viernes, 4 de febrero de 2011

El amor

Vladimir Mayakovski

Un día, quién sabe,
ella, a quien también le gustaban los animales,
se aparezca en una alameda del zoológico,
sonriente
tal como ahora está en su retrato sobre la mesa.
Ella es tan bella que, por cierto, habrán de resucitarla.
Vuestro Trigésimo siglo irá más allá del examen de mil nadas
que laceraban el corazón.
Entonces, de todo amor no terminado,
seremos pagados en innumerables noches de estrellas.
¡Resucítame,
aunque que sea porque te esperaba
como un poeta,
repeliendo el absurdo cotidiano!
¡Resucítame,
aunque que sea sólo por eso!
¡Resucítame!
Quiero vivir hasta el final que me toca.
Para que el amor no sea más esclavo de matrimonios,
concupiscencia,
salarios.
Para que, maldiciendo los lechos,
saltando de las almohadas,
el amor se vaya por todo el universo.
Para que el día,
en que el sufrimiento se degrade, 
no os lo sea llorado, mendigado,
y que al primer ruego:
- ¡Camaradas!
atento se voltee el mundo entero.
Para vivir
libre de las habitaciones de las casa.
Para que de ahora en adelante
la familia sea
el padre,
por lo menos el universo;
y la madre,
por lo menos la Tierra.

…………………
Publicado originalmente en su segundo poemario (1917-1930), este poema precioso es parte de una selección traducida al portugués por Augusto de Campos en la década de los 80.

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