viernes, 20 de abril de 2012

¿Qué intenciones tiene Irán?

Noam Chomsky

El número de enero-febrero de la revista Foreign Affairs ofreció un artículo de Matthew Kroenig titulado Tiempo de atacar a Irán; por qué un ataque es la opción menos mala, junto con comentarios sobre otras formas de contener la amenaza iraní.

Los medios de comunicación han publicado una serie de advertencias sobre un posible ataque israelí contra Irán, mientras Estados Unidos ha mantenido abierta la opción de la agresión, actitud que es contraria a la carta de Naciones Unidas, fundamento del derecho internacional.

Conforme aumentan las tensiones, todavía resuenan en el aire los escalofriantes ecos de los pasados preparativos para otras guerras: Afganistán e Irak. La febril retórica de la campaña de las elecciones primarias en Estados Unidos refuerza el resonar de los tambores de guerra.

Se le suelen atribuir a la comunidad internacional –nombre clave de los aliados de Estados Unidos– las preocupaciones por la inminente amenaza de Irán. Los pueblos del mundo, sin embargo, tienden a ver las cosas de otra manera.

Los países no alineados, movimiento de 120 naciones, han apoyado vigorosamente el derecho de Irán a enriquecer uranio, opinión que compartían la mayoría de los estadounidenses (encuestados por WorldPublicOpinion.org) antes de la inmensa ofensiva propagandística lanzada hace dos años.

China y Rusia se oponen a la política de Estados Unidos en Irán, como también India, que anunció que no acataría las sanciones estadounidenses y que aumentaría el volumen de su comercio con Irán. Turquía ha seguido una línea similar.

Los europeos, por su parte, consideran a Israel como la mayor amenaza a la paz mundial.

Y en el mundo árabe, Irán no es del agrado de nadie, pero solo una minoría muy pequeña lo considera una amenaza. Más bien, se cree que Israel y Estados Unidos son las amenazas preminentes. La mayoría de los árabes piensa que la región sería más segura si Irán tuviera armas nucleares. En Egipto, en vísperas de la primavera árabe, 90 por ciento tenía esta opinión, de acuerdo con encuestas de la Institución Brookings y de Zogby International.

Los comentaristas occidentales han hablado mucho de que los dictadores árabes supuestamente apoyan la posición estadounidense sobre Irán, mientras pasan por alto el hecho de que la gran mayoría de la población de esos países está en contra, postura tan reveladora que no necesita comentarios.

Y en Estados Unidos, algunos observadores también han expresado desde hace tiempo sus preocupaciones por el arsenal nuclear de Israel. El general Lee Butler, ex jefe del comando estratégico de Estados Unidos, declaró que las armas nucleares de Israel eran peligrosas en extremo.

En una publicación del ejército de Estados Unidos, el teniente coronel Warner Farr llegó a advertir que “un objetivo plausible de las armas nucleares israelíes, que no suele decirse pero que es obvio, es llegar a ‘utilizarlas’ en Estados Unidos”, presuntamente para asegurar un apoyo continuo de Washington a las políticas israelíes.

Pero, de hecho, una preocupación primordial en estos momentos es que Israel trate de provocar alguna acción por parte de Irán que, a su vez, llegue a incitar un ataque de Estados Unidos.

Uno de los principales analistas estratégicos de Israel, Zeev Maoz, en Defensa de Tierra Santa, hizo un análisis exhaustivo de la política de seguridad y exterior de Israel, en el cual llega a la conclusión de que el saldo de la política nuclear israelí es decididamente negativo y dañino para la seguridad del Estado. Maoz más bien insta a Israel a buscar un tratado regional de proscripción de armas de destrucción masiva y a crear una zona libre de ellas, tal como lo pedía ya en 1974 una resolución de la Asamblea General de Naciones Unidas.

En tanto, las sanciones de Occidente contra Irán ya están teniendo los efectos acostumbrados, como la escasez de alimentos básicos, aunque no para el clero gobernante, sino para la población. No es de extrañar que la valerosa oposición iraní también condene las sanciones.

