martes, 15 de mayo de 2012

El debate en la Eurozona

Paul Krugman

Así que la eurocrisis vuelve a ser un riesgo. Y, en esta ocasión, se centra en España, lo que en cierta forma es bueno, porque ahora se exhibe plenamente la locura esencial del diagnóstico ortodoxo de la crisis de inspiración alemana.
Porque esto verdaderamente no tiene nada que ver con irresponsabilidad fiscal (sólo como recordatorio: en vísperas de la crisis España parecía un dechado fiscal). Lo que le pasó a España fue que estalló una burbuja inmobiliaria -alimentada, en grado importante, por los préstamos de los bancos alemanes-, arrastrando con ella a la economía. Ahora, el país tiene una tasa de desempleo del 23,6 por ciento (entre los jóvenes asciende al 50,5 por ciento).
La política de respuesta supuestamente debe ser aún más austeridad, con el Banco Central Europeo, desde luego, obsesionado con la inflación. Y las autoridades afirmando que el increíblemente ridículo incremento de la tasa del año pasado de hecho fue algo digno de enorgullecerse. Estoy empezando a pensar que nos estamos encaminando a un resquebrajamiento de todo el sistema.

La Mala Parábola de Ken Rogoff

Ken Rogoff, profesor de Economía de Harvard, publicó un artículo de opinión en el Financial Times el 23 de abril, comparando los pesares de Europa con los de una familia con una cuenta de cheques compartida en la que algunos de sus integrantes empiezan a abusar de su privilegio. “La verdadera lección del gran experimento del euro es que, dado el débil estado del gobierno global, el área óptima de moneda única probablemente sigue siendo un país, al menos cuando dos o más países grandes participan”, escribió.

Es una historia bonita, pero casi completamente equivocada. Sí, el “casi” se debe a Grecia. Pero Ken básicamente está aceptando el marco preferido por Alemania, de que todo tiene que ver con la irresponsabilidad fiscal, cosa completamente falsa para todos los demás (sobre todo en España, foco de la crisis).

Por enésima ocasión, los países clave de la debacle no registraban grandes déficits antes de ser golpeados. Tomados como grupo, la proporción deuda/producto interno bruto de los “G.I.P.S.I.” (Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia, por sus siglas en inglés) estaba cayendo, no aumentando. Lo que ocasionó la crisis fue el enorme influjo de capital privado. No piense en políticos descontrolados; imagínese “Landesbanken” alemanes prestando dinero a las cajas españolas, alimentando una burbuja de bienes raíces.

Entonces, ¿cuál fue el gran problema con el euro? No tanto que haya promovido estos flujos; probablemente lo hizo, pero los “G.I.P.S.I.” no son las primeras economías que los mercados de bonos han preferido temporalmente sin mucho sentido común. No, el problema principal fue la ausencia de una forma de ajuste cuando se acabó la música. Es realmente frustrante que, una completamente demostrable falsa narrativa sobre la crisis, siga dominando el discurso, y esperaba algo mejor de Ken.

El auge de la economía “orwelliana”

Estos últimos años han sido tiempos magros en muchos sentidos, pero han sido de auge para falacias económicas agonizantemente torpes que provocan ganas de darse con la cabeza contra la pared.

La última moda -ilustrada por un artículo de opinión publicado recientemente en The Wall Street Journal- es que la política monetaria expansiva generalmente es un regalo para los bancos y plutócratas. En efecto, esa perorata, titulada “Cómo es que la FED favorece al 1 por ciento”, escrita por Mark Spitznagel, fundador de un fondo de inversiones, de hecho afirma que todo el tema del 1 versus el 99 por ciento realmente debería enfocarse en controlar o incluso abolir la Reserva Federal. “La implacable expansión del crédito por la FED crea disparidades artificiales basadas en privilegios políticos y poder económico”, escribió Spitznagel.

