jueves, 14 de octubre de 2010

Caupolicán



Rubén Darío

Es algo formidable que vio la vieja raza:
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.
Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nenrod que todo caza,
desjarretar un toro o estrangular un león.
Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría.
“¡El Toqui, el Toqui”, clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La aurora dijo: “Basta”,
e irguiose la frente alta del gran Caupolicán.

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Del libro Azul, 1888. Los mapuche eran un millón y medio cuando los españoles llegaron a lo que hoy es Chile. Enfrentaron a los colonizadores y se resistieron a la ocupación, por lo que siguen siendo símbolo de coraje para los chilenos. Pero es preciso recordar que casi tres siglos después de la muerte de Caupolicán y Lautaro, los grandes caciques, decenas de miles de indígenas fueron masacrados por los patriotas y ese pueblo despojado de su territorio.

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