miércoles, 27 de febrero de 2013

Mariana Pineda

Federico García Lorca

Estampa Segunda (fragmento)


PEDRO (apasionado).
¡Quién pudiera pagarte lo que has hecho por mí!
Toda mi sangre es nueva porque tú me la has dado
exponiendo tu débil corazón al peligro.
¡Ay, qué miedo tan grande tuve por él, Mariana!

MARIANA (cerca y abandonada).
¿De qué sirve mi sangre, Pedro, si tú murieras?
Un pájaro sin aire ¿puede volar? ¡Entonces!...
Yo no podré decirte cómo te quiero nunca;
a tu lado me olvido de todas las palabras.

PEDRO (con voz suave).
¡Cuánto peligro corres sin el menor desmayo!
¡Qué sola estás, cercada de maliciosa gente!

MARIANA (echando la cabeza en el hombro y como soñando).
¡Así! Deja tu aliento sobre mi frente. Limpia
esta angustia que tengo y este sabor amargo;
esta angustia de andar sin saber dónde voy,
y este sabor de amor que me quema la boca.

(Pausa. Se separa rápidamente del caballero y
le coge los codos).

¡Pedro! ¿No te persiguen? ¿Te vieron entrar?

PEDRO
¡Nadie!

(Se sienta).
Vives en una calle silenciosa, y la noche
se presenta endiablada.

MARIANA
Yo tengo mucho miedo.

PEDRO (cogiéndole una mano).
¡Ven aquí!

MARIANA (se sienta).
Mucho miedo de que esto se adivine,
de que pueda matarte la canalla realista.

PEDRO (con pasión).
Marianita, ¡no temas! ¡Mujer mía! ¡Vida mía!
En el mayor sigilo conspiramos. ¡No temas!
La bandera que bordas temblará por las calles
entre los corazones y los gritos del pueblo.
Por ti la Libertad suspirada por todos
pisará tierra dura con anchos pies de plata.
Pero si así no fuese; si Pedrosa...

MARIANA (aterrada).
¡No sigas!

PEDRO
... sorprende nuestro grupo y hemos de morir...

MARIANA
¡Calla!

PEDRO
Mariana, ¿qué es el hombre sin libertad? ¿Sin esa
luz armoniosa y fija que se siente por dentro?
¿Cómo podría quererte no siendo libre, dime?
¿Cómo darte este firme corazón si no es mío?
No temas; ya he burlado a Pedrosa en el campo
y así pienso seguir hasta vencer contigo.
(Se los besa.)

MARIANA
¡Y algo que yo no sé decir, pero que existe!
¡Qué bien estoy contigo! Pero aunque alegre noto
un gran desasosiego que me turba y me enoja;
me parece que hay hombres detrás de las cortinas,
que mis palabras suenan claramente en la calle.

PEDRO (amargo).
¡Eso sí! ¡Qué mortal inquietud, qué amargura!
¡Qué constante pregunta al minuto lejano!
¡Qué otoño interminable sufrí por esa sierra!
¡Tú no lo sabes!

MARIANA
Dime: ¿corriste gran peligro?

PEDRO
Estuve casi en manos de la justicia; pero
me salvó el pasaporte y un caballo que enviaste
con un extraño joven, que no me dijo nada.

MARIANA (inquieta y sin querer recordar).
Y dime.
(Pausa.)

PEDRO
¿Por qué tiemblas?

MARIANA (nerviosa).
Sigue. ¿Después?

PEDRO
Después
vagué por la Alpujarra.
Supe que en Gibraltar
había fiebre amarilla;
la entrada era imposible
y esperé bien oculto
la ocasión. ¡Ya ha llegado!
Venceré con tu ayuda, ¡Mariana de mi vida!
¡Libertad, aunque con sangre llame a todas
las puertas!

MARIANA (radiante).
Mi victoria consiste en tenerte a mi vera!
En mirarte a los ojos mientras tú no me miras.
Cuando estás a mi lado olvido lo que siento
y quiero a todo el mundo:
hasta al rey y a Pedrosa.
Al bueno como al malo. ¡Pedro, cuando se quiere
se está fuera del tiempo,
y ya no hay día ni noche, ¡sino tú y yo!

PEDRO (abrazándola).
Como dos blancos ríos de rubor y silencio,
así enlazan tus brazos mi silencio combatido.

MARIANA (cogiéndole la cabeza).
Ahora puedo perderte, puedo perder tu vida.
Como la enamorada de un marinero loco
que navegara siempre sobre una barca vieja,
acecho un mar oscuro, sin fondo ni oleaje,
en espera de gentes que te traigan ahogado.

PEDRO
No es hora de pensar en quimeras, que es hora
de abrir el pecho a bellas realidades cercanas
de una España cubierta de espigas y rebaños,
donde la gente coma su pan con alegría,
en medio de estas anchas eternidades nuestras
y esta aguda pasión de horizonte y silencio.
España entierra y pisa su corazón antiguo,
su herido corazón de península andante,
y hay que salvarla pronto con manos y con dientes.

MARIANA (pasional).
Y yo soy la primera que lo pide con ansia.
Quiero tener abiertos mis balcones al sol
para que llene el suelo de flores amarillas
y quererte, segura de tu amor sin que nadie
me aceche como en este exclusivo momento

(En un arranque.)
¡Pero estoy dispuesta! (Se levanta.)

PEDRO (entusiasmado se levanta.

¡Así me gusta verte, 
hermosa Marianita! Ya no tardarán mucho
los amigos, y alienta
ese rostro bravío y esos ojos ardientes
(Amoroso.)
sobre tu cuello blanco, que tiene luz de luna

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Mariana Pineda (1927) fue la primera obra dramática escrita por García Lorca. #martesdecuentos es una iniciativa para divulgar los clásicos de la literatura universal.

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