más allá de sus casas
donde todo está:
el fuego, el agua, el silencio
y los mismos pájaros en bandadas al atardecer.
El mundo, más allá de estas montañas,
es igual a estas montañas, dicen.
Pero a nadie ofendo con mis divagaciones
a nadie hiero con mis mudanzas inútiles
porque tampoco sé si lo que busco
es la sonrisa plácida de los lamas.

El correo ha llegado puntual:
desde hace siglos ocurre lo mismo en Inglaterra.
Ya no espero cartas ni oprobios ni alegrías.
Soy como la ardilla de mi jardín
que todos los días busca su alimento
y regresa satisfecha a su casa.
Soy esa ardilla, me digo,
no anhelo otro viaje que el necesario
para mis fiestas estomacales
no quiero otro jadeo que el de mis carreras
por no perder los trenes, indispensables.

Silencio, silencio
que en sus improperios y en sus vindictas
alguien asegura que pueden descifrarse
los mensajes de otros lares,
de otras maneras de girar.

Silencio, silencio
que voy a acostarme sobre el lado derecho
y miraré al poniente
y no escribiré más
y dejaré de preguntar.
Ya todo lo sé:
no hay nada más allá de mi mano
a treinta centímetros de mis ojos.

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De Un bonzo sobre la nieve, 2011.

viernes, 31 de octubre de 2014

Tierramenta

Luis Alberto Crespo

Salí de casa.
No pasé de su puerta.

Me encerré de nuevo en ella.
No logré regresarme.

La reabrí.
Quedé tapiado,

errante.


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De Tierramenta, 2009.