Las sanciones contra Irán podrían tener el mismo efecto que sus predecesoras contra Irak, que fueron rechazadas y calificadas como genocidas por los respetables diplomáticos de Naciones Unidas que las administraban y quienes, finalmente, renunciaron como forma de protesta.

En Irak, las sanciones devastaron a la población y reforzaron a Saddam Hussein, con lo que probablemente le evitaron la suerte corrida por la galería de otros tiranos apoyados por Estados Unidos y Gran Bretaña, dictadores que prosperaron hasta el día en que las revueltas internas los derrocaron.

Existe una discusión poco creíble sobre lo que constituye exactamente la amenaza iraní, aunque tenemos una respuesta autorizada, proporcionada por las fuerzas armadas y los servicios secretos de Estados Unidos: Sus presentaciones ante el Congreso han dejado en claro que Irán no representa ninguna amenaza militar.

Irán tiene una capacidad muy limitada de desplegar sus fuerzas y su doctrina estratégica es defensiva, destinada a disuadir una invasión el tiempo necesario para que la diplomacia haga sentir sus efectos. Si Irán está desarrollando armas nucleares (lo cual todavía no está determinado), eso sería parte de su estrategia de disuasión.

El concepto que tienen los analistas israelíes y estadounidenses serios es expresado claramente por Bruce Riedel, veterano con 30 años de antigüedad en la CIA, quien en enero pasado declaró que “si yo fuera un asesor de seguridad nacional iraní, querría tener armas nucleares como factor de disuasión”.

Otra acusación que Occidente presenta contra Irán es que la república islámica está tratando de ampliar su influencia en los países vecinos, atacados y ocupados por Estados Unidos y Gran Bretaña, y que apoya la resistencia a la agresión israelí en el Líbano y a la ocupación ilegal de territorios palestinos (ambas con el apoyo de Estados Unidos). Al igual que su estrategia de disuasión de posibles actos de violencia por parte de países occidentales, se dice que las acciones de Irán son amenazas intolerables para el orden global.

La opinión mundial concuerda con Maoz. Es abrumador el apoyo a la idea de establecer una zona libre de armas de destrucción masiva en el Medio Oriente. Esa zona abarcaría Irán, Israel y, de preferencia, a esas otras dos potencias nucleares que se han negado a ingresar en el tratado de no proliferación nuclear, Pakistán e India, países que, al igual que Israel, desarrollaron sus respectivos programas con ayuda estadounidense.

El apoyo a esta política en la conferencia de revisión del tratado de no proliferación nuclear, en mayo de 2010, fue tan fuerte que Washington se vio obligado a aceptarla formalmente, pero con condiciones: la zona no entraría en efecto antes de lograr un arreglo de paz entre Israel y sus vecinos árabes; el programa de armas nucleares de Israel estaría exento de las inspecciones internacionales; y ningún país (entiéndase Estados Unidos) podría ser obligado a proporcionar información sobre las instalaciones y las actividades nucleares israelíes ni tampoco información relativa a transferencias anteriores de tecnología nuclear a Israel.

En la conferencia de 2010 se convocó a una sesión para mayo de 2012, para avanzar en el establecimiento de la zona libre de armas de destrucción masiva en Medio Oriente.

Sin embargo, con toda la alharaca en torno de Irán, en estos momentos se le presta muy poca atención a esa opción, que sería la forma más constructiva de manejar las amenazas nucleares en la región, incluida la amenaza planteada por el único Estado de la región que tiene armas nucleares y un largo historial de agresiones apoyadas por la superpotencia que lo patrocina.

No se puede encontrar ninguna mención al hecho de que Estados Unidos y Gran Bretaña tienen una responsabilidad única de dedicar sus esfuerzos a esa meta. Al tratar de darle una tenue cobertura legal a su invasión de Irak, esos países invocaron la resolución 687 de Naciones Unidas (1991), diciendo que Irak la estaba violando por construir armas de destrucción masiva.

Podemos pasar por alto esa declaración, pero no el hecho de que la resolución explícitamente compromete a los países signatarios a establecer una zona libre de armas de destrucción masiva en el Medio Oriente.

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Publicado por La Jornada el 3-3-2012.

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