¿Qué tiene de malo la idea de que echar a andar la máquina de hacer dinero es un regalo para los plutócratas? Permítame explicarlo. En primer lugar, la política actual es absolutamente contraria a lo que se está afirmando. El relajamiento cuantitativo no está siendo impuesto al pueblo por financieros y rentistas; se está aplicando, hasta donde llega, por los alaridos de protesta de la industria financiera. O sea, ¿dónde están las editoriales del The Wall Street Journal exigiendo que la FED eleve su meta inflacionaria?

Más allá de eso, hablemos de economía. La ingenua (o deliberadamente engañosa) versión de la política de la FED es la afirmación de que su presidente, Ben Bernanke, está “regalando dinero” a los bancos. Lo que realmente hace, por supuesto, es comprar cosas, normalmente deuda gubernamental de corto plazo, pero actualmente, a veces, también adquiere otras cosas. No es un regalo.

Para afirmar que efectivamente es un regalo, tiene que sostener que los precios que la FED está pagando son artificialmente altos, o lo que es igual a decir que las tasas de interés están siendo forzadas a la baja artificialmente. Y, de hecho, todo el tiempo se ven afirmaciones en ese sentido. Pero si lo piensa un minuto, la afirmación es verdaderamente extraña. Quiero decir, ¿cuál es la tasa de interés no artificial, o “natural”, si así lo prefiere?
Resulta que, de hecho, hay una definición estándar para la tasa de interés natural, acuñada por el economista sueco Knut Wicksell, y básicamente se define con base a la CPP (Comiendo se Prueba el Pastel). En términos generales, la tasa de interés natural es la tasa que llevaría a una inflación estable más o menos a pleno empleo. Y tenemos una inflación baja y desempleo alto, lo que sugiere fuertemente que la tasa natural de interés está por debajo de su nivel actual, y que el problema clave es el límite inferior cero que nos impide alcanzarla. Bajo estas circunstancias, la política expansiva de la FED no es cierto tipo de regalo para los bancos; no es más que un esfuerzo por dar a la economía lo que necesita.

Además, los esfuerzos de la FED para lograrlo probablemente tenderán a afectar a los banqueros, en promedio, en lugar de ayudarlos. El negocio de los bancos consiste principalmente en endeudarse a corto plazo y prestar a largo plazo; cualquier cosa que reduzca el diferencial entre las tasas de corto y largo plazo, probablemente, será malo para sus ganancias.

Y las cosas que la FED intenta hacer, de hecho, en gran parte apuntan a aplanar ese diferencial, ya sea persuadiendo a los inversores de que mantendrá en cero las tasas de corto plazo durante más tiempo o saliendo a comprar activos de largo plazo. Son acciones que se esperaría que provocaran encono entre los banqueros, no alegría. Y, de hecho, eso es lo que ha pasado.

Finalmente, ¿cómo es que la política monetaria expansiva supuestamente afecta al 99 por ciento? Pensemos en toda la gente que vive de ingresos fijos, según nos dicen. Pero, ¿quiénes son estas personas? Conozco el panorama: jubilados que viven de los intereses de sus cuentas bancarias y de su cheque fijo de pensión, e indudablemente algunas personas caen en esta descripción. Pero no son muchas. En estos días, el jubilado típico estadounidense depende enormemente de la Seguridad Social, indexada contra la inflación. Tal vez, reciba algunos intereses por sus depósitos bancarios, pero no muchos: ordinariamente, los estadounidenses tienen menos activos financieros que los que la elite puede imaginarse. Y en lo que respecta a las pensiones: sí, algunas personas tienen planes de pensiones con beneficios definidos que no están indexados a la inflación. Pero es una minoría menguante. Y el efecto, digamos, de una tasa de inflación uno o dos puntos mayor no va a ser enorme ni siquiera para esta minoría.

No, las víctimas reales de las políticas monetarias expansivas son las mismas personas que según la mitología actual están promoviendo estas políticas. Y eso, supongo, explica por qué estamos escuchando lo contrario. Es un mundo de George Orwell, y simplemente vivimos en él.

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Publicado por Revista Debate el 11-05-2012.

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