martes, 31 de agosto de 2010

Perfume de gardenia (fragmentos)

Laura Antillano
 
He aquí madre, señora, que el comienzo de la historia ha de definirse con la primera del cuento, abuela de largas piernas blancas en su lecho de enferma.
He aquí que esta abuela tuvo también un tiempo de flores de azahar y llovizna. He aquí que la historia comienza escondida detrás de una celosía ante el asalto del caudillo de turno a aquel pueblo de piedras incrustadas.
 
***
Debajo de su mesa de bordar está la selva. Arriba las madejas de hilos de colores, abajo la selva. Un radio grande para oír novelas por las tardes. Ella se sienta en una silla a bordar fundas de almohadas, pañoletas o tapetes.
Debajo de la mesa está la jungla y yo me meto dentro.
 
***
Sale para la iglesia los domingos.
Nadie sabe lo larga que está su cabellera salvo yo.
En las noches la suelta, es gris y blanca, pasa de su cintura.
En las mañanas la enrolla lentamente y va disminuyendo su longitud, la sube a la cabeza y prende su peineta.
A mí me lleva con ella, a veces.
Cuando me deja quedo vagando por la casa, entro a la cocina a mirar la piedra, el lavandero.
O paso largas horas mirando los canarios en sus jaulas, allá en el comedor.

***
La madre-abuela cantaba a veces con su guitarra y recordaba historias desconocidas. Hasta que un día se cansó. Se cansó del viejo, se cansó del hambre, de la muerte, de sus canciones, se cansó y se fue lejos, al monte, y se escondió.
Y el viejo abuelo-padre salió a buscarla con los campesinos del conuco y buscó y buscó hasta encontrarla. Estaba sentada sobre un tronco leñoso y lloraba. Lloraba.

***
Perfume de gardenia
tiene tu boca
bellísimos destellos
de luz en tu mirar,
tu boca es una rima
de alegres notas
que mueve tus cabellos
cual ondas de la mar.
Tu cuerpo es una copia
de Venus de Citeres
que envidian las mujeres
cuando te ven pasar
y llevas en tu alma
la virginal pureza
por eso es tu belleza
de un místico candor.
Perfume de gardenia
tiene tu boca,
perfume de gardenia.
Perfume del amor.

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Perfume de Gardenia (1980) es una novela hecha de pequeños cuentos e imágenes poéticas. Escogí trechos que dibujan a una anciana a través de los ojos de una niña. Al final, el bolero de Rafael Hernández.

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