jueves, 14 de junio de 2012

“Hay que acostumbrarse a la web que tenemos”

Mariano Blejman, París.

Se huele el poder. En el medio de la transición digital sin retorno, cuatrocientos editores de los medios más poderosos del mundo intentan comprender el cisma que ha provocado Internet en la circulación de información a nivel mundial. Durante tres días, en el Hôtel de Ville en París, se siente de una manera particular la mezcla de elefantiásicos diarios centenarios que reescriben sus métodos de producción y se apropian de una cultura que históricamente no les pertenece, la cultura digital, que aguarda en los pasillos del futuro y se prepara para trabajar de una manera inédita: el periodismo abierto, la influencia definitiva de la cultura del software libre en la cotidianidad de los medios transnacionales, y un “hashtag” que hace unos años habría sido impensable para el establishment editorial: #hackthenewsroom dicen en Twitter, hay que “hackear” las redacciones. Se huele algo de incertidumbre, también. Porque el periodismo avanza por las cuatro pantallas: la web, los teléfonos, las tabletas y los televisores y una impresión en papel que baja de manera acelerada en coincidencia con la digitalización de las sociedades.

El programa desarrollado por la Global Editors Network es una muestra clara de la importancia de los viejos y nuevos actores: Jim Roberts, de The New York Times; Peter Bale, de CNN Internacional, y Juan Luis Cebrian, director ejecutivo de El País, compartían sanguchitos y canapés con Alastair Dant, del equipo interactivo de The Guardian, los “pibes” de CartoDB, un increíble software para generar mapas interactivos, o escuchaban a Douglas Arellanes, de SourceFabric, un administrador de contenidos de licencia libre desarrollado por unos checos muy simpáticos. En la otra esquina del cuadrilátero, Dan

Green, director de acuerdos estratégicos de la Fundación Bill y Melinda Gates (sí, ¡el de Windows!), que junto a Warren Buffet crearon el fondo de inversión más grande del mundo, cerca de 50 mil millones de dólares, para realizar donaciones filantrópicas alrededor del mundo junto a Madhav Chinnappa, jefe de acuerdos estratégicos de Google, hacía de “guardián” a Krishna Bahrat, ni más ni menos que el fundador de Google News. Finalmente, corrían de abajo y peleaban por las tarjetas de los señores de corbata los nuevos emprendedores dispuestos a repensarlo todo: nuevos soportes, nuevos formatos, nuevos conceptos, nuevas plataformas para “enterarse” de cómo viene la mano.

Y en el medio de la vorágine, mientras el consultor inglés Jim Chisholm defendía la prensa escrita como modelo de negocio, aseguraba que Twitter y Facebook eran los grandes “chupadores de marcas”, decía que los medios impresos también descienden en venta porque sus editores han abandonado el papel a su suerte y mandaba a los contadores a “juntarlos en un mismo cuarto y matarlos a todos”, la poderosa platea se preparaba para presenciar el primer premio de periodismo de datos (datajournalism, en la jerga, ver recuadro) en cuya presidencia reside el prestigioso Paul Steiger, actualmente al mando del genial sitio ProPublica, antes gerente editorial de The Wall Street Journal. El periodismo de datos es un tema caliente de todas las grandes y no tan grandes redacciones vanguardistas: visualizaciones, cruces de datos, análisis de fuentes, mapas y líneas de tiempo que cuentan historias de maneras impensadas, que acaban de explotar con la salida del primer manual Data Journalism Handbook, auspiciado por la Open Knowledge Foundation y coordinado por Liliana Bounegru, del European Journalism Centre.

Una carrera por generar nuevos estándares, por producir nuevas plataformas, provocó la sensación de que se trata del momento cero del “nuevo” nuevo periodismo, que se está reinventando a una velocidad todavía no percibida por la mayoría de los editores, sobre todo en América latina. Y aquí, una vez más, otra intersección entre dos mundos que antes no se tocaban: si algo ha sido centrado, cerrado y vertical es la producción periodística que choca contra la filosofía del software libre, estimulado por organizaciones sin fines de lucro como la Fundación Mozilla, creadores del navegador Firefox. Mozilla tiene una larga tradición en la generación de estándares abiertos y ha influido fuertemente en medios tradicionales para generar herramientas de software libre, metodología que choca contra los compartimentos estancos. De allí su interés en que los grandes medios se abran hacia metodologías abiertas.

Sólo basta con mirar los números de aquellos que se dedican a producirlos en serio para saber hacia dónde va la industria: en 2015, la cantidad de usuarios de redes sociales rondará los 1700 millones de personas (contra los 1300 millones actuales) y pasará del 65 al 70 por ciento de los usuarios totales de Internet. Los datos pertenecen a una investigación dirigida por Martha Stone, gerente general de la consultora Worlds Newsmedia Network.

Pero la tendencia en tamaño del mercado móvil es mucho más auspicioso: Idate espera que pase de tres mil millones de dólares en 2012 a casi siete mil millones en 2015, mientras que en Asia pasará de 7 mil a 17 mil millones de dólares. Razón más que evidente para estudiar los comportamientos de la generación de “los inclinados”, jóvenes con el cuello encogido hacia abajo, mirando siempre hacia los dispositivos móviles: según un estudio de comScore de agosto de 2011 en Estados Unidos, los lectores usan los teléfonos móviles, las tabletas y las computadoras personales para leer las noticias de manera combinada: un pico parecido entre los tres formatos en horas de la mañana, un descenso del celular y la tableta en horario laboral (donde la gente lee las noticias en computadoras o notebooks) y un aumento ostensible al cierre del día para las tabletas. “Hay que acostumbrarse a la web que tenemos y no esperar la web que queremos”, les dijo Eric Hazan, de McKinsey & Company, a cuatrocientos poderosos editores de medios planetarios, más acostumbrados a crear la realidad que a contarla.

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Publicado por Página 12 el 10-06-2012.

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