domingo, 19 de septiembre de 2010

La porfía (fragmento)

Alberto Arvelo Torrealba

Noche de fiero chubasco
por la enlutada llanura,
y de encendidas chipolas
que el rancho del peón alumbran.
Adentro suena el capacho,
afuera bate la lluvia;
vena en corazón de cedro
el bordón mana ternura;
no lejos asoma el río
pecho de sabana sucia;
más allá coros errantes,
ventarrón de negra furia,
y mientras teje el joropo
bandoleras amarguras
el rayo a la palma sola
le tira señeras puntas.

Súbito un hombre en la puerta:
indio de grave postura,
ojos negros, pelo negro,
frente dé cálida arruga,
pelo de guama luciente
que con el candil relumbra.

Un golpe de viento guapo
le pone a volar la blusa,
y se le ve jeme y medio
de puñal en la cintura.
Entra callado y se apuesta
para el lado de la música.
Oiga vale, ese es el diablo.
—La voz por la sala cruza.



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El poema Florentino y el diablo (1940) evoca la inmensa soledad llena de leyendas de las noches en el llano venezolano, región que es exactamente lo opuesto a la ciudad donde vivo. Para leer este pedacito escuche el toque de bandola del maestro Ismael Querales.

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