miércoles, 22 de febrero de 2012

Relatos de náufragos

Cristina Peri Rossi

Está distante el mar, y sin embargo, nos rodea más y más.

***

Al quinto día por decir algo
empezó a llover
cámaras de agua de las que no se sale más
el miedo a navegar que había detenido a tantos
en puertos tan estrechos
en casas non firmes
y ella que navegaba entre dos aguas,
en una enorme metrópoli submarina.
Agua.
Tengo sed.

***

Todo se convierte en pedirle a Dios
corte las amarras
que nos ataran tanto.

***

De cómo llegamos a la isla de los pájaros
de los muchos pájaros que hay en ella
por lo cual
decidimos bautizarla con el nombre
de isla de los pájaros

El 21 brumario
—mes de las brumas—
nos dimos a la vela con viento O.
Suaves brisas marinas sin embargo nos tiraban hacia el Norte,
y por ser hombres de fáciles seducciones
dejamos que las brumas nos llevaran hacia allí.
Fue entonces que, en medio de los hielos,
divisamos una isla abrumada de pájaros
que nos recibieron con espeluznado batir de alas y de réplicas.

El camino de los hielos rompimos a pedazos,
los hombres de las barcas se pusieron a cazar pájaros,
las brumas se disolvían en celeste,
los pájaros volaban bajo,
había, eso sí, un frío endemoniado,
a flor de agua fueron cazados
sin contar los que nos comimos frescos.

***

Con el barómetro bajo
y la tierra desaparecida,
a las cuatro y treinta de la madrugada,
con fuerte viento Sur y gran borrasca,
después de arriar la vela mayor y aproarla,
consultamos a la Buena Santa.

La Buena Santa nos respondió: La racha es violenta.
Es el viento del mar que nos atormenta.

***

Ya no aguantamos más el olor a muerto.

***

Si tuve vergüenza de correr
pereza de saltar
no es menos cierto
que todo el mundo tuvo prisa por correr
y premura por saltar
aun aquellos más ancianos
aun aquellos rodeados de hijos
aun aquellos que saltando ponían distancia irreparable de pareja.
«Sálvese quien pueda»
gritó el capitán, desde cubierta,
con tiempo malo y tenaz lluvia,
en el frenesí rodaron los amantes,
se deshicieron tiernos, flamantes matrimonios,
cada uno para sí y por sí,
nada más que uno, número impar.
«De todos los números, el uno es el imponente, solitario.
Cifra del horror y del miedo
—me dijo el capitán—
evítelo, como a la peste,
o bien ámelo más que a su madre,
de por sí y para sí,
sin transar jamás, sin pactos ni vacilaciones,
tiránicamente uno»,
creo que los dos entendimos bien
a bordo del naufragio.

…….
Poemas escogidos de Descripción de un naufragio, 1975. El título es ficticio.